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Obituario

Entre pioneros

Luiz Edmundo de Magalhães participó en la consolidación de la genética en el país

Archivo de la comisión de la memoria IB-USPMagalhães (con camisa blanca) durante una investigación de campo en Mongaguá, en los años 1950, y en 2005Archivo de la comisión de la memoria IB-USP

A menudo, al final de la década de 1940, mientras estudiaba historia natural en la Universidad de São Paulo (USP), Luiz Edmundo de Magalhães escuchaba a Theodosius Dobzhansky, biólogo ruso naturalizado estadounidense que trabajó en Brasil en esa época, llamar al biólogo Crodowaldo Pavan como “Pavanzinho”, en señal de informalidad y amistad, lo cual no iba en desmedro de la rigurosidad con que trabajaban. Dobzhansky, luego de destacarse mundialmente por su aporte a la unificación de los principios de la teoría de la evolución con los de la genética mendeliana, implementó los primeros grupos de investigación en genética del país, y Pavan se destacó enseguida como uno de los jóvenes talentosos.

Magalhães oía atentamente las largas conversaciones de los dos pioneros de la genética nacional y los acompañaba cuando se internaban en la selva en busca de drosófilas, las diminutas moscas adoptadas como insecto modelo para los estudios de la variabilidad genética. Él mismo se convirtió en doctor, en 1958 –el primero que dirigió Pavan–, basándose en un estudio sobre las variaciones en el tamaño de las poblaciones de Drosophila del subgrupo willistoni, halladas en las islas de Angra dos Reis, en Río de Janeiro.

Hijo de un comerciante y de una modista, nació en Guaxupé, Minas Gerais, y falleció el 23 de mayo, a los 84 años, luego de haber dejado sus propias marcas. Siendo docente en el Instituto de Biociencias (IB) de la USP, identificó nuevas especies de drosófilas  y dirigió a biólogos que actualmente son docentes de universidades de São Paulo y de otros estados. “Edmundo siempre ayudaba, nunca perjudicó a nadie, era muy honesto”, relata, a sus 72 años, André Perondini, profesor del IB. “Conversábamos mucho en el laboratorio. Incluso había tiempo para reflexionar, compartir un café, una cerveza, no había el ajetreo actual”.

Magalhães no se circunscribió a la vida en el laboratorio y, tal como declarara su hijo Carlos en declaraciones a Folha de S. Paulo, soñaba con una estructura científica fuerte para el país. Fue rector de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar) entre 1975 y 1979, ayudando a ampliar de seis a 19 el total de carreras, y también director del Instituto de Biociencias, entre 1985 y 1988; donde Perondini era el vicedirector.

Su trabajo quedó reflejado en varias universidades. Al final de su Currículo Lattes, comenta que fue asesor científico de la FAPESP “desde su creación”. Y por pedido del entonces director científico Rui Carlos Camargo Vieira, dirigió una comisión que elaboró un plan tendiente a mejorar los bioterios paulistas en la década de 1980 y devino en la ampliación de bioterios de la USP, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) y de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp).

Magalhães fue consejero y secretario general de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC) entre 1969 y 1991. Pocos días antes de su deceso, se hallaba en el hospital cuando entregó a Helena Nader, presidente de la SBPC, los originales del libro Humanistas e cientistas do Brasil, que él organizó. Estaba casado con Nícia Wendel de Magalhães, docente de biología y ambientalista (se conocieron mientras estudiaban juntos en la USP). Tuvieron seis hijos, que les dieron 11 nietos y una bisnieta.

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