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Educación

Pedagogo universal

En el centenario del nacimiento de Paulo Freire, investigadores debaten el legado de su proyecto intelectual

Freire durante una entrevista con la prensa en 1990, cuando era Secretario de Educación de la ciudad de São Paulo

Leonardo Castro / Estadão Conteúdo

Desde el programa de alfabetización en la ciudad de Angicos, en el estado brasileño de Rio Grande do Norte, hasta la Secretaría Municipal de Educación de São Paulo, pasando por la Universidad Harvard, en Estados Unidos, y por el Departamento de Educación del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) en Ginebra, Suiza, Paulo Reglus Neves Freire (1921-1997) es el autor del tercer libro más citado del mundo en el área de las ciencias humanas. El centenario de su nacimiento, que se celebrará en el mes de septiembre, ha movilizado un debate entre los investigadores acerca de un proyecto intelectual en el que la experiencia con la educación de jóvenes y adultos sirvió como base para la formulación de un andamiaje conceptual.

Paulo Freire nació en la ciudad de Recife, siendo el menor de cuatro hermanos, hijos de una ama de casa y un oficial de la Policía Militarizada del estado de Pernambuco. La pedagoga Targélia Ferreira Bezerra de Souza Albuquerque, de la Cátedra Paulo Freire en la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE), recuerda que, durante la infancia del educador, su familia vivía sin apremios económicos, merced a la ayuda en dinero que recibían de un pariente. Al desatarse la crisis de 1929, la familia tuvo que mudarse a la localidad de Jaboatão dos Guararapes, donde debieron afrontar la pobreza y el hambre. Con todo, merced a una beca de estudios, Freire pudo terminar la educación básica en el Colegio Oswaldo Cruz, al que asistía parte de la elite recifense. En 1943, al tiempo que ingresó en la Facultad de Derecho de Recife, recibió una invitación para dar clases en la institución en la que cursó la educación básica. Al graduarse, en 1947, confrontó “la expectativa de trabajar como abogado” con su actividad como docente, tal como lo describe el pedagogo Sérgio Haddad, de la ONG Ação Educativa, en el libro intitulado O educador – Um perfil de Paulo Freire [El educador. Un perfil de Paulo Freire] (editorial Todavia), publicado en 2019 como resultado de una investigación iniciada dos años antes. Pero no duraría mucho en la profesión. Tan pronto como comenzó a trabajar en un bufete de abogados, tuvo que cobrarle una deuda a un odontólogo, contraída por la adquisición de instrumental de trabajo, relata Albuquerque, quien también es miembro del Centro Paulo Freire de Estudios e Investigaciones de la UFPE. “Freire se dio cuenta de que el consultorio era lo que le permitía mantenerse a aquel sujeto, y no quiso cobrarle. Entonces decidió abandonar la carrera de abogacía para dedicarse por completo a la docencia”.

Instituto Paulo Freire El pedagogo (al centro, de saco blanco) con un grupo de alumnos de un curso de la División de Educación y Cultura del SesiInstituto Paulo Freire

Por aquellos tiempos, recibió una invitación para trabajar en la División de Educación y Cultura del recientemente creado Servicio Social de la Industria (Sesi), donde desarrolló, junto a un equipo de educadores, un proyecto para conocer la realidad de las poblaciones que viven en la extrema pobreza. “Así fue como Freire se dio cuenta de que esa gente necesitaba ampliar su lectura del mundo y de sí misma, para entender las situaciones de opresión”, comenta la investigadora de la UFPE. En simultáneo a su labor en el Sesi, entre el final de la década de 1950 y el comienzo de la de 1960, Freire y su esposa, la profesora Elza Maria Costa de Oliveira (1921-1986), con quien tuvo cinco hijos, solían colaborar en las actividades de grupos cristianos, que llevaban a cabo proyectos de emancipación popular junto a trabajadores y adultos de la periferia urbana.

En 1959 defendió una tesis en el marco de un concurso para ingresar como profesor titular de la cátedra de filosofía de la educación en la que entonces era la Universidad de Recife (la actual UFPE). No resultó elegido para el puesto, pero acabaron nombrándolo profesor de historia y filosofía de la educación en la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras de la institución. Con el título “Educación y actualidad brasileña”, su tesis sostenía que el país vivía un momento único, en el que las masas tenían la oportunidad de formar parte del desarrollo nacional. “Fue durante aquellos años de formación, entre el trabajo en el Sesi, las actividades con organizaciones católicas y su asistencia a la Universidad de Recife, que Freire gestó las bases de su pensamiento pedagógico y filosófico”, estima Albuquerque.

Instituto Paulo Freire Durante el proceso de formación de educadores en Angicos (Rio Grande do Norte)Instituto Paulo Freire

El país venía fracasando en sus esfuerzos para reducir el analfabetismo, especialmente entre los adultos. Datos del Ministerio de Educación (MEC) indican que en la década de 1960 había 15,9 millones de individuos mayores de 15 años que no sabían leer ni escribir, lo que representaba el 39,6 % de la población. “Históricamente, las campañas de alfabetización de adultos en Brasil reproducían el material diseñado para el segmento infantil. Freire introdujo un lenguaje adulto en ese proceso”, comenta Haddad. El método concebido por el pernambucano conectaba la imagen y la palabra, incorporando la experiencia del alumno en el proceso de aprendizaje de la lectoescritura, y priorizando temas de su interés. Entre finales de la década de 1950 y comienzos de los años 1960, Freire y su equipo del Sesi pusieron en práctica este método en proyectos que desarrollaron en ciudades de los estados de Rio Grande do Norte y Paraíba.

Por la misma época, organizaciones católicas como la Conferencia Episcopal de Brasil (CNBB, por sus siglas en portugués) también lanzaron campañas de alfabetización y educación dirigidas a las clases populares. “La forma en que Freire organizó su metodología, acercándose a la realidad y al lenguaje de los adultos que se proponía alfabetizar, les vino como anillo al dedo a las distintas organizaciones que, por entonces, también llevaban adelante una tarea educativa con los estratos sociales más vulnerables de la población”, comenta Haddad, en alusión a la afinidad del educador con los grupos vinculados a la teología de la liberación, una corriente del catolicismo que surgió en la década de 1960 en Latinoamérica y que tiene como premisa la opción preferencial por los más pobres.

Instituto Paulo Freire En un registro de 1963, un alumno con su hija en brazos reconociendo sílabas durante un curso de alfabetizaciónInstituto Paulo Freire

La bióloga Juliana Rezende Torres, integrante del Grupo de Estudios Paulo Freire de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), explica que, en sus proyectos de alfabetización, él consideraba que los jóvenes y los adultos ya tenían una lectura del mundo, aunque no supieran leer y escribir. “En todo proceso de alfabetización, Freire sostenía que la lectura de la realidad es anterior a la escritura de la palabra”, dice. De manera tal que identificó las palabras más significativas para cada segmento, denominadas “palabras generadoras”, tales como ladrillo o pared, por ejemplo, para los obreros de la construcción y, a partir de ellas, desarrolló el proceso de alfabetización. “Elaboró un concepto de educación liberadora que se opone a la concepción tradicional de la educación, en la que el docente es visto como el poseedor del conocimiento y el alumno como un ser en el que hay que depositar la información”, explica.

A partir de experiencias pioneras, en 1963, Freire elaboró, junto al equipo de la Universidad de Recife, un proyecto para alfabetizar, en el término de 40 horas, a 300 trabajadores rurales en Angicos, mediante una acción articulada entre la gobernación del estado y el Servicio de Extensión Cultural de la institución. “Esta iniciativa no solo pretendía enseñarles a leer y escribir, sino también concientizar a esas personas de sus derechos ciudadanos, además de desarrollar una visión crítica del mundo”, relata Albuquerque. Según Haddad, todos los alumnos inscritos finalizaron el curso sabiendo escribir sus nombres. La pedagoga Marcela Gajardo, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), en Chile, menciona análisis críticos a su modelo de alfabetización. “Algunos estudiosos sostienen, con razón, que ese método servía más para instruirlos sobre el voto que para enseñar a leer y escribir. En aquella época, en la mayoría de los países latinoamericanos era necesario estar alfabetizado para tener derecho al voto”, recuerda Gajardo.

Instituto Paulo Freire En 1963, en compañía de Paulo de Tarso Santos (saco claro), cuando era ministro de Educación, Freire (de anteojos) escuchando a un alumno en una claseInstituto Paulo Freire

Por su parte, el historiador Flávio Henrique Albert Brayner, profesor titular jubilado de la UFPE, percibe ambigüedades en los proyectos de alfabetización de adultos que se basan en el método de Freire. “En principio, las palabras generadoras no contienen un significado crítico para las comunidades. La metodología ideada por Freire es la que prevé esa adjudicación de sentido. En su afán por liberar a los oprimidos, el pedagogo, su equipo y los profesionales que trabajan con ella también acaban, de alguna manera, ejerciendo un rol como autoridad. Es por eso que sostengo que detrás de la pedagogía de la liberación se esconde una voluntad de poder”. Albert Brayner considera que Freire dialoga con un planteo elaborado en la década de 1920 por intelectuales modernistas como Mário de Andrade (1893-1945), relacionado con la búsqueda de una auténtica identidad brasileña. “Esta búsqueda fue el eje de la historia intelectual del país hasta mediados del decenio de 1950, cuando se sostenía que la creación de un proyecto nacional debería incluir al pueblo y no solo a las elites”, explica. Según el historiador, Freire retoma ese debate cuando propone, a partir de su práctica pedagógica, un proyecto de desarrollo de nación que incluya la presencia de las clases populares.

El antropólogo Eduardo Dullo, de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), efectúa una reflexión similar, y hace hincapié en el objetivo de Freire de vincular la alfabetización a la posibilidad de transformar las mentalidades de las comunidades alfabetizadas. “Su propuesta es el resultado de un diagnóstico de la coyuntura brasileña de la época, cuando se consideraba que el pueblo no poseía una capacidad mental adecuada como para actuar en la vida pública en un contexto democrático”, comenta, justificando el énfasis de la metodología de Freire en el desarrollo de visiones críticas y de nociones de ciudadanía, más allá de la mera alfabetización. Pese a reconocer la importancia de ese esfuerzo, Dullo también señala la relación de autoridad existente entre Freire y su equipo y las comunidades alfabetizadas. “La idea era que los alumnos aprendieran a leer y adquiriesen autonomía para reflexionar sobre su propia realidad, pero esto ocurría mediante una interacción vertical entre alumno y profesor en el plano de los conceptos políticos. Hay allí una tensión que no se resuelve”, reflexiona.

Instituto Paulo Freire Al regresar del exilio, en 1980Instituto Paulo Freire

Dullo considera que la propuesta de investigar previamente a las comunidades que serán alfabetizadas, para identificar las palabras generadoras, dialoga con las lecturas que realizó el pedagogo del antropólogo polonés Bronislaw Malinowski (1884-1942). “Sin embargo, en la antropología buscamos aprender desde la visión de mundo de determinada población para así modificar nuestra manera de pensar, a diferencia de las experiencias de alfabetización desarrolladas por Freire, donde el objetivo final era la transformación de aquellas subjetividades”, compara Dullo, quien durante su investigación doctoral, culminada en 2013 en el Museo Nacional de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), se basó en la trayectoria del pedagogo para debatir los cambios que se produjeron en la sociedad brasileña a partir de 1920.

En 1964, como parte del Programa Nacional de Alfabetización (PNA), Freire fue invitado por Paulo de Tarso Santos (1926-2019), entonces ministro de Educación y Cultura, a extender su proyecto de alfabetización a todo el país. La meta inicial era alfabetizar a 5 millones de personas. Empero, tras el golpe militar de aquel mismo año y la consiguiente cancelación del PNA, el educador tuvo que abandonar el país. Primero se exilió en Bolivia y luego en Chile, donde permaneció hasta 1969.

Instituto Paulo Freire Cuando arribó a Guinea-Bisáu, donde llevó a cabo un proyecto de alfabetización de adultos, en la década de 1970Instituto Paulo Freire

Alumna de Freire y colaboradora en diversos proyectos, Gajardo, de Flacso, relata que cuando él arribó a Chile, en noviembre de 1964, además de la reforma agraria, el gobierno estaba iniciando la transformación de su sistema educativo, adoptando políticas para la educación de jóvenes y adultos. Freire empezó a trabajar en el Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap), vinculado al Ministerio de Agricultura, en un proyecto que pretendía enseñarles a leer y escribir a los pequeños propietarios rurales, además de proporcionarles nociones básicas de cálculos matemáticos. “La lectura y el cálculo eran conocimientos fundamentales para que los campesinos pudieran desarrollar nuevas formas de producción y convivencia. Entonces Freire adaptó su propuesta metodológica a la realidad chilena”, relata Gajardo, quien en 2019 publicó un libro donde analiza la trayectoria del pedagogo en el país. A su juicio, en aquel momento, a partir del contacto con las teorías de los pensadores marxistas, el pedagogo transformó su propuesta inicial, que era la alfabetización de jóvenes y adultos y estimular la construcción de una mirada crítica de la realidad, en otra que reorientaba su proyecto educativo para promover el desarrollo de organizaciones políticas, tales como federaciones de estudiantes, institutos de estudios populares centrados en la educación no formal de los trabajadores y estrategias de capacitación e investigación sobre la reforma agraria. “En 1966, yo lideraba el movimiento estudiantil en la Universidad Católica de Chile. Tomé contacto con las ideas de Freire cuando exploraba metodologías que permitiesen mejorar la educación de las poblaciones urbanas marginales”, relata, recordando la prolífica participación que él tuvo en conferencias públicas y seminarios organizados en diversos puntos del país.

Freire comenzó entonces a colaborar con la federación de estudiantes de Chile, además de convertirse en director de la maestría de Gajardo. En 1967, fue invitado a asumir el cargo de consultor internacional, mediante un contrato acordado con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en un instituto chileno que estaba formulando estrategias de capacitación, como parte de las actividades previstas en la reforma agraria. Ese trabajo duró hasta el año siguiente, cuando la Unesco comunicó que cancelaría el proyecto conjunto. Según Gajardo, ese fue un duro revés para él, que había hecho muchos amigos y estaba bien instalado con su familia en el país. “No le renovaron el contrato porque el gobierno consideró que la aplicación de su método de alfabetización generó un proceso de radicalización entre sectores del campesinado y las poblaciones urbanas marginadas”, comenta, recordando que el educador relata ese acontecimiento en su libro Pedagogía de la esperanza (Siglo Veintiuno Editores, 1993; en portugués, editorial Paz e Terra, 1992). A pesar de esa iniciativa frustrada, la experiencia chilena sirvió para internacionalizar el pensamiento de Freire, opina Gajardo. El libro Pedagogía del oprimido, publicado en primera instancia en Estados Unidos y en inglés, con el título Pedagogy of the Oppressed (editorial Herder and Herder, 1970), es de aquella época.

Instituto Paulo Freire Al recibir los títulos de doctor honoris causa: en la Universidad de Ginebra, en 1979…Instituto Paulo Freire

En 1968, Freire fue invitado a trabajar como profesor visitante en la Universidad Harvard, donde pasó un año y pudo hacer circular sus ideas entre académicos interesados en innovar y experimentar nuevas prácticas en el campo de la pedagogía. “En el devenir de su trayectoria, se topó con contextos favorables para el desarrollo de su pensamiento pedagógico y filosófico, emergente de su experiencia como alfabetizador”, dice Gajardo. En 1970, Freire se incorporó al Departamento de Educación del CMI en Ginebra (Suiza). A partir de 1975, trabajó en Guinea-Bisáu y en Cabo Verde, recién salidos del régimen colonial portugués, en proyectos que apuntaban a rescatar las tradiciones africanas y formular programas de alfabetización y escolarización. Pese a fomentar la búsqueda de autonomía de esas naciones, Maurilane de Souza Biccas, de la Facultad de Educación de la Universidad de São Paulo (FE-USP), explica que Freire fue criticado por el hecho de haber desarrollado sus proyectos de alfabetización en portugués, el idioma de los colonizadores, y no en las lenguas locales.

En 1980, tras 16 años de exilio, el pernambucano regresó a Brasil. En 1989, durante el gobierno de Luiza Erundina, fue nombrado Secretario Municipal de Educación de São Paulo. “Freire pudo llevar a cabo un proyecto que le permitió ir más allá de la aplicación de un método de alfabetización, introduciendo las directrices de su pensamiento pedagógico en la formulación de la política educativa del municipio”, comenta el biólogo Antonio Fernando Gouvêa da Silva, de la UFSCar, quien desde hace 20 años estudia la obra del educador y también es miembro del Grupo de Estudios Paulo Freire de la institución. De este modo, directrices tales como la descentralización del proceso de enseñanza-aprendizaje, la apertura del diálogo entre los docentes y la comunidad escolar y la valoración de la cultura del alumno guiaron su gestión y la creación del Movimiento de Alfabetización de Jóvenes y Adultos (Mova), ideado por él para combatir el analfabetismo entre los jóvenes y los adultos de todo el municipio.

Instituto Paulo Freire …y en la Universidad Complutense de Madrid, en 1991Instituto Paulo Freire

En su biografía de Freire, publicada en 2019 por la editorial Vestígio, el filósofo Walter Omar Kohan, de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Uerj), sostiene que, aunque él no sea un filósofo, su obra suele ser objeto de estudios de investigadores del área de la filosofía de la educación, en la medida en que propone reflexiones sobre los procesos educativos y los métodos didácticos. En el libro, Kohan escribe que los estudios en Brasil y en el exterior “apuntan a identificar la filosofía de Paulo Freire, entendiendo como tal a los supuestos filosóficos que dan ubican a sus ideas a partir de su adhesión a determinada corriente de pensamiento”. En este sentido, los estudiosos identifican diversas influencias en su formulación teórica, que incluyen al marxismo, la teología de la liberación, el existencialismo y la pedagogía crítica. “Un tema fundamental en su trayectoria intelectual alude a la idea de que la educación es un acto político”, señala Kohan, en referencia a las iniciativas de alfabetización, que son inseparables de la idea de formar ciudadanos.

El lingüista aplicado Wagner Rodrigues Silva, de la Universidad Federal de Tocantins (UFT), campus de Palmas, hace hincapié en la amplitud del concepto de alfabetización de Freire, que abarca desde la comprensión del sistema de la lengua hasta cuestiones sociales derivadas del uso del lenguaje. En este sentido, él recuerda que, en la actualidad, tanto lo que se convino en denominar como el método de Freire como otros más tradicionales, que preconizaban la memorización de sílabas o familias silábicas, son utilizados en las prácticas de alfabetización de niños y adultos. “Los docentes deben tener autonomía para elegir y combinar las metodologías conforme al perfil de sus alumnos, pero esto requiere de una formación lingüística consistente, algo que no siempre ocurre en los profesorados en pedagogía”, sostiene. De acuerdo con el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), en 2018, Brasil contabilizaba 11,3 millones de personas con 15 años o más que no sabían leer ni escribir, lo que representaba el 6,8 % de su población.

Al recordar que Freire recibió más de 40 títulos de doctor honoris causa, el sociólogo y politólogo de la educación Carlos Alberto Torres, de la Escuela de Educación y Estudios de la Información (Gseis) y director del Instituto Paulo Freire de la Universidad de California en Los Ángeles (Ucla), afirma que en Estados Unidos se lo considera el fundador del campo de la pedagogía crítica, una corriente del pensamiento que concibe a la educación como un elemento de formación intelectual y moral, pero también de transformación social.

Matuiti Mayezo / Folhapress En su condición de secretario municipal de Educación, Freire visita una escuela pública en Vila Madalena, un barrio de la ciudad de São PauloMatuiti Mayezo / Folhapress

Cercano a Freire en los últimos años de su vida, el sociólogo recuerda haberlo oído decir que le hubiera gustado haber escrito un quinto capítulo en Pedagogia del oprimido, con reflexiones sobre el concepto de ecopedagogía, que prevé el desarrollo de un modelo educativo preocupado por el desarrollo sostenible del planeta. Con traducciones en más de 45 idiomas y 40 ediciones en inglés, Torres considera a Pedagogía del oprimido como su obra de mayor relevancia. “Es el tercer libro más citado del mundo en las investigaciones en ciencias sociales y el más mencionado en el campo de la pedagogía”, informa, en referencia a las conclusiones que arrojó el estudio llevado a cabo por la London School of Economics en 2016, a partir del análisis de Google Scholar.

Con sus más de 30 libros publicados y traducidos en unos 50 idiomas, hasta 2017 Freire había sido objeto de 3.000 tesis doctorales y tesinas de maestría en Brasil. Más allá de lo grandioso de estas cifras, Biccas, de la FE-USP, sostiene que aún hay aspectos poco explorados de su vida y su obra, entre ellos el seguimiento que le realizó la dictadura militar (1964-1985) durante los años en que el autor vivió en el exilio. “Existe una profusa correspondencia al respecto de ese período en los archivos del Departamento de Orden Político y Social [Dops], que se conservan en el Archivo Público del Estado de São Paulo, que merece que se la analice con mayor detalle”, considera. Asimismo, el Instituto Paulo Freire, que funciona en São Paulo y alberga el legado del pedagogo, posee fuentes que pueden servir como base para nuevas investigaciones, tales como clases grabadas en formato de audio y la biblioteca particular del pedagogo. “Hay mucho material disperso sobre Freire, que debería ser organizado y catalogado en una colección conmemorativa”, sostiene Biccas, coordinadora de las actividades por los 100 Años con Paulo Freire, que se celebra este año en la FE-USP e incluyen conferencias, ciclos de debates, talleres y un seminario internacional.

Por último, al analizar la recepción histórica de las ideas de Freire, Brayner, de la UFPE, sostiene que hubo un proceso de institucionalización de su pensamiento, que hizo que “perdiera su impulso original de subversión”. Sucede que el proyecto de educación popular para adultos analfabetos del campo ahora se ha convertido en una asignatura universitaria, es decir, en un saber organizado y normalizado. “Como resultado de ello, hoy en día no se produce educación popular en las universidades sobre la base de la trayectoria intelectual de Freire, sino un discurso sobre la educación popular. Cuando las ideas del pedagogo se institucionalizan, es difícil que su legado pueda verse de manera crítica”, culmina.

Libros
GAJARDO, M. Paulo Freire – Crónica de sus años en Chile (E-book). Chile: Flacso, 2019.
KOHAN, W. Paulo Freire mais do que nunca: Uma biografia filosófica. Belo Horizonte: Vestígio, 2019.
HADDAD, S. O educador: Um perfil de Paulo Freire. São Paulo: Todavia, 2019.
TORRES, C. A. First Freire. Nova York: Teachers College Press, 2014.

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