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PROPIEDAD INTELECTUAL

Obstáculos para la generación de innovaciones

Los conocimientos sobre el zika y el chikunguña han dado lugar a diversos registros de patentes, pero son escasos los productos al alcance de la población

Reconstrucción por microscopía crioelectrónica de la estructura de los virus del Zika (a la izq.) y del chikunguña

Starless / Wikimedia Commons | A2-33 / Wikimedoa Commons

Un estudio publicado en la revista Cadernos de Saúde Pública de la Fundación Oswaldo Cruz ha mostrado hasta qué punto el conocimiento científico generado al respecto de las epidemias de los virus del Zika y del chikunguña, que asolaron a Brasil durante la última década, se ha traducido en el desarrollo de tecnologías para combatir estas enfermedades. Fruto de una investigación realizada por la biotecnóloga Maria da Conceição Rodrigues Fernandes cuando realizaba un máster profesional en propiedad intelectual en la Universidad Federal Rural del Semiárido, en Mossoró, Rio Grande do Norte, el estudio constató que empresas y universidades de varios países, especialmente de China y Estados Unidos, efectuaron depósitos de patentes relacionadas con vacunas, pruebas de diagnóstico o medicamentos contra las dos enfermedades. Pero como colofón, pocos productos han llegado al mercado y, en la práctica, no ha podido garantizarse el acceso de la población a las tecnologías que son de su interés.

El rastreo se llevó a cabo utilizando el software Orbit Intelligence, una herramienta que rastrea patentes a nivel mundial, y la base de datos del Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI). El número de patentes asociadas al zika en todo el mundo alcanzó un máximo de 178 registros en 2017. En el caso del chikunguña, se recuperaron en total 264 patentes, pero 66 de esos depósitos eran previos a la epidemia de la enfermedad en Brasil.

Para contabilizar los productos para la salud desarrollados o en desarrollo, la investigadora recurrió a la base de datos Integrity, actualmente incorporada a la empresa Clarivate Analytics, y al sistema de consultas de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) de Brasil. Se encontraron 358 fármacos y productos biológicos para el zika, en su mayoría en fase preclínica. De ellos, 19 productos se hallaban en la fase inicial de los ensayos clínicos y tan solo dos antivirales han llegado al mercado. También se identificó un total de 192 fármacos y productos biológicos para el chikunguña y el único producto en el mercado autorizado fue el molnupiravir, que inhibe la replicación del virus.

En tanto, en la Anvisa, se hallaron registros de test para la detección de ambas enfermedades. “El desarrollo y la obtención de la patente de un producto no son suficientes. Hay que superar otras barreras, tales como la necesidad de grandes inversiones, las dificultades llevar a cabo los ensayos clínicos y las regulaciones impuestas por los organismos de control”, dijo Rodrigues Fernandes.

La investigadora comenta que escogió este tema de investigación en 2020, en plena emergencia sanitaria por el covid-19, cuando se discutía sobre el impacto económico y social de la pandemia y las dificultades para brindarle a la población un acceso rápido a las vacunas y medicamentos. “Consideré que un análisis de lo que había sucedido con las epidemias de zika y chikunguña podría contribuir para entender los obstáculos que se interponen cuando se intenta llevar el conocimiento a la sociedad”, dice Rodrigues Fernandes, quien actualmente cursa un doctorado en medicina traslacional en la Universidad Federal de Ceará.

Luiz Carlos Dias, del Instituto de Química de la Universidad de Campinas (Unicamp), quien no participó en la investigación, dice que el hecho de que el zika y el chikunguña sean enfermedades tropicales que afectan a poblaciones pobres también ayuda a entender por qué es difícil producir innovaciones y hacer que lleguen a la sociedad. “Hay una cuestión que es clave: estas enfermedades afectan a poblaciones desatendidas, excluidas de los avances en ciencia, tecnología e innovación. El desarrollo de un medicamento o de una vacuna es un proceso lento y costoso”, dice Dias, coordinador de un consorcio internacional de instituciones para el desarrollo de nuevos fármacos contra enfermedades parasitarias tropicales, que cuenta con el apoyo de la FAPESP.

Según Dias, el covid-19 ha dejado claro que la percepción del riesgo es capaz de atraer inversiones. En su opinión, es necesario apuntar a la cooperación internacional con quienes tienen conocimientos sobre el desarrollo de medicamentos y vacunas. “Brasil carece de ese historial”.

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