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BUENAS PRÁCTICAS

Sabotaje en el laboratorio

Boas Praticas aDaniel BuenoUn caso de sabotaje de un experimento científico, cuya víctima fue una posdoctoranda de la Universidad Yale, reavivó el debate acerca de las definiciones de mala conducta científica, usualmente limitadas a casos de fraude, falsificación de datos y plagio. En 2011, Magdalena Koziol acababa de comenzar su período de investigación en el laboratorio de biología del desarrollo de Yale, cuando todos los peces transgénicos que estaba utilizando murieron repentinamente. Recelosa, volvió a hacer el experimento, pero tuvo la precaución de separar a los peces en dos grupos. A un lote lo identificó con sus iniciales, MK, y al otro no. Esta vez perecieron tan sólo los peces identificados. Ella elevó una queja a la universidad y se instaló una cámara en el laboratorio. Las imágenes revelaron que otro posdoctorando, Polloneal Jymmiel Ocbina, envenenó nuevamente a los peces con etanol. Ocbina abandonó Yale al ser descubierto y está siendo procesado.

¿Fue un caso de mala conducta científica o un mero acto de vandalismo, comparable a depredar un bien público? Este debate no es nuevo. En los años 1990, hubo una discusión en Estados Unidos que planteaba si la definición de mala conducta en la legislación federal también debería incluir casos de sabotaje en laboratorio y acoso sexual en el ámbito académico. En ese entonces, se optó por mantener una definición más estricta, alegando que existen otros mecanismos para sancionar desvíos que no se encuentran directamente relacionados con la práctica científica. En opinión de Lisa Rasmussen, profesora de filosofía de la Universidad de Carolina del Norte en Charlotte, el caso de Yale configuraría un caso de mala conducta porque implica la adulteración de resultados de una investigación. En una entrevista concedida a la revista Science, la profesora citó un caso similar, analizado en 2011 por la Oficina de Integridad Científica (ORI, según su sigla en inglés) de Estados Unidos: el posdoctorando Vipul Bhrigu confesó que había destruido los cultivos de células de un colega en la Universidad de Michigan. La Oficina consideró que ese acto vandálico adulteró los registros de la investigación, y caratuló al caso como falsificación. A Bhrigu se le prohibió recibir financiación de agencias del gobierno estadounidense durante tres años.

El caso de Yale puede originar otros desdoblamientos. Más allá del enjuiciamiento al saboteador, Koziol denunció judicialmente a la universidad y a su ex supervisor, Antonio Giraldez. Alega que Giraldez le prohibió hablar sobre ese tema, la privó de firmar como coautora un artículo del cual participó en la investigación y se negó a redactar una carta explicando el caso para que ella justificase la ausencia de resultados de su investigación ante la institución que le concedió la beca. Koziol abandonó Yale en marzo de 2013 y regresó al laboratorio de John Gurdon, de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, ganador del Nobel de Medicina de 2012, donde había hecho su doctorado.

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