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Neurología

Menos carne roja y más pescado

Una dieta rica en ácidos grasos omega 3 puede proteger contra la epilepsia

MIGUEL BOYAYANA fines de junio, un grupo de niños de Ribeirão Preto, en el interior de São Paulo, comenzó a recibir dosis diarias de aceite de pescado como complemento de los medicamentos que toman para controlar la epilepsia. Esta afección, considerada la enfermedad neurológica crónica más común en el mundo –afecta al 1% de la población en Estados Unidos y Europa, y 2% en Brasil–, es caracterizada por alteraciones súbitas en el funcionamiento de las células cerebrales denominadas neuronas. Durante las crisis, que duran minutos, grupos específicos de esas células disparan impulsos eléctricos con mayor frecuencia e intensidad hacia otras neuronas, provocando alteraciones de comportamiento, contracciones musculares involuntarias violentas o perdida de la conciencia. Los 52 niños que actualmente participan en el experimento –los médicos pretenden incluir a otros 38– presentan una forma de epilepsia grave en la que los focos que originan las descargas eléctricas típicas de las crisis se encuentran diseminados por el cerebro y no pueden ser removidos mediante cirugía. “Sufren crisis epilépticas casi a diario”, explica Vera Cristina Terra, neuróloga de la Universidad de São Paulo de Ribeirão Preto (USP-RP) y responsable por el ensayo clínico. La expectativa es que el consumo de aceite de pescado –rico en ácidos grasos omega 3, que son moléculas de grasa que intervienen en la composición de las células, pero no son producidas por el organismo humano–, genere en los niños los beneficios observados en los test con animales de laboratorio y adultos: la reducción de la frecuencia de las crisis y la preservación de las neuronas.

Se considera que el uso de estos suplementos puede ocupar el lugar de otro tratamiento que ayuda para atenuar la epilepsia: la dieta cetogénica, en la que los carbohidratos de la alimentación son sustituidos por grasas –esa dieta es muy rigurosa y puede alterar el nivel de colesterol en sangre. “Buscamos un compuesto rico en grasas que pueda utilizarse durante largos períodos sin efectos colaterales importantes”, dice Vera.

Los planes para probar el omega 3 contra la epilepsia surgieron en 2008, cuando ella comenzó su posdoctorado en la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), con Esper Cavalheiro. En esa época, el equipo del neurocientífico Fulvio Scorza, de la Unifesp, y de Roberta Cysneiros, de la Universidad Mackenzie, finalizaron una prueba con ratones demostrando el efecto protector del omega 3, clasificado como suplemento alimentario y no como medicamento. Durante dos meses, Danuza Ferrari suministró a roedores con y sin epilepsia una dosis diaria de aceite de pescado equivalente al contenido de tres cápsulas de suplemento. Hecho en colaboración con Ricardo Arida, de la Unifesp y Antonio-Carlos de Almeida, de la Universidad Federal de São João Del Rei, en Minas Gerais, el análisis cerebral reveló que los ratones tratados con omega 3 perdieron menor cantidad de neuronas del hipocampo –la región ligada con el aprendizaje y la adquisición de la memoria, dañada en algunas formas de epilepsia– que los que recibieron un compuesto inocuo. “Suministramos a los roedores aceite de pescado por vía oral, para simular lo que ocurre con quienes toman cápsulas de omega 3”, cuenta Scorza, quien describió los resultados en 2008 en la revista Epilepsy & Behavior.

Excitación y muerte
No se conoce con certeza cómo el omega 3 evita la muerte neuronal. Un probable mecanismo es el bloqueo de la entrada de calcio en esas células. Resulta que en las crisis epilépticas sucede la liberación del mensajero químico glutamato, que promueve la entrada de calcio en las neuronas, aumentando su concentración en el interior de la célula diez veces superior a la del exterior. El calcio es fundamental para la comunicación de las células, sin embargo, en exceso, las mata.

En sus experimentos, Scorza observó en los animales tratados con omega 3 un aumento de la producción de las proteínas calretinina y parvalbumina, que evitan el ingreso de calcio en las neuronas. En otras pruebas recientemente concluidas, su equipo reveló también la formación de nuevas neuronas y la reducción del nivel de proteínas inflamatorias, que, según algunas teorías, podrían conducir a la epilepsia. “Una dieta ideal para las personas con epilepsia y también para las sanas debería incluir tres porciones de pescado de agua fría por semana o una cápsula de aceite de pescado por día”, dice Scorza. Durante el último siglo la población humana redujo brutalmente la ingestión de omega 3, sustituyéndolo por el omega 6, hallado en carnes y productos industrializados y menos benéficos para el organismo. Los peces indicados para el consumo son el salmón y la sardina. “El atún es rico en omega 3, pero contiene elevados niveles de mercurio, tóxico para las neuronas”, cuenta.

En el ensayo clínico de Ribeirão Preto los niños recibieron diariamente durante seis meses, cápsulas de aceite de pescado –un grupo ingirió 2 gramos y otro 3 gramos–, además de medicamentos para tratar la epilepsia. “Elegimos las cápsulas para evitar el riesgo de que ellos no se adaptaran al consumo de sardina”, cuenta Vera. Al finalizar el período, los resultados serán comparados con los de un tercer grupo, tratado solamente con antiepilépticos. Si todo sale bien, el ensayo será extendido por un período mayor.

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