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Entrevista

Youngsuk Chi: La transición sostenible

Para el presidente de Elsevier, el Plan S es viable, pero solo a largo plazo

Youngsuk Chi: "La cuestión es quién está financiando al SciHub y qué más se les está robando a las universidades"

Léo Ramos Chaves

Youngsuk Chi, economista nacido en Corea hace 58 años, preside desde 2011 a Elsevier, la mayor editorial mundial de revistas científicas del mundo. Responsable de la relación de la empresa con gobiernos e instituciones, se ha dedicado, desde octubre de 2018, a las discusiones relacionadas con el Plan S, una iniciativa de acceso abierto propuesta por 19 agencias de apoyo a la investigación científica de varios países, en su mayoría europeos, que el mes pasado tuvo su implementación postergada (de 2020 a 2021). En líneas generales, el plan establece que las investigaciones financiadas con fondos públicos deberán divulgarse en una revista científica o en una plataforma de Internet a la que cualquier persona tenga acceso sin tener que pagar nada por ello; afectando directamente los negocios de editoriales como como Elsevier, cuyos resultados dependen de publicaciones con diferentes modelos de acceso, incluidas las suscripciones.

Hijo de diplomáticos, graduado en 1983 de la Universidad de Princeton, Estados Unidos, Chi llegó a Elsevier en 2005 como vicepresidente, después de trabajar en empresas como American Express y Random House.  De paso por Brasil, donde participó en el Congreso Brasileño de Innovación de la Industria, el 9 de junio, comentó sobre las perspectivas del Plan S en la siguiente entrevista.

¿Cuáles son sus expectativas para el Plan S después de haber sido postergado hasta el 2021?
El Plan S propone un cambio dramático en la forma en que funciona la comunidad investigadora. Se necesita tiempo para hacer una transición sostenible. Crear un cronograma impracticable y de cuño ideológico, puede generar descrédito. La postergación hasta el 2021 no fue un retroceso. El objetivo es ambicioso y sabemos que será prácticamente imposible lograrlo plenamente, pero Elsevier siempre ha apoyado la intención de hacer que la investigación esté cada vez más disponible a un público cada vez mayor. Sin embargo, creemos que tenemos que hacerlo de un modo sostenible. Estoy seguro de que el diálogo seguirá garantizando que el cambio se lleve a cabo adecuadamente en Europa. Se trata de una iniciativa europea y estamos trabajando con ella en Europa. No le cabe a Europa imponer sus modelos en otras partes del mundo. Cada comunidad tiene que tomar sus propias decisiones en el mejor momento para cada una.

El Plan S renunció a querer crear un límite máximo para las tarifas de publicación de artículos, pero pretende transparencia en los costos de publicación. ¿Cómo hacerle frente a esta demanda?
Fue una buena idea abandonar cualquier tipo de tabla impositiva. Un indicador de precios artificial no es sostenible. El mercado, en este caso, la comunidad científica, debe determinar el valor de las tarifas. Si una revista ofrece un servicio eficiente, rápido y de alta calidad, estoy seguro de que los autores estarán contentos por pagar más. Debemos dejar que la competencia determine los precios. El mercado es muy dinámico y no hay monopolio. Hay más de 30.000 publishers trabajando en el mundo. La clave es la transparencia.

Elsevier está enfrentando obstáculos para renovar contratos con universidades que prefieren comprar un paquete que incluya suscripciones y tarifas para publicar en acceso abierto. ¿Es viable este modelo?
A largo plazo, es factible. Es difícil hacer la transición rápidamente. El proceso es complicado y es necesario ser justo con todos los actores involucrados. Le doy un ejemplo: usted va a un restaurante y encuentra 10 mesas que están siendo atendidas. Entonces usted dice: “Yo les pago el vino a todos”. Pero resulta que el vino ya estaba incluido en el precio del menú. Un cliente de la mesa de al lado dice: “Entonces quiero un descuento en el precio del menú, sino tendré que pagar el doble.” De una hora a otra, el menú que costaba 10 empezó a valer 8. Entonces usted dice: “Bueno, como le estoy pagando el vino a todo el mundo, ahora quiero mi comida gratis”. ¿Tiene sentido que usted deje de pagar por su comida sólo porque le está pagando el vino a otras personas? La respuesta es no. Otro problema es que algunos países están dispuestos a pagar por un servicio que está disponible de forma gratuita, mientras que otros no lo están. Cuando haya una armonía, va a funcionar. No es casualidad que los defensores del Plan S hayan viajado por el mundo entero para buscar el apoyo de otros países.

¿Elsevier sigue negociando con instituciones que han dejado de suscribir sus revistas?
Sí. En la mayoría de los casos, cuando discutimos las necesidades y las expectativas, fuimos capaces de alcanzar un resultado en el que todos salieron ganando, como sucedió con Noruega. Pero también hubo casos en los que los clientes exigían que la publicación y el acceso a los artículos fueran a un precio único y que además fueran menores de lo que gastaban. Sus argumentos parecen más religiosos que prácticos.

¿Cómo tratar el auge de la página pirata SciHub, que ilegalmente ofrece artículos científicos de acceso restringido?
Es un gran desafío. Se le tiene cierta simpatía a SciHub, pero me temo que pronto conoceremos aspectos oscuros de esta página. No se trata sólo de robar contenido y ofrecerlo de forma gratuita. La pregunta es quién está financiando SciHub y qué más les están robando a las universidades. Las instituciones brasileñas deben tener cuidado. Ellos están robando más que artículos del repositorio. No puedo revelar nada en este momento, pero pronto nos enteraremos.

Elsevier se ha convertido cada vez más en una empresa de análisis de datos. ¿Qué se busca con esa estrategia?
Nos volvimos relevantes con revistas académicas y libros. Pero en la era digital, nuestra materia prima se ha convertido en bases de datos. Hemos visto que es posible extraer conocimiento de estos datos y ayudar a investigadores, instituciones y agencias de financiación. Creamos herramientas, como SciVal, que tiene en cuenta toda la literatura y las citas y les permite a grupos o instituciones que visualicen su desempeño, observen lo que sucede en el laboratorio de otros investigadores, y que organicen colaboraciones. Podemos mejorar la productividad de la investigación.

La producción científica brasileña creció, pero los indicadores de impacto no avanzaron a la misma velocidad. ¿Cómo ampliarlos?
Lo veo de dos formas. Una es colaborar más con los socios adecuados y la otra es colaborar internacionalmente. Yo diría que Brasil necesita invertir en colaboraciones que abarquen más, en lugar de apostar en áreas pequeñas. Hemos utilizado nuestra capacidad analítica para ayudar a las agencias a entender dónde están sus mejores resultados y a identificar con quién deben colaborar. Tenemos una buena relación con la FAPESP, que siempre está buscando maneras de mejorar el retorno de su inversión en investigación.

En su conferencia, citó el riesgo de fuga de talentos en el campo de la inteligencia artificial. ¿Cómo enfrentar esta cuestión?
Deberíamos ver estos talentos no como siendo míos o suyos, sino como pertenecientes a una comunidad. Si dejan la universidad y se van al sector corporativo, no será un problema, sobre todo si generan colaboraciones. El problema es la pérdida de talentos con relación a otros países. Esto ocurre cuando no existe compromiso en concentrarse en el área donde hay fuga.

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