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BUENAS PRÁCTICAS

Más diversidad e inclusión en las revistas

Jennifer Kosig / Getty Images

El Committee on Publication Ethics (Cope), un foro de editores con sede en el Reino Unido que es una referencia en el debate sobre la integridad científica, emitió en noviembre un informe con ideas para promover la diversidad y la inclusión en las revistas académicas. El texto de lo acordado en el debate (disponible en bit.ly/3G7jtHW), organizado por la profesora de filosofía canadiense y editora de revistas Deborah Poff, expresidenta del Cope, aborda temas tales como el desequilibrio de género en la composición del cuerpo editorial de las publicaciones, la discriminación en el proceso de revisión por pares y las prácticas antiéticas y prejuiciosas en la elaboración de investigaciones científicas. “Hemos asumido el compromiso de avanzar en estas cuestiones y, en este sentido, durante 2021 hemos dado una serie de pasos importantes”, dijo Daniel Kulp, actual presidente del Cope y director de Desarrollo Editorial de las revistas que publica la American Chemical Society, al presentar el documento. El foro, que en el mes de mayo organizó un webinario sobre estos temas, también transformó al grupo de trabajo a cargo del informe en un subcomité para asuntos de inclusión, diversidad, equidad y accesibilidad, que ahora está integrado en forma permanente a su organigrama.

En el informe se elaboró un diagnóstico al respecto de las distintas dimensiones del problema. Se demostró que, pese a los avances en cuanto a la regulación de las investigaciones científicas, aún hay casos de selección sesgada o antiética de los participantes de experimentos en detrimento de grupos vulnerables, algo que requiere la atención permanente de revisores y editores. También se constató que la composición de los consejos editoriales de revistas es prejuiciosa con el sexo femenino y favorece a los autores de Estados Unidos y de Europa. Y se concluyó que la parcialidad en la evaluación de los artículos y en la toma de decisiones editoriales, incluso cuando son involuntarias, compromete la rigurosidad en la difusión del conocimiento.

Y se elaboró una lista de sugerencias con miras a prevenir esos efectos en la comunicación científica. Un primer paso consiste en incorporar los conceptos de diversidad, equidad e inclusión en las misiones y declaraciones de principios de las revistas y editoriales, descritas en sus sitios web. Un ejemplo es el de American Geophysical Union, que incentiva a sus 22 revistas científicas a incluir mujeres, jóvenes investigadores y académicos de minorías raciales en la lista de los revisores de artículos. Otro caso es el de la revista Sociological Science, que en su página web declara que “[…] promueve la presentación de trabajos de todos los académicos, sin distinción de cargo, afiliación o país de origen”.

La necesidad de proveer capacitación permanente y de invertir en el desarrollo profesional de los responsables de las revistas científicas es uno de los puntos destacados de las recomendaciones. Los perfiles de los editores de revistas son diversos: algunos tienen contrato de exclusividad, mientras que otros son investigadores que trabajan a tiempo parcial para sociedades científicas o publicaciones, y reciben una remuneración simbólica, dado el volumen de tareas. El mismo problema afecta a los miembros de los consejos editoriales, que colaboran en la selección de los revisores de artículos en sus especialidades y, en la mayoría de los casos, trabajan en forma voluntaria.

Según el informe, la valoración de los revisores, editores y gestores, así como su capacitación en los temas relacionados con la inclusión, podrían ayudarlos a comprender la importancia de tener en cuenta los puntos de vista de los autores con vivencias y perspectivas diferentes y a seguir los debates al respecto de la diversidad en la producción del conocimiento en sus respectivas disciplinas. Otro efecto positivo estaría dado por la ampliación de la familiaridad con conceptos y terminologías sensibles, relacionados con el género o la etnia, acerca de los cuales no existe un consenso: en Estados Unidos, los pueblos indígenas son mencionados en los artículos científicos como “nativos americanos” mientras que, en Canadá, se les llama “primeras naciones”. Las universidades deberían asumir un rol en este proceso. Tendrían que empezar a recompensar la contribución de sus docentes que se desempeñan como editores o participan en la revisión de artículos científicos, teniéndola en cuenta como criterio de promoción profesional.

Asimismo, les cabe a las editoriales de revistas la responsabilidad de contratar buenos editores y revisores de artículos que representen la diversidad étnica y de género de toda la comunidad científica. Este no es un reto sencillo. Los datos de la investigación “Global Voices for Workplace Equity”, de 2018, mostraron que la plantilla de personal de la industria editorial está compuesta en un 81 % por personas blancas, el 83 % heterosexuales y el 76 % del sexo femenino. Aun con esta destacada presencia de las mujeres, los varones tienen casi el doble de probabilidades de ocupar cargos ejecutivos. Dentro del universo de los entrevistados en el sondeo (1.200 personas de seis continentes), no había negros entre los ejecutivos de más alta graduación.

Hay evidencias de sobra de que esa representación distorsionada genera efectos colaterales. El documento del Cope menciona un estudio publicado en 2016 en la revista PLOS ONE por investigadores del Macalester College, un instituto de enseñanza superior privado del estado de Minnesota (EE. UU.). El artículo demostró que, aunque las mujeres representan el 15 % de los docentes en los departamentos de ciencias matemáticas de las universidades de Estados Unidos, solamente ocupaban el 8,9 % de los cargos en los consejos editoriales de 435 revistas de la disciplina. Otro estudio publicado en 2020 en el repositorio bioRxiv por investigadores de Estados Unidos, los Países Bajos, Canadá y el Reino Unido, utilizó la base de artículos publicados en la revista eLife entre 2012 y 2017 y demostró que la tasa de aceptación de artículos de autores del sexo masculino era un 3,5 % superior a la del sexo femenino. Esta desigualdad aumentaba a un 4,8 % cuando los encargados de evaluar los manuscritos eran todos varones.

En el seminario web organizado en el mes de mayo por el Cope, Deborah Poff llamó la atención al respecto de otra cara del problema, que es la participación menor de las mujeres en el proceso de revisión por pares en comparación con la de los varones en varias disciplinas. “Algunos editores manifiestan que evitan pedirles revisiones de artículos a las mujeres porque están sobrecargadas y declinan el pedido con mayor frecuencia. Pero son casos anecdóticos. No hay evidencias de que esto sea verdad”, dijo. “Aunque muchas investigadoras están sobrecargadas de trabajo, ellas saben que la revisión por pares es una parte fundamental del quehacer académico”.

El informe menciona ejemplos recientes de las opiniones parciales que los sesgos pueden generar sobre un tema de investigación. Uno de ellos fue una edición de 2017 de la revista Journal of Political Philosophy, que publicó los anales de un simposio sobre cuestiones relacionadas con el movimiento Vidas Negras Importan, donde todos los autores eran blancos. Pero el documento, a su vez, refuta la idea de que los investigadores sin un vínculo o interés personal con un tema de investigación determinado estarían menos calificados para evaluarlo y sostiene que, cuanto mayor es el número y la diversidad de los estudiosos dedicados a un campo de investigación, más amplia y completa será la comprensión científica alcanzada.

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