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Medio Ambiente

La ciencia de los desastres

Un estudio analiza la producción científica mundial referente a las catástrofes naturales y pone de relieve a la brasileña en el área de la hidrología

Incendios forestales en Santarém, en el estado de Pará: las alteraciones en el régimen de lluvias causadas por El Niño en 2015 contribuyeron para elevar el período de sequía en esa región

Adam Ronam

Un informe dado a conocer en noviembre por la editorial holandesa Elsevier reveló que en los últimos cinco años se publicaron en todo el mundo más de 27 mil artículos de ciencia de los desastres, una rama de la ciencia que estudia el riesgo de catástrofes naturales y humanas. Esta cifra representa el 0,22% del total de papers que suman todas las áreas del conocimiento, indexados en la base de datos Scopus entre 2012 y 2016. Los artículos, en su mayoría (9.571), se ocupan de temas relacionados con desastres geológicos tales como terremotos y deslizamientos de tierra. El análisis de los trabajos científicos indica que la frecuencia de tales accidentes se ha incrementado en los últimos 50 años, en parte porque hubo un crecimiento de la población en las áreas costeras y de riesgo, además de la intensificación de eventos asociados con variabilidades climáticas extremas, tales como inundaciones y sequías.

En otro de los resultados que arroja el informe se constata que la producción sobre desastres naturales es muy pequeña en los países emergentes que resultan gravemente afectados por los cataclismos. El caso de Belice, en América Central resulta elocuente ya que es uno de los más afectados económicamente a causa de los huracanes, por ejemplo, y sin embargo, en los últimos años los autores de ese país tan sólo han publicado un artículo sobre el tema. Otros casos son Haití, en el Caribe, que registra solamente 42 papers publicados, y Madagascar, en África, que no registra producción científica en ese campo. “Se necesita promover los estudios al respecto de los desastres naturales, un área nueva en todo el mundo y que necesita de la integración de varias disciplinas, tanto de las ciencias naturales como de las sociales”, dice Osvaldo de Moraes, director del Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden), un organismo ligado al gobierno federal, que participó en el estudio llevado a cabo por Elsevier.

El estudio indica que China es el país con mayor producción en el área, con 6.301 artículos publicados, con énfasis en trabajos sobre prevención. Luego viene Estados Unidos, con 6.287 trabajos, que versan en gran parte acerca de respuestas inmediatas ante accidentes y la recuperación de áreas destruidas. Otros países que se destacan son el Reino Unido (1.351 artículos) y Japón (4.017 artículos). Este último sobresale por el impacto de esa producción, desde el punto de vista de la cantidad de citas. Japón es el país con mayor especialización en ciencia de los desastres, dedicando un 0,66% de su producción científica a esa área. Este índice es tres veces mayor al promedio global, que se ubica en un 0,22%.

El continente asiático es proclive a las catástrofes naturales, razón que contribuyó para que los científicos chinos y japoneses ganaran competencia en el área. Según el informe, nueve de las 10 instituciones más prolíficas en ciencia de los desastres se encuentran en esos dos países: la primera es la Academia de Ciencias de China; la segunda, la Universidad de Tokio. La Universidad Columbia, en Estados Unidos, es la primera no asiática de la lista.

En el informe se apunta que las actividades de investigación de los países siguen una tendencia natural, reflejando los tipos de catástrofes más frecuentes en cada región. Por ejemplo, Japón se especializó en terremotos y tsunamis; Estados Unidos, en desastres meteorológicos y biológicos; la India, en debacles ambientales. En tanto, Brasil se destaca en el estudio de las catástrofes hidrológicas, tales como sequías, crecientes e inundaciones, así como en aluviones. Si bien publica pocos artículos en ciencia de los desastres, cuando se lo compara con otros países que ya tienen un recorrido en el área, Brasil no se queda atrás en cuanto al impacto que generan sus publicaciones. “El número de citas de los trabajos en el área de los eventos hidrológicos llega a ser mayor que el de la media nacional”, afirma Osvaldo de Moraes.

Prestigio brasileño
De Moraes explica que el país posee todo un historial n en ese tipo de estudios. “Cada vez que se efectúa un estudio del impacto ambiental para la construcción de una represa hidroeléctrica también se necesitan evaluar los impactos climáticos en la región y cuáles son las áreas que podrían inundarse. Esa dinámica redundó, inevitablemente, en que la investigación en desastres hidrológicos se halla desarrollado en forma paralela a la utilización de los recursos hídricos para generar energía eléctrica”, dice Moraes. Eso es algo que no ocurre, por ejemplo, en el área de las catástrofes geológicas. La geología brasileña se encauzó mayormente hacia la explotación petrolera y minera que para los estudios sobre movimientos del terreno y ciencia del suelo.

Los eventos extremos que se registraron en Brasil durante los últimos años, tales como un tornado que se abatió sobre el estado de Santa Catarina en 2009, y los deslizamientos de terreno que sacudieron a siete ciudades de la región serrana de Río de Janeiro en 2011, movilizaron a los científicos y a tomadores de decisión. El Atlas brasileiro de desastres naturais, elaborado por la Universidad Federal de santa Catarina en 2013, reveló que entre 2000 y 2009, se registraron en el país tres veces más desastres que en la década anterior. En tanto, proyecciones más recientes apuntan un aumento del riesgo de calamidades naturales, tales como inundaciones, deslizamientos de tierra y sequías extremas para las próximas décadas. “Aquí no hay huracanes ni terremotos de magnitud, pero tenemos un historial muy alto de desastres naturales de origen hidrometeorológico”, enfatiza José Marengo, coordinador general de Investigación y Desarrollo del Cemaden. La institución se creó en 2011 con el objetivo de elaborar un plan de prevención y paliación de catástrofes en articulación con el gobierno federal.

A grandes rasgos, el Cemaden utiliza informaciones de meteorología, geología e hidrología provistas, entre otros, por el Instituto Nacional de Meteorología, la Agencia Nacional de Aguas y el Servicio Geológico de Brasil para desarrollar modelos y detectar áreas de vulnerabilidad física en el país. Las informaciones se cotejan a la par de datos de vulnerabilidad social, como es el caso, por ejemplo, del número de niños y ancianos en determinada región, recabados por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). El Cemaden cuenta con un equipo integrado por 30 científicos y 60 técnicos encargados de generar los modelos y emitir alertas diarios. “Por ejemplo, toda política de camiones cisterna y de ayuda financiera de emergencia por sequía que implementa el gobierno federal en el nordeste se estructura a partir de informaciones que el Cemaden eleva al gabinete ministerial de la presidencia”, comenta Moraes.

El rol de los investigadores en el proceso de asesoría científica a los gobiernos fue uno de los aspectos evaluados por Elsevier. Según el estudio elaborado por la editorial, un porcentaje sustancial de los 27 mil artículos publicados en ciencia de los desastres en los últimos cinco años se enfoca específicamente en las políticas públicas: un 7,5% de los papers contenían la palabra “política” en su título, en el resumen o entre las palabras clave. “La investigación en ciencia de los desastres está ganando influencia sobre los políticos cada vez más”, le dijo a Pesquisa FAPESP el ingeniero Fumihiko Imamura, director del Instituto Internacional de Investigación sobre Ciencia de los Desastres (IRIDeS), con sede en la Universidad de Tohoku, en Japón. “En nuestro caso, por ejemplo, los científicos que se desempeñan en esa área forman parte del Consejo Central de Paliación de Desastres, un organismo del gobierno japonés cuya función es la elaboración de políticas para la reducción de los riesgos de catástrofes. Esa es una forma de garantizar que la opinión de los científicos sea escuchada antes de que puedan implementarse medidas paliativas”.

U.S. Navy Vista aérea de la ciudad de Sukuiso, luego de un fuerte terremoto, seguido de tsunami, que afectó a Japón en 2011U.S. Navy

 

Imamura explica que el IRIDeS tiene injerencia en 38 campos del conocimiento. “Estudiamos los aspectos físicos por detrás de las catástrofes naturales a escala global, tales como megaterremotos, tsunamis y eventos climáticos extremos”, explicó. La institución también interviene en la concepción de tecnologías de respuesta a los desastres y atenuación de sus efectos basándose en las lecciones aprendidas a partir de episodios tales como el tifón Isewan, de 1959; el gran terremoto de Hanshin-Awaji (terremoto de Kobe), en 1995; y el terremoto seguido de tsunami, en 2011.

Colaboraciones
Para Imamura, el mérito principal del informe de Elsevier radica en que hace un llamado sobre la necesidad de fortalecer mayor cooperación internacional en ciencias del desastre. Esto ocurre porque las naciones con mayores índices de mortalidad por desastres naturales, como es el caso de Haití, son propensas a tener escaso volumen de producción académica en el área. “Son países pobres, que no disponen de suficiente presupuesto como para impulsar la capacitación científica. Esta es una de las razones por las cuales los estudios colaborativos internacionales deben ser ampliamente impulsados y estimulados”, sugirió Imamura. El ingeniero japonés hizo hincapié en lo que puede llegar a aportar Brasil. “Casi el 50% de los eventos catastróficos que ocurrieron entre 1995 y 2015 fueron hidrológicos. Brasil detenta una sólida capacidad de investigación en el área y por eso podría desempeñar un papel importante en las cooperaciones internacionales”.

Osvaldo de Moraes recuerda que el Cemaden fue designado para coordinar un grupo de trabajo en el área de prevención y paliación de desastres creado en 2015 por el bloque de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). El Cemaden también colabora con el gabinete de Meteorología del Reino Unido para el desarrollo de modelos de análisis del impacto de la sequía en el semiárido brasileño. Otra de sus colaboraciones es con el Join Research Centre (JRC), de la Unión Europea, para el perfeccionamiento de los sistemas de modelos hidrológicos.

La producción de artículos es escasa en los países emergentes fuertemente afectados por calamidades

Existen desafíos que tanto los investigadores brasileños como los de otros países deben afrontar para consolidar la ciencia de los desastres, dice Gilberto Câmara, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), miembro de la coordinación del Programa FAPESP de Investigación sobre Cambios Climáticos Globales. “La realización de estudios sobre los desastres naturales implica una predisposición para trabajar en ámbitos interdisciplinarios, cosa que no siempre ocurre”, dice. “El análisis de posibles riesgos de desastres es algo sumamente complejo. No basta con saber si lloverá bastante en una región determinada; también es preciso saber quién se verá afectado por la creciente. Esto exige que los estudiosos de las ciencias naturales trabajen en forma mancomunada con antropólogos y sociólogos”, explica Câmara, quien resultó electo como nuevo director de la secretaría del Group on Earth Observations (GEO). El GEO, cuya sede se encuentra en Suiza, es una red global de organizaciones gubernamentales, institutos de investigación y empresas, cuya misión consiste en concebir soluciones para la gestión de informaciones y datos relacionados con la observación de la Tierra.

Una de las metas de la institución, comenta Câmara, es la de promover el intercambio abierto de datos y modelos que ayudan a cumplir el acuerdo Marco de Sendai para la reducción de los riesgos de desastres naturales, un documento que busca incentivar la concepción de estrategias para mitigar los daños causados por catástrofes para 2020. “Se necesita ampliar el intercambio de información entre países y que los datos sobre terremotos e inundaciones sean abiertos, por ejemplo. Sólo así estaremos en condiciones de elaborar mejores modelos”, reflexiona Câmara.

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