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Educación científica

Alas para la curiosidad

En su 17ª edición, la Feria Brasileña de Ciencias e Ingeniería reunió importantes proyectos de estudiantes de todas las regiones del país

Juliana Estradioto, de 18 años, muestra la biomembrana sintetizada a partir de residuos de macadamia, una posible materia prima para envases

Léo Ramos Chaves

Cuando vio en una página de noticias la foto de una tortuga con una pajita de plástico atascada en la nariz, la estudiante paulista Maria Terossi Pennachin, de16 años, se indignó. “Me dio mucha pena la tortuga y me puse a pensar en una solución que ayudase a reducir la cantidad de basura en las playas”, dijo. Ella estudia en la Escuela Estadual de Culto a la Ciencia, en Campinas (São Paulo), y desarrolló en el laboratorio del colegio el proyecto de una pajita biodegradable a base de ñame y gelatina, bajo la dirección de las profesoras Claudia Caniati y Aloísia Moretto. El material se diluye después de 40 minutos sumergido en líquidos, como agua o gaseosa. La joven percibe un potencial comercial del producto, que es comestible, y piensa reemplazar la gelatina por algún ingrediente vegetal, para crear una pajita vegana.

El proyecto fue presentado en la 17ª Feria Brasileña de Ciencia e Ingeniería (Febrace), celebrada entre el 19 y el 21 de marzo en la Universidad de São Paulo (USP), y ganó cinco premios, entre ellos, el segundo lugar en la categoría de Ciencias Biológicas de la feria y una vacante para participar en el National Youth Science Camp, un encuentro internacional de ciencias dirigido a estudiantes del colegio secundario.

Léo Ramos Chaves Arthur Sary, 17 años, de Curitiba…Léo Ramos Chaves

Para prepararse para la Febrace, muchos participantes hicieron cursos online creados por la organización del evento, los que, entre otros temas, enseñan a transmitir el concepto del proyecto científico con un lenguaje accesible. Uno de ellos, sobre Internet de las Cosas, muestra cómo producir sensores y recopilar datos con la ayuda del celular. “Los proyectos y prototipos presentados en la feria son cada vez más sólidos gracias a este material didáctico y a la experiencia acumulada de los profesores orientadores que participaron en ediciones anteriores de la Feria”, dice la ingeniera eléctrica, Roseli de Deus Lopes, coordinadora general de la Febrace desde su primera edición, en el 2003 –ella trajo la idea a Brasil después de haber participado como evaluadora de la Intel Isef (International Science and Engineering Fair) en el 2001, la mayor feria preuniversitaria del mundo. Según la investigadora, los estudiantes que participan en la Febrace regresan a sus escuelas y difunden las prácticas que han aprendido. “Observamos que muchos de estos estudiantes tienen trayectorias académicas más rápidas, en algunos casos publicando artículos aún cuando se encuentran en la graduación”, dice Lopes, profesora de la Escuela Politécnica de la USP, cuyo laboratorio de sistemas integrados promueve la feria.

La edición de este año contó con la participación de 72 mil proyectos inscritos. Los 332 equipos finalistas estaban compuestos por 751 estudiantes de las escuelas primarias, secundarias y técnicas de todas las regiones de Brasil. Casi 300 proyectos recibieron premios, entre trofeos, certificados, viajes a ferias internacionales de ciencias, becas de investigación del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) y suscripciones semestrales de la revista Pesquisa FAPESP. Además de los primeros cuatro clasificados en siete categorías, hubo premios otorgados por empresas e instituciones, como Petrobras, Intel y la Asociación Americana de Psicología. A la Febrace llegan proyectos que ya fueron presentados en 116 ferias de ciencias en todo el país, además de la sumisión directa de trabajos inéditos. Los criterios de selección se basan en ciertos ítems: innovación, relevancia, rigor científico utilizado en la metodología y calidad del informe sobre el proyecto.

Léo Ramos Chaves … y Wictoria dos Santos, 14 años, de Maceió, conocieron la USP en marzo, seleccionados como finalistas para la FebraceLéo Ramos Chaves

Vale destacar que incluso estudiantes más jóvenes, que acabaron de ingresar al secundario, presentaron proyectos consistentes. La adolescente Wictoria Stephaniy Juaniy dos Santos, de 14 años, desarrolló paneles de fibra de coco para la insonorización. Ella ganó un certificado y una invitación para publicar un artículo en el periódico brasileño Scientia Prima, dedicado a la difusión de la investigación por parte de estudiantes preuniversitarios. Hija de una empleada doméstica, estudia en un colegio público de Maceió, al NE de Brasil. “Todavía no sé si voy a estudiar artes escénicas o ingeniería, pero quiero aportarle algo bueno a mi país”, dice Wictoria. En marzo, viajó por primera vez a São Paulo para participar en la muestra de los proyectos finalistas de la Febrace, realizada en la USP. “Fue una experiencia increíble. Conocí a varios estudiantes de todo el país e intercambié ideas con ellos”, dice.

Nueve equipos premiados en São Paulo van en mayo a Estados Unidos para participar en la feria internacional

Uno de los nuevos conocidos de Wictoria fue el estudiante de Curitiba, Arthur José Sary, de 17 años, también finalista. Él creó sensores capaces de medir la intensidad de los vientos y lluvias que llegan a diferentes puntos de la fachada de los edificios. Su objetivo es lograr que las reformas sean más baratas y eficientes. “Ciertas fachadas, más expuestas a las condiciones climáticas, pueden recibir refuerzos, mientras que otras en general no necesitan muchas reparaciones”, explica. La defensa civil, una de las subsidiarias de la Febrace, lo invitó a Arthur a conocer su centro de emergencias, con derecho a un almuerzo con técnicos del lugar.

Léo Ramos Chaves María Pennachin, de16 años, desarrolló pajitas biodegradables hechas con ñame y gelatina en el laboratorio de la Escuela Estatal de Culto a la Ciencia, en CampinasLéo Ramos Chaves

Entre los finalistas de la Febrace de este año, hubo 407 niñas y 344 niños, con una mayoría (67%) de escuelas públicas. “A menudo, los estudiantes que provienen de regiones más pobres son capaces de traer problemas más relevantes, porque muchos de ellos los conocen de cerca y los enfrentan en su vida diaria”, dijo Lopes. Rafaela Souza de Almeida, de 17 años, elaboró un estudio sobre el manejo sustentable de la planta Mauritia flexuoso, el moriche, con el objetivo de generar ganancias en el suroeste del estado de Maranhão. Habitante de Imperatriz, una ciudad de la región, Rafaela conoce bien la realidad local. Su proyecto fue galardonado con el primer lugar en ciencias sociales y recibió un premio de la Society for Science & the Public Award for Community Innovation, una organización no gubernamental estadounidense.

Juliana Davoglio Estradioto, estudiante del Instituto Federal de Educación, Ciencia y Tecnología de Río Grande do Sul (IFRS), en la ciudad de Osório, ganó el primer lugar en la categoría Ciencias Agrarias con un proyecto que propone la reutilización de residuos agroindustriales de macadamia para la producción de envases biodegradables. “Mi mayor interés es la correcta eliminación de los residuos. En general, las bolsas de basura están hechas de plástico y pueden interrumpir la recolecta selectiva “, explica Estradioto, que tiene 18 años y fue dirigida por dos profesores de su escuela, la ingeniera de alimentos Flavia Twardovski Pinto y el químico Thiago Rafalski Maduro.

En medio a un gran volumen de obras, no fue sencillo seleccionar a los ganadores. Un equipo de más de 200 profesores universitarios y evaluadores voluntarios participó en el comité de selección de la Feria. Nueve equipos conquistaron la oportunidad de participar en Intel Isef, que se lleva a cabo entre el 12 y el 17 de mayo en Phoenix, Estados Unidos. El análisis de la presencia de pesticidas en muestras de aguas subterráneas en el Valle del Jaguaribe, en Ceará, presentado por los estudiantes José Guilherme de Oliveira Matias e Yanne Lara Gurgel Pinheiro, fue uno de los proyectos seleccionados. El objetivo de los estudiantes, que viven en la región, era observar el impacto de los agrotóxicos en la aparición de enfermedades neurológicas, como el Alzheimer y el mal de Parkinson. Los estudiantes descubrieron que las moléculas de pesticidas agrícolas encontradas se conectan con proteínas y pueden causar modificaciones cerebrales. La pareja formada por Amanda de Souza Maloste y Jessica Cristina Burda, de Campo Largo, en Paraná, fue otra ganadora del mismo premio. Las estudiantes desarrollaron una investigación sobre el uso de la mazorca de maíz como alternativa al poliestireno, una resina utilizada en la fabricación de envases y vasos descartables. La primera Febrace fue en Innova USP, el recién inaugurado Centro de Innovación Universitaria. “Haber elegido ese edificio, que albergará laboratorios avanzados, tiene un valor simbólico”, dice Roseli Lopes. “Les estamos diciendo a estos estudiantes que queremos verlos con nosotros cuando empiecen sus carreras, dentro de un ambiente propicio para desarrollar sus capacidades creativas”.

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