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Historia

Lo visible y lo invisible

Pese a los intentos por borrar la iconografía de la esclavitud, el período dejó sus marcas en la gente y en el territorio brasileño

Personas esclavizadas trabajando en una plantación de café en la zona de Vale do Paraíba, alrededor del año 1882

Marc Ferrez / IMS

La llegada del siglo XIX trajo aparejados cambios tan profundos que se tornaron visibles. En Europa, la revolución industrial generó el surgimiento de fábricas capaces de producir a un ritmo nunca antes visto, y eso incrementó la demanda de materias primas importadas. Las vías del ferrocarril se multiplicaron surcando los campos, y las chimeneas recortaron el horizonte de las ciudades. Los vastos territorios de las que eran o habían sido colonias que abastecían al Viejo Continente también se vieron sometidos a grandes transformaciones, tanto en cuanto al uso del suelo como en las formas de trabajo, lo que dejó huellas que aún perduran en las imágenes de aquella época.

Según el historiador Rafael de Bivar Marquese, de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (FFLCH-USP), las marcas de ese proceso aparecen en mapas, plantas, pinturas y fotografías. La iconografía revela la creciente racionalización del espacio durante ese período, en el que la producción agraria tuvo que expandirse rápidamente. Los inventarios, documentos administrativos, actas de legislaturas e incluso los manuales de administración esclavista arrojan luz sobre las maneras adoptadas por los propietarios para hacer trabajar a sus cautivos.

En el libro Reconstructing the landscapes of slavery (Reconstruyendo los paisajes de la esclavitud), De Bivar Marquese, el historiador y sociólogo estadounidense Dale Tomich, de la Universidad de Binghamton, los historiadores cubanos Reinaldo Funes Monzote, de la Universidad de La Habana, y Carlos Venegas Fornias, del Centro de Investigaciones Juan Marinello, abordan esas transformaciones del paisaje y del trabajo. Los autores analizan imágenes de diversos tipos que muestran los cambios en el espacio y en la explotación laboral en tres zonas de producción agrícola del continente americano: la Vale do Paraíba, donde comenzaba a expandirse el cultivo del café en Brasil, el valle del Mississippi, en el sur de Estados Unidos, donde las plantaciones de algodón marcaban la frontera de la expansión hacia el oeste, y los llanos azucareros del oeste de Cuba, la principal colonia remanente de España a comienzos del siglo XIX.

El libro ilustra cómo cambió la explotación de las personas esclavizadas, un elemento de la racionalidad económica imperante en el mundo entonces. Según De Bivar Marquese, hasta el siglo XVII, la concepción del trabajo esclavo seguía la misma lógica de los tratados de agronomía y economía de la Antigüedad, centrados en la administración de la casa, a la cual estaba subordinada la producción. “En el siglo XVIII, con la consolidación de la economía política, el discurso económico se vuelve autónomo”, dice. El mercado se expande velozmente y la productividad se vuelve central. Como respuesta a ello, la tierra, el trabajo y el dinero pasan a ser concebidos como factores de producción.

“Cuando esto sucede, podemos documentar en el pensamiento y en la práctica señorial el cambio de visión acerca del trabajo de los esclavizados, que se toma como fuente de creación de valor. La gestión de ese trabajo también se transforma: se crean mecanismos para extraer más trabajo de las personas y más productos de la naturaleza”, señala De Bivar Marquese. Para referirse al cambio en la lógica productiva de los cautivos, Tomich acuñó la expresión “segunda esclavitud”, que fue adoptada por De Bivar Marquese y otros estudiosos brasileños.

Concentración e intensificación
En la primera mitad del siglo XIX se produjo un desplazamiento del eje de la producción mundial de café hacia Brasil, tras una serie de crisis que sobrevinieron en el Caribe y la independencia de Haití (en 1804), donde hasta entonces se concentraban las plantaciones cafetaleras. El resultado de ello fue una serie de modificaciones significativas en el cultivo. En Vassouras, un importante centro cafetero de Río de Janeiro durante las primeras décadas del ciclo del café, se constató que el 9 % de los propietarios poseían el 48 % de los esclavizados, erigiéndose en “megapropietarios”. Los caficultores se vieron empujados a expandir la producción y aumentar la productividad de la mano de obra para poder atender a un mercado en rápido crecimiento.

Uno de los efectos visibles de la inserción de la zona de Vale do Paraíba en el mercado internacional fue la concentración de la posesión de individuos esclavizados. Ese proceso fue estudiado en los archivos de la región por un investigador del equipo de De Bivar Marquese, el doctorando Breno Servidone Moreno, quien compara el patrón demográfico de la colonia francesa de Santo Domingo (en la actualidad, la isla está dividida en Haití y República Dominicana), en el apogeo de su producción cafetera, durante la segunda mitad del siglo XVIII, con el que se plasmó en esa región de Brasil a mediados del siglo siguiente. En la isla caribeña, un 26 % de los propietarios tenía la posesión del 61 % de los esclavizados. En Bananal, un municipio en el interior de São Paulo, la zona que estudia Servidone Moreno, el 21 % de los propietarios controlaba el 80 % de la población esclavizada.

La extensión de las propiedades también se modificó. En Santo Domingo, el tamaño promedio era de 145 hectáreas. En Bananal, las superficies abarcaban más del doble: 397 hectáreas. Las cifras de Bananal son similares a las conocidas para Vassouras y Cantagalo, en Río de Janeiro, y se consideran representativas de la zona de Vale do Paraíba. En Santo Domingo, cada esclavizado producía, por término medio, unos 220 kilogramos [kg] de café al año. En Bananal, en 1854, se obtenían 1.270 kg de café anuales por persona.

Biblioteca Nacional de Brasil/Río de Janeiro Fragmento de un mapa de la provincia de Río de Janeiro, confeccionado en 1861 por los ingenieros Pedro d’Alcantra Bellegarde y Conrado Jacob de Niemeyer, que muestra el área destinada al cultivo de café, a una escala sin precedentes, en la región central de Vale do ParaíbaBiblioteca Nacional de Brasil/Río de Janeiro

Las restricciones a la trata y los requerimientos del mercado también tuvieron un impacto en la ciencia y en la medicina, dice la historiadora Iamara da Silva Viana, docente de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC-RJ) y de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Uerj). Se desarrolló un conocimiento médico específico del organismo de los cautivos, que quedó expresado claramente en el Manual do fazendeiro ou tratado doméstico sobre as enfermidades dos negros, publicado por el francés Jean- Baptiste Alban Imbert en la década de 1830, que Da Silva Viana estudió minuciosamente.

“Se procuraba cuidar los cuerpos esclavizados para maximizar su uso, en una época de expansión económica y de afluencia masiva de africanos. El cuerpo esclavizado se escudriñaba para atender a las demandas económicas y políticas. Imbert representa al cuerpo esclavizado como un objeto de valor, como inversión y como mano de obra”, resume Da Silva Viana.

Este fue el período en el que Brasil llegó a suministrar la mitad de la producción mundial de café. El paisaje de Valle do Paraíba, hasta entonces ocupado por propiedades pequeñas dedicadas a la agricultura de subsistencia, pasó a organizarse a partir de las grandes plantaciones de café, con cultivo a gran escala y dependientes del uso intensivo de mano de obra cautiva.

“Nuestro interés al hacer este libro fue, por un lado, el proceso de transformación de los paisajes de las plantaciones como sitios de trabajo. Pero también queríamos analizar las imágenes, los mapas, las fotografías, las pinturas al óleo, etc., como algo que, además de ser representativo, incide en el ordenamiento del espacio material, introduciendo modificaciones en los lugares representados”, sintetiza De Bivar Marquese. El historiador explica que el concepto moderno de paisaje es resultado del Renacimiento, así como la noción de la perspectiva.

El análisis iconográfico es algo importante, según él, pues los paisajes surgieron no solo como una forma de ver el mundo físico, sino también para controlarlo, mediante su exposición codificada y a partir de un único punto de vista dominante. Es el momento en el que el mundo comienza a observarse a través de la lente de la matemática, con “un impulso para imponer un orden en el entorno y los recursos”, dice. Al mismo tiempo, “es una forma de representar ambientes construidos con un ordenamiento simbólico, pero también material: al hacer una lectura del mundo de esa forma, ocurre un proceso inverso, porque la representación también pasa a organizar el espacio físico”, dice. Es por eso que la representación fue un elemento clave para el colonialismo, que produjo “capas y capas de mapas de los espacios urbanos y de producción, racionalizando el territorio de las colonias”.

La disponibilidad de imágenes, que varía de un país a otro, es reveladora de las circunstancias políticas e históricas. Un rasgo que les llamó la atención a los investigadores era la escasez de mapas y planos topográficos de las haciendas brasileñas, contrastante con la abundancia de esos documentos en Cuba y en la región del Mississippi. En la isla caribeña existe una “enorme riqueza de imágenes”, porque el control riguroso de los límites topográficos de cada propiedad era esencial para mantener el poder de la Corona española, puesto que esta isla era una de sus últimas posesiones coloniales y la más rica. En Estados Unidos, el motivo fue el avance de la frontera, que estaba dado por la privatización de las tierras a través de su venta pública, que requiere de una cartografía previa.

“No existe una cartografía de las zonas ocupadas en aquella época por las fincas en Vale do Paraíba. Hemos buscado con frenesí por todas partes, y solo hallamos un mapa que representa la situación de las tierras en el siglo XIX, y ni siquiera muestra los límites de las propiedades”, refiere De Bivar Marquese. Según el historiador, el origen del mutismo visual brasileño radica en la concentración del poder político en manos de los barones del café y los propietarios de personas esclavizadas. “Los terratenientes no deseaban mapear ni controlar sus tierras. Cualquier conflicto que se presentaba, preferían resolverlo entre ellos. Elegían deliberadamente no hacerlo. El país estaba sumido en la ilegalidad de la trata”, dice.

Gran parte de las imágenes de las haciendas que constan en el libro corresponde a fotografías tomadas por Marc Ferrez (1843-1923), registros de los años 1880, la última década de la esclavitud (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 281). Si bien se trataba de otra instancia, cuando la frontera caficultora ya se había desplazado hacia el sector occidental del estado de São Paulo, las imágenes de las fincas de Vale do Paraíba, con los cautivos alineados, buscaban dar cuenta de una transformación acelerada. “Las fotografías se tomaron en la coyuntura de la crisis terminal de la esclavitud. Los hacendados sabían que su mundo se enfrentaba a una encrucijada. Son registros de quienes intentaron transformar el pasado y el presente en un monumento”, sostiene De Bivar Marquese. Sucede lo mismo con los paisajes de haciendas pintados por Georg Grimm, un alemán radicado en Río de Janeiro en esa misma época, en los que apenas sí puede visualizarse a los esclavizados.

Marc Ferrez / Museo Afro Brasil Familias de trabajadores empuñando cestas y azadas bajo la supervisión del capataz de la hacienda; en el registro, plasmado alrededor del año 1885, además de vestir una chaqueta, él es el único que calza zapatosMarc Ferrez / Museo Afro Brasil

Los límites territoriales no son el único caso en que la falta de datos y representaciones fue algo deliberado. Según el historiador Thiago Campos Pessoa, de la Universidad Federal Fluminense (UFF), la razón de este silencio es el tráfico ilegal de africanos esclavizados, cuyo rol en la configuración de un Brasil independiente a menudo se soslaya. De los 4,8 millones de personas que desembarcaron como cautivas en Brasil a lo largo de tres siglos, unos dos millones arribaron en el siglo XIX, recuerda Campos Pessoa. Durante las casi dos décadas en las que la trata fue ilegal, pero no se controlaba, entre 1831 y 1850, el país recibió alrededor de 800.000 esclavos, según estima el historiador.

Las cifras evidencian cuán fundamental fue la esclavitud como institución central para Brasil, al momento de su surgimiento como Estado nacional, dice Campos Pessoa. El café se erigió como el producto principal y como sostén de la economía del país. Para el gobierno, era una de las pocas fuentes de recaudación de impuestos, por lo que los terratenientes acumulaban un gran poder político y eran los principales interesados en importar mano de obra cautiva. “Pero se trataba de una práctica ilegal, no solo en virtud de los tratados internacionales firmados por Brasil, sino para la propia ley brasileña”, dice el historiador.

“Un volumen de tráfico de personas tan considerable requiere un pacto político complejo. Y la condición para ese acuerdo era mantener cierto silencio, un no dicho”, explica Campos Pessoa. “Cada vez que se sacaba a relucir el tema de la trata, se lo hacía de una manera controlada. En 1848, el Parlamento debatió la derogación de la ley de 1831 que prohibía la importación de personas esclavizadas, pero fue una sesión secreta. No se podían leer las actas en la prensa”, dice. La coalición del poder dominante en el Imperio de Brasil estaba firmemente arraigada en el esquema de la esclavitud y, según Campos Pessoa, las elites reconocían la existencia esa ilegalidad, pero se organizaron para ocultarla y garantizar que la ley no se aplicara.

Campos Pessoa estudió el desembarco de africanos en puertos clandestinos de la costa norte del estado de São Paulo, que recibieron, según las estimaciones, el 10 % de los esclavizados durante el período en que la trata era ilegal. Tras la aprobación de la ley del 7 de noviembre de 1831, que impedía el ingreso de nuevos esclavizados en Brasil, esos puertos, también llamados “haciendas de recepción”, comenzaron a proliferar por todo el país, sustituyendo a los grandes centros de entrada utilizados hasta entonces, como el muelle de Valongo, en Río de Janeiro, desenterrado en 2011 y hoy en día convertido en monumento de la memoria (lea en Pesquisa FAPESP, ediciones nº 190 y 300).

La escasez de registros de los desembarcos clandestinos llama la atención: un puerto donde atracan barcos cuya carga son seres humanos no podía ser algo imperceptible, que el Estado no conociera. Era necesario instalar faros y barracones para la cuarentena obligatoria tras varias semanas en el mar. También había que disponer de barqueros para recibir a los buques y colaborar en las tareas de desembarco, gente que proporcionara alimento a la tripulación, transportistas para distribuir a los cautivos entre los compradores y otros diversos servicios asociados.

“Sabemos poco sobre esos puertos. Apenas sí conocemos los lugares donde se concretaba la trata. Hay denuncias, generalmente hechas por ingleses, de desembarcos en Río de Janeiro, Niterói, Santos y otros sitios. En una playa del norte de Río de Janeiro se halló un cementerio de esclavizados. Estos registros han sido investigados por historiadores hace alrededor de una década”, informa Campos Pessoa.

En zonas que hoy en día pertenecen a los municipios de São Sebastião, Caraguatatuba y Ubatuba, en el litoral paulista, se cree que desembarcaron 20.000 africanos. Las tierras pertenecían a José Bernardino de Sá (1802-1855), vizconde de Vila Nova do Minho y “uno de los mayores tratantes de esclavos del Atlántico Sur en el siglo XIX”, según Pessoa. “Es increíble que en la actualidad no haya en esos lugares ninguna referencia al hecho de haber sido el escenario de una de las mayores tragedias de la historia brasileña”, lamenta.

Libros
Pessoa, T. O império da escravidão. O complexo Breves no vale do café (Río de Janeiro, c. 1850-c.1888). Río de Janeiro: Ministerio de Justicia y Seguridad Pública, Archivo Nacional, 2018.
Tomich, D. et al. Reconstructing the landscapes of slavery. A visual history of the plantation in the nineteenth-century atlantic world. Chapel Hill: The University of North Carolina Press, 2021.

Artículos científicos
Viana, I. S. y GOMES, F. S. Do “mercado imperfeito”: Sobre corpos, africanos e médicos no Río de Janeiro oitocentista. Revista Maracanan. n. 21, p. 77-96. 2019.
Pessoa, T.  Sobre o que se quis calar: O tráfico de africanos no litoral norte de São Paulo em tempos de pirataria. Revista História . Online. v. 39. ago. 2020.

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