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Biodiversidad

Atentos al gato

Científicos se movilizan para aumentar en cinco años un 20% la población de jaguares en el bosque atlántico brasileño

desde Atibaia y Campinas

El felino más grande de América: posee una escasa diversidad genética y se encuentra bajo amenaza de extinción debido a la caza intensiva

Adriano GambariniEl felino más grande de América: posee una escasa diversidad genética y se encuentra bajo amenaza de extinción debido a la caza intensivaAdriano Gambarini

El veterinario Ronaldo Morato pretende salir pronto en busca de jaguares, de ser posible en el mes de mayo, ni bien pasen las lluvias de comienzos de año. Su plan consiste en ponerles collares especiales a cinco ejemplares de esta especie, que habita las selvas del sur del estado de São Paulo, para seguir sus movimientos a distancia y saber cuáles son sus lugares favoritos. La definición de áreas prioritarias para la conservación de estos animales forma parte de un plan delineado en septiembre del año pasado en la ciudad de Campinas, con miras a ampliar en un 20% la población de jaguares –o yaguaretés, los mayores felinos de América– en el bosque atlántico brasileño, el ambiente forestal en donde son más raros.

En el plan se propone la disminución de la caza, el monitoreo de las poblaciones remanentes y el uso de técnicas tales como la inseminación artificial y la formación de un banco de semen de jaguares del bosque atlántico. Algunos de los que tomaron parte en la reunión –investigadores académicos y representantes de empresas y de organismos gubernamentales– reconocieron que el esfuerzo concentrado en un solo ecosistema, con metas a corto plazo, facilitará el trabajo y hará que se incrementen las posibilidades de éxito del plan de acción. Existe actualmente un plan nacional de preservación de los jaguares, promulgado en diciembre de 2010 en el Diário Oficial, con acciones previstas hasta 2020. En una evaluación reciente, los expertos verificaron que una parte de los objetivos se había cumplido, y arribaron a la conclusión de que trabajar separadamente en los diferentes ambientes brasileños podría ser más productivo.

“Si logramos reducir las actuales presiones, producto de la caza y de la fragmentación de las selvas, eso ya sería suficiente como para aumentar la población de jaguares en el bosque atlántico”, dice Morato, coordinador del Centro Nacional de Investigaciones y Conservación de Mamíferos Carnívoros (Cenap), del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad. En su sala de trabajo, en una construcción de dos pisos con amplias ventanas de vidrio y vigas de madera, cercana a la autopista Dom Pedro I, en la localidad paulista de Atibaia, Morato sigue por computadora el movimiento de ocho jaguares en los montes del norte del pantanal. En diversas oportunidades ha experimentado tanto el miedo como la fascinación al verse en el campo frente a estos felinos, que pueden medir hasta 2,70 metros de largo y atacar cuando se sienten acorralados. La primera vez que eso sucedió fue en 1992, cuando recién se había recibido de veterinario y tuvo que anestesiar a una pantera negra ‒un jaguar melánico‒ y acompañar a otros investigadores que le iban a poner un collar de monitoreo al animal, aún en calidad de pasante del biólogo Peter Crawshaw, uno de los pioneros de la preservación de los felinos silvestres en Brasil. “Nunca más me alejé de los jaguares”, dice Morato, ahora con 47 años.

“Debemos trabajar juntos y confiar que el plan tendrá éxito”, subraya. La disminución de la caza y de la fragmentación que Morato plantea requerirá una atención permanente por parte de los órganos de inspección ambiental en los estados de São Paulo, Río de Janeiro, Minas Gerais, Espírito Santo y Bahía, por donde se distribuye el bosque atlántico. En todo el país, la caza –para la extracción y la venta de pieles o como represalia, cuando los jaguares atacan al ganado– sigue siendo intensa, aunque esté prohibida y caratulada como delito con pena de prisión sin posibilidad de fianza. En 2013, Morato y Elildo Carvalho Jr., otro investigador del Cenap, en colaboración con el Instituto Pro-Carnívoros, verificaron que al menos 60 jaguares (Panthera onca) y pumas (Puma concolor) murieron debido al accionar de cazadores durante los últimos dos años, con base en informaciones de 100 gestores de las unidades de conservación ambiental administradas por el gobierno federal. Se estima que 5.500 ejemplares de jaguares se esconden en las selvas brasileñas, fundamentalmente en la Amazonia y en el pantanal. Así y todo, la especie está considerada como vulnerable al riesgo de desaparición debido a su declinación poblacional.

En la reunión de septiembre pasado en Campinas, y en una carta publicada en la revista Science en noviembre, científicos de diversas instituciones brasileñas advirtieron que el bosque atlántico ‒de no hacerse nada al respecto‒ puede convertirse en el primer ambiente forestal del país que pierda a esta especie de felino. En dicho bioma, el jaguar está clasificado actualmente como críticamente amenazado de extinción. Se estima que la selva atlántica constituye el refugio de unos 250 jaguares, un total considerado escaso para el mantenimiento de las poblaciones. Además de la reducida cantidad de animales, otro problema es su baja diversidad genética. Los estudios del grupo de Eduardo Eizirik, de la Pontificia Universidad Católica (PUC) de Rio Grande do Sul, indicaron que esos 250 animales, como consecuencia de los cruzamientos entre ellos, corresponden efectivamente a tan sólo a 50 individuos genéticamente distintos.

Los jaguares ocupan tan sólo un 7% del área total de bosque atlántico. Si hubiese más animales de la especie –y también más oferta de su comida favorita, los pecaríes barbiblancos, una especie de cerdo salvaje bastante cazada por su carne, pero indeseable, pues anda en grupos y destruye plantaciones–, el área ocupada podría ser tres veces mayor, de acuerdo con las investigaciones del grupo de Mauro Galetti, de la Universidade Estadual Paulista (Unesp). Sus estudios indicaron que la falta de jaguares, los predadores de la cúspide de la cadena alimentaria, puede causar diversos tipos de desequilibrios ecológicos, dejando que animales herbívoros como el tapir –o incluso los roedores– se multipliquen libremente, o favoreciendo el crecimiento de gramíneas y otras plantas bajas en lugar de árboles.

La zona de Boqueirão da Onça

Claudia B. Campos La zona de Boqueirão da OnçaClaudia B. Campos

Valéria Conforti, docente de la Universidade de Franca (Unifran), dijo que salió de la reunión de septiembre en Campinas con una sensación de optimismo. “Todos se mostraron chocados con la situación de los jaguares en el bosque atlántico, y se manifestaron dispuestos a correr riesgos para poner a prueba aquello que consideramos que puede salir bien”, sostuvo. Uno de sus planes para este año consiste en probar una técnica de inseminación artificial en jaguares mantenidos en zoológicos paulistas que ella ha aplicado experimentalmente en gatas domésticas y otros felinos, en el zoológico de Cincinnati, en Estados Unidos. Este abordaje consiste en medir la variación hormonal de las hembras mediante el análisis de sus excrementos, detectar el momento más adecuado, inducir la ovulación y realizar entonces la inseminación artificial, depositando semen mediante laparoscopia en las trompas uterinas en lugar de hacerlo en el útero, como ya se hace actualmente, para facilitar el acceso del espermatozoide al óvulo y aumentar las posibilidades de fertilización. La inseminación artificial ya se ha aplicado en otros felinos, pero no se ha concretado aún en jaguares. Si los experimentos salen bien, Conforti pretende aplicar esta técnica en animales de vida libre en 2015, como una forma de aumentar las probabilidades de generación de crías sanas y evitar el riesgo de cruzamiento entre animales emparentados.

El traslado de animales de un monte a otro es una posibilidad que se contempla también para repoblar los bosques con jaguares. Con todo, se trata de una alternativa de alto costo y muchas dificultades, que requiere contar con el apoyo de las comunidades rurales, y de productores que acepten la presencia de los jaguares cerca de sus casas o de sus pasturas. Diversos estudios, como los del biólogo Sílvio Marchini, investigador de la Escuela de la Amazonia y de la Universidad de São Paulo (USP), han demostrado que el apoyo de los habitantes de las zonas rurales cercanas a los montes ocupados por jaguares resulta fundamental para que los planes de acción funcionen. En el pantanal, como resultado de un experimento piloto del Cenap con una hostería, gana adhesiones el argumento de que el rédito turístico de la observación de los jaguares puede ser mayor que la pérdida de alguna que otra vaca.

Existen relatos de éxitos en el traslado de felinos en Estados Unidos y en España, pero en Brasil las pocas tentativas realizadas hasta ahora, en selvas que serían cubiertas por embalses de centrales hidroeléctricas, fueron infructuosas. Los animales desplazados no se adaptaron, empezaron a comer vacas y los cazadores los mataron; o regresaron a sus lugares de origen, situados a decenas de kilómetros de distancia. En uno de los debates del encuentro de septiembre en Campinas, los investigadores aseveraron que durante los próximos cinco años, puede ser que la creación de conexiones –o corredores– entre los distintos fragmentos de selvas se erija en una alternativa más factible que la inseminación artificial o el traslado de animales, a los efectos de ampliar las poblaciones de jaguares en el bosque atlántico. Todos coincidieron en que se trata de un problema que requiere una solución urgente. “No podemos esperar mucho”, dijo Valéria Conforti. El jaguar está considerado extinto actualmente en Uruguay y en la pampa del sur de Brasil.

Manuel Silva, un habitante de la zona de Boqueirão da Onça, Alessandra y su hija Sara, Cailane Ferreira y Claudia Campos: un diálogo permanente

Alexandre AnézioManuel Silva, un habitante de la zona de Boqueirão da Onça, Alessandra y su hija Sara, Cailane Ferreira y Claudia Campos: un diálogo permanenteAlexandre Anézio

Un pozo para salvar a los jaguares

Más recelosa que cuando dirigió la mirada hacia sus examinadores del tribunal doctoral, la bióloga Claudia Campos observó a los 50 campesinos que tenía adelante de ella en la iglesia del pueblo de Queixo Dantas, en el norte de Bahía, una tarde de domingo de julio de 2012. Nerviosa, pero con voz firme, al lado de sus amigas Claudia Martins y Carolina Esteves, y de su amigo Alexandre Anézio, les sugirió a esos hombres que levantasen empalizadas para contener a sus cabras y ovejas, en lugar de dejar a los animales sueltos en la caatinga durante la época de sequía, so pena de que sufriesen el ataque de los jaguares. Los criadores reaccionaron: ¿cómo podrían mantener a los animales encerrados sin agua ni comida, si no llovía hacía tres años? Si aceptasen, les dijo ella, podrían construir un pozo para sacar agua y cultivar plantas para alimentar a los animales. Ocho de ellos adhirieron al plan.

La perforación del pozo artesiano estaba prevista para finales del mes pasado, las plantas que les servirían de alimento a los caprinos serían sembradas inmediatamente después y las nuevas cercas se erigirán a partir de febrero. De salir todo como está previsto, los animales tendrán alimento a lo largo de todo el año, tal como
se está haciendo actualmente en otras partes del interior del nordeste brasileño, y ya no tendrán que pastar en áreas de monte nativo durante la sequía, con lo cual será menor la chance de encontrarse con los jaguares; y de que los habitantes maten a los felinos para evitar que ataquen al ganado.

Claudia Campos llegó a Petrolina, estado de Pernambuco, en octubre de 2006, como investigadora del Centro Nacional de Investigaciones y Conservación de Mamíferos Carnívoros (Cenap), dependiente del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad, uno de los antiguos brazos del Instituto Brasileño de Medio Ambiente ‒el Ibama‒, para detallar la distribución geográfica y los hábitos del jaguar en una zona de 900 mil hectáreas conocida como Boqueirão da Onça. Al ver a la forastera llegando en un automóvil con el logotipo del Ibama, los pobladores ya iban de antemano advirtiendo que ellos no se dedicaban a la caza. Tras mucho conversar, Claudia venció la desconfianza. “Todos están cansados de escucharle al gobierno decir cosas que podrían ayudarles en sus vidas y que después nunca se concretan”, aseveró la investigadora. “Hasta ahora he visitado 140 de los casi 150 pueblos de la zona.”

Pocos a poco, ella fue arribando a la conclusión de
que debería mediar en los conflictos entre los habitantes y los animales silvestres. En 2009, a los 76 años, el zoólogo George Schaller, pionero mundial en la conservación de grandes carnívoros y vicepresidente de Panthera, una organización que apoya este trabajo en Bahía, recorrió la región y reforzó su hipótesis que apuntaba que sería imposible preservar a los animales silvestres sin contar con la participación de los moradores locales. Claudia Campos estima que allí viven 50 jaguares. Todavía no ha avistado ningún ejemplar, pero ha visto sus huellas durante el día y siente que los animales pasan cerca cuando ella duerme en  el medio de la caatinga.

Proyectos
1. Utilización y ocupación del espacio, y desplazamiento y selección del hábitat del jaguar (Panthera onca) en el bosque atlántico y la caatinga: un análisis comparativo (2013/ 10029-6); Modalidad Ayudo Regular al Proyecto de Investigación; Coord. Ronaldo Gonçalves Morato – Cenap; Inversión R$ 110.627,80 (FAPESP).
2. Utilización de un método no invasivo para el monitoreo de la función ovárica en jaguares (Panthera onca) mediante ensayo inmunoenzimático y caracterización de los metabolitos de esteroides fecales por cromatografía líquida de alta eficiencia (13/ 12757-9); Modalidad Ayuda Regular al Proyecto de Investigación; Coord. Valeria Amorim Conforti – Unifran; Inversión R$ 35.780,00 (FAPESP).

Artículos científicos
CARVALHO Jr., E.A.R. de y MORATO, R.G. Factorsaffecting big cathunting in Brazilian protectedareas. Tropical Conservation Science. v. 6, n. 2, p. 303-10. 2013.
CONFORTI, V. A. et al. Laparoscopic oviductal artificial insemination improves pregnancy success in exogenous gonadotropin-treated domestic cats as a model for endangered felids. Biology of Reproduction. v. 88, p. 112.105353. 2013.

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