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Año Internacional de la Química

Se busca creatividad

La educación, la ciencia, la tecnología y la innovación deben verse en forma integrada

ESTEVAN PELLILa formación de futuros talentos es un tema que no podía faltar en una celebración denominada Química: nuestra vida, nuestro futuro, tal como es el caso de este Año Internacional decretado por la Unesco. Y, en concordancia con la importancia del debate, el trío responsable del mismo fue relevante: Carlos Henrique de Brito Cruz, director científico de la FAPESP y docente del Instituto de Física Gleb Wataghin de la Universidad Estadual de Campinas, César Zucco, presidente de la Sociedad Brasileña de Química y profesor del Departamento de Química de la Universidad Federal de Santa Catarina, y Ronaldo Mota, secretario de Desarrollo Tecnológico e Innovación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, además de ser docente en la Universidad Federal de Santa Maria, en Río Grande do Sul. “Hay que transformar el conocimiento que se genera en las universidades y empresas en beneficios para la población”, expresó Paulo Cezar Viera, de la Universidad Federal de São Carlos, quien el 5 de octubre coordinó el ciclo de conferencias organizado por la FAPESP y por la Sociedad Brasileña de Química en el marco del Año Internacional de la Química.

Desde el punto de vista privilegiado de la FAPESP, una de las principales agencias de fomento de la investigación científica del país, Carlos Henrique de Brito Cruz reveló que la comunidad de investigadores del área de química en Brasil todavía es pequeña para las necesidades nacionales. Durante el transcurso de la última década, el índice de aprobación de proyectos en el área química en la FAPESP se ha establecido en alrededor de un 60%. Esa tasa es bastante más alta de la que se observa en otros países, como por ejemplo el 20% en Inglaterra (Research Councils) y el 17% de Estados Unidos (NSF). Sin perder de vista el contexto, el director científico de la FAPESP considera que esos números reflejan la diferencia entre los países que ya cuentan con una comunidad desarrollada y aquéllos que la están formando.

Desde 1996 en adelante, la cantidad de investigadores que solicitan financiación a la FAPESP cada año se estabilizó entre 350 y 400. “Para cubrir los temas necesarios para el desarrollo brasileño con un alto impacto mundial, necesitamos de una comunidad mayor”, afirmó Brito Cruz. En su opinión, eso significa más universidades, más institutos de investigación y más investigación en las empresas. Un dato relevante reside en que los anuncios del Programa FAPESP de Investigación en Bioenergía, el Bioen, que necesariamente involucra a muchos químicos, ha recibido una cantidad limitada de propuestas. “Todos los investigadores de prestigio se encuentran ocupados con proyectos financiados”, analizó.

Por “alto impacto mundial” deben entenderse aquellos resultados relevantes para una comunidad científica más vasta. Una buena medida del impacto de una investigación, reveló Brito, está dada por la extensión con que los artículos científicos son citados por otros investigadores. China, por ejemplo, en los últimos cinco años se convirtió en uno de los países más productivos en términos de cantidad de artículos publicados. En química, los artículos originados en Brasil presentan un impacto que alcanza un 60% del promedio mundial, al igual que los de China. En tanto, los de España tienen un impacto del 120% del promedio mundial. Esta cantidad no se refleja en el porcentaje de citas, lo que constituye una muestra de su falta de influencia en el área. “¿Queremos elaborar muchos artículos o artículos muy buenos?”, preguntó, planteando el desafío de valorar el impacto del trabajo de calidad y de hacer menos “numerología”, incluso como criterio en las evaluaciones de proyectos realizadas por los asesores de la FAPESP. Una estrategia para los investigadores brasileños, según él, consiste en valorar más las cooperaciones internacionales, que ofrecen mayor impacto.

“La investigación con mayor impacto es aquella que descubre algo que el libro de química afirmaba ser imposible”, dijo, refiriéndose a la oportuna coincidencia de estar hablando durante el mismo día en que se anunció el Premio Nobel de Química de 2011. El ganador fue el israelí Dan Schetman, quien anotó en su cuaderno de laboratorio que aquello era imposible, cuando observó un cuasicristal por primera vez. Y fueron justamente esos cuasicristales los que le valieron el reconocimiento mundial. Muchas veces aquello que se consideraba imposible se revela no sólo como posible, sino también importante. Y puede generar aplicaciones económicas.

Pero esta ciencia audaz que acaba destacándose por su importancia no siempre se hace en forma inteligente. Para lograr competitividad, es necesario que los buenos científicos no pierdan tiempo con ocupaciones burocráticas, tales como la administración del mantenimiento de equipos, el alojamiento de visitantes o la rendición de cuentas. “Estamos trabajando en las universidades para que los investigadores cuenten con mayor apoyo institucional”. Esto constituiría un paso importante para la apertura del espacio creativo y para contar con una enseñanza de calidad.

EDUARDO CESARCarlos Henrique de Brito Cruz, Ronaldo Mota y César ZuccoEDUARDO CESAR

Omnipresente
La enseñanza fue, justamente, el destacado de la disertación de César Zucco. “El conocimiento del mundo natural se encuentra básicamente apoyado en la química y sirve para toda la humanidad”, señaló. Aunque, como todo lo que aporta beneficios, no pueden ignorarse los riesgos de la química. Por eso mismo es necesario profundizar el conocimiento, refirió. Y el aula entra en esa ecuación con beneficios en ambos sentidos, demostró, citando al polaco Roald Hoffman, ganador del Premio Nobel de Química en 1981, quien declaró que se convirtió en investigador porque necesitaba enseñar a principiantes. Las carreras tradicionales de química preparan a los estudiantes para conocer, utilizar e interpretar las explicaciones científicas de la naturaleza. Pero la enseñanza, según Zucco, solamente producirá mentes creativas si es que logra tener éxito en el desafío de innovarse a sí misma. “Debemos preparar a los estudiantes para generar evidencias, comprender el proceso de la ciencia y participar”, explicó. Las características principales del químico del futuro, según él, deben ser la audacia y la rebeldía intelectual. Para el Nobel de este año, la concepción de una estructura que huía de los cánones requirió osadía para superar los estudios. Y para convencer de ello al mundo, a punto tal de merecer el mayor premio otorgado por la ciencia a nivel mundial, necesitó perseverancia y confianza.

“Se necesita crear un ámbito para enseñar invención, tecnología y creatividad”. Ese lugar debe ser mucho más que un laboratorio: algo que integre a la enseñanza, al laboratorio y a la producción. Un modelo puede ser el FabLab@School, fundado en 2009 en la Universidad Stanford, en California, por el brasileño Paulo Blikstein, quien intenta justamente crear las condiciones para que los niños participen en proyectos inventivos.

El buen profesor, a criterio de Zucco, debe poseer mucho más que títulos y carisma. Necesita dominar técnicas que inspiren a los jóvenes. Y reveló datos estadísticos que indican que la cantidad de carreras de química, sumando bachilleratos y licenciaturas [nota del traductor: en Brasil la licenciatura habilita para la docencia en el nivel secundario], se ha triplicado durante la última década, y el número de profesores también está creciendo en ese campo de la ciencia. Pero no basta, porque los índices de deserción son muy elevados: menos de la mitad de los que comienzan una carrera superior logra graduarse cuatro años más tarde.

La escasez de profesores licenciados – un déficit de 50 mil en las disciplinas de física y química – constituye un problema, aunque lo más importante es inculcar la responsabilidad del químico frente al reto del siglo XXI, para percibir la finitud y lo agotable de los recursos naturales, para garantizar la continuidad de la vida en la Tierra. Al fin y al cabo, un mundo sin química sería, tal como sostuvo, un mundo sin materiales sintéticos. Sin teléfono, ni cine, ni cosméticos, medicamentos y plásticos.

Desarrollo
Los avances que brinda la química en la vida cotidiana dependen, en gran medida, también de la participación de las empresas en ese proceso, luego del descubrimiento científico o incluso del prototipo desarrollado. Ronaldo Mota mostró que en Brasil, el acoplamiento entre la investigación y la empresa todavía es pobre, y las empresas escasamente invierten en la expansión del conocimiento. Muy recientemente, según él, surgieron en el país condiciones más propicias para la innovación, desde que se implementó el marco regulatorio que lleva a que compartan entre gobierno y empresas los riesgos económicos de la inversión en investigación e innovación. Del mismo modo, son relevantes la crucial estabilidad macroeconómica, una inflación bajo control, la responsabilidad fiscal, una moneda valorada, etc.

En su opinión, la relación es de doble sentido “No es bueno hacer ciencia en forma totalmente desconectada de la política industrial, y no se puede innovar sin buenas investigaciones”. Por ello la importancia de un cambio cultural que, desde su óptica, ya está ocurriendo. Cuando la buena ciencia no se incorpora al sistema productivo, no puede traducirse en beneficios sociales, es un desperdició. “Ahora la serpiente se muerde la cola: la innovación no sólo es la meta, sino también el punto de partida. La innovación se convierte cada vez más en uno de los marcadores que contribuyen para la definición de los principales programas de investigación”. Más allá de todos los mecanismos económicos y de política industrial, en ese cambio cultural se destaca un factor: una educación compatible con la era de la innovación. Para ello hay que insertar a los estudiantes en el proceso, para que conozcan el mundo y las demandas de producción, aunque, en su opinión, la estructura universitaria todavía no ha comprendido lo que está sucediendo. “El mundo cambió, la forma de producción del conocimiento se alteró, las metodologías mediante las cuales se transfiere el conocimiento se han modificado muy rápidamente. Pero el sistema de enseñanza sigue siendo el mismo”, protestó.

“La manera como les enseñan a ustedes está equivocada”, advirtió a los estudiantes del público, “quieren que ustedes tengan la cabeza en blanco, sin nada previo, que solamente estudien después cuando el secreto reside en estudiar antes, aprovechando al máximo el proceso autoinstructivo”. La propuesta es radical. Ya reconocida la falencia del modelo de clase expositiva-estudio-examen, los alumnos precisan contar con acceso al conocimiento incluso antes de la clase. La integridad del programa debería hallarse disponible desde el comienzo de la carrera, aprovechando las nuevas tecnologías en un contexto donde el conocimiento es totalmente accesible y disponible gratuitamente, y que el análisis de esos contenidos en forma previa sea un prerrequisito para la presencia de los estudiantes. No tiene sentido que las asignaturas no posean sus respectivas páginas con espacios virtuales de interacción. “Las clases son un ámbito de gente que muestra interés previo y docentes que comprenden el nuevo proceso”.

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