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INNOVACIÓN

Las reglas de la atracción

Un estudio revela cuáles son los factores que influyen en la cooperación entre universidades y empresas en Brasil

Universidade_fapesp-provazi-290NELSON PROVAZILa cooperación entre universidades, institutos de investigación y empresas constituye uno de los principales pilares para la consolidación de los sistemas de innovación en todo país. Si bien ese concepto se encuentra ampliamente difundido por medio de políticas de fomento a la innovación empresarial, en Brasil no se realizaban análisis capaces de indicar, con datos concretos, cuáles son los factores que intervienen en tales colaboraciones. Un estudio reciente realizado por investigadores de la Escuela Politécnica de la Universidad de São Paulo (Poli-USP) y de la Universidad de Campinas (Unicamp), logró demostrar que algunas de las características relacionadas con la calidad de la investigación académica y el tamaño de los grupos de investigación son determinantes para propiciar la interacción con empresas.

De acuerdo con ese trabajo, los grupos mayores y con un desempeño académico elevado tienden a interactuar con empresas de todas partes, incluso aquellas radicadas en lugares distantes. En tanto, los grupos menores y con un desempeño académico modesto interactúan con empresas de su propio entorno local. “Cuando las empresas necesitan soluciones más complejas y específicas, buscan la interacción con grupos de mayor calidad académica, incluso aunque tengan que recorrer mayores distancias”, explica Renato Garcia, profesor del Instituto de Economía de la Unicamp y principal autor del estudio. Los resultados de la investigación fueron publicados en dos artículos: el primero, en agosto, en la revista Innovation and Development y el otro en la revista Estudos Econômicos, al comienzo de este año. Para Garcia, pese a que los grupos que interactúan con empresas más distantes se encuentran concentrados en las metrópolis, no se puede subestimar el rol que cumplen los grupos menores. “Ellos son capaces de atender las demandas de las empresas locales y de colaborar en procesos innovadores más sencillos”, dice.

Un caso emblemático de cooperación a larga distancia es el del Laboratorio Interdisciplinario de Electroquímica y Cerámica (Liec), ubicado en el campus de la Universidade Estadual Paulista (Unesp) de Araraquara, en el interior de São Paulo, con la Companhia Siderúrgica Nacional (CSN), emplazada en Volta Redonda, Río de Janeiro. Más de 500 kilómetros separan a ambas instituciones, pero nunca fue un escollo para una colaboración que ya lleva 25 años. “La distancia es tan sólo geográfica, ya que permanentemente recibimos visitas de alumnos y profesores del Liec”, comenta Sidiney Nascimento Silva, gerente de procesos de metalurgia de CSN. El Liec, ligado al Centro de Investigación para el Desarrollo de Materiales Funcionales, uno de los 17 Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid) patrocinados por la FAPESP, desarrollo junto a la empresa 42 proyectos de investigación que redundaron en una reducción de costos estimada en 28 millones de dólares. Las investigaciones rindieron la publicación de 49 artículos en revistas científicas internacionales y 156 en revistas nacionales, además de 16 solicitudes de patentes depositadas en Brasil y 34 premios. “La experiencia del Liec resultó decisiva para ganar la confianza de CSN”, dice Elson Longo, coordinador de la filial del Liec en la Unesp ‒la otra está instalada en la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar).

038-043_universidade-empresa_224-01El primer contacto entre el equipo de Longo y la CSN se produjo en 1989, cuando el grupo de investigación identificó y resolvió un problema de corrosión en el quemador cerámico del regenerador en uno de los altos hornos de la usina. Eso sirvió para prolongar por otros tres años la vida útil del dispositivo, tiempo suficiente para que la empresa pudiera planificar una reforma completa. En los últimos años, el Liec se ha abocado al desarrollo de nuevos productos a partir de los residuos que genera la producción del acero. Por cada tonelada de acero producida se generan 100 kilogramos de escoria, un material compuesto por óxidos del proceso de refinación del acero. Esa escoria generalmente se utiliza como pedregullo en obras de pavimentación de autopistas, como asiento ferroviario y construcciones de hormigón. El grupo de Longo ideó un método que aumenta la recuperación del metal residual en la escoria y la transforma en materia prima para la elaboración de cemento. El metal recuperado durante ese proceso se reaprovecha. “Así también logramos reducir el pasivo ambiental y dejamos de emitir 470 mil toneladas de CO2 por año, pues la escoria sustituye parcialmente a la caliza y al clinker en la producción de cemento”, explica Silva.

El estudio de la Poli-USP y de la Unicamp revela que los grandes grupos de investigación, aunque interactúan con empresas distantes, también se relacionan con colaboradores cercanos. En general, eso sucede porque ellos estimulan la creación o instalación de empresas en su entorno. “Las empresas que actúan mayormente en la frontera del conocimiento suelen afincarse en las proximidades de esos centros de excelencia”, dice Renato Garcia. La tesis está firmada por Luiz Gustavo Pagotto Simões, director de Nanox, una empresa que colabora con el Liec, fundada en 2005 y localizada en São Carlos, a menos de 40 kilómetros de Araraquara. “La cercanía con la universidad agiliza el intercambio de informaciones en forma presencial y evita fallas en la comunicación”, dice Simões, quien fue alumno de Elson Longo durante su máster y su doctorado. Antes de fundar Nanox, el empresario se desempeñó como investigador en el Liec, lo cual lo situó muy pronto en contacto con las demandas de la industria. “Esa experiencia me incitó a fundar mi propia empresa”, dice Simões. La irrupción de Nanox en el mercado se produjo por medio de la elaboración de partículas nanoestructuradas en base a plata, con propiedades bactericidas, antimicrobianas y autoesterilizantes, desarrolladas en el marco de un proyecto patrocinado por el Programa de Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (Pipe) de la FAPESP.

En los últimos años, esa tecnología se aplicó en la fabricación de alfombras antiácaros y como recubrimiento superficial de metales utilizados en la fabricación de instrumental médico y odontológico, secadores de cabello, purificadores de agua, pinturas, resinas y vajilla. El año pasado, la empresa obtuvo el registro de la Food and Drug Administration (FDA), la agencia de regulación de alimentos y fármacos de Estados Unidos, para comercializar materiales bactericidas aplicables en envases plásticos de alimentos, tales como los de leche y frutas, incrementando el período de aptitud de los productos. Otra empresa ubicada cerca del Liec es KosmoScience, instalada en el municipio de Valinhos, a menos de 200 kilómetros de Araraquara. Al igual que Nanox, KosmoScience fue fundada por un investigador que trabajó en el grupo de Longo, el químico Adriano Pinheiro, uno de los tres socios de la empresa, creada en 2003 como una spin-off para el desarrollo de metodologías para comprobar la eficacia de productos cosméticos antes de lanzarlos al mercado, y hoy cuenta con grandes empresas entre sus clientes, entre ellas, natura, L’Oréal, Hipermarcas, Unilever y O Boticario (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 207). Junto al Liec, la empresa analiza la estructura fisicoquímica del cabello con el objetivo de producir cosméticos específicos para cada tipo de cabello. “Se intenta personalizar el tratamiento capilar”, explica Longo.

Parte de la investigación que condujo a la obtención del medicamento contra el insomnio de la EMS se realizó en el centro de investigación y desarrollo de la empresa en Hortolândia, en la Región Metropolitana de Campinas, en São Paulo

Difusión EMSParte de la investigación que condujo a la obtención del medicamento contra el insomnio de la EMS se realizó en el centro de investigación y desarrollo de la empresa en Hortolândia, en la Región Metropolitana de Campinas, en São PauloDifusión EMS

Garcia explica que la intensidad de las colaboraciones varía de acuerdo con el campo del conocimiento. Los grupos que se desempeñan en el área de las ingenierías son los que mayor contacto establecen con las industrias, con un promedio de 6,7 interacciones por cada grupo estudiado, donde debemos recordar que la investigación considera como interacciones, desde los proyectos más complejos, que procuran la obtención de un nuevo producto, hasta las transferencias de tecnología y mejora de procesos de manufactura. En las ciencias agrarias, el índice es de 5,6 interacciones, mientras que en las ciencias de la vida, que incluyen las áreas biológicas y de la salud, en las cuales Brasil posee reconocida competencia, el índice es menor, siendo de dos interacciones por cada grupo de investigación. El estudio también aporta datos de las ciencias humanas, que arrojan un promedio de 2,3 interacciones por grupo. Ese número es proporcionalmente mayor que el que el que el presentado por las ciencias de la vida, pero éstas consignaron 125 grupos que interactúan con empresas frente a 62 de las ciencias humanas.

Para obtener esos resultados, Garcia y su equipo realizaron un survey (encuesta), en 2008, entre 612 coordinadores de grupos de investigación de todo el país y analizaron los datos de 2004 entre aproximadamente 2.150 grupos registrados en el Directorio de los Grupos de Investigación en Brasil (DGP), una especie de censo de la actividad científica realizado por el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq). Los equipos de investigación fueron agrupados de acuerdo con tres parámetros: tamaño de los equipos, tamaño de los departamentos y calidad de la investigación. Los grupos con mayor número de integrantes (superiores a 28 miembros) presentaron un promedio de 8,6 interacciones, mientras que los menores (menos de 21 miembros), no superaron las tres interacciones por término medio. Según una estimativa presentada en el artículo, un incremento de 10 investigadores en un grupo de investigación llega a implicar un aumento de más del 10% en la cifra de colaboraciones con empresas. En relación con la dimensión de los departamentos en los cuales se encuentran insertos los grupos, aquellos con más de 75 miembros, entre profesores, investigadores y empleados, también interactúan más con las empresas que los grupos ligados a departamentos menores, con menos de 20 miembros. En cuanto a la calidad de la investigación, se consideraron los criterios evaluativos de la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes), que se basan, entre otros, en el índice de publicación de artículos científicos. Lo que se comprobó, fue los grupos mejor establecidos, aquellos que más publican, presentaron casi el doble del promedio de interacciones registradas que los grupos con menor desempeño académico.

En tanto, en la otra etapa  del estudio, que analizó el tema de las distancias geográficas, se extrajeron informaciones del censo de 2008 del DGP-CNPq, cuando había 1.462 grupos de investigación en 142 universidades o institutos de investigación interactuando con empresas. Garcia verificó que las regiones que presentan, simultáneamente al menos 100 interacciones entre grupos y 100 interacciones entre empresas son Río de Janeiro, Porto Alegre, São Paulo, Florianópolis, Recife, Curitiba, Belo Horizonte y Campinas. El estudio indica que el 59% de las interacciones se produjeron entre empresas y grupos de investigación localizados en municipios ubicados hasta 100 kilómetros de distancia. Tan sólo un 24% de las interacciones ocurren entre grupos de investigación y empresas instaladas en ciudades ubicadas a distancias iguales o superiores a 800 kilómetros. Por eso, Garcia considera que el traslado de las universidades hasta regiones más alejadas de los centros metropolitanos produce efectos modestos en cuanto al fomento a la innovación. “La empresa incluso puede transferir actividades manufactureras hacia el interior, pero su laboratorio de investigación seguirá operando en la cercanía de las regiones donde la investigación es más intensa, tales como São Paulo, Campinas, São José dos Campos”, dice.

El economista Eduardo da Motta e Albuquerque, profesor de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG) e investigador del Centro de Desarrollo y Planificación Regional (Cadeplar), opina que la investigación de Garcia confirma con datos empíricos hipótesis ya formuladas. “Había muchas dudas con respecto al impacto de la interacción con empresas en la calidad de la investigación. Ahora, sabemos que esa calidad constituye un aval para la interacción”, dice. El estudio también revela que la calidad de la investigación y el tamaño de los grupos influyen en las decisiones de las empresas, que no buscan tan sólo beneficios a largo plazo, sino también soluciones rápidas para problemas ligados a los procesos de manufactura. “Eso explica el hecho de que alrededor del 40% de los grupos analizados se concentren en las ingenierías, un área que se encuentra más cerca de las demandas de innovación en las industrias”, explica Garcia. Por esa razón, la investigación optó por incluir en el conjunto de empresas a las organizaciones no gubernamentales y otras instituciones, tales como fundaciones y hospitales, con la finalidad de evaluar el desempeño de las interacciones en las ciencias humanas y de la vida.

El estudio no profundiza en explicaciones sobre el nivel relativamente bajo de la interacción de las empresas con grupos provenientes del área de ciencias de la vida (biológicas y de la salud). Según Eduardo Albuquerque, de la UFMG, hay dos explicaciones posibles. La primera es metodológica: el área de las ciencias de la vida ostentaría más interacciones que las captadas por los estudios, puesto que generalmente no interactúan con las industrias, sino con el Sistema Único de Salud (SUS), hospitales, laboratorios de diagnóstico, etc. Sin embargo, la investigación de Garcia toma en cuenta ese enfoque más amplio, que incluye a hospitales y ONGs como colaboradores de la universidad. Otra posibilidad, según nota Albuquerque, es que la escasa inversión en investigación y desarrollo en las áreas farmacéutica y de equipamientos médicos en el país se a la principal responsable de las interacciones menos frecuentes en el área. “Muchas veces el grupo de investigación interactúa directamente con la empresa farmacéutica en el exterior”, resalta. Para el economista Marcelo Silva Pinho, de la UFSCar, la industria farmacéutica brasileña probablemente representa un caso extremo de la dinámica tecnológica dependiente de innovaciones desarrolladas en el exterior. Según él, si bien se ha avanzado en los últimos 15 años, la dimensión del esfuerzo tecnológico realizado por las empresas brasileñas en el sector sigue siendo una fracción mínima, muy inferior al 1% del esfuerzo realizado por las líderes mundiales. Pinho es autor de un estudio de la perspectiva de las empresas brasileñas en cuanto a su relación con la universidad.

“Ciertas características específicas de la industria farmacéutica se suman para tornar muy selectiva a la dinámica competitiva del sector y generar una estructura industrial bastante concentrada a escala global”, dice Pinho. De todos modos, en los últimos años, algunos laboratorios brasileños están logrando insertarse en el mercado gracias a la producción de medicamentos genéricos y sucedáneos, que presentan demandas tecnológicas a grupos de investigación brasileños. “La propia absorción de tecnologías externas requiere de la ayuda de universidades e institutos de investigación, porque la transferencia de tecnología puede exigir competencias que no siempre se encuentran a disposición dentro de la empresa”, sostiene.

El alto horno de la CSN en Volta Redonda, Río de Janeiro: residuos de la producción del acero se destinan a la fabricación de cemento

Banco de imágenes CSNEl alto horno de la CSN en Volta Redonda, Río de Janeiro: residuos de la producción del acero se destinan a la fabricación de cementoBanco de imágenes CSN

Un caso bien ilustrativo es el de la cooperación entre el Instituto del Sueño y el grupo EMS, fabricante nacional de medicamentos, para el desarrollo de un nuevo fármaco contra el insomnio. El medicamento en cuestión es el Patz, cuyo principio activo es el zolpidem, que ya comercializaba a nivel mundial la multinacional francesa Sanofi Aventis y se administraba en forma oral. El EMS resolvió desarrollar una versión del medicamento, pero sumándole una innovación: la posibilidad de administrarlo vía sublingual. En total, la empresa invirtió 25 millones de reales en investigación y desarrollo. De ese modo, con un efecto más rápido, que se obtiene por vía oral, el medicamento podría utilizarse para recuperar el sueño perdido en medio de la noche. Eso es posible porque logra inducir el sueño en sólo 12 minutos luego de utilizarlo, empleando tan sólo la mitad de la dosis que se usa por vía oral. La etapa farmacoquímica de la investigación fue realizada dentro de la propia EMS, que después recurrió al Instituto del Sueño, en São Paulo, para la realización de los test clínicos en pacientes. “El desarrollo del medicamento tan sólo es una de las posibilidades de cooperación con la industria farmacéutica”, comenta Dalva Poyares, directora de investigación del Instituto del Sueño. “Los test clínicos también representan una oportunidad de interacción con empresas”, agrega. En tal caso, las fases finales de los test en laboratorio podrían ser decisivas para que la empresa pueda corregir errores que no habían sido advertidos durante el desarrollo del fármaco. Poyares explica que una de las sustancias presentes en la versión inicial del remedio, el almorexant, luego de algunos meses de uso podría alterar la función hepática del paciente. La empresa debió sustituir ese componente por otro, el suvorexant, que al igual que el anterior inhibe la hipocretina, uno de los neurotransmisores responsables del estado de vigilia. Ahora, el medicamento ya se encuentra disponible en el mercado de Estados Unidos y cuenta con un registro de patente internacional. “Las colaboraciones con institutos de investigación representan una oportunidad de intercambio e internalización del conocimiento científico”, dice Ricardo Vian Marques, director de desarrollo estratégico de la EMS.

038-043_universidade-empresa_224-02Para Dalva Poyares, la escasa interacción con empresas en las ciencias de la vida no es solamente culpa de la industria. En su opinión, los investigadores necesitan perfeccionar el contacto con el sector privado y comprender cómo funcionan los procesos de innovación. “A diferencia de los ingenieros, que lidian siempre con patentes y leyes específicas para la innovación, los investigadores de las áreas biológicas reciben escasa capacitación para trabajar en esos temas. Un grupo de investigación puede tener en su poder un conocimiento o una tecnología innovadores, pero para que la industria sepa de ello necesita que se generen patentes en las universidades”, analiza Poyares.

Así como usualmente es difícil que la industria farmacéutica brasileña lance un medicamento completamente novedoso, en Minas Gerais hubo un caso que escapó a esa generalidad. En 2008, la empresa mineira Hertape Calier Saúde Animal lanzó una vacuna recombinante inédita en el mundo contra la leishmaniasis visceral canina, denominada Leish-Tec, que se desarrolló en colaboración con grupos de investigación de la UFMG. La vacuna se elaboró por medio de la inserción de información genética de una proteína del protozoario Leishmania chagasi en bacterias, que posteriormente se replicaron (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 164).

Uno de los grupos de investigación involucrados en el proyecto fue el de inmunología del Instituto de Ciencias Biológicas de la UFMG, liderado por el médico y bioquímico Ricardo Tostes Gazzinelli. Desde 1995, el grupo acumula conocimiento sobre el antígeno de Leishmania, algo que fue determinante para que Hertape trabajara junto al equipo. “Ya habíamos publicado artículos y generado tesis acerca de ese tema, algo que llamó la atención de la empresa”, comenta Gazzinelli, quien también coordina el Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología en Vacunas (INCTV), ligado al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. En 2004, se firmó un acuerdo de transferencia de tecnología entre Hertape y la UFMG, que preveía la participación financiera de la empresa en la fase de investigación, producción y comercialización de la vacuna al finalizar los trabajos. Por medio de esa colaboración, Hertape llegó a invertir más de 500 mil reales en proyectos de investigación en los laboratorios de la UFMG.  Tan sólo en royalties, la universidad ha recibido alrededor de 100 mil reales por año a partir de 2008, revelando que, en ocasiones, la cooperación en torno a un proyecto puede traer beneficios a largo plazo para la universidad.

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