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Biomas brasileños

Los mamíferos de la discordia

Cuestionan en el marco de un estudio la visión que apunta que la mayoría de las especies típicas del cerrado y la caatinga se originó en las selvas

Maria Elina BichuetteMarsupiales del género Cryptonanus: ejemplos de mamíferos endémicos del cerradoMaria Elina Bichuette

Desde hace algunas décadas, la fauna de mamíferos de la sabana y la caatinga solía describirse como una versión empobrecida de los animales que habitaban las dos grandes selvas nacionales: la amazónica, al norte, y el bosque atlántico, en la zona costera del país. Esta definición se basaba en la constatación de que muchas de las especies presentes en ambos biomas vecinos eran también compartidas con los densos montes aledaños. Incluso las llamadas especies endémicas del cerrado, la sabana brasileña, y de la caatinga, aquéllas que solamente se hallaban en esas áreas de vegetación predominantemente abierta y en ninguna otra, descenderían de linajes ancestrales asociados con las selvas.

Pero en un estudio reciente realizado por tres biólogos se cuestiona esta visión y se sostiene exactamente lo contrario: alrededor del 80% de las especies endémicas conocidas de mamíferos del Brasil central y el semiárido del nordeste tiene sus raíces en regiones de vegetación abierta del continente sudamericano, del tipo de la sabana, con pocos árboles y más gramíneas, como lo es el propio cerrado y su vecino el gran chaco, un área llana y relativamente seca que se extiende por partes de los territorios de Paraguay, Bolivia y Argentina, además de un pequeño fragmento del centro-oeste brasileño.

Esta idea es esgrimida por Ana Paula Carmignotto, de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), Mario de Vivo, curador de la sección de mamíferos del Museo de Zoología de la Universidad de São Paulo (USP), y Alfredo Langguth, de la Universidad Federal de Paraíba (UFPB), en un artículo que será uno de los capítulos del libro Bones, clones, and biomes – The history and geography of recent neotropical mammals, que saldrá publicado a mediados de este año por la editorial de la Universidad de Chicago, Estados Unidos. “Demostramos que muchas de las especies endémicas de áreas abiertas del cerrado y de la caatinga no tuvieron su origen, tal como se pensaba, en especies hermanas de los bosques vecinos”, afirma Vivo, cuyos estudios fueron básicamente financiados en el marco de un proyecto temático del programa Biota-FAPESP. “A decir verdad pertenecen a linajes de formación abierta, con ramificaciones en otros biomas de este tipo en Sudamérica.”

048-051_Mamiferos_192-1Esta hipótesis parece ser más plausible para la fauna típica de los mamíferos del cerrado, donde, al igual que en el vecino gran chaco, la presencia de vastas áreas abiertas era aún más significativa hace más o menos 10 mil años de lo que lo es en la actualidad. La existencia durante un largo lapso de tiempo de esa gran zona de sabana ubicada en el corazón de Sudamérica funcionó, de acuerdo con los investigadores, como cuna de buena parte de las especies más típicas del cerrado.

En el caso de la caatinga, el rol de las áreas abiertas como origen de especies singulares de mamíferos es aparentemente menos palpable, pero no totalmente desdeñable. En lo que actualmente es el semiárido nordestino, hubo una selva tropical hace algunos miles de años. Este dato explica por qué los montes boscosos del pasado, y los de hoy, parecen realmente haber sido más importantes para el desarrollo de las escasas especies únicas de mamíferos de la caatinga, un bioma donde este grupo de animales es menos diversificado que en el cerrado. De cualquier modo, los tres autores del artículo dicen que es una exageración adjudicar totalmente a los bosques el endemismo de la caatinga.

Para arribar a estas conclusiones, el trío de investigadores realizó una gran revisión de la literatura científica publicada sobre el tema y también fue al campo a estudiar a algunos animales específicos del cerrado y de la caatinga y su distribución geográfica. El resultado del trabajo generó una lista actualizada no solamente de las especies presentes exclusivamente en ambos biomas, sino de todos sus mamíferos conocidos. La biodiversidad hallada fue mayor de lo que se esperaba.

De acuerdo con este trabajo, el cerrado, cuyo territorio abarca alrededor de dos millones de kilómetros cuadrados y engloba al pantanal, posee 227 especies de mamíferos, 33 más que los hallados en el último inventario, de 2002. Con menos de la mitad de área y siendo más seca, la caatinga, según el nuevo estudio, cuenta con 153 especies de mamíferos, 10 más que las del estudio anterior, de 2008.

raone beltrão mendesMurciélago de la especie Xeronycteris vieirai: endémico de la caatingaraone beltrão mendes

Los murciélagos y los roedores son los dos órdenes de mamíferos con mayor cantidad de especies conocidas en ambos biomas. Los primeros representan más de un tercio de las especies del cerrado y más de la mitad de las de la caatinga. Los segundos responden por otro tercio de las especies del cerrado y un cuarto de las de la caatinga. Luego, con una cantidad mucho menor de especies, aparecen los carnívoros y los marsupiales (vea el cuadro).

Resulta interesante notar que 120 especies de mamíferos se encuentran presentes tanto en la caatinga como en el cerrado. “La mayor parte de los mamíferos de estos dos biomas es compartida entre ellos o con la selva amazónica, el bosque atlántico o el gran chaco”, afirma Ana Paula Carmignotto. “Esta cuestión siempre se destacó en otros estudios y poco se hablaba de las especies endémicas”. Según Vivo, muchos trabajos daban a entender que las áreas abiertas de América del Sur no tenían nada original en términos de nuevas formas de mamíferos. Casi todo era visto como una ramificación de linajes que evolucionaron desde los montes espesos.

Esta impresión, que es falsa, según el trío de autores, quizá sea producto de la constatación de que el universo de los mamíferos exclusivos del Brasil central es realmente pequeño y concentrado. Los investigadores contaron 25 especies exclusivas del cerrado (21 de roedores, 2 de marsupiales, 1 de primate y 1 de murciélago) y 8 de la caatinga (5 de roedores, 1 de primate, 1 de marsupial y 1 de murciélago). Por ende, hablar de endemismo de mamíferos del cerrado y de la caatinga es casi sinónimo de hablar de roedores. La distribución geográfica de las especies encontradas en ambos biomas y los estudios filogenéticos, que trazan su posible parentesco y su relación evolutiva con los animales de otras regiones, llevaron a los biólogos a defender dos patrones de endemismo.

El primero comprende a especies de mamíferos hoy en día típicas del cerrado o de la caatinga que derivaron de géneros originarios de la selva amazónica o del bosque atlántico. Los ejemplos clásicos pueden hallarse sobre todo en el orden de los primates. El Callithrix penicillata, popularmente denominado tití de pinceles negro, es un mono que vive solamente en el cerrado, más precisamente en trechos arbóreos de ese ecosistema. Es la única de las más de 20 especies del género Callithrix que habita una zona de sabana, fuera de la selva ecuatorial o del bosque costero. Lo propio sucede con el Callicebus barbarabrownae, el tití del norte de Bahía conocido en portugués como guigó-da-caatinga, una especie actualmente amenazada de extinción cuyo origen habría sido el vecino bosque atlántico. Algunos roedores, marsupiales y murciélagos (como el Lonchophylla dekeyseri) del cerrado y de la caatinga también se encuadran en esta situación.

El segundo patrón de endemismo es el de linajes de animales que desde hace mucho tiempo están asociados a biomas de vegetación predominantemente abierta, como el propio cerrado y la caatinga en el pasado remoto y el gran chaco. “La mayoría de los mamíferos endémicos del cerrado y la caatinga pertenece a esa categoría”, afirma Vivo. Las tres especies de roedores del cerrado del género Juscelinomys se ubican en esa situación. Éste es también el caso de dos especies endémicas de roedores del género Thalpomys, dos del género Wiedomys y una del género Kunsia, entre otras.

La historia evolutiva de los pequeños marsupiales del género Thylamys es todavía más sorprendente. Existen nueve especies de este animal en Sudamérica, cinco halladas en áreas de vegetación abierta de la región de los Andes. Las dos especies endémicas de Brasil –la marmosa coligruesa de Karimi (Thylamys karimii), encontrada en el cerrado y en la caatinga, y la marmosa coligruesa aterciopelada (Thylamys velutinus), únicamente en el cerrado– exhiben los rasgos más antiguos (basales) del género y no tendrían relaciones de parentesco con los marsupiales originarios de las áreas selváticas. “Es un caso raro”, comenta Ana Paula. “En la mayoría de los casos, la diversificación de los grupos de mamíferos asociados con las formaciones abiertas de América del Sur ocurrió en los Andes y después los linajes se dispersaron y se diferenciaron acá.”

El biólogo Cleber Alho, docente titular jubilado de la Universidad de Brasilia (UnB) y en la actualidad docente del posgrado de la Universidad Anhanguera-Uniderp de Mato Grosso do Sul, no coincide con la idea de que la mayoría de las especies endémicas del cerrado y la caatinga deriva de linajes de animales originarios de áreas abiertas. “No sé cómo podría justificarse el posible origen de especies endémicas (de esos dos biomas) en ambientes abiertos”, afirma Alho. El profesor menciona ejemplos de primates, roedores y murciélagos del cerrado cuyos linajes provendrían de áreas con selvas.

048-051_Mamiferos_192-2En su mayoría, las especies mencionadas por Alho son las mismas que Ana Paula, Vivo y Langguth admiten como que son efectivamente originarias de los montes, aunque sostengan que esos casos constituyen la excepción y no la regla de la historia evolutiva de la fauna endémica de mamíferos del centro de Brasil. Una discordancia explícita tiene que ver con los orígenes de una especie extinta de roedor, el Juscelinomys candango, un ratón encontrado únicamente durante la construcción de Brasilia en 1960 y, desde entonces, nunca más visto. “También dependía de un hábitat forestado”, dice Alho. Pero Vivo y sus colegas consideran que no.

Otros investigadores creen que las ideas expuestas en el capítulo del libro sobre los mamíferos endémicos del Brasil central no deben descartarse sin antes realizar estudios más profundos. “Es un trabajo sumamente interesante y puede que ellos tengan razón”, afirma el biólogo Rui Cerqueira, de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). “La hipótesis es bastante razonable”. Según el investigador fluminense, la noción de que la fauna de mamíferos del cerrado y de la caatinga sería una versión empobrecida de los animales selváticos está realmente caduca y urge hacer más estudios sobre el tema, sobre todo en el semiárido nordestino, donde no se suele recolectar animales.

El Proyecto
Systematics evolution and conservation of eastern Brazilian Mammals (n° 1998/05075-7); Modalidad Proyecto Temático; Coordinador Mario de Vivo- USP; Inversión R$ 529.250,05 (FAPESP)

Artículo científico
CARMIGNOTTO, A. P. et al. Mammals of the Cerrado and Caatinga – Distribution Patterns of the Tropical Open Biomes of Central South America. Capítulo do libro Bones, clones, and biomes – The history and geography 
of recent neotropical mammals. En prensa.

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