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Tapa

La fórmula de la equidad

Las acciones afirmativas amplían la presencia de personas negras en las carreras universitarias de grado más populares de Brasil, pero su impacto en el mercado laboral aún carece de expresión

Luana Vitra

En un proceso que comenzó hace alrededor de dos décadas, la adopción de políticas afirmativas para personas negras, pardas y originarias ha dado lugar a una expansión de la diversidad en las instituciones de educación superior de Brasil, especialmente en las carreras más concurridas, tales como ingeniería y medicina, y entre las universidades del sur del país. Así y todo, más allá de los avances que se han registrado en las carreras de grado y en el posgrado universitario, la presencia de negros en la administración pública y en el sector privado sigue siendo escasa. Los cargos ejecutivos y con mejores sueldos continúan siendo ocupados mayoritariamente por varones blancos.

El proyecto denominado “Antirracismo en América Latina en una era posracial”, desarrollado por las universidades de Cambridge y Manchester entre 2017 y 2018, con financiación del Consejo de Investigación Económica y Social del Reino Unido (ESRC), detectó que la implementación de acciones afirmativas, la elaboración de leyes que criminalizan el racismo y las campañas de concientización son directrices comunes adoptadas en los países latinoamericanos desde mediados de la década de 2000. En Brasil, donde negros y pardos representan el 56,2 % de la población, según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), las universidades estaduales de Río de Janeiro (Uerj), de Bahía (Uneb), y del Norte Fluminense (Uenf), y el Centro Universitario Estadual de la Zona Oeste (Uezo), fueron, al comienzo de la década de 2000, las primeras instituciones públicas que adoptaron cupos raciales en sus exámenes de ingreso. En 2004, fue el turno de las universidades de Brasilia (UnB) y Federal de Bahía (UFBA).

En 2012, la Ley Federal nº 12.711 estableció que el 50 % de la matrícula de los institutos y universidades federales debe destinarse a los alumnos de las escuelas públicas. La mitad de las vacantes se reserva a los jóvenes cuyos ingresos familiares son iguales o inferiores a un salario y medio mínimo per cápita. La otra mitad se destina al resto de los alumnos, con ingresos familiares superiores a ese nivel. Para cada categoría de ingresos, cada institución debe reservar cupos para negros, pardos e indígenas u originarios según la proporción de ese colectivo en la población del estado. Esto significa que la suma de los negros, pardos e indígenas en la universidad debe ser equivalente a la suma total de dicho grupo en cada unidad de la federación. “Al tener en cuenta tanto las cuestiones raciales como el nivel de ingresos, esta modalidad de acciones afirmativas se traduce en un beneficio para toda la sociedad y no solamente para la población negra, en tanto y en cuanto también está dirigida a los estudiantes blancos egresados de la escuela pública, pero no incluye a los negros provenientes de instituciones privadas que, se supone, tuvieron acceso a una formación mejor si se los compara con los jóvenes provenientes de la educación pública”, explica el economista Hélio Santos, presidente de Oxfam Brasil.

Como reflejo de la adopción de estas políticas y considerando solamente a las instituciones públicas, en 2018, los estudiantes negros y pardos acapararon el 50,3 % de las matrículas, según informa el IBGE. “Con la perspectiva de reformulársela en 2022, tal como lo establece su artículo séptimo, la ley federal incorporará mecanismos que permitan realizar un seguimiento de la trayectoria académica y profesional del alumno, incluyendo datos sobre su graduación o el abandono de la carrera, el ingreso al mercado laboral y el nivel salarial”, dice Santos, quien en 1984 fundó y dirigió el Consejo de la Comunidad Negra de São Paulo, una de las primeras organizaciones de Brasil que propuso articular y monitorear políticas para la equidad racial.

Con la intención de medir el impacto de la adopción de cupos en las universidades federales brasileñas, el sociólogo de la educación Adriano Souza Senkevics, del Instituto Nacional de Estudios e Investigaciones Educativas (Inep), viene elaborando desde 2018, en colaboración con la economista Ursula Mattioli Mello, de la Barcelona School of Economics, en España, una investigación para evaluar los cambios en el perfil de los estudiantes universitarios de grado. Mediante el cruzamiento de los datos del Censo de la Educación Superior y del Examen Nacional de la Enseñanza Media (Enem), ellos compararon las características de los ingresantes entre 2012 y 2016, teniendo en cuenta criterios tales como la institución de procedencia, la autodeclaración de color y de raza y los ingresos familiares per cápita. Pese a reconocer que el aumento de las vacantes disponibles en las universidades, registrado a partir del decenio de 1990, el establecimiento de instituciones de educación superior en el interior del país y el aumento de la oferta de cursado en horario nocturno también han generado cambios en el perfil del alumnado, Souza Senkevics y Mattioli Mello afirman que, por sí sola, la política de cupos fue responsable de más del 50 % del incremento de la presencia de negros e indígenas matriculados en la educación superior en Brasil.

Un artículo publicado en 2019 con los resultados parciales de la investigación revela que, entre 2012 y 2016, los cambios principales se produjeron en las universidades federales de Ceará (UFC), Santa Catarina (UFSC), Minas Gerais (UFMG), Río de Janeiro (UFRJ), Paraná (UFPR) y en la Universidad de Brasilia (UnB), en las carreras cuyas plazas son las más disputadas, tales como medicina, derecho e ingeniería. “Estas instituciones y estas carreras se transformaron radicalmente a causa de la ley de cupos”, dice Souza Senkevics. Al destacar que la región del sur del país fue la que identificó el mayor aumento relativo de la presencia de estudiantes negros e indígenas y egresados de la escuela pública en la educación superior, Souza Senkevics cita el ejemplo de la UFSC que, en los cuatro años de la investigación, registró un aumento del 120 % en la participación de negros, pardos e indígenas provenientes de la escuela pública en su cuerpo discente. “Esto significa que, si en 2012 esos alumnos eran correspondían 6,4 % de los ingresantes en la institución, en 2016 pasaron a ser el 14, 2 % del total”, compara.

Los estudios indican que la diferencia en el rendimiento académico entre los beneficiarios de cupos y los alumnos que ingresaron a instituciones de educación superior por amplia competencia es pequeña o inexistente

Otro ejemplo es el de la Universidad Federal de Río Grande do Sul (UFRGS), en donde la participación de negros, pardos e indígenas egresados de la escuela pública creció de un 8,7 % a un 15,6 % en el mismo período. En cuanto a las carreras que más se transformaron, Souza Senkevics menciona la de derecho en la UFC, donde el contingente de negros, pardos, indígenas y estudiantes de bajos ingresos egresados de la escuela pública eran el 1 % de los estudiantes y en 2016 han llegado al 27 %. En la carrera de ingeniería eléctrica de la UFSC, donde se partió de cero, la variación llegó a alcanzar un 13,7 %, mientras que la de medicina en la Universidad Federal de Rondônia (Unir), registró un crecimiento del 38 %.

Del estado de São Paulo, Souza Senkevics cita a la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), la primera universidad pública que adoptó estrategias de acción afirmativa. En esa institución, los alumnos negros, pardos e indígenas provenientes de la enseñanza media pública pasaron del 16,14 % al 24,23 % en el mismo período. En la carrera de medicina, la presencia de ese conjunto de alumnos aumentó de un 8,2 % en 2012 a un 19, 35 % en 2016. “Por otra parte, en las carreras más populares, la ley de cupos no generó modificaciones. Incluso existen casos en que se ha registrado una disminución en la participación de ese perfil de alumnos”, informa. “Hoy en día, los estudiantes parecen estar optando por disputar las vacantes disponibles en carreras más selectivas”.

La física Sônia Guimarães fue la primera profesora negra en incorporarse al Departamento de Física Fundamental del Instituto Tecnológico de Aeronáutica (ITA), en 1993. En sus primeros años como docente, las mujeres no eran más de cuatro en cohortes compuestas por 120 estudiantes. Ahora, ella nota que la diversidad es una tendencia en aumento entre el alumnado del instituto, que desde 2019 adhirió a la política de cupos. “En 2021, entre los 160 nuevos ingresantes del ITA, hay 17 mujeres, tres de ellas con fenotipo de negras. No sé si ingresaron gracias a la política de cupos, pero es la primera vez que esto sucede desde que trabajo en la institución”, asegura Guimarães, quien desarrolló un sensor de radiación infrarroja que acaba de patentar.

Los estudios que se han llevado adelante en los últimos años indican que la diferencia de rendimiento académico entre los ingresantes por cupos y los que lo hicieron por amplia competencia en las instituciones de educación superior es mínima o incluso inexistente. Un análisis realizado en 2020 por investigadores de la Universidade Estadual Paulista (Unesp), campus de Assis, recolectó datos de 2014 a 2017 de unos 30.000 alumnos de la institución, incluyendo a los beneficiados por cupo y los que no, y constató que no hay divergencias significativas en sus desempeños académicos.

En la misma línea, una investigación realizada en 2017 por el ingeniero electrónico Jacques Wainer, de la Unicamp, y la economista Tatiana Melguizo, de la Universidad del Sur de California, en Estados Unidos, comparando el rendimiento de alrededor de 1 millón de alumnos en el Examen Nacional de Desempeño Estudiantil (Enade), entre 2012 y 2014, reveló que el rendimiento de los educandos que ingresaron a la educación superior gracias a las acciones afirmativas equivale o supera al de los jóvenes que ingresaron a las instituciones de educación superior por amplia competencia. “Los negros han pasado de ser objetos a convertirse en sujetos de investigación, y ahora producen conocimiento estratégico para Brasil”, dice Santos, de Oxfam, aludiendo a su propia trayectoria. Él es licenciado en economía, con máster y doctorado en finanzas, y en los últimos 15 años ha trabajado en el área de la responsabilidad social corporativa, asesorando a empresas en temas concernientes a la diversidad étnica y racial.

El posgrado
En 2017, un año después de que el Ministerio de Educación (MEC) de Brasil publicara una normativa determinando que las instituciones federales de educación superior debían presentar propuestas de medidas para la inclusión de negros, pardos, indígenas y discapacitados en los programas de posgrado, la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes, por sus siglas en portugués), oficializó el comienzo de la recolección de datos referentes a raza y etnia en ese nivel educativo (véase el gráfico). Las investigaciones recientes apuntan, sin embargo, un incremento de la cantidad de programas de posgrado con tales políticas incluso antes de esa fecha.

En un estudio que comenzó durante su doctorado defendido en la Uerj en 2019 y que continúa en una pasantía posdoctoral en el Centro Brasileiro de Análise e Planejamento (Cebrap), la politóloga Anna Carolina Venturini analizó las convocatorias para la selección de 2.700 programas de posgrado académicos en las universidades públicas brasileñas, publicados entre 2002 y 2018. “A partir de 2014, las políticas de cupos registraron una difusión importante. Hoy en día, 1.090 programas de posgrado, es decir, el 39,4 % del total, cuentan con algún tipo de acción afirmativa”, según su recuento, y explica que dichas iniciativas pueden ser de los propios programas, creadas por determinación de una resolución universitaria, o bien, como resultado de la legislación estadual. Según Venturini, el campo de las ciencias humanas y sociales es el que más programas de acción afirmativa posee actualmente. En tanto, en otras áreas, como en ingeniería, el proceso es más lento. “Hasta 2018, no he identificado ninguna carrera académica de posgrado en ingeniería que haya introducido acciones afirmativas por iniciativa propia, tan solo como resultado de resoluciones o leyes”, puntualiza.

Al investigar cómo adoptaron esta política los programas de posgrado, el sociólogo Joaze Bernardino-Costa, de la UnB, constató que 33 de las 69 universidades federales brasileñas cuentan con acciones afirmativas para negros, pardos, indígenas y personas discapacitadas, en cumplimiento de las resoluciones emanadas por los consejos superiores. “Esto significa que las políticas son válidas para todas las carreras de posgrado y no dependen de la decisión individual de los programas”, aclara. Para Bernardino-Costa, esto demuestra que las universidades están invirtiendo en planes de estudio que procuran combatir el racismo, una tendencia que puede observarse, sobre todo, en las carreras de humanidades y ciencias sociales y que ha sido abordada en el libro Decolonialidade e pensamento afrodiaspórico  (editorial Autêntica, 2019). Aunque aún no son muchos los proyectos y áreas del conocimiento centrados en temáticas étnicas y raciales, existe un movimiento ascendente de búsqueda de una diversificación del espectro de investigación en las universidades de Brasil. “Históricamente, la bibliografía de las ciencias humanas y sociales se ha basado en autores blancos europeos y norteamericanos. El ingreso de alumnos con un perfil más diverso en los estudios de posgrado impulsa la incorporación de referentes teóricos que parten de otras experiencias sociohistóricas”, dice. El sociólogo también recuerda que en los últimos años se ha ampliado el mercado editorial de autores negros, con la traducción de obras teóricas feministas como las de bell hooks y las de la socióloga Patricia Hill Collins, así como la reedición o el relanzamiento de libros de autores brasileños como el poeta, escritor y dramaturgo Abdias do Nascimento (1914-2011).

Con una reflexión similar, el sociólogo Mário Augusto Medeiros da Silva, de la Universidad de Campinas (Unicamp), considera que la diversidad es estratégica para la producción de conocimiento científico. Al participar en todos los procesos de selección del programa de posgrado en el que da clases desde 2015, en el Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas (IFCH) de la Unicamp, ha notado que investigadores de diversos campos, tales como antropología, ciencia política, filosofía, historia, demografía y sociología, han empezado a proponer proyectos que involucran aspectos de la experiencia negra. “La adopción de acciones afirmativas en el ambiente académico ha empezado a pautar el debate público de manera generalizada, tan es así que hoy en día, incluso el sector privado debate la adopción de políticas de cupos”, comenta Silva.

La actuación profesional
El aumento de la diversidad entre los estudiantes de la educación superior no ha tenido reflejos significativos en la burocracia federal y de los estados, como así tampoco en el mercado laboral que involucra a la iniciativa privada. En 2014, la Ley nº 12.990 estableció que el 20 % de las vacantes ofrecidas en los concursos públicos federales debe reservarse a personas negras. Desde entonces, se ha adoptado una legislación similar en todos los niveles de la federación en Brasil. En 2021, un boletín técnico que evalúa aspectos de la distribución racial de los puestos laborales en la administración pública, publicado por Tatiana Dias Silva, licenciada en administración y analista del Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea), revela que, proporcionalmente, los negros tienen mayor presencia en los cargos municipales, donde son más habituales las actividades de implementación de políticas públicas y en los cuales los sueldos son menores. En relación con los cargos docentes en las universidades, según el Censo de la Educación Superior, en 2014 había 60.194 profesores negros, el 15,2 % del total, y en 2018 eran 65.249, el 16,4 % del total.

La desigualdad que se advierte en la administración pública muestra un paralelo con las vacantes ofrecidas por la iniciativa privada. Según un informe de 2019 del IBGE, con datos referentes a 2016, del 10 % más pobre de la población brasileña, el 78,5 % corresponde a negros y el 20,8 % a blancos. La situación se invierte en la composición del 10 % más rico: el 72,9 % corresponde a blancos y el 24,8 % a negros. Según el documento, en Brasil, el 68,6 % de los cargos directivos está cubierto por blancos y el 29,9 % por negros y pardos. Con un resultado similar, una investigación realizada en 2016 por el Instituto Ethos, que incluyó a las 500 empresas más grandes de Brasil, reveló que el 95 % de los profesionales en cargos ejecutivos de alto rango eran blancos. Los negros sumaban un 5 % (véase el gráfico).

La socióloga Bárbara Castro, de la Unicamp, desarrolló un estudio con la colaboración de la también socióloga Helena Hirata, del Centro de Investigaciones Sociológicas y Políticas de París, en Francia, donde se muestra que entre 2003 y 2015 disminuyeron las desigualdades de ingresos por sexo, raza y color en Brasil. Según la investigación, concluida en 2019, el ingreso promedio de la población negra registró un avance del 52,6 % en ese período, en comparación con un 25 % de la población blanca. La mayor variación se detectó entre las mujeres negras, que registraron ingresos superiores en un 58,5 % en el mismo lapso. “Con todo, esta disminución de las desigualdades en el mercado laboral no ha sido impulsada por la mayor escolarización de la población negra, sino principalmente por la política de valorización del salario mínimo de las últimas décadas”, afirma Castro. Según ella, otro elemento que ha tenido impacto en el nivel de ingresos de la población negra fue el proceso de formalización laboral de las trabajadoras domésticas y de los trabajadores del segmento de la construcción civil.

Con base en los resultados de un estudio publicado en 2019 por economistas de las universidades Stanford y de Chicago, en Estados Unidos, los cuales indican que la inclusión de negros y mujeres en puestos de alta calificación supuso un incremento de alrededor de un 20 % a un 40 % del Producto Interno Bruto (PIB) estadounidense entre 1960 y 2010, las empresas del sector privado pusieron en marcha, en el mes de julio, el Pacto de Promoción de la Equidad Racial. Esta iniciativa propone la adopción de un protocolo ESG (mejores prácticas ambientales, sociales y de gobernanza, por sus siglas en inglés) racial, es decir, medidas de gobernanza que permitan ampliar la diversidad racial. El Índice ESG de Equidad Racial (Ieer) mide el desequilibrio racial de las empresas, teniendo en cuenta la plantilla de colaboradores por ocupación, los sueldos promedio de las funciones y la distribución racial en la región donde las compañías operan. Con base en este diagnóstico, la idea es impulsar la implementación de acciones afirmativas en las empresas brasileñas y la inversión social para ampliar la equidad racial.

Proyectos
1. Dos resultados en Educación: computadoras y educación primaria y estudios comparativos del trabajo social en las universidades brasileñas (nº 15/19288-0); Modalidad Beca en el exterior – Investigación; Investigador responsable Jacques Wainer (Unicamp); Inversión R$ 75.193,23
2. Los colores de la ciudadanía: los clubes negros del estado de São Paulo (1897-1952) (nº 17/06218-9); Modalidad Ayuda de Investigación – Regular; Investigador responsable Mário Augusto Medeiros da Silva (Unicamp); Inversión R$ 82.049,39

Artículos científicos
GALHARDO, E. et al. Desempenho acadêmico e frequência dos estudantes ingressantes pelo Programa de Inclusão da UNESP. Avaliação. v. 25, n. 3, p. 701-723, São Paulo, nov. 2020.
HURST, E. et al. The allocation of talent and U.S. economic growth. Econometrica. v. 87, n. 5, p. 1439-1474, sept. 2019.
SENKEVICS, A. S. y MELLO, U. M. O perfil discente das universidades federais mudou pós-lei de cotas? Cadernos de Pesquisa/São Paulo – Fundação Carlos Chagas. v. 49, n. 172, p. 184-208, jun, 2019.
VENTURINI, A. C y JÚNIOR, J. F. Política de ação afirmativa na pós-graduação: o caso das universidades públicas. Cadernos de Pesquisa/São Paulo – Fundação Carlos Chagas. v. 50, n. 177, p. 882-909, sept. 2020.
WAINER, J. y MELGUIZO, T. Políticas de inclusão no ensino superior: avaliação do desempenho dos alunos baseado no Enade de 2012 a 2014. Educação e Pesquisa, v. 44, e162807, São Paulo, 2018.

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