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Entomofagia

Insectos comestibles

Con alto valor proteico, grillos, larvas de escarabajos y hormigas ganan espacio como alternativa alimentaria. Brasil está dando sus primeros pasos para competir en ese mercado

Alimentos convencionales y grillos deshidratados (el segundo frasco a partir de la izquierda): estos insectos constituyen una materia prima para la nutrición humana

Léo Ramos Chaves

En la localidad de Piracicaba (São Paulo) se está instalando una nueva rama del sector agropecuario. En esa ciudad paulista a la que se considera como el valle del agronegocio brasileño, pues concentra alrededor del 40% de las startups del sector, se está montando una biofábrica para la cría de grillos. El proyecto, que contempla un sistema semiautomatizado para la producción a gran escala de la especie Gryllus assimilis, fue desarrollado por la startup Hakkuna. El objetivo de la empresa es la obtención de materia prima a escala industrial para la producción de barras proteicas a base de harina de grillo, producidas en forma artesanal por Hakkuna desde 2015. “En Brasil, la cría de insectos todavía es muy artesanal. Nuestro proyecto se propone reducir el trabajo humano y estandarizar la producción”, relata el socio fundador de la startup, el ingeniero de materiales Luiz Filipe Carvalho.

La bióloga y doctora en entomología Patrícia Milano, del Departamento de Entomología de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz, de la Universidad de São Paulo (Esalq-USP), también se apresta a disputar el mercado de los insectos comestibles. En 2016, ella fundó la empresa Ecological Food, cuyo negocio es la venta de insectos para la fabricación de alimentos balanceados para animales. Con la ayuda del Programa de Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (Pipe) de la FAPESP, y de la incubadora de empresas EsalqTec, perteneciente a la Esalq-USP, Milano desarrolló una dieta específica para grillos y cucarachas.

“Los resultados fueron excelentes. Las mejoras en el sistema de producción de insectos dieron como resultado organismos con mayor valor nutricional, sin encarecer su producción”, dice. Ahora Milano se propone darle continuidad a ese proyecto perfeccionando la metodología de cría de algunas especies con la mira puesta en el mercado de alimentación humana. La empresa está radicada en Limeira (São Paulo), a unos 40 kilómetros de distancia de la ciudad de Piracicaba.

Luiz Filipe Carvalho y Patrícia Milano siguen una tendencia mundial. El interés por los insectos como alternativa alimentaria es creciente. Según el neerlandés Arnold van Huis, uno de los investigadores principales en el campo de la entomofagia (el uso de insectos como alimento por los seres humanos), la base de datos internacional Web of Science revela un crecimiento exponencial de la cantidad de artículos académicos publicados sobre el tema, especialmente a partir de 2015 (vea el gráfico). El profesor Van Huis se desempeña como docente en la Universidad de Wageningen, ubicada en la ciudad neerlandesa del mismo nombre, y es el editor de la publicación científica Journal of Insects as Food and Feed.

También está aumentando la facturación de las empresas que apuestan por los insectos como ingredientes para la alimentación animal o humana. La consultora Meticulous Research estimó el valor del mercado de insectos comestibles en 2018 en 406,3 millones de dólares, y anticipa que para 2023 ese monto se triplicará. Uno de los negocios más exitosos es el de la compañía neerlandesa Protix, que recibió aportes de inversores por 50 millones de dólares en 2017 para invertirlos en la cría de insectos destinados a la producción de alimento humano y pienso para animales.

Los insectos forman parte del menú humano desde hace mucho tiempo. Se estima que en el mundo hay alrededor de 2 mil millones de personas que se alimentan de esos animales

En Brasil, Hakkuna y Ecological Food pretenden subirse a esta nueva ola. El proyecto de Hakkuna para la producción a gran escala de Gryllus assimilis [grillo común de campo o grillo de campo de Jamaica] dio inicio a su primera etapa en el mes de marzo y se propone desarrollar controles automáticos de las condiciones ambientales para la cría de estos insectos, tales como los niveles de temperatura y humedad. El contenedor que la empresa está erigiendo en Piracicaba también dispondrá de sensores para el control de un alimentador automático, inicialmente con pienso para aves, hasta que la empresa desarrolle una alimentación específica.

La firma, explica Carvalho, surgió a partir de su interés personal por la alimentación deportiva. “Siempre practiqué deportes y tenía la necesidad de disponer de un menú con opciones de proteínas más naturales y sanas. A mediados de 2015 comencé a investigar lo que se hacía en el exterior y descubrí que una startup estadounidense, Exoprotein, fabricaba barras de proteína con harina de grillo. La idea me pareció interesante y me puse a investigar quién hacía eso en Brasil. No hallé a nadie”, relata. “Entonces, adquirí un curso online de cría de insectos, 100 gramos de grillos vivos y comencé a probar productos y mercados. Así fue como nació Hakkuna”.

Los grillos, deshidratados y transformados en harina, surgen como una alternativa a otros alimentos y suplementos, tales como el whey protein –la proteína de suero de leche–, bastante consumido por quienes practican actividades físicas. Según Carvalho, quien tiene como socio en la empresa al ingeniero agrónomo Marcelo Romano Teixeira, los insectos salen ganando en la comparación: más allá de que poseen los mismos aminoácidos esenciales, la harina elaborada con base en ellos también contiene fibras y ácidos grasos omega-3 y omega-6, inexistentes en el whey protein. Más allá de harina proteica y de las barritas, el empresario pretende comercializar snacks. Al igual que Ecological Food, Hakkuna cuenta con la ayuda del Pipe y de la EsalqTec, aparte del apoyo de la aceleradora GrowBio.

A pesar de la creciente tendencia reciente, los insectos integran el menú de los seres humanos desde hace mucho tiempo. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), al menos 2 mil millones de personas en todo el mundo se alimentan de insectos. Más de 1.900 especies –entre las cuales se destacan escarabajos, orugas, avispas, hormigas, saltamontes y grillos– forman parte de la dieta tradicional de habitantes de Asia, África y de las comunidades indígenas en América Latina (lea el box en la página de al lado). Algunos estudios indican que este hábito viene desde los tiempos prehistóricos.

Lo novedoso reside en que empezaron a estar disponibles en restaurantes y en los anaqueles de los supermercados de los grandes centros urbanos de Europa, Estados Unidos y, más recientemente en Brasil. La firma francesa Jimini’s, fundada en 2012, fue una de las pioneras. Produce barras de cereales, pastas secas y granola o muesli a base de harina de insectos, aparte de bocadillos elaborados con insectos deshidratados y condimentados, tales como larvas de tenebrio o gusano de la harina –una especie de escarabajo– con ajo y finas hierbas. Estos alimentos inicialmente se comercializaban desde el sitio web de la empresa. Al comienzo de 2018, luego de que la Unión Europea aprobara y regulara el consumo de insectos, Jimini’s pasó a vender sus productos en la red de supermercados Carrefour en España, a precios que fluctúan entre 2 y 7 euros. Los insectos se crían en granjas europeas. En tanto, la empresa estadounidense Chirps, importa materia prima para harina, snacks y galletas desde Tailandia, donde se calcula que existen 20 mil “granjas de grillos”. Ese país es uno de los líderes globales del segmento.

Con altos contenidos de proteína, hierro y calcio, los insectos ofrecen ventajas nutricionales aliadas a un menor impacto medioambiental

En Alemania, la firma Bugfoundation vende hamburguesas que contienen un 45% de una mezcla proteica elaborada a base de soja y larvas del escarabajo Alphitobius diaperinus [escarabajo del estiércol o escarabajo de las camas en avicultura], conocido en Brasil como cascudinho. Según los fabricantes, su sabor recuerda al de las semillas de girasol o al maní. Los bichos se crían en los Países Bajos, uno de los primeros países occidentales en permitir la comercialización y el consumo de productos alimenticios elaborados con insectos.

El veterinario alemán Nils Grabowski, jefe del Departamento de Higiene y Tecnología de Insectos Productivos de la Universidad de Medicina Veterinaria de Hannover, en el norte del país, afirma que el mercado de insectos comestibles en Alemania es pequeño, pero aparentemente está creciendo. “Alemania es un país sin un historial real de entomofagia. Alimentarse de insectos se consideraba un hábito curioso que practicaban algunos pueblos extraeuropeos sin acceso a la comida ‘real’. o bien que necesitaban de ese tipo de alimento para saciar el hambre. Queda claro que eso está lejos de la realidad. La gente no come insectos porque lo necesite, sino porque quiere”, dijo Grabowski, en declaraciones a Pesquisa FAPESP.

Un estudio que se llevó a cabo en Tailandia, informa él, reveló que la mayoría de la gente consume esos animales por el mero placer de degustarlos. “A los tailandeses les encanta comer insectos fritos acompañándolos con cerveza helada”, comenta. Y esas exquisiteces pueden llegar a ser caras. “En México, ciertas pupas de hormigas del género Liometopum, también conocidas como el ‘caviar azteca’, cuestan más de 50 dólares la porción de 30 gramos”, dice el veterinario. “En tanto, una chinche acuática gigante muy popular entre los tailandeses, la Lethocerus indicus, se vende por el equivalente a 20 centavos de euro la pieza. La demanda es tan alta que Tailandia las importa desde los países vecinos”.

Grabowski coordina el proyecto IFNext, en colaboración con científicos de Tailandia y Camboya, cuya finalidad es el desarrollo de kits para la cría de grillos de las especies Gryllus bimaculatus y Teleogryllus mitratus, y también gusanos de seda (Bombyx mori), además de nuevos productos con esas materias primas.

A nivel mundial, los insectos enteros aún representan la mayor porción del mercado, sobre todo en función de su mayor disponibilidad y un menor costo en comparación con aquellos ya procesados. No obstante, se estima que el mercado de las harinas, barras y batidos de proteína de insectos registrará una tasa de crecimiento mayor en los próximos años, que se le atribuye a la tendencia entre las nuevas generaciones que valoran un estilo de vida sano basado en menús balanceados.

Para la FAO, la importancia de los insectos es aún mayor. Fundamentales para la existencia humana porque actúan como descomponedores en la cadena trófica, reciclando la materia orgánica, y como polinizadores, garantizando la reproducción de las plantas, empiezan a ser vistos como una solución sostenible para la demanda creciente de alimentos en el planeta.

El crecimiento demográfico y la escasez de recursos naturales justifican esa percepción. Según el documento intitulado Edible insects – Future prospects for food and feed security (Insectos comestibles – Perspectivas futuras para los alimentos y seguridad alimentaria), elaborado por la FAO, para 2050 el planeta tendrá alrededor de 9 mil millones de habitantes y para alimentarlos se deberá duplicar la producción de alimentos. Se estima que la demanda de productos agropecuarios llegará en 2050 a 465 millones de toneladas, frente a los 229 millones de toneladas necesarias en 2000. El informe indica que “la alimentación de las poblaciones futuras requerirá el desarrollo de fuentes alternativas de proteínas, tales como carnes cultivadas en laboratorio, algas, frijoles, hongos e insectos”.

Como opción proteica, los insectos ofrecen ventajas nutricionales asociadas a un menor impacto ambiental. “Poseen contenidos de hierro, calcio y proteínas superiores a los que pueden encontrarse en las aves, en bovinos y en porcinos. Su producción requiere menos agua, emite poca cantidad de gases de efecto invernadero y se puede llevar a cabo en edificios, evitando el desmonte de grandes áreas”, enumera la entomóloga Patrícia Milano. La investigadora ha incorporado insectos a su menú y, siempre que puede, invita a degustarlos, fritos o bañados en chocolate, a amigos, parientes, alumnos y oyentes de las conferencias que ha brindado en universidades, congresos y eventos de divulgación científica.

El documento de la FAO señala incluso que los insectos poseen un alto índice de conversión alimenticia, es decir, logran transformar la porción consumida en masa corporal con mucha mayor eficiencia. Los saltamontes convierten 2 kilos (kg) de alimento en 1 kg de masa corporal, mientras que las vacas ofrecen esa misma conversión en una proporción de 10 a 1 (vea la infografía).

Otra ventaja de los insectos al compararlos con mamíferos y aves es el bajo riesgo de transmisión de zoonosis, al contrario de la noción usual que los asocia con enfermedades. De manera general, son seguros, siempre y cuando se los críe en condiciones controladas y se los procese correctamente. Eso fue lo que constató el veterinario Nils Grabowski, quien realizó un análisis microbiológico de esos animales. El investigador alemán analizó 38 muestras de insectos preparados en forma diferente y arribó a la conclusión de que los secos exhiben una mayor cantidad de bacterias que los cosidos o fritos.

Los expertos dicen que Brasil podría transformarse en uno de los grandes productores globales de insectos, con la mira puesta en el mercado externo

Todas las muestras dieron negativo para patógenos tales como Salmonella, Listeria monocytogenes, Escherichia coli y Staphylococcus aureus, según indica Grabowski, pero los insectos secos y en polvo contenían algunos patógenos de origen alimenticio, tales como bacterias y hongos. “El calentamiento y el secado matan a muchos tipos de microorganismos presentes en los insectos, pero algunos soportan esos procedimientos, especialmente las bacterias que producen esporas. De ahí la importancia de un tratamiento térmico eficiente para eliminar también s aquellos microorganismos que sobreviven en ambientes cálidos y secos”, aconseja el investigador.

Quienes sean alérgicos a los frutos de mar deben tener una precaución extra. Los insectos, al igual que los crustáceos –ambos integrantes del filo de los artrópodos–, poseen un exoesqueleto a base de quitina, capaz de provocar reacciones en los consumidores sensibles. Pero aquellos que pueden comer sin asustarse camarones o langosta no deberían tener problemas al ingerir saltamontes u orugas, e incluso encontrarían una leve similitud en su textura.

Los desafíos para su popularización
El biólogo Eraldo Medeiros Costa Neto, de la Universidad Estadual de Feira de Santana (Uefs), estudioso desde hace casi 30 años de la etnoentomología, una rama de la ciencia que estudia cómo son percibidos y utilizados los insectos por las poblaciones humanas, dice que la tradición del consumo de insectos se ha perpetuado en muchas comunidades rurales de Brasil. Pero la popularización de este alimento en los grandes centros urbanos se topa con fuertes obstáculos. Más allá de los prejuicios, los brasileños también sienten aversión a comer insectos.

Para el ingeniero agrónomo Ramon Santos de Minas, del Instituto Federal de Mato Grosso do Sul (IFMS), la información es la mejor manera de promover esta alternativa alimenticia. Santos de Minas es el compilador de los libros Antropoentomofagia e entomofagia: Insetos, a salvação nutricional da humanidade (editorial Kiron, 2016) e Insetos na alimentação humana: Guia prático de receitas (editorial Kiron, 2019). Este último fue presentado en colaboración con la tecnóloga de alimentos Angela Kwiatkowski en el marco del Insetec 2019, el 1er Congreso Brasileño de Insectos Alimenticios y Tecnologías Asociadas. El evento, cuya organización estuvo a cargo de la Asociación Brasileña de Criadores de Insectos (Asbraci), con el apoyo de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), congregó a alrededor de 300 participantes, entre criadores de insectos, investigadores nacionales y extranjeros y representantes de organismos gubernamentales.

“Cuando comencé con mis investigaciones sobre el tema, en 2012, noté que en Brasil había escasa información sobre el tema, tan solo en periódicos y en lenguaje científico. Me propuse escribir algo que llegara al público de una manera más sencilla”, relata el agrónomo del IFMS, quien también ha brindado charlas sobre insectos comestibles y promovió degustaciones. “Allí donde vaya la recepción es buena”, declara Santos de Minas. Con todo, él no espera cambios de hábitos a corto plazo. “Creo que, en función de los hábitos culturales, la abundancia y variedad de alimentos de los cuales disponemos en el país, tardaremos en ver a los brasileños comprando insectos en el supermercado como algo usual. Pero contamos con la capacidad y el clima necesarios para transformarnos en un gran exportador”, pondera.

Chirps Saladitos de la empresa estadounidense ChirpsChirps

Esa también es la opinión del zootécnico Gilberto Schickler, productor de insectos para la alimentación animal. Él fue el responsable técnico de Nutrinsecta, una de las primeras empresas del país que obtuvo un registro en el Servicio de Inspección Federal (SIF) del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento (Mapa), para el procesado de insectos destinados a la alimentación animal, en 2012.

Según Schickler, no es necesario que Brasil desarrolle un mercado interno para ingresar en este nuevo y prometedor segmento del agronegocio. “Podemos destinar el 100% de nuestra producción a la exportación. Disponemos de las condiciones ambientales excelentes para convertirnos en uno de los líderes en la producción de insectos, así como ya los somos en la producción de otras proteínas de origen animal”, sostiene el productor.

Para exportar, empero, es necesario contar con precios competitivos. “Hoy en día, en nuestro país, el precio de 1 kilogramo de insectos deshidratados no baja de 250 reales, y Japón, que es un gran consumidor, paga 70 reales el kilo”, informa el gastrólogo Casé Oliveira, presidente de la Asbraci. Para que los criadores nacionales de insectos logren tener precios competitivos, dice Oliveira, hay que ganar volumen de producción.

Otro de los factores limitantes en este nuevo campo es la regulación. Básicamente, el sector depende de dos organismos: el Ministerio de Agricultura, que controla los productos de origen animal, ya sea para el consumo humano o animal, y la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa), ligada al Ministerio de Salud, responsable de aprobar nuevos ingredientes para la alimentación humana.

En la actualidad, la mayoría de los productores de insectos, sobre todo aquellos que tienen en vista el mercado de la alimentación humana, trabajan artesanalmente y de manera informal. El propio Casé Oliveira tiene una marca propia –Bugs Cook–, para la producción de chocolates artesanales con grillos, tenebrios y hormigas en ediciones limitadas. Pero si él quisiera fabricar sus chocolates a escala industrial, debería comprarle materia prima a un productor registrado en el SIF y solicitar la autorización de Anvisa para poder producir el alimento. El Ministerio de Agricultura incluso permite que se críen los insectos, se los faene y se produzca el alimento en un mismo lugar, siempre y cuando se lo haga en estructuras independientes y se asegure la preservación de las condiciones sanitarias.

Bugfoundation Hamburguesa de la firma alemana Bugfoundation: se elaboran con insectos procesadosBugfoundation

Anvisa aún no establece un destino específico para esos productos. La única referencia de la agencia de control al respecto de este tema es la Resolución del Directorio Colegiado (RDC) nº 14, de 2014, que establece los límites tolerables para la presencia de fragmentos de insectos en los alimentos, como resultado de fallas en el proceso de elaboración.

A través de su asesoría de prensa, Anvisa aclara que las empresas interesadas en comercializar en el país productos alimenticios elaborados con insectos deberán someterlos a un proceso de análisis. “Ese producto alimenticio sería clasificado como un nuevo alimento. Eso en teoría, ya que no tenemos ninguna solicitud de ese tipo para el análisis de alimentos que contengan insectos en su composición”, informa la agencia.

“Creo que a medida que el producto se vaya popularizando y los precios desciendan, las empresas comenzarán a entrar en el proceso industrial”, declara Oliveira, de Asbraci. Y añade que la entidad creó un grupo de trabajo junto a miembros del Mapa y de la Anvisa con el objetivo de estimular la profesionalización del sector.

Para el veterinario Ricardo Moreira Calil, auditor fiscal federal agropecuario del Mapa, la regulación le confiere seguridad al consumidor y una mayor oportunidad de negocios al productor. “Debemos regular para que haya más interesados en producir y que el precio baje. En el Insetec 2019, me encontré con productores de Portugal que van a exportar a la comunidad europea. Un país con el tamaño de Brasil no puede quedar afuera de ese mercado”, declara.

Calil coincide con la FAO en cuanto a que la producción de nuevas opciones de alimento es una garantía para el futuro de la especie humana. “La ciencia muestra con claridad que en el transcurso de la evolución fuimos comiendo lo que era posible. La conquista del planeta por el hombre se basó en esa diversidad alimentaria”, dice el veterinario del Mapa. “Cualquier alternativa alimentaria que pueda contribuir para aumentar la diversidad nutricional es altamente favorable. Y los insectos constituyen una buena opción”.

Un manjar global
Entérese acerca del consumo de insectos en el planeta

Sean Gallup/Getty Images Grillos, saltamontes y larvas de escarabajos son apreciados en los cinco continentesSean Gallup/Getty Images

Uno de los insectos que más se consumen en el planeta es una cochinilla (Dactylopius coccus) – aunque muchos no sepan que ella forma parte de su dieta. Este insecto se utiliza para la elaboración del colorante rojo carmín, muy utilizado en la industria alimenticia en todo el mundo.

ÁFRICA
En Camerún, abundan las larvas del escarabajo de la especie Rhynchophorus. Las mujeres se encargan de recolectarlas. Ellas detectan las larvas en las palmeras acercando sus oídos al árbol y escuchando el sonido que producen las mismas al excavar en el interior de la planta. Ese mismo método lo emplean en la República Democrática del Congo para recolectar larvas de mariquitas y escarabajos, frecuentes en diversas especies de palmeras.

SUDESTE ASIÁTICO
En Tailandia se consumen más de 80 especies de insectos, tanto en las zonas rurales como en las calles de su capital, Bangkok. Muchos de ellos pueden conseguirse enlatados, tales como los grillos cocidos, pupas de gusanos de seda y larvas del gusano del bambú. En Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Filipinas y Vietnam también se consumen entre 150 y 200 especies diferentes.

JAPÓN
El insecto comestible más popular es un saltamontes de los arrozales de la especie Oxya yezoensis, al cual se lo denomina en japonés kobane-inago, que se cocina con salsa de soja y azúcar, y se vende como alimento enlatado.

MÉXICO
El chapulín (el saltamontes Sphenarium purpurascens) es tan popular que incluso inspiró un personaje de televisión, “El Chapulín Colorado”. Los mexicanos consumen los chapulines con sal, limón y pimienta, acompañando tortillas, o bañados en chocolate.

BRASIL
En el país hay un total de 135 especies de insectos comestibles. Los más consumidos son los himenópteros (el orden que comprende a las hormigas), que suman el 63% del total, seguidas por los coleópteros (escarabajos), con un 16%, y los ortópteros (saltamontes y grillos), con un 7%.

En la región norte, sobre todo en la isla de Marajó (Pará), una de las tradiciones aborígenes es el consumo del que ellos denominan “bicho do tucumã”, que no es otro que la larva de una especie de escarabajo (Speciomerus ruficornis) que se aloja en las semillas de las palmeras tucum, también denominadas tucumá o cumare (Astrocaryum vulgare). Se las ingiere al natural o fritas, acompañando la farofa (fariña, harina de mandioca gruesa condimentada). De las larvas también se extrae el “aceite (o grasa) de bicho”, que puede consumirse solo, sustituyendo a la mantequilla en el pan, o bien para freír huevos y carnes.

En el Parque Nacional de Xingú, los insectos constituyen una fuente de alimento para diversas etnias indígenas. Allí se consumen, tostadas o asadas junto con beiju (bollitos de harina de mandioca asada), varias especies de hormigas, tales como las denominadas en Brasil saúvas o tanajuras (hormigas cortadoras del género Atta), además de cigarras, termitas y saltamontes. En el interior del estado de Pernambuco, los bocadillos de tanajuras se sirven usualmente en los bares como aperitivo. En los meses de abril y mayo, que es la época de mayor abundancia de esos insectos, es cuando hay mayor oferta de ese manjar.

La tradición del consumo de las hormigas tanajuras, también denominadas içás en esas regiones, se mantiene también en el nordeste, en la zona rural del estado de Minas Gerais y en la zona de Vale do Paraíba, en São Paulo, agregadas en la farofa.

En Minas Gerais y otras zonas del norte y nordeste es común el consumo de las larvas del escarabajo del coco (Pachymerus nucleorum). Estas se desarrollan en el interior de los frutos de diversas palmeras, tales como el cocotero, el babasú y la carnaúva, y se las prepara fritas, como farofa, o mezcladas con arroz.

Insectos en las venas
Diversas especies de insectos también se emplean en la medicina tradicional con fines terapéuticos

Más allá de ser recomendados y seguros para la alimentación humana, los insectos pueden poseer efectos terapéuticos. Eso es lo que afirma el biólogo Eraldo Medeiros Costa Neto, de la Universidad Estadual de Feira de Santana (Uefs), en Bahía. “En el estado de Pará, por ejemplo, se utiliza popularmente el aceite del bicho do tucumã. Esa sustancia se extrae de la larva de un escarabajo que crece dentro del fruto de la palmera tucumã [Astrocaryum vulgare]. Se lo utiliza a menudo para el tratamiento de dolores articulares”, cita a modo de ejemplo. Costa Neto estudia el uso de insectos en la cocina y en la medicina popular desde 1994, en el ámbito de la etnoentomología, cuyo objetivo es entender cómo son percibidos y utilizados los insectos por las poblaciones humanas. En sus investigaciones, ha detectado usos medicinales para diversas especies de insectos. Esta tradición está presente en la historia de su propia familia. “Cuando era niño, mi madre añadía escarabajos del maní [Palembus dermestoides] en la sopa, como fortificante”, recuerda el investigador. Aún en la actualidad, ese gorgojo negro tiene fama de servir para tratar diversas enfermedades, tales como la bronquitis, el asma y el reumatismo.

El estudioso sopesa que aún hacen falta estudios científicos que confirmen la sabiduría popular. Acaso la riqueza nutritiva de estos alimentos explique su fama. “Los insectos absorben las propiedades nutritivas de los vegetales de los cuales se alimentan. El maní, por ejemplo, es un alimento muy rico en nutrientes, que son incorporados por ese coleóptero”, analiza.

Según la bióloga Patrícia Milano, de la Esalq-USP, se han hallado evidencias científicas de que los insectos podrían actuar como probióticos, es decir, como componentes alimentarios no digeribles que estimulan la proliferación de bacterias benéficas en el intestino. “La nutricionista Valerie Stull, de la Universidad de Wisconsin-Madison [EE. UU.], observó que los grillos pueden elevar la cantidad de una especie de bacteria colaboradora presente en nuestra microbiota –Bifidobacterium animalis–, que inhibe agentes patógenos. Esa alteración podría estar relacionada con las fibras presentes en los insectos”, informa la investigadora.

Proyectos
1. Investigación y desarrollo de un sistema optimizado y semiautomatizado en la biofábrica Hakkuna para la producción masiva de grillos de la especie Gryllus assimilis (Orthoptera: Gryllidae) (nº 19/00735-7); Modalidad Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (Pipe); Investigador responsable Marcelo Romano Teixeira (Hakkuna); Inversión R$ 95.004,97
2. Insectos para consumo animal y humano: Adaptaciones y estudios para una futura cría masiva en Brasil (nº 16/00152-3); Modalidad Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (Pipe); Investigadora responsable Patrícia Milano; Inversión R$ 102.225,56

Artículos científicos
VAN HUIS, A. Insects as food and feed, a new emerging agricultural sector: A review. Journal of Insects as Food and Feed. 27 ago. 2019.
GRABOWSKI, N. T. et al. Microbiology of processed edible insect products – Results of a preliminary survey. International Journal of Food Microbiology. 21 feb. 2017.
SCHARDONG, I. S. et al. Percepção de consumidores brasileiros aos insetos comestíveis. Ciência Rural. v. 49 no 10. 23 sept. 2019.

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