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Trayectorias

Surfeando con delfines

Un biólogo del sur de Brasil obtiene un premio internacional por su proyecto de conservación de la vida marina en Lagoa dos Patos

Pedro Fruet, en Lagoa dos Patos: un proyecto científico para preservar a las toninas

Archivo Personal

Cuando tenía 12 años y comenzó a practicar surf en Praia do Cassino, en el estado brasileño de Rio Grande do Sul, el biólogo y ambientalista Pedro Fruet fue partícipe de un acontecimiento que marcaría su vida para siempre: entre una ola y otra, notó que no estaba solo. Pudo ver, nadando a su lado, varios cetáceos a los que comúnmente se les llama toninas, una especie de delfines endémica del litoral marítimo del sur de Brasil, Uruguay y Argentina.

“Al principio sentí miedo, pero pronto me di cuenta que se trataba de animales dóciles y que nuestra relación sería totalmente pacífica”, recuerda el investigador, quien desde niño ya estaba interesado en el tema de la conservación del medio ambiente. Creció oyendo relatos sobre el riesgo de extinción al que se enfrentaban los delfines de la región: además de la contaminación y la degradación de su hábitat natural, desde hace décadas quedan con frecuencia atrapados accidentalmente en las redes de pesca, sobre todo las de enmalle, prohibidas desde 2012, cuando se creó un área de protección en Lagoa dos Patos. La prohibición, sin embargo, no ha sido acatada por los pescadores.

Su elección por la carrera de biología acabó decantando naturalmente. La investigación sobre la población y la mortalidad de los delfines de la región comenzó durante su iniciación a la investigación científica, en la Universidad de Vale do Rio dos Sinos (Unisinos), en colaboración con la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS). Continuó investigando el tema en su maestría y en su doctorado, ambos desarrollados en el área de la oceanografía biológica, en la Universidad Federal de Rio Grande (Furg). Actualmente, además de su cargo como secretario de Medio Ambiente de la ciudad de Rio Grande, el científico también se desempeña como coordinador del Laboratorio de Mamíferos Marinos del Museo Oceanográfico-Furg y es uno de los fundadores de Kaosa, una organización no gubernamental (ONG) dedicada a la preservación del medio ambiente.

Archivo Personal

En el mes de junio, su proyecto intitulado “Construir puentes para estimular la coexistencia con las toninas en el sur de Brasil”, fue uno de los seleccionados por Whitley Fund for Nature, una fundación inglesa con sede en Londres que reconoce anualmente la labor de los líderes conservacionistas en los países del hemisferio sur. Como premio, la institución le concederá al proyecto un aporte de 40.000 libras esterlinas (unos 285.000 reales).

La especie en cuestión, el delfín nariz de botella del Atlántico Sur o tonina (Tursiops gephyreus), llamado en Brasil boto-de-Lahille [bufeo de Lahille], se denomina así en homenaje al naturalista francés Fernando Lahille (1861-1940), que fue quien describió a esta especie, explica Fruet.

La región de la laguna mencionada alberga la mayor población de estos delfines, estimada en unos 120 ejemplares. Del promedio de 12 muertes registradas cada año, al menos cinco están relacionadas con su captura en las redes de pesca. “La prohibición de utilizar esos pertrechos de pesca no ha sido suficiente para que disminuyeran las muertes de estos cetáceos. Es necesario concientizar a toda la comunidad al respecto de este problema”, reflexiona Fruet. Con su proyecto, el investigador se propone entrevistar a pescadores y funcionarios de entidades reguladoras y aquellas vinculadas a la elaboración de políticas de conservación de los ecosistemas costeros.

“Luego de recabar esos datos y elaborar un inventario de las necesidades de las partes implicadas, la intención es convocar a todas estas personas para debatir el papel que le cabe a cada una en la preservación del ecosistema de la región. El problema no solo es ambiental, sino también social”, dice Fruet, quien estudia el desarrollo de una aplicación capaz de ayudar en la fiscalización de las actividades pesqueras y del compromiso de la población en la protección de la zona. “No tiene sentido imponer normas que no se cumplen de manera consciente. Para lograr un equilibrio entre la actividad y la conservación es necesario construir una alternativa válida. Y para ello es imprescindible escuchar a todas las partes implicadas”, concluye.

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