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MEMORIA

Nuevos métodos para desenterrar el pasado

Hace 60 años, un programa brasileño contribuyó a mejorar la formación de los arqueólogos y amplió los descubrimientos sobre culturas antiguas

La vasija de cerámica que se conserva en el MAE-USP

MAE-USP

En 1964, cuando regresaba desde Curitiba [Paraná] a Salvador [Bahía] conduciendo su flamante Rural Willys, en el marco de una expedición preparatoria del Programa Nacional de Investigaciones Arqueológicas (Pronapa), el arqueólogo Valentín Calderón (1921-1980) decidió hacer una parada de descanso en Río de Janeiro. En ese ínterin, le robaron la camioneta, pero fue recuperada ese mismo día por la policía, que buscaba otra de la misma marca cuyo propietario era el alcalde de ese entonces, Carlos Lacerda (1914-1977). Para la arqueóloga estadounidense Betty Meggers (1921-2012), ese episodio fue una señal de buena suerte, de cara al programa recién iniciado. Durante cinco años, el Pronapa impulsó trabajos de campo en todo el litoral brasileño y parte de la Amazonia, promoviendo una transformación en los métodos de trabajo de la arqueología brasileña.

Antes del Pronapa, los arqueólogos en Brasil intentaban explorar al máximo cada yacimiento y no contaban con métodos estandarizados para clasificar los artefactos encontrados, lo que dificultaba la comparación de las piezas halladas en lugares diferentes. El programa propuso implementar métodos de excavación similares, con pequeñas espátulas, pinceles, tamices y planillas para clasificar los yacimientos y los objetos hallados, como ya se hacía en otros países. En lugar de profundizar en el conocimiento de unos pocos lugares específicos, priorizó el mapeo de varios sitios arqueológicos de Brasil y el establecimiento de una metodología de clasificación y comparación de los artefactos. En sus investigaciones, los arqueólogos profundizaron el conocimiento sobre las poblaciones de hasta 5.000 años de antigüedad que construyeron inmensos montículos de conchas en las costas brasileñas y denominados sambaquíes, estudiaron yacimientos arqueológicos del interior de Brasil y de la Amazonia y dieron nombres a los métodos utilizados por los pueblos originarios para fabricar vasijas de cerámica.

JENNINGS, J. D. Ancient Native Americans. 1978Excavaciones en el yacimiento arqueológico José Fernandes, en Itaberá (São Paulo), en 1968, donde se encontraron objetosJENNINGS, J. D. Ancient Native Americans. 1978

En 1962, el arqueólogo José Loureiro Fernandes (1903-1977), del Centro de Estudios e Investigaciones Arqueológicas de la Universidad Federal de Paraná (Cepa-UFPR), organizó un curso para una de las primeras generaciones de arqueólogos profesionales en Brasil. Se trató de un curso práctico de excavación en un sambaquí de Paranaguá, en las costas del estado de Paraná, impartido por la francesa Annette Laming-Emperaire (1917-1977) y por Margarida Andreatta (1922-2015), del Cepa. El Pronapa surgió a partir de otro curso organizado por Loureiro Fernandes en marzo de 1964, en este caso impartido por Meggers y su esposo, el también arqueólogo Clifford Evans (1920-1981), en el que participaron arqueólogos de todo el país.

“Los cursos fueron importantes porque nuestra formación aún era muy empírica”, cuenta el arqueólogo Ondemar Dias, del Instituto de Arqueología Brasileña (IAB), en Río de Janeiro, quien participó en el Pronapa. Hasta la creación del primer programa de posgrado en el área, instituido en 1972 en el Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad de São Paulo (MAE-USP), y la primera carrera de grado de la disciplina, creada en 1975 por la Universidade Estácio de Sá, en Río de Janeiro, los arqueólogos eran historiadores, antropólogos y geógrafos.

“No teníamos nomenclaturas estandarizadas para clasificar las cerámicas, los artefactos de piedra y otros objetos, y los arqueólogos no podían entender el trabajo realizado por otros colegas”, explica la geógrafa y arqueóloga Silvia Maranca, profesora jubilada del MAE-USP. “Las investigaciones se centraban en los grandes sambaquíes que proliferaban en el litoral brasileño. Casi no existían las excavaciones en yacimientos de cerámicas del interior. El Pronapa cambió esa situación”.

Léo Ramos Chaves/Revista Pesquisa FAPESPCuadernos de campo de la arqueóloga Silvia Maranca, integrante del PronapaLéo Ramos Chaves/Revista Pesquisa FAPESP

El geógrafo especializado en arqueología Igor Chmyz, por entonces en la UFPR y actualmente jubilado, ayudó a impartir el curso de 1964. Como había tomado clases y participado en expediciones acompañando a arqueólogos extranjeros, presentó métodos de clasificación y análisis de las cerámicas a partir de una terminología que, dos años más tarde, sería publicada como el primer manual para el estudio de la cerámica brasileña en la revista Manuais de Arqueologia.

Meggers presentó el llamado método de análisis y seriado cronológico Ford, creado por el arqueólogo estadounidense James Alfred Ford (1911-1968) en las décadas de 1940 y 1950. El seriado cronológico estudia las similitudes y las diferencias entre distintos objetos para establecer una secuencia y una datación relativa. “Este método fue importante para el Pronapa, porque puede utilizarse para interpretar cualquier clase de objeto”, comenta Dias.

JENNINGS, J. D. Ancient Native Americans. 1978Puntas de proyectiles fabricadas por pueblos indígenas que habitaron el sur de Brasil hace alrededor de 12.000 añosJENNINGS, J. D. Ancient Native Americans. 1978

Al finalizar los cursos, del 30 de octubre al 22 de noviembre de 1964, Meggers y su marido, con el apoyo de la Comisión Fulbright, de Estados Unidos, y del Consejo de Investigación de la UFPR, visitaron a varios arqueólogos en Rio Grande do Sul, Santa Catarina, São Paulo, Río de Janeiro, Bahía, Pernambuco, Rio Grande do Norte, Pará y Brasilia para conocer mejor la arqueología que se hacía en Brasil y elaborar la propuesta del Pronapa. Al finalizar este periplo, elaboraron un cronograma que se extendería por tres años, mediante el cual cada investigador debería identificar tres valles fluviales (poco después el número se amplió a cinco) que “quizá hayan servido como rutas migratorias y de comunicación”, describe Meggers en un artículo publicado en la revista Arqueologia en 2007, el mismo en el que relata la recuperación de la Rural Willys.

JENNINGS, J. D. Ancient Native Americans. 1978Escultura realizada entre los siglos VI y X por antiguos moradores de las tierras bajas de la AmazoniaJENNINGS, J. D. Ancient Native Americans. 1978

Hasta 1968, los participantes en el programa visitaron 22 regiones en 9 estados y registraron más de 1.000 sitios arqueológicos. De esas investigaciones surgieron más detalles sobre las poblaciones que erigieron los sambaquíes de Santa Catarina, Paraná y São Paulo, que vivían en lo que actualmente es Brasil hace más de un milenio y utilizaban cuchillos líticos y lascas de piedra para cortar o desgarrar los animales abatidos y también fabricaban otros utensilios, utilizando piedras redondeadas llamadas choppers. Asimismo, también fabricaban puntas de flechas de piedra, concha y hueso, hachas de piedra pulida y colgantes con piedras pulidas y vértebras de peces.

Los arqueólogos del Pronapa estudiaron cerámicas de todo el país y, con base en los métodos de seriado cronológico, definieron lo que denominaron Tradición Tupiguaraní y otras tradiciones regionales, concentradas en el sur y el sudeste de Brasil. En materia de cerámica ancestral, las tradiciones son las formas en que las poblaciones antiguas de determinados lugares producían y decoraban las vasijas de cerámica. Las vasijas y los jarrones se diferenciaban unos de otros tanto por la composición de la arcilla utilizada como por su decoración, que podía hacerse con o sin pintura e incluir marcas realizadas con pinceles, con los dedos o bien incisiones hechas con las uñas u otros objetos cortantes.

Maranca participó en los descubrimientos de ese tipo realizados en São Paulo. “Practicamos excavaciones en fincas y terrenos donde el gobierno iba a instalar líneas de generación de energía”, relata. “Durante la construcción de las centrales no podíamos excavar sistemáticamente, porque debíamos seguir el ritmo de las obras. Pero realizamos excavaciones profundas para encontrar cerámicas y artefactos de piedra en el yacimiento José Fernandes y a orillas de los ríos Paraná y Tietê”.

Los arqueólogos llegaron a la conclusión de que los indígenas de la Amazonia que produjeron las cerámicas decoradas con pintura roja y blanca o con marcas que forman los relieves característicos de la Tradición Tupiguaraní vivieron en “regiones selváticas aptas para cultivos estacionales”, y los productores de las cerámicas de otras tradiciones regionales habitaban “otros tipos de ambiente, lo que favoreció su supervivencia”, según consta en el informe de 1970.

Distintos tipos de barreras, principalmente los ríos, limitaron el contacto entre los indígenas que habitaban el litoral y los del interior de la Amazonia antes de la colonización europea. “Los estudios de los años 1960 y 1970, aunque han sido objeto de revisiones conceptuales, fueron las primeras investigaciones a escala nacional sobre la vida de los pueblos originarios previa a la llegada de los europeos”, dice el arqueólogo João Carlos Moreno, de la Universidad Federal de Rio Grande (Furg), quien no participó en el programa.

Jéssica M. Cardoso / MAE-USPSambaquí del litoral del estado Santa Catarina, formado por conchas, arena y restos de hogueras de hace entre 500 y 1.300 añosJéssica M. Cardoso / MAE-USP

El Pronapa llegó a su fin oficialmente en 1973 con un debate en el Instituto Smithsonian, en Washington (EE. UU.). Uno de los participantes, el arqueólogo Mário Simões (1914-1985), por entonces en el Museo Goeldi, comentó que el programa se había centrado en los sitios arqueológicos fuera de la Amazonia y que eran necesarios más trabajos en la selva. A tal fin, propuso la creación del Programa Nacional de Investigaciones Arqueológicas de la Cuenca del Amazonas (Pronapaba, su acrónimo en portugués), que se hizo realidad en 1976. El arqueólogo Ondemar Dias coordinó las investigaciones en la cuenca del río Purús, en Acre, donde descubrió las estructuras conocidas como los geoglifos de Acre (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 346).

CEPA-UFPRLos organizadores de un curso realizado en 1956: Joseph Emperaire (a la izq.), Annette Laming-Emperaire y José FernandesCEPA-UFPR

Durante años, los arqueólogos han estudiado el suelo oscuro formado por la materia orgánica acumulada por las poblaciones originarias de la Amazonia, conocido como tierra negra antropogénica, y clasificaron los fragmentos de cerámica en fases, tales como Tucuruí, Tauá, Marabá e Itupiranga. Por último, buscaron dilucidar nuevamente los desplazamientos de las poblaciones indígenas ancestrales.

El Pronapaba localizó y registró 334 sitios arqueológicos en la Amazonia, principalmente en el estado de Amazonas, que concentra 119 de ellos. En la actualidad, existen 467 sitios en el estado registrados en la base de datos del Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (Iphan). En esta cartografía, los arqueólogos arribaron a la conclusión de que los antiguos habitantes de las llanuras aluviales del delta del Amazonas, sujetas a inundaciones periódicas, fabricaban cerámicas más elaboradas, como la marajoara o marayó, y los que habitaban en la llamada tierra firme utilizaban técnicas más sencillas. Otra conclusión indicó que las diferencias en los ingredientes de la arcilla de cerámicas aparentemente iguales podrían marcar distintas fases dentro de una misma tradición. Esto ayudó a los arqueólogos a poder diferenciar cuándo un sitio fue ocupado por una población numerosa durante un largo período de tiempo y cuándo la región fue ocupada en varias ocasiones de manera intercalada.

CEPA-UFPRLos ideadores del Pronapa: Meggers y Evans, en 1964CEPA-UFPR

Como los arqueólogos del Pronapa se concentraron en el estudio de las cerámicas, en lo concerniente a otros objetos como las herramientas de piedra, por ejemplo, las investigaciones fueron más escasas. “Después del Pronapa, a finales de la década de 1970, Meggers y Evans crearon la tradición Umbu, que se utilizó para clasificar a todas las puntas de flecha encontradas en cuevas o en sitios arqueológicos a cielo abierto. Es lo mismo que si dijéramos que cualquier pueblo originario que fabricaba vasijas cerámicas era el pueblo Guaraní”, critica Moreno. En investigaciones más recientes, arribó a la conclusión de que la diversidad cultural de los pueblos originarios primigenios del sur y sudeste de Brasil, donde supuestamente predominaba la cultura Umbu, era mucho mayor.

Las revisiones se profundizaron aún más en la Amazonia. En la década de 1990, la arqueóloga estadounidense Anna Roosevelt cuestionó las conclusiones del Pronapa y del Pronapaba en cuanto a que en la Amazonia, los sitios arqueológicos en tierra firme eran pequeños, recientes y pertenecientes a poblaciones poco numerosas. Ella descubrió yacimientos con una antigüedad de 11.000 años y dató en 8.000 años la cerámica más antigua de América, en el sitio arqueológico de Taperinha (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 287).

En la misma década, el arqueólogo estadounidense Michael Heckenberger encontró grandes yacimientos con zanjas subterráneas que pueden haber sido estructuras defensivas y registros de grandes aldeas interconectadas por caminos construidos por los indígenas del pasado en la Amazonia. En tanto, la arqueóloga brasileña Denise Schaan encontró inmensos dibujos geométricos excavados por los indígenas del pasado en la tierra amazónica. Algunos de esos sitios han llegado a ser descritos como centros urbanos ancestrales. Hoy en día, los arqueólogos siguen estudiando y descubriendo nuevas estructuras complejas pertenecientes a los antiguos pueblos que habitaron el territorio de lo que actualmente es Brasil (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 333).

Artículos científicos
MARANCA, S. A arqueologia brasileira e o Programa Nacional de Pesquisas Arqueológicas (Pronapa) dos anos 60. Arqueologia. v. 4, p. 115-23. 2007.
MEGGERS, B. J. A contribuição do Brasil à interpretação da linguagem da cerâmica. Arqueologia. v. 19, n. 3. 2007.
PRONAPA. Brazilian archaeology in 1968: An interim report on the National Program of Archaeological ResearchAmerican Antiquity. v. 35, n. 1. ene 1970.
SIMÕES, M. F. Programa Nacional de Pesquisas Arqueológicas na Bacia AmazônicaActa Amazonica. v. 7, n. 3. 1977.

Libro
JENNINGS, J. D. (ed.). Ancient Native Americans. Freeman, San Francisco, 1978.

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