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Inversión

El origen del dinero

Analizan los datos de la financiación de los artículos científicos para mapear las principales fuentes nacionales de apoyo de la ciencia brasileña y su grado de internacionalización

Mailson Pignata/Getty Images

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Brasilia (UnB) y de la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul (PUC-RS) registró cuáles son las principales agencias e instituciones nacionales que están detrás de la financiación de la ciencia, la tecnología y la innovación (CT&I) en Brasil. Con base en datos extraídos de InCites, la plataforma de análisis de la producción científica de la empresa Clarivate, integrada a la base de datos Web of Science (WoS), se escudriñaron 963.467 artículos científicos publicados por autores brasileños entre 1999 y 2019, de los cuales 660.308 declararon una fuente de financiación en sus notas de agradecimiento y constaron que la mitad de ellos contaron con recursos aportados por 10 instituciones nacionales, entre las cuales despuntan el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), que respaldó 192.871 trabajos, la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes), con 109.352, y la FAPESP, con 88.814. En conjunto, estas instituciones subsidiaron el 59,1 % de los papers publicados en ese período. “El gasto nacional en CT&I sigue estando concentrado en pocas agencias”, dice Concepta Margaret McManus, investigadora de la UnB y una de las autoras del estudio, publicado en la revista Scientometrics.

La FAPESP sobresale como uno de los principales organismos de fomento de la investigación para los científicos de São Paulo. Indirectamente, la Fundación también ha colaborado con el desarrollo científico en otros estados brasileños (véase el gráfico de la página 51). “Eso se debe a las colaboraciones que los investigadores financiados por la FAPESP entablan con asociados de esos lugares, en virtud de los acuerdos de cooperación que mantiene la Fundación”, pondera McManus. Otra destacada fue la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de Río de Janeiro, la Faperj. Los artículos de los investigadores financiados por dicha institución fueron los de mejor desempeño en uno de los indicadores analizados en el estudio, el CNCI, la sigla por Category Normalized Citation Impact, que permite comparar el impacto de artículos de edades y áreas diferentes. Este rendimiento se atribuye a la frecuencia de las investigaciones realizadas en colaboración con empresas, especialmente con Petrobras.

En el estudio, los investigadores también utilizaron datos sobre la financiación para estimar el grado de internacionalización de la ciencia brasileña en el período, un abordaje que todavía es poco empleado en los trabajos en el campo de la cientometría. Para ello, analizaron los artículos subsidiados en forma parcial o exclusiva con recursos externos. Descubrieron que había instituciones de al menos 68 países, además de la Unión Europea, que contribuyeron en la financiación de más de 145.000 artículos con al menos un investigador brasileño entre sus autores, especialmente en las áreas de bioquímica y biología molecular, ciencia de los materiales y farmacología. En este sentido, destacan Estados Unidos y Alemania; las agencias de estos países apoyaron, respectivamente, el 6,8 % y el 2,3 % de los artículos con al menos un coautor brasileño en el periodo. Los recursos, en el caso de Estados Unidos, procedían especialmente de la National Science Foundation (NSF), la principal agencia de fomento de la ciencia básica de ese país, y de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), que apoyan los estudios en el ámbito de la salud. En el caso de Alemania, el dinero procede principalmente de la Deutsche Forschungsgemeinschaft (DFG), la agencia alemana de apoyo a la investigación más destacada.

El trabajo también apuntó a medir el impacto de los artículos con autores brasileños en función de sus agentes financiadores, contando los publicados en revistas que integran el índice Q1 de las revistas más influyentes. Constataron que el 37,8 % de los 455.766 artículos financiados por agencias brasileñas se publicó en revistas Q1 entre 1999 y 2019. A pesar de haber financiado casi la mitad de la producción nacional, menos del 40 % de los artículos subvencionados por la Capes y el CNPq apareció en revistas de alto impacto. Este porcentaje fue diametralmente mayor en el caso de las publicaciones que contaban con recursos internacionales (véase el gráfico).

Según el análisis del científico social Abílio Baeta Neves, de la Comisión de Asuntos Académicos de la PUC-RS y uno de los autores del estudio, el desempeño de las investigaciones financiadas por agencias internacionales debe analizarse con precaución, para no suponer que el alto impacto de los trabajos financiados con recursos externos es el resultado de un proceso de selección más juicioso, “como si las instituciones nacionales”, dice, “no fueran lo suficientemente rigurosas para seleccionar proyectos con potencial de alto impacto”.

Baeta Neves explica que los artículos que cuentan con recursos externos casi siempre implican colaboraciones con investigadores de otros países. “Esto tiende a aumentar la visibilidad de los artículos y potenciar sus citas”, subraya el investigador, quien fue presidente de la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de Rio Grande do Sul (Fapergs) y de la Capes. “En estos casos, la participación brasileña suele diluirse en grupos de científicos de varios países, por lo que no se puede decir que las agencias internacionales estén financiando la ciencia nacional, sino que los investigadores brasileños están logrando insertarse en colaboraciones internacionales que, naturalmente, cuentan con recursos de agencias extranjeras”.

En la última década, el índice de colaboración internacional casi se ha duplicado en Brasil, trepando del 24,18 % en 2009 al 40,55 % en 2019, según un estudio publicado en la revista Scientometrics en 2020. Al mismo tiempo, el nexo entre las colaboraciones internacionales y el alto impacto científico está respaldado por estudios recientes. Uno de ellos, realizado por el físico Carlos Henrique de Brito Cruz, de la Universidad de Campinas (Unicamp) y director científico de la FAPESP entre 2005 y 2020, que incluyó artículos de hasta 10 autores publicados en revistas indexadas en la WoS entre 2015 y 2017, constató que el número de citas de los artículos brasileños tiende a aumentar cuando se producen en colaboración con investigadores de otros países. La repercusión de estos trabajos también puede variar en función del país con el que se colabore (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 289). “Esto indica que no solo el tipo de financiación, sino también el área en la cual se encuadra el paper, la cantidad de autores y sus países de origen o la institución a la que están vinculados deben tenerse en cuenta en los análisis de esta naturaleza”, dice la bióloga Jacqueline Leta, del Instituto de Bioquímica Médica de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ).

Hay que tener en cuenta otras limitaciones de los datos. Este trabajo se basó en la información sobre las fuentes de financiación obtenidas de las notas a pie de página de los artículos científicos. “Esto es un problema, porque no todas las agencias de Brasil les exigen a los investigadores que en sus artículos hagan referencia a la ayuda que recibieron, por lo que la información disponible puede conducir a resultados inexactos”, explica McManus. Este es el caso de la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de Bahía (Fapesb), que aún no establece este requisito entre sus directrices para los investigadores financiados y ni siquiera aparece en la encuesta. Algunas agencias brasileñas han impuesto esta condición recientemente. Desde 2013, la FAPESP establece que los investigadores deben registrar en sus publicaciones el apoyo que recibieron de la Fundación, mientras que la Capes adoptó esta política en 2018. “Varios artículos financiados por la agencia federal pueden haber quedado fuera de nuestra muestra”, comenta la investigadora de la UnB. “Todavía hay casos de instituciones que ponen este requisito en el contrato que firman con los investigadores al concederles los recursos, pero luego no verifican si realmente lo cumplieron”, añade Samile Andréa Vanz, docente de la Escuela de Biblioteconomía de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS).

El físico Antonio Gomes de Souza Filho, del Departamento de Física de la Universidad Federal de Ceará (UFC), ve otro tipo de dificultad a la hora de determinar el impacto real de cada organismo en los resultados nacionales de CT&I. Él recuerda que los investigadores son financiados por varias instituciones a lo largo de su carrera y sus trabajos pueden ser el resultado de inversiones cruzadas y concomitantes. “Los científicos de Brasil suelen utilizar los recursos de la agencia A para abordar los problemas derivados de los proyectos patrocinados por la agencia B, que han avanzado gracias a la infraestructura adquirida con recursos de la agencia C y al trabajo de los alumnos de maestría y doctorado y de los pasantes de posdoctorado financiados por la agencia D”, dice. “Hay una complementariedad entre la financiación de las agencias brasileñas en la formación de los investigadores y en la visibilidad e impacto de los trabajos que publican después con el apoyo de las agencias internacionales, por ejemplo”.

Tal como lo analiza Leta, la falta de distinción entre las categorías de financiación también dificulta la interpretación de los datos del estudio. “Me atrevería a decir que una gran parte de las referencias atribuidas a las agencias nacionales están asociadas a las becas de maestría, doctorado y pasantías de posdoctorado, mientras que las que se atribuyen a las agencias internacionales se refieren sobre todo al costeo de los proyectos de investigación. Son formas diferentes de financiación, por lo que no es posible compararlas directamente”, subraya la investigadora, experta en cientometría. Para obtener índices de atribución más precisos y realizar comparaciones más adecuadas, sería necesario depurar los datos y excluir las referencias a las becas de formación, contabilizando únicamente las ayudas de proyectos. “El desempeño de las agencias nacionales en cuanto al número de artículos financiados, especialmente en el caso de la Capes y el CNPq, sería mucho menor si contáramos solo los proyectos de investigación, y también observaríamos variaciones en sus índices de citas si excluyéramos las becas de posgrado”.

El neurocientífico Luiz Eugênio Mello, director científico de la FAPESP, sigue la misma línea. “El panorama que destaca el artículo es interesante, pero debe interpretarse con cautela, pues la comparación es entre diferentes formas de fomento”, dice. “De lo contrario”, añade, “la comparación se torna sesgada, ya que, en conjunto, la Capes y el CNPq conceden muchas más becas de iniciación a la investigación científica y de posgrado que cualquier agencia de fomento estadual, o incluso que todas las agencias estaduales juntas”.

A pesar de las limitaciones, el estudio de la revista Scientometrics permite efectuar una reflexión acerca de las estrategias actuales de financiación de la CT&I en Brasil. A juicio de Baeta Neves, “los datos del impacto de los trabajos financiados con recursos nacionales sugieren que las agencias brasileñas todavía parecen estar más comprometidas con la expansión del sistema nacional de CT&I que con la financiación de proyectos con potencial de impacto internacional”. Se financia mucho, pero el resultado de esta producción es mediocre”, dice. Según él, la consolidación del sistema de CT&I fue importante en el pasado y, en cierta medida, lo sigue siendo en algunas regiones del país. “Pero en algún momento tendremos que evaluar si es el momento de que Brasil dé el siguiente paso y priorice los aspectos cualitativos que nos permitan lograr un mejor desempeño internacional”.

Para Souza Filho, el país necesita invertir en un ecosistema de financiación de CT&I equilibrado y capaz de atender investigaciones con características y objetivos diferentes. Sin embargo, la formación de este ambiente requiere que se definan las áreas prioritarias y la estabilidad de los recursos. “Cuando muchos sectores se eligen como prioritarios, la capacidad de reacción de las agencias tiende a diluirse, de modo que muchas prioridades se convierten en lo mismo que ninguna”, señala. Samile Vanz, de la UFRGS, sugiere que las agencias estimulen más colaboraciones internacionales, que son un camino natural en busca de una ciencia con mayor impacto. Sin embargo, la investigadora menciona que muchos grupos trabajan en temas que son de importancia regional y no siempre despiertan el interés de las revistas de alto impacto o de colaboradores de otros países. “Es importante financiar estos trabajos que buscan resolver problemas específicos de la realidad brasileña”.

Artículos científicos
MCMANUS, C. & BAETA NEVES, A. A. Funding Research in Brazil. Scientometrics. 19 nov. 2020.
MCMANUS, C. et al. International Collaboration in Brazilian Science: financing and impact. Scientometrics. 10 oct. 2020.

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