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Memoria

Un ecologista en el Nuevo Mundo

El naturalista Alexander von Humboldt viajó por América a principios del siglo XIX y advirtió sobre los impactos del hombre en el medio ambiente

Humboldt (de pie, a la izq.) y el botánico francés Aimé Bonpland (sentado) a los pies del volcán Chimborazo, en Ecuador, en cuadro del pintor alemán Friedrich Weitsch

Wikimedia Commons

“En ocho días leyendo libros uno no aprende tanto como en una hora de conversación con Humboldt”, dijo el poeta Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), refiriéndose al naturalista alemán Alexander von Humboldt, tras su regreso de una expedición de cinco años por el Nuevo Mundo, entre 1799 y 1804. Junto al botánico francés Aimé Bonpland (1773-1858), su amigo, Humboldt visitó lugares que ahora forman parte de Venezuela, Colombia, Cuba, Ecuador, Perú y México, reuniendo, registrando y estudiando pueblos, artefactos y especies de plantas por ese entonces desconocidas. También realizó análisis sobre la distribución geográfica de algunas especies de la flora, migración de aves, características geológicas y mineralógicas, entre otros fenómenos naturales. A los 250 años de su nacimiento, los historiadores destacan la importancia de los resultados de sus estudios y observaciones para la mejora de áreas como la zoología y la botánica, además de la geología y la meteorología.

Alexander von Humboldt (1769-1859) nació en una familia rica de la aristocracia del Reino de Prusia, actual Alemania, demostrando tener una fuerte inclinación intelectual. “Vivió su infancia en el famoso Castillo de Tegel, en el norte de Berlín”, dijo Willi Bolle, docente de literatura en la Facultad de Filosofía, Letras y Humanidades de la USP (FFLCH-USP). Fue allí donde Alexander recibió su educación, así como su hermano mayor, Wilhelm von Humboldt.

Wikimedia Commons Retrato de naturalista realizado por Weitsch, en 1806Wikimedia Commons

Bolle ha estudiado durante mucho tiempo la trayectoria y algunos de los principales trabajos desarrollados por Humboldt a partir de su expedición por las Américas. “Como siempre se mostró interesado en asuntos relacionados a la naturaleza, decidió estudiar ciencias naturales en las universidades de Frankfurt an der Oder y Göttingen después de completar sus estudios básicos”, comenta Bolle. Posteriormente pasó algún tiempo en la Escuela de Minas de Freiberg, trabajando como empleado en un departamento de minas del gobierno prusiano. “Desde temprana edad, Humboldt también se interesaba en realizar expediciones en regiones distantes y poco conocidas del mundo”, dice el germanista Marcus Mazzari, del Departamento de Teoría Literaria y Literatura Comparada de la USP.

Con la muerte de su madre en 1796, Humboldt y su hermano heredaron una fortuna, lo que le permitió dejar su trabajo en el servicio público para dedicarse sólo a la ciencia. Poco después, se mudó a París, Francia, el centro científico mundial de la época. Allá empezó la planificación de su viaje, financiado con sus propios recursos. El permiso para embarcarse hacia las colonias españolas de América Central y del Sur llegó a principios de 1799. Humboldt y Bonpland salieron del puerto de La Coruña, en España, en junio de ese año. Viajaron casi 10.000 kilómetros rumbo a Cuba y luego a México, pero una fiebre generalizada en el barco obligó a una parada en el puerto de Cumana, Venezuela.

Los naturalistas aprovecharon la parada para iniciar la expedición allí mismo. Permanecieron en Venezuela 16 meses, durante los cuales exploraron la región de los llanos y los bosques tropicales a orillas del río Orinoco, viajando hasta la frontera con Brasil, sin cruzarla, sin embargo. Brasil aún pertenecía al Reino de Portugal, que temía que Humboldt fuera un espía, de modo que las autoridades de Río de Janeiro, bajo el mando de João VI (1767-1826), decidieron que el naturalista sería detenido si entrase en el país.

También en Venezuela, Humboldt hizo observaciones sobre la reducción de los niveles de agua en el lago de Valencia en el norte del país, provocado según él por la intensa y sistemática deforestación de las zonas adyacentes practicada por los habitantes de la región. La sospecha se basaba en la idea de que los bosques eran capaces de enriquecer la atmósfera con humedad, retener el agua de lluvia y prevenir la erosión del suelo. “Las expediciones le permitieron a Humboldt elaborar la idea de que la naturaleza estaba gobernada por un sistema interdependiente, cuyos fenómenos y fuerzas ‘se entrelazan entre sí y se amalgaman en un todo’, como escribió su amigo Goethe”, destacó Mazzari. “Esta idea ayudaría a dar lugar al concepto de ‘ecología’, a pesar de que el término en sí mismo sería acuñado más tarde por el zoólogo alemán Ernst Haeckel [1834-1919], en 1866”.

Mazzari acaba de completar el libro A dupla noite das tílias: História e natureza no Fausto de Goethe, que será publicado en septiembre por Editora 34. En él, el investigador realiza algunas relaciones entre los aspectos ecológicos presentes en los estudios de viaje de Humboldt y la obra de Goethe. Ya en aquella época Humboldt advertía sobre la interferencia humana en el clima y los impactos impredecibles para el futuro.

Humboldt tenía una formación universal, humanista y desarrolló estudios en diversas áreas del conocimiento hasta el final de su vida

Desde Venezuela, Humboldt siguió viaje hacia Cuba en diciembre de 1800; de allí a Cartagena, Colombia, en marzo de 1801, donde comenzó su expedición por los Andes de Colombia, Ecuador y Perú durante 20 meses. Desde Guayaquil, Ecuador, prosiguió hasta México, donde realizó investigaciones sobre el cartografiado de áreas para la explotación de metales preciosos, como oro y plata. Si bien la información estadística de Humboldt sobre la riqueza mineral de México es impresionante, tuvo cuidado de enfatizar que la principal fuente de riqueza del país era su agricultura.

El período en el que Humboldt emprendió su expedición estuvo marcado por profundas transformaciones en la geopolítica europea y en América. En el Viejo Mundo, las tropas de Napoleón Bonaparte (1769-1821) avanzaron a través de Europa. Estados Unidos había conquistado su independencia del Reino Unido hacía poco tiempo, en 1783. Al mismo tiempo, los movimientos abolicionistas crecieron. “Humboldt se había apropiado de los ideales de la Revolución Francesa y criticado duramente la esclavitud en las colonias españolas”, señala Bolle. “En 1804 conoció al militar Simón Bolívar (1783-1830), por entonces con 21 años, con quien discutió el fin de la esclavitud y la liberación de las colonias españolas en América”.

Wikimedia Commons En la biblioteca de Berlín, trabajando en el libro CosmosWikimedia Commons

En su ida a Estados Unidos, Humboldt conoció a Thomas Jefferson (1743-1826), por entonces presidente del país. El encuentro resultó en una amistad fructífera. “Ambos intercambiaron muchas cartas a lo largo de los años sobre temas de interés mutuo, como historia natural, geografía y formación de una red científica internacional”, comenta Bolle. De vuelta a Europa, a la edad de 35 años, Humboldt se estableció en París, donde escribió y publicó, en francés y alemán, una vasta colección de libros con relatos de sus viajes. El primero fue Cuadros de la Naturaleza, en 1808. “Humboldt fue más allá de la descripción científica de plantas, animales y paisajes, presentando también reflexiones sobre la naturaleza en términos estéticos y contemplativos, a partir de los cuales el naturalista muestra un discurso en defensa del medio ambiente y su ecología”, explica Bolle.

En los años siguientes, Humboldt publicó Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, en la que describe los viajes a través de la región costera, sabanas y bosques de Venezuela. Alrededor de 1809, publicó Vistas de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América; al año siguiente, Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España. El naturalista llevaría a cabo una nueva expedición por Rusia y Asia Central en 1829. En el viaje, Mazzari destaca en su libro, el naturalista señaló el peligro de la desertificación del Mar de Aral y un aumento en la temperatura del planeta. Todo lo cual se debía en gran parte, a las propias actividades del hombre.

“Humboldt tenía una formación universal y humanista y desarrolló estudios en varias áreas hasta el final de su vida”, dice Mazzari. El naturalista falleció en 1859, a la edad de 89 años, mientras trabajaba en su tratado sobre ciencias humanas y de la naturaleza, Cosmos.  El libro fue dividido en cinco tomos: el quinto, incompleto, fue póstumo.

El otro Humboldt
El hermano mayor del naturalista alemán estableció las bases de la universidad moderna

Wikimedia Commons Las reformas promovidas por el filósofo llevaron a la creación de la Universidad de Berlín, en 1810Wikimedia Commons

El filósofo y diplomático Wilhelm von Humboldt (1767-1835) fue el principal responsable de establecer los cimientos de la universidad moderna. Después de ser nombrado jefe de la sección de religión e instrucción pública del Ministerio del Interior de Prusia, a principios del siglo XIX, implementó una serie de reformas en el sistema educativo en los estados. Las reformas formaban parte de un proyecto gubernamental más amplio, que tenía como objetivo hacer de su reino una nación fuerte y moderna.

El concepto de educación, para Humboldt, estaba asociado a una antigua tradición alemana, en la cual la filosofía y la educación se articulaban en un proceso de perfeccionamiento de habilidades y facultades, al mismo tiempo, con el objetivo de lograr desarrollo personal y formar una nación. Esta idea será desarrollada sobre la base de las reformas humboldtianas, que también condujeron a la creación de la Universidad de Berlín, en 1810.

El modelo universitario que Humboldt había imaginado, sin embargo, todavía no incluía la formación práctica en los laboratorios. Por el contrario, preveía un currículo dedicado a la ciencia teórica “pura”, centrado en las matemáticas y la física. El cambio fundamental se produjo entre 1840 y 1870, después de la muerte de Humboldt, con la introducción de la investigación en el campo universitario y la profesionalización de la carrera docente.

Este cambio impulsó una concepción de la ciencia que buscaba articular la búsqueda del conocimiento puro y la práctica de los estudiantes. Con la introducción de este modelo, fue reformulado el rol del docente universitario. Hasta entonces, se le exigía que dominara el conocimiento en su área y que fuese capaz de transmitirlo a sus alumnos. A partir de entonces, se le empezó a exigir que también fuese un investigador, capaz de producir nuevos conocimientos, además de transmitírselos a los discípulos. Este modelo rápidamente se extendió a otras universidades europeas y, más tarde, llegó a los países del Nuevo Mundo.

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