El 13 de abril de 2029, el asteroide 99942 Apofis, una estructura rocosa de unos 340 metros (m) de largo y al menos 20 millones de toneladas de peso, se encontrará en el punto más cercano a la Tierra de su órbita actual. La distancia entre ambos objetos celestes será de tan solo 32.000 kilómetros (km), 12 veces menos que la distancia promedio del planeta a la Luna; algunos satélites artificiales orbitan la Tierra a esta altitud. Cuando fue descubierto, en junio de 2004, Apofis causó conmoción entre los astrónomos y generó noticias preocupantes en la prensa. Se lo consideraba el mayor asteroide conocido en rumbo de colisión con la Tierra. Su nombre, cuyo significado es aterrador, parecía tener sentido. En la mitología egipcia, Apofis era una divinidad asociada al caos y la oscuridad, representado por una serpiente gigante.
Los datos iniciales, obtenidos mediante observaciones incompletas de su órbita, indicaban que había un 2,7 % de probabilidad de que Apofis colisione con el planeta en abril de 2029: un viernes 13, como recordaron los más supersticiosos. No estaríamos ante un cataclismo de proporciones mundiales, como fue la caída de un asteroide mucho más grande, de unos 10 km de largo, que habría causado la extinción de los dinosaurios y gran parte de la vida en el planeta hace unos 66 millones de años. Pero el porrazo espacial con Apofis, que viaja a una velocidad promedio ligeramente superior a la de la Tierra, en teoría, podría destruir un área de unos cuantos cientos de kilómetros. No obstante, estudios posteriores con información más precisa sobre la trayectoria del asteroide indicaron que el cuerpo celeste no hacía honor a su mote catastrófico. Se descartó por completo el riesgo de colisión con la Tierra en los próximos 100 años.
Más allá de haberse descartado la probabilidad de una colisión, un estudio reciente del grupo de dinámica orbital y ciencias planetarias de la Universidade Estadual Paulista (Unesp), en su campus de la localidad de Guaratinguetá, analizó otra posible consecuencia del acercamiento de Apofis en abril de 2029. Si el asteroide estuviera rodeado por un conjunto de rocas menores, la estrecha proximidad con la Tierra puede provocar que estos pequeños fragmentos de materia sólida se desprendan de su entorno debido a las perturbaciones gravitacionales y generen una lluvia de meteoros.
Según el estudio, publicado en mayo en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society (MNRAS), las simulaciones por computadora descartan la probabilidad de que cualquier fragmento rocoso expulsado del asteroide pueda chocar con la Tierra, por lo menos hasta 2229. “Pero existe una pequeña posibilidad de que esa lluvia de meteoros caiga sobre la Luna después de 2129”, dice el físico Othon Winter, coordinador del equipo de la Unesp y uno de los autores del artículo. Este evento hipotético probablemente no tendría grandes repercusiones sobre el satélite natural de la Tierra, pero podría producir alguna pequeña deformación en la superficie lunar. Estas simulaciones tienen en cuenta las interacciones gravitatorias entre la órbita del asteroide y las de los principales cuerpos que orbitan al Sol, básicamente los planetas de nuestro sistema solar.
En un artículo precedente, también publicado en MNRAS, a finales de 2021, el grupo de Winter calculó que la extrema proximidad de Apofis con la Tierra puede producir alteraciones en la forma, la masa y la órbita del asteroide. La fuerza gravitacional del planeta podría causar pequeños deslizamientos de rocas en la superficie del cuerpo celeste, deformaciones y eyecciones de masa. “Cuando ocurre esto, el asteroide gana impulso, como si se hubiera convertido en un pequeño cohete”, comenta el físico e ingeniero aeroespacial Antônio Bertachini, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), experto en mecánica celeste, quien también ha estudiado a Apofis.
La materia expelida podría dar origen a lo que los astrónomos denominan un disco de partículas alrededor del asteroide. En realidad, las partículas son cuerpos rocosos menores, con unos pocos centímetros o metros de diámetro. En principio, quedarían girando en torno al asteroide, atraídas por la fuerza gravitatoria del astro mayor. Con el tiempo, algunas podrían escapar del disco, cambiar de dirección y, eventualmente, salir despedidas de su trayectoria normal y dirigirse hacia la Tierra.
El 13 de abril de 2029, el asteroide Apofis pasará a una distancia de 32.000 km de la Tierra
Si Apofis estuviera rodeado por un disco con 15.000 partículas, el estudio de 2021 estimó que alrededor de un 80 % de ellas podría sustraerse a la influencia del campo gravitatorio del asteroide en el momento de mayor acercamiento a la Tierra y producir una lluvia de meteoros. “La hipótesis de la existencia de un disco de partículas en torno a Apofis es verosímil”, comenta Winter. “Es una característica que ya ha sido observada en otros asteroides”.
A Apofis se lo considera un asteroide tipo S, formado por sílice (roca), mezclada con hierro y níquel. En lugar de estar constituido por un único bloque mayor de roca sólida, este tipo de cuerpos celestes podría estar compuesto por una amalgama incompleta de varios fragmentos sólidos de menor tamaño. Por la acción de la gravedad, estos fragmentos rocosos se unieron, incluso sin llegar a fusionarse por completo, y dieron origen a un objeto mayor. “Si este fuese el caso de Apofis, es aún más probable que el campo gravitatorio de la Tierra arranque trozos del asteroide, aunque no haya colisión”, dice Winter.
No hay imágenes con resolución suficiente como para discernir la forma de Apofis. Todo lo que se puede ver en los exiguos registros del asteroide es un pequeño punto en el espacio que, al ampliárselo, se transforma en una mancha borrosa. La escasa información disponible sugiere que su formato sería alargado, similar quizá a un maní. “Cuando la sonda Dart chocó deliberadamente en 2022 contra la luna Dimorphos del asteroide Didymos, se produjo una alteración en la órbita del satélite natural y, a la vez, hubo eyección de materia”, recuerda Bertachini. El referido evento fue una prueba de la Nasa, la agencia espacial estadounidense, para comprobar si era posible desviar a un eventual asteroide en ruta de colisión con la Tierra. Y funcionó. La sonda Dart, que pesaba unos 600 kilogramos, chocó con Dimorphos, de 170 metros de largo y 5,5 millones de toneladas, y modificó su trayectoria.
Ningún trabajo reciente considera aún factible una colisión de Apofis con la Tierra en los próximos 100 años. “El margen de error actual para la trayectoria de Apofis es de menos de 1 km”, dice Winter. La única excepción es un artículo firmado en soledad por el astrofísico Paul Wiegert, de la Universidad de Ontario Occidental, de Canadá, que salió publicado a finales de agosto en la revista The Planetary Science Journal. En su estudio, el investigador simula un escenario muy remoto, rayano en la ciencia ficción, pero que según sus cálculos podría situar al asteroide en rumbo de colisión con nuestro planeta.
Si antes de abril de 2029, un asteroide más pequeño y desconocido, de unos 3 metros de largo, chocase con Apofis, el topetazo podría desviar la órbita de la roca espacial de 340 m y, quizá, empujarla rumbo a la Tierra. “Hasta ahora, las estimaciones de la trayectoria de Apofis no tuvieron en cuenta la hipótesis de que pueda ser alcanzado por otro pequeño asteroide o meteoroide, como los que ocasionalmente o de manera imprevisible golpean la Tierra y se observan como meteoros o estrellas fugaces”, dijo Wiegert en su página web, cuando se divulgó su trabajo.
Según los cálculos del astrónomo canadiense, la probabilidad de que un pequeño asteroide nunca observado choque con Apofis y modifique su órbita es inferior a 1 en 1 millón. La posibilidad de que ese cambio de trayectoria represente algún peligro para la Tierra es aún más ínfima: 1 en 1.000 millones. “Este escenario está prácticamente descartado”, comenta Winter. “Para que se materializase, sería necesaria toda una cadena de eventos extraordinarios”. El paso del asteroide en abril de 2029 podrá observarse a simple vista, tal como ocurre con el planeta Venus, especialmente antes del alba y del crepúsculo.

Nasa Goddard's Scientific Visualization Studio | Nasa / Goddard / University Of ArizonaImagen del asteroide Bennu y del equipo de la sonda Osiris-Rex extrayendo una muestra del suelo del astro (arriba y a la izq.). Ilustración que muestra (arriba, a la der.) cómo operará la nave espacial que se utilizará para explorar el asteroide Apofis (en la cima)Nasa Goddard's Scientific Visualization Studio | Nasa / Goddard / University Of Arizona
El origen de Apofis es el mismo que el de los millones de cuerpos rocosos que forman el cinturón de asteroides que orbitan el Sol entre Marte y Venus. Se trata de un remanente del proceso de formación del sistema solar, con sus planetas, lunas y otros objetos, hace unos 4.600 millones de años. Los asteroides en su mayoría permanecen en el cinturón. Algunos, debido a las interacciones gravitatorias, principalmente con Júpiter, el mayor planeta del sistema, cambian de trayectoria con el paso del tiempo y acaban siendo empujados más cerca de la Tierra.
Este es el caso de Apofis, que en su nueva órbita fuera del cinturón, se acerca a la Tierra cada 7 u 8 años. La última vez que lo hizo fue en marzo de 2021, cuando pasó a 17 millones de km de la Tierra, unas 500 veces más lejos del planeta de lo que estará en abril de 2029.
Pocos días después del paso de Apofis por las inmediaciones de la Tierra en abril de 2029, la sonda espacial Osiris-Apex de la Nasa empezará a seguirlo de cerca durante un año y medio. Su misión consistirá en obtener imágenes precisas del asteroide y recoger muestras de la superficie de Apofis. Para tener éxito en este segundo objetivo, en un momento dado volará prácticamente pegada al asteroide y activará sus motores directamente sobre la superficie del astro. Esta perturbación hará que pequeñas piedras sueltas y polvo de Apofis se alcen del suelo del asteroide y puedan ser capturadas por la nave espacial. En septiembre del año pasado, la sonda, entonces llamada Osiris-Rex, hizo exactamente eso con otro asteroide relativamente cercano a la Tierra ‒Bennu‒, cuyo diámetro es de aproximadamente 500 metros.
Hay más gente trabajando para que otra misión espacial estudie a Apofis antes de su paso por las proximidades de la Tierra en abril de 2029. El astrónomo Daniel Scheeres, de la Universidad de Colorado en Boulder (Estados Unidos), pretende reorientar la misión Janus, cancelada por la Nasa a mediados del año pasado, para ir en pos de este nuevo objetivo. Los dos satélites del proyecto Janus, que inicialmente iban a utilizarse para estudiar un sistema de dos asteroides, están listos para usarse, pero se encuentran almacenados, aparentemente sin ninguna finalidad.
“El costo de construcción y operación de la misión original no llega a los 55 millones de dólares. Como el lanzamiento de los satélites no se llevó a cabo, no se gastó todo el dinero”, explicó Scheeres, investigador principal de la por ahora cancelada misión Janus, en una entrevista concedida a Pesquisa FAPESP. “Actualmente estoy trabajando con algunos grupos de investigadores con el propósito de enviar a Janus a realizar un sobrevuelo en las proximidades de Apofis. Todavía estamos formulando los planes y necesitamos que la Nasa acepte nuestra propuesta”.
Para Winter, de la Unesp, sería muy importante enviar una misión espacial a estudiar Apofis antes del 13 de abril de 2029. El seguimiento del astro con posterioridad a esta fecha ya está garantizado con el envío de la sonda Osiris-Apex. “Con observaciones antes y después del mayor acercamiento de Apofis a la Tierra, podríamos disponer de datos más precisos sobre los impactos de este evento”, dice el investigador. Europa planea lanzar una sonda ‒Ramsés‒ para registrar Apofis antes de su virtual encuentro con la Tierra. Podría ser una oportunidad única. Los astrónomos estiman que el paso de un asteroide de este tamaño tan cerca del planeta ocurre una vez cada 5.000 o 10.000 años.
Este artículo salió publicado con el título “Amenaza futura ” en la edición impresa n° 345 de noviembre de 2024.
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