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ECOLOGÍA

Un viaje sin vuelta

Las hembras de
pingüino de Magallanes mueren en mayor cantidad que los machos durante su migración anual

Fragilidad: animales en cautiverio como éste son vulnerables al paludismo aviar

eduardo cesarFragilidad: animales en cautiverio como éste son vulnerables al paludismo aviareduardo cesar

Durante siete años, biólogos y veterinarios de São Paulo y de Rio Grande do Sul recogieron 528 pingüinos de Magallanes en las playas del extremo sur del Brasil. La mayoría de ellos estaban vivos, aunque muchos tan debilitados que murieron inmediatamente después; otros ya estaban muertos, en descomposición. En el laboratorio, identificaron los sexos y notaron que eran más las hembras entre los animales muertos, sumadas a otras dos que murieron durante la rehabilitación, posiblemente por hallarse más débiles que los machos. Esta comprobación inesperada representaba una posible explicación para el excedente de machos en las colonias de pingüinos de esa especie, un fenómeno bastante conocido, pero nunca aclarado cabalmente.

Muchos pingüinos mueren también a causa del paludismo aviar, una enfermedad que preocupa a los expertos, pues las alteraciones climáticas pueden aumentar la distribución geográfica de los mosquitos que la transmiten sobre las áreas cercanas a las colonias de esas aves. La malaria aviar también viene erigiéndose en una amenaza para los pingüinos mantenidos en cautiverio o en rehabilitación, puesto que muchos animales llegan con baja resistencia a las infecciones. En 2007, el paludismo infectó a cuatro de los cinco pingüinos magallánicos ‒todas hembras‒ del zoológico de São Paulo; dos ejemplares murieron como consecuencia del paludismo y los otros tres, por otras causas. En la actualidad, Sabina Escola Parque, de la localidad de Santo André, es el sitio con la mayor cantidad de pingüinos de esta especie en el Gran São Paulo, donde viven 23 de ellos, y quizá sean 24 este año, si nace el primer polluelo. Luego de cuatro años de trabajo, los biólogos y veterinarios que se encargan del acuario parecen haber hallado las mejores condiciones para el desarrollo del huevo fecundado.

Los pingüinos de Magallanes, magallánicos o patagónicos (Spheniscus magellanicus), miden, por término medio, 70 centímetros de altura, pueden pesar hasta 5 kilogramos (kg) y comúnmente se los reconoce por un collar de plumas blancas sobre su pescuezo, que está cubierto por plumas negras. Otra particularidad: no les agrada el frío, a diferencia de otras especies, como es el caso del pingüino emperador, que llega a 1,20 metro de altura, 35 kg de peso y que presenta manchas amarillentas alrededor de la cabeza. Cada año, los pingüinos patagónicos forman colonias ‒generalmente con más machos que hembras‒, se reproducen y tienen crías en regiones secas del sur de Argentina y de Chile. Se estima que la población de pingüinos magallánicos es de aproximadamente 3 millones de ejemplares, distribuidos en colonias integradas por hasta 100 mil parejas. En el mes de abril, cuando la temperatura desciende y el alimento se torna escaso, cientos de pingüinos saltan al agua, siguiendo a los cardúmenes de peces, e inician un trayecto errático de miles de kilómetros durante meses, en dirección al norte, entre las frías aguas de la corriente de las Malvinas.

Muchos mueren en el mar, en tanto que otros llegan vivos a las costas brasileñas. Algunos se alejan tanto de su grupo que incluso se los ha visto llegar hasta las costas del estado de Ceará. Los que arriban a las playas de Rio Grande do Sul, casi siempre están muertos o casi muertos, de tan exhaustos. “Por lo general, los pingüinos que sobreviven al viaje se encuentran deshidratados e hipoglucémicos: ni siquiera logran levantar la cabeza”, relató Ralph Vanstreels, investigador de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad de São Paulo (USP). “Algunos, cubiertos de petróleo que derraman los navíos, tan sólo aguardan la muerte”.

El petróleo es una de las principales causas de muerte de estos animales. En la costa de la provincia de Chubut, en Argentina, al lavar los tanques, los buques petroleros descartan los residuos en el océano, provocando la muerte de 20 mil pingüinos adultos cada año. Otros pingüinos mueren al ingerir basura que llega al océano. Científicos de Río de Janeiro hallaron restos de plástico en el estómago y en el intestino del 15% de los 175 pingüinos de Magallanes hallados sin vida en Região dos Lagos, en el litoral fluminense.

Colonia de pingüinos en el sur de Argentina

RALPH VANSTREELS Colonia de pingüinos en el sur de Argentina RALPH VANSTREELS

Los 528 pingüinos magallánicos recogidos entre 2002 y 2009 que Vanstreels examinó, pueden aportar algunas de las respuestas sobre los hábitos y la mortalidad de los animales durante su migración anual. El investigador y los técnicos del Centro de Rehabilitación de Animales Marinos de la Universidad Federal de Rio Grande (Furg) recorrían en promedio 200 kilómetros por día, a bordo de una camioneta, recogiendo animales en la playa cercana a la laguna Lagoa dos Peixes, en el municipio de Rio Grande. A los pingüinos vivos los colocaban en jaulas y los llevaban al centro de rehabilitación, donde se los lavaba, alimentaba y medicaba. A los muertos los analizaban y se identificaba su sexo.

El sexo de los pingüinos
No resulta fácil diferenciar a los machos de las hembras, pues a primera vista son muy similares. Vanstreels cita como ejemplo el de los picos de los machos, levemente más largos y tan sólo algunos milímetros más grandes que los de las hembras. Con los animales muertos, resulta aún más difícil, a causa del estado de descomposición, y algunos incluso ya no tienen pico. En tales casos, los investigadores recurren a marcadores genéticos o, simplemente, diseccionan al animal, para buscar testículos u ovarios.

De los 409 animales hallados con vida en la playa, 211 murieron y, entre ellos, más de la mitad (126) eran hembras. Entre los 118 encontrados muertos, 88 eran hembras. Los investigadores creen que el hecho de que, aparentemente, mueran más hembras que machos durante la migración perjudicaría el crecimiento de las poblaciones de pingüinos de esa especie. Como los pingüinos son monógamos, es probable que muchos se queden solos. En Argentina, según informa Vanstreels, ya se han visto machos sin compañera, peleando con los que formaban pareja y muchas veces destruyendo los huevos de los nidos.

Vanstreels y su director de tesis doctoral, José Luiz Catão-Dias, creen que el mayor número de hembras halladas muertas se debe a las diferentes estrategias de búsqueda de alimento adoptadas por machos y hembras durante la migración. Cuando abundan los peces, todos cazan de la misma forma, en las zonas más superficiales del mar. Las diferencias surgen cuando el alimento escasea. Según Vanstreels, los machos se sumergirían en busca de peces de las regiones más profundas, mientras que las hembras se mantienen en superficie, en amplias rondas de búsqueda. Al nadar en un área mayor, explica Catão-Dias, ellas podrían hallarse más expuestas a la contaminación por petróleo que los machos.

La pesca excesiva de peces pequeños, tales como sardinas y anchoítas, las especies predilectas de los pingüinos de Magallanes, puede ser una de las causas de la escasez de alimento que los obliga a nadar a mayor profundidad, en el caso de los machos, y más lejos, en el caso de las hembras. Investigadores de la Universidad de Vale do Rio dos Sinos, en Rio Grande do Sul, comprobaron que los pingüinos jóvenes hallados muertos en las playas tenían muy poca grasa bajo la piel y, en el estómago, solamente había restos de moluscos con bajo tenor nutritivo.

También podría ser que las hembras ya salgan debilitadas desde las colonias, sospechan los científicos. Al visitar las colonias de pingüinos en la Patagonia, Vanstreels y Catão-Dias notaron que los polluelos machos toman de las hembras el alimento que los padres habían llevado para toda la prole. “Es posible que las hembras, cuando dejan las colonias, se encuentren en peor condición física que los machos”, medita Vanstreels. Todavía no se sabe cuántos pingüinos abandonan las colonias cada año, ni cuántos logran regresar.

Uno de los animales en el acuario de Santo André

Eduardo CesarUno de los animales en el acuario de Santo AndréEduardo Cesar

En el zoológico
La bióloga Karin Kirchgatter, quien se desempeña actualmente en el Laboratorio de Malaria de la Superintendencia de Control de Endemias de la Secretaría de Salud de São Paulo, fue una de las responsables del diagnóstico de los pingüinos infectados con paludismo aviar en 2007, en el zoológico de São Paulo. La veterinaria Marina Galvão Bueno, actualmente en el Instituto Mamirauá, en el estado de Amazonas, coordinó el tratamiento de los animales. Según Kirchgatter, previo a la aparición de los primeros síntomas, a algunos pingüinos se les detectó en sus patas una inflamación causada por bacterias, probablemente desarrollada por pasar demasiado tiempo fuera del agua como forma de evitar el contacto con los mosquitos transmisores de enfermedades. Por esa razón, dice la investigadora, los liberaron para nadar por las noches, y fue entonces cuando fueron infectados por el parásito de la especie Plasmodium relictum, que transmiten los mosquitos del género Culex, con hábitos nocturnos. “Los pingüinos que logramos tratar a tiempo y no murieron de paludismo, lo hicieron, entre otras causas, por aspergilosis, poco tiempo después”, dice Kirchgatter, refiriéndose a la infección pulmonar causada por un hongo.

Meses después de los primeros síntomas del paludismo, los cinco pingüinos se habían muerto. Luego de ello, el zoológico decidió ya no mantener otras aves de esa especie, a causa del elevado riesgo de infecciones. “Cualquier lugar o planta que acumule agua puede funcionar como un criadero de mosquitos”, dice Kirchgatter, quien coordina un proyecto de detección de plasmodios en aves del zoológico. Bajo su supervisión, en el Instituto de Medicina Tropical de la USP, la bióloga Carolina Chagas extrajo unas 800 muestras de sangre de casi 100 especies de aves e identificó una especie de protozoario, Plasmodium nucleophilum, diferente de aquél que provocó la muerte de los pingüinos e igualmente fatal.

Vanstreels y Catão Dias hallaron otra especie poco común, Plasmodium tejerai, en dos pingüinos magallánicos que murieron en 2009 en un centro de selección de animales silvestres en el estado de Santa Catarina. Hasta entonces, a ese parásito se lo había identificado tan sólo una vez, hace más de 30 años, en aves de Venezuela.

Estudios como ése indican cómo trabajar mejor con los pingüinos de Magallanes y evitar que las enfermedades lleguen a las colonias: luego de ser tratados en los centros de rehabilitación, se los suelta nuevamente en el mar. “La liberación de los pingüinos en su hábitat natural debe seguir criterios más rigurosos en cuanto al estado de salud de los animales, impidiendo que individuos infectados sean liberados y propicien la transmisión de patógenos entre sus congéneres de la colonia”, dice Catão-Dias. “Cuanto menor sea el tiempo que permanecen en recuperación, menores serán las posibilidades de que sean infectados”.

Proyectos
1. Paludismo aviar y pingüinos en Brasil: estudio epidemiológico y patológico de una enfermedad con riesgo potencial para la conservación de la avifauna (nº 10/ 51801-5); Modalidad Proyecto Temático; Coord. José Luiz Catão-Dias/ FMVZ-USP; Inversión R$ 665.198,08 (FAPESP)
2. Plasmodium spp. en aves silvestres de la Fundación Parque Zoológico de São Paulo: identificación de especie por microscopía y código de barras de ADN (nº 12/ 51427-1); Modalidad Ayuda Regular al Proyecto de Investigación; Coord. Karin Kirchgatter/ Sucen-SES/ SP; Inversión R$ 52.328,50 (FAPESP)

Artículos científicos
BUENO, M. G. et al. Identification of Plasmodium relictum causing mortality in penguins (Spheniscus magellanicus) from São Paulo Zoo, Brazil. Veterinary Parasitology. v. 173, n. 1-2, p. 123-27. 2010
VANSTREELS, R. E. T. et al., Female-biased mortality of Magellanic Penguins (Spheniscus magellanicus) on the wintering grounds. Emu. v. 113, n. 2, p. 128-34. may. 2013

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