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Turismo y cambio climático: un ida y vuelta de efectos

Si bien ha sido hasta ahora poco estudiado en Brasil, el tema comienza a suscitar la atención de los investigadores

En la página anterior, vista aérea de la playa de Barra do Sahy, en el litoral paulista; abajo, un cerro de la misma localidad con huellas de deslizamientos de tierra tras las intensas lluvias de febrero de 2023

Wirestock / Getty Images | Nelson Almeida  / AFP via Getty Images

En el mes de octubre, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) de Brasil publicó su estudio más reciente sobre el turismo nacional. Son datos que surgen de la Encuesta Nacional por Muestreo de Domicilios Continua (Pnad-C), recabados en 2024. De acuerdo con el informe, el año pasado se contabilizaron 20.600.000 viajes con origen en el país, la misma cifra que en 2023. Los mismos se concretaron en un 85,5 % de los casos con fines personales, siendo el ocio el motivo principal (en el 39,8 % de los casos).

Otro dato analizado en la encuesta fue el destino. Los turistas en su mayoría viajan dentro del país (el 98 %) y, en general, van detrás de un combo de sol y playa (el 44,6 %), o bien otro que incluya naturaleza, ecoturismo y aventura (el 21,7 %), lo que suma el 66,3 % del total.

Con todo, si bien la franja de la costa, los ríos, la sabana del Pantanal, las mesetas y los bosques figuran como los espacios turísticos más atractivos del país, también son los que se encuentran más expuestos al impacto de las alteraciones climáticas. Por ende, son más vulnerables al aumento del nivel del mar, a las olas de calor, a las inundaciones, a los incendios forestales, a la acidificación de los océanos, en definitiva, a los eventos extremos que vienen asolando al planeta cada vez con mayor frecuencia.

Uno de esos eventos, la tragedia de Vila Sahy, en el municipio de São Sebastião, en la costa norte del estado de São Paulo (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 348), motivó la elaboración de uno de los pocos trabajos académicos brasileños que establecen una relación entre el turismo y la crisis climática. Luego de la catástrofe del 19 de febrero de 2023, que causó la muerte de 64 personas cuando las laderas del lugar se derrumbaron como consecuencia de un volumen de precipitaciones récord de 680 milímetros de lluvia en un lapso de 24 horas, la geógrafa Rita de Cássia Ariza da Cruz se interesó por el tema. “La catástrofe fue literalmente un parteaguas en cuanto al enfoque de mis estudios”, dice.

El turismo costero en Brasil se basa en la fórmula de playa, rambla, avenida costanera y edificios

Docente del Departamento de Geografía de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (FFLCH-USP), Ariza da Cruz ya venía congregando a investigadores de diversos campos de estudio en torno a la temática del turismo desde 2020, cuando la pandemia de covid-19 dejó al sector fuera de combate. Los encuentros virtuales entre colegas desembocaron en la creación, ese año, de una red de investigación en tiempos de pandemia que, en 2022, se transformó en la Red Internacional de Investigaciones en Turismo y Dinámicas Socioterritoriales Contemporáneas.

Bajo ese paraguas, aproximadamente un centenar de científicos de diferentes formaciones e instituciones educativas y de investigación de Brasil, Argentina, Portugal y Mozambique apuntan a producir reflexiones y artículos sobre la relación entre el turismo y diversos aspectos sociales, económicos, políticos, ambientales y culturales. El libro intitulado Mudanças climáticas e turismo, del que Ariza da Cruz es una de las compiladoras, es fruto de ese intercambio de conocimientos. La obra, de acceso abierto y publicada en septiembre último por la editorial de la FFLCH/USP, aborda los efectos de los percances climáticos en biomas como los ambientes costeros, la Amazonia, el Cerrado –la sabana brasileña– y el Pantanal, aparte de analizar en detalle las condiciones en que el turismo opera en este contexto como villano, como víctima o como ambas cosas a la vez.

Cuando se piensa en el calentamiento global, el aspecto de mayor villanía del turismo sería el de emisor de gases de efecto invernadero (GEI), debido al transporte de personas de un lugar a otro. Como muestra la Pnad en su módulo de Turismo, el principal medio de locomoción utilizado en los viajes por los entrevistados el año pasado fue el automóvil particular o de alquiler (un 50,7 %), seguido por el avión (un 14,7 %) y el ómnibus de línea (un 11,9 %).

En el segundo capítulo del libro, la geógrafa y turismóloga Isabel Jurema Grimm, de las universidades de Vassouras (UniVassouras) y Santa Úrsula (USU), ambas en Río de Janeiro, destaca que entre 2009 y 2019 las emisiones de GEI por el turismo en todo el mundo aumentaron un 40 %. Es decir, pasaron de 3,7 gigatoneladas (el 7,3 % de las emisiones mundiales) en 2009 a 5,2 gigatoneladas (el 8,8 % del total) al cabo de 10 años. Por lo que la huella de carbono del sector se expandió a una tasa anual de un 3,5 %, más del doble que el índice económico global (de un 1,5 % al año) en el mismo período. Si se mantiene ese nivel de crecimiento, este índice puede duplicarse cada 20 años. Otra de las compiladoras del libro, Grimm también es autora de una de las primeras tesis doctorales elaboradas en Brasil sobre el turismo y los cambios climáticos, que ella defendió en 2016 en la Universidad Federal de Paraná (UFPR).

Anderson Coelho / FolhapressCostas de Balneário Camboriú, ciudad de veraneo de Santa Catarina famosa por sus rascacielosAnderson Coelho / Folhapress

Los viajes en avión son un motor importante de esas emisiones de GEI. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la aviación representó alrededor del 2,5 % de las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2) en 2023, al liberar en la atmósfera alrededor de 800 millones de toneladas de este gas. La preocupación aumenta si se tiene en cuenta que los desplazamientos de personas por el mundo vinculados al ocio ya están retornando a los niveles de 2019, el año anterior a la pandemia.

Según datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT), conocida actualmente como ONU Turismo, más de 1.400 millones de personas viajaron al exterior en 2024, lo que representa el 99 % de la cantidad de turistas internacionales de hace cinco años. Francia, que lidera la clasificación entre los países más atractivos para la mirada extranjera, recibió más de 100 millones de turistas el año pasado, un incremento de 2 millones de personas en comparación con 2023, de acuerdo con el Ministerio de Economía francés y la OMT. Los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de París, la reapertura de la catedral de Notre-Dame y las conmemoraciones por el 80º aniversario del Desembarco en Normandía durante el Día D fueron los hitos de mayor convocatoria.

Según la Agencia Brasileña de Promoción Internacional del Turismo (Embratur), entre enero y septiembre de 2025 Brasil recibió unos 7 millones de turistas internacionales. El año pasado, el país escaló al quinto puesto del ranking de ONU Turismo, entre los destinos más visitados de América, superando a Argentina y por detrás de Estados Unidos, México, Canadá y República Dominicana. En términos mundiales, en 2024 ocupó el puesto 39º, siempre según datos de ONU Turismo.

El oceanógrafo y geógrafo paulista Marcus Polette, del Programa de Posgrado en Ciencia y Tecnología Ambiental de la Universidade do Vale do Itajaí (Univali), en el estado de Santa Catarina, ha estado evaluado los efectos nocivos del turismo sobre la costa brasileña desde la década de 1950. Desde entonces y hasta ahora, el turismo de sol y playa se ha desarrollado sobre la base de una estructura cuya fórmula incluye playa, paseos peatonales marítimos, avenida costanera y edificios. “En Brasil, los paseos peatonales marítimos o calçadões, que en otros países de habla hispana se conocen como costaneras, ramblas o malecones, a menudo se construyeron sobre las playas, y muchas de las avenidas costeras cubrieron la vegetación de restinga propia de esas franjas de litoral”, afirma. “El proceso fue tan rápido que esos sistemas ecológicos, la playa y la restinga, perdieron su función de amortiguar los efectos de la elevación del nivel del mar”.

En cuanto a los edificios, ni el cielo parece ser el límite. Balneário Camboriú, en el estado de Santa Catarina, una ciudad cercana a Itajaí y también objeto de estudio de Polette, es famosa por sus escolleras, con varios edificios que rondan los 200 metros de altura y uno de más de 550 metros en construcción, proyectado como el rascacielos residencial más alto del mundo. Según datos de la Secretaría Municipal de Turismo, entre diciembre de 2024 y marzo de 2025 el municipio recibió 1.870.000 turistas, entre veraneantes y excursionistas, en este último caso, aquellos que hacen viajes breves de ida y vuelta desde sus localidades de origen.

El investigador es uno de los autores del estudio intitulado “La zona costera y marina de Santa Catarina ante los escenarios de cambio climático: prioridades para la generación de subsidios científicos”, publicado en junio de 2024 en Brazilian Journal of Aquatics Science and Technology. Polette recuerda que esos conglomerados de edificios altos, presentes no solamente en Camboriú, sino también en Guarujá (São Paulo), Fortaleza (Ceará), Recife (Pernambuco) y otras ciudades, constituyen cañones urbanos que intensifican las olas de calor y la contaminación que trae aparejada la profusión de automóviles que circulan en sus trayectos, y que además provocan un aumento del ruido debido a la circulación del viento entre ellos. Por no mencionar la impermeabilización del suelo, lo que agrava las inundaciones, ya de por sí frecuentes. En el último de estos eventos, en enero de 2025, Balneário Camboriú llegó a declararse en situación de emergencia a raíz de las lluvias torrenciales que inundaron la avenida Atlântica y otras vías importantes.

Herton Escobar / USP ImagensColonias blanqueadas y amarillentas de corales de fuego en Maragogi, estado de Alagoas: la especie es una de las que más sufren con las altas temperaturas de los océanosHerton Escobar / USP Imagens

Pero el turismo también es víctima de la crisis climática. Las regiones que promocionan el buceo para la observación de corales, por ejemplo, están siendo afectadas por el blanqueamiento de los mismos causado por las altas temperaturas que están registrando los océanos. El blanqueamiento es un fenómeno en el que los corales pierden su viva coloración porque expulsan las algas simbióticas con las que conviven, llamadas zooxantelas. Normalmente, éstas nutren y proporcionan sus coloraciones características a los corales, pero comienzan a secretar sustancias tóxicas debido a las altas temperaturas del agua. “El coral blanqueado no está muerto, sino en terapia intensiva, porque ya no dispone de alimento y presenta un déficit energético”, explica el oceanógrafo Miguel Mies, del Instituto Oceanográfico (IO) de la USP y coordinador de investigaciones del proyecto Coral Vivo.

Este proyecto, creado en 2003 en el Museo Nacional de la Universidad Federal de Río de Janeiro (MN-UFRJ), cuenta con el patrocinio de la empresa Petrobras y constituye un marco de referencia en materia de investigación, conservación y sostenibilidad de los arrecifes de coral de Brasil. Un estudio dirigido por el grupo y publicado en septiembre en la revista Coral Reefs, firmado por 90 investigadores vinculados a 19 instituciones brasileñas (15 universidades públicas, tres organizaciones no gubernamentales y una agencia federal), además de la Universidad de Burdeos, en Francia, reveló que la ola de calor que asoló los océanos del planeta en 2023 y 2024 dejó secuelas en los arrecifes de coral brasileños.

El equipo monitoreó 18 ecosistemas de arrecifes entre Ceará y Santa Catarina, como así también dos regiones del océano en el nordeste de Brasil (el archipiélago de Fernando de Noronha y el atolón de las Rocas), entre agosto de 2023 y diciembre de 2024. Y registró una mortalidad masiva de corales en puntos turísticos muy visitados, tales como Maragogi, en Alagoas (un 88 %), São José da Coroa Grande y Porto de Galinhas, en Pernambuco (un 53 % y un 28 %, respectivamente), y Rio do Fogo, en Rio Grande do Norte (un 38 %).

Las especies más afectadas han sido el jengibre de mar (Millepora alcicornis) un espécimen del tipo de los llamados corales de fuego que, por su formato ramificado, da cobijo a peces y otros invertebrados, y el llamado coral cerebro (Mussismilia harttii), endémico de Brasil y actualmente en peligro de extinción. “Las olas de calor en el país son cada vez más intensas, frecuentes y duraderas, lo que constituye una receta fatal para los sitios de arrecifes, ya que limita cualquier clase de recuperación”, dice Mies.

A su juicio, el turismo puede ser un aliado cuando fomenta conciencia ambiental para la puesta en valor y la consiguiente preservación del ambiente donde viven los corales. Pero a la vez opera como factor de estrés si se practica en forma depredadora: pisoteo, acumulación de basura y contaminación por los residuos procedentes de los barcos. “Los arrecifes que no están protegidos contra esos factores de estrés a escala local son menos tolerantes al calentamiento, es decir que se blanquearán y su mortalidad aumentará cuando sobrevenga la próxima ola de calor”, anticipa el oceanógrafo.

La agenda de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2025, la COP30, incluye al menos una mesa de debate sobre el turismo. En uno de los capítulos del libro Mudanças climáticas e turismo, los investigadores analizan cómo las inversiones realizadas por la gobernación estadual de Pará, el gobierno federal brasileño y las empresas están alterando el paisaje de Belém no solo con miras a albergar el evento en noviembre, sino también haciendo aprestos para que la ciudad pueda atraer al turismo internacional.

En este sentido, el geógrafo Hugo Serra, de la Universidad Federal del Sur y Sudeste de Pará (Unifesspa) y uno de los autores del texto, pone de relieve la especulación inmobiliaria imperante en las zonas céntricas de la capital, a remolque de esos cambios en la infraestructura urbana. “Fíjese en la contradicción que supone construir más edificios en una ciudad que es símbolo de la puerta de entrada a la selva más grande del mundo”, dice.

Este artículo salió publicado con el título “Un destino incierto” en la edición impresa n° 357 de Noviembre de 2025.

Artículos científicos
MIES, M. et al. Coral bleaching and mortality across a 24° latitudinal range in the Southwestern Atlantic during the fourth global bleaching eventCoral Reefs. 2025.
PEREZ, J. A. A. et. al. A zona costeira e marinha de Santa Catarina diante dos cenários de mudanças climáticas: Prioridades para a geração de subsídios científicosBrazilian Journal of Aquatic Science and Technology. 2024.

Libro
CRUZ, R. C. A. et.al. (COM.) Mudanças climáticas e turismoSão Paulo: FFLCH/USP, 2025.

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