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Arquitectura

Mi Casa, Mi Vida en la universidad

Investigadores realizan una revisión bibliográfica que revela el escaso impacto de los estudios sobre ese programa social de viviendas

Unidades del conjunto residencial Florestan Fernandes, en São Paulo, construido bajo un régimen de cooperación comunitaria

Léo Ramos Chaves

El mayor programa habitacional del país, denominado Mi Casa, Mi Vida (MCMV), se transformó también en un recurrente objeto de investigaciones académicas que, pese a su volumen, falla a la hora de aportar un enfoque detallado de las viviendas construidas y constituirse en la base de la toma de decisiones a nivel político. Esas son las conclusiones principales del estudio de revisión bibliográfica coordinado por la arquitecta Doris Kowaltowski, docente de la Facultad de Ingeniería Civil, Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Campinas (FEC-Unicamp). La profesora, intrigada con la enorme producción en torno a este tema, convocó en 2015 a un grupo de cinco investigadores para verificar los estudios científicos realizados. “Me propuse hacer un análisis de lo que se sabe al respecto de ese programa”, relata.

El equipo partió de un conjunto de más de 8 mil documentos que mencionaban el proyecto, identificados en distintas bases de datos. “Nuestra preocupación inicial consistía en localizar todo aquello que se había publicado sobre Mi Casa, Mi Vida. A partir de ahí, establecimos los criterios de selección de los estudios”, explica el arquitecto y urbanista Daniel de Carvalho Moreira, también de la FEC-Unicamp. El primero de esos filtros tuvo como función la identificación de la producción estrictamente académica, tomando como base índices internacionales e instrumentos de amplio alcance, tales como el Google Académico. El corpus quedó circunscrito a 2.477 trabajos, entre transcripciones de conferencias, artículos, libros y capítulos de libros, manuscritos e informes, aparte de 750 tesinas de maestría y tesis doctorales, cuyos títulos y resúmenes fueron analizados de manera tal que pudieran proveer un panorama para una investigación más minuciosa, que se concentró en 57 artículos seleccionados a partir de las herramientas SciELO, Scopus y Web of Science. Ese material, clasificado tomando como base cuatro parámetros –tipo de investigación y de resultado (cualitativo y cuantitativo), alcance del estudio (local o nacional) y tipología de la vivienda estudiada (individual o multifamiliar)–, se analizó en forma meticulosa. La primera etapa de la investigación fue presentada en un artículo que salió publicado en 2015 en el periódico Journal of the Korean Housing Association; y el año pasado se publicó una síntesis con los resultados en el periódico inglés Building Research & Information.

Hubo algunos aspectos que les causaron sorpresa a los investigadores. En primer lugar, la cantidad de estudios realizados en áreas no inherentes a la arquitectura y el urbanismo. “Aproximadamente la mitad de los trabajos de posgrado sobre el MCMV se desarrolló en disciplinas tales como derecho, economía, geografía y sociología, entre otras”, informa Moreira. En cuanto a los estudios del área, se esperaba encontrar investigaciones que analizaran los proyectos arquitectónicos y las condiciones habitacionales desde la perspectiva del usuario, algo que solo ocurrió eventualmente. “Los estudios de caso y los análisis de las unidades construidas no constituyeron el abordaje principal de los estudiosos del área de la arquitectura y urbanismo, que en esos casos se reveló escasamente sistemática y sin adecuarse a protocolos rigurosos”, relata el investigador. Kowaltowski hace hincapié en la dificultad para comparar los datos ante la ausencia de una metodología común. “En las pocas investigaciones realizadas con los residentes se evidencia una diversa gama de procedimientos”, dice. “Pero este problema no se presenta tan solo en Brasil: no hay en el mundo métodos consolidados para evaluar la vivienda social”.

La coordinadora del estudio señala a ese hecho como uno de los responsables de la existencia de conclusiones contradictorias en el conjunto de investigaciones analizadas. Entre los trabajos que evalúan, por ejemplo, el acceso a la infraestructura urbana a partir de las unidades habitacionales construidas por el MCMV hay 16 artículos que lo califican como algo positivo y tres en forma negativa. En cuanto a la disminución de los gastos familiares en vivienda, cinco trabajos se hicieron eco del efecto positivo de mudarse a una de esas unidades habitacionales, mientras que otros siete asocian el cambio de residencia con un incremento de los gastos. La ingeniera mozambiqueña Elisa Muianga, quien formó parte del equipo de investigadores encargados de la revisión bibliográfica mientras desarrollaba su doctorados en la FEC-Unicamp, explica una de las razones que hacen que el nuevo inmueble se torne oneroso para las familias: “En muchos de los casos se trataba de individuos que, mientras vivían en favelas no pagaban tasas de servicios tales agua, electricidad, expensas y pasan a tener que pagarlas en su nueva vivienda”.

Para Nabil Bonduki, arquitecto, urbanista y docente de planificación urbana en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo (FAU-USP), las divergencias en los resultados pueden estar relacionadas no solo con la ausencia de una metodología, sino también con las diferencias entre sus beneficiarios. “El MCMV fue el primer programa masivo brasileño dedicado prioritariamente a la población con bajos ingresos. Y siempre se hace preciso tener en cuenta cuál era la condición anterior del beneficiario”, sostiene.

Los orígenes diversos explicarían, por ejemplo, por qué dos estudios vislumbran como positiva la seguridad en las nuevas viviendas mientras que otros dos apuntan a un empeoramiento en ese punto. Según datos suministrados en 2017 por la Secretaría Nacional de Vivienda, desde 2009, el año en que se implementó el programa, hasta 2016, de alrededor de 3,2 millones de unidades que se entregaron, 1,1 millones se asignaron a la franja 1, es decir, a familias con ingresos mensuales de hasta 1.800 reales. La franja siguiente, con ingresos mensuales de hasta 4 mil reales, recibió la mayor parte –1,8  millones– de las unidades habitacionales; y en la tercera, con ingresos de hasta 9 mil reales mensuales, fueron 290 mil las viviendas adquiridas por medio del programa.

Con enfoque en los residentes
Frente al enfoque predominante en los aspectos relacionados con la ciudad y la comunidad, en cuanto al análisis del emplazamiento de los conjuntos habitacionales y su relación con el paisaje urbano, el equipo de investigadores apunta la importancia del desarrollo de estudios científicos basados en la perspectiva del usuario. Ya en el artículo de 2015, en el cual se presentaron conclusiones parciales a partir de la revisión bibliográfica, los autores sostienen que: “Deben testearse las herramientas de investigación que pueden evaluar fielmente la calidad de vida de los habitantes en las nuevas condiciones y aplicárselas conjuntamente con métodos sólidos a nivel estadístico. Deben repetirse los estudios con el objetivo de comparar las primeras impresiones con niveles posteriores de satisfacción”.

La existencia de pocos trabajos con esas características parece guardar relación, según argumentan, con la reiteración de errores del pasado por parte del poder público, no solo en Brasil, sino también a nivel global, en particular, en lo concerniente a la concepción de los emprendimientos. “Algunos estudios registraron que los proyectos arquitectónicos no responden a las diversas necesidades y anhelos de los usuarios finales, indicando la necesidad de intervenciones para efectuar mejoras siempre que eso fuera posible”, dice Kowaltowski. Entre las quejas principales recabadas en los estudios están las dimensiones reducidas de las unidades –en buena parte de los casos, 35 metros cuadrados– para familias compuestas por más de tres personas y la ausencia de cuidados con respecto al confort térmico de sus habitantes, señalado como un aspecto negativo en los trabajos en lo que se lo tuvo en cuenta. Kowaltowski sostiene que existen recursos arquitectónicos sencillos, tales como una evaluación previa de la orientación solar y la adopción de la ventilación cruzada, que pueden utilizarse en los proyectos con la finalidad de evitar perjuicios mayores en el futuro. “Las temperaturas parecen ser cada vez más altas. En un futuro, esa gente va a comprar aparatos de aire acondicionado para mitigar ese problema en las unidades y ese gasto de energía, que podría evitarse recurriendo a ajustes en los proyectos, acabará por representar otro factor más para el empeoramiento del clima”. La falta de privacidad, dado que hay poca distancia entre las ventanas de las diferentes unidades, y la monotonía estética, causada por la repetición de proyectos idénticos o muy similares en las unidades construidas, son otros de los problemas que resalta el estudio y que recuerda la investigadora.

Entre las razones para que la producción académica tenga un impacto limitado sobre los proyectos elaborados en el marco del programa, los expertos apuntan a la naturaleza y la dimensión de Mi Casa, Mi Vida. “Hay casos en los cuales la dificultad de acceso a la vivienda es tan restrictiva para una familia y la posibilidad de obtener un inmueble de por sí constituye una mejora tan grande en la calidad de vida que no queda mucho margen para juzgar la calidad de la vivienda, pues la prioridad es disponer de ella”, pondera Daniel de Carvalho Moreira.

Léo Ramos Chaves Conjunto habitacional en Presidente Prudente, São PauloLéo Ramos Chaves

Impulso a la economía
Nabil Bonduki hace hincapié en la dimensión del programa. Comparable al que desarrolló el Banco Nacional Hipotecario (BNH), que entre 1964 y 1986 financió la construcción de 4 millones de unidades habitacionales, el programa MCMV, instituido durante la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011), en nueve años superó ese hito histórico. Según el Ministerio de Desarrollo Regional, a partir de 2009 se contrataron 5,5 millones de unidades habitacionales y más de 4 millones fueron entregadas. Más allá de su meta elevada, el programa también fue concebido con la intención de impulsar la economía a partir de la movilización del sector de la construcción civil: un estudio llevado a cabo por la Asociación Brasileña de Operadoras Inmobiliarias (Abrainc) y por la Fundación Instituto de Investigaciones Económicas (Fipe), reveló que entre 2008 y 2017 el MCMV fue responsable del 77,8% de las 6,3 millones de unidades incorporadas por el mercado inmobiliario en todo el país. En 2010, el año siguiente al de la creación del programa, el aporte del sector de la construcción civil al Producto Interno Bruto (PIB) registró un incremento de un 11,6%, el mayor en 24 años y superior al crecimiento porcentual del PIB del país. “En el marco de una iniciativa semejante, la preferencia son los proyectos modelo, dado que cualquier innovación puede retrasar la aprobación de la financiación”, explica Bonduki, autor del libro en tres tomos intitulado Os pioneiros da habitação social (editorial Unesp, 2014).

Para el investigador de la FAU, que participó en la concepción de un proyecto nacional de vivienda para que lo implementara el gobierno de Lula, las limitaciones en cuanto a la calidad son inherentes a las iniciativas masivas. “La crítica principal que le hago radica en que, entre las diversas iniciativas que se propusieron para el área, se implementó solamente una, el programa MCMV, es decir, la disponibilidad de recursos para la construcción de nuevas unidades”, dice. Desde la perspectiva de Bonduki, aparte del programa, serían necesarias otras iniciativas tendientes a equilibrar de manera satisfactoria el déficit habitacional del país, tales como saneamiento y urbanización de asentamientos precarios, recomposición de cascos históricos y un programa de lotes urbanos con financiación de los materiales de construcción, algo que no fue llevado adelante.

Bonduki alaba, sin embargo, la faceta Entidades del programa Mi Casa, Mi Vida, una modalidad en la que los recursos los administran los propios beneficiarios, que se ocupan de la construcción de las unidades, participando incluso en las decisiones sobre los procesos de las obras. Uno de esos ejemplos puede verse en Cidade Tiradentes, en la zona oriental de São Paulo, donde el Movimiento Sin Tierra Este 1 construyó, con financiación del programa y bajo un régimen de organización colectiva, los conjuntos Florestan Fernandes y José Maria Amaral.

“Obviamente, el MCMV representa un gran esfuerzo para entregarles una vivienda a millones de familias. Pero aunque esa iniciativa sea muy positiva, como arquitecta e investigadora siempre me planteo si la calidad no podría haber sido mejor”, pondera Kowaltowski. Elisa Muianga piensa que el lapso de tiempo entre la inscripción en el programa y la entrega de las viviendas podría utilizarse para evaluar las necesidades y demandas de los futuros residentes. “Sería una buena oportunidad para establecer contacto y entender qué es lo importante para la población contemplada. Eso ayudaría para renovar los proyectos”. Muianga no tiene dudas: “La cooperación entre la academia y el gobierno es el único medio para promover una mejora en la vivienda social”.

Artículos científicos
Kowaltowski, D., Muianga, E., Granja, A. D., Moreira, D., Bernardini, S., Castro, M. R. A critical analysis of research of a mass-housing programme. Building Research & Information. v. 47, n. 6, p. 716-33. 2019.
Kowaltowski, D., Granja, A. D., Moreira, D. de C., Pina, S. M., Oliva, C. A. y Castro, M. R. The Brazilian housing program “Minha Casa Minha Vida” – A systematic literature review. Journal of the Korean Housing Association. v. 26, n. 6, p. 35-42. Online. Dic. 2015.

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