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ETOLOGÍA

Ciertas tradiciones culturales entre animales pueden aportarles estrategias de protección

Un conjunto de artículos científicos indica que comportamientos tales como el uso de instrumentos, las técnicas de obtención de comida y los dialectos de vocalizaciones de los primates deben ser objeto de conservación

Los monos capuchinos robustos de más edad les enseñan la técnica de cascar alimentos a sus congéneres más jóvenes

Luca Antonio Marino

Según algunos científicos brasileños, las tradiciones culturales existentes entre primates, cetáceos y otros animales deben tenerse en cuenta a la hora de formular estrategias de conservación con la mira puesta en dichas especies. Tales culturas no humanas, identificadas con una frecuencia cada vez mayor, se encuentran sujetas a riesgos debido a los impactos provocados por los seres humanos, y pueden servir como un importante argumento a favor de la protección de los hábitats de estos animales.

“Una buena parte de la diversidad conductual que observamos entre primates tales como los monos capuchinos robustos, con su utilización de herramientas, proviene de la transmisión social”, explica la bióloga Patrícia Izar, del Instituto de Psicología de la Universidad de São Paulo (IP-USP). “En otras palabras: depende de condiciones peculiares de desarrollo de los organismos, que a su vez están relacionadas con ciertas características del hábitat, con el contacto con los alimentos, con las posibilidades de forrajeo y con materiales que pueden desaparecer dependiendo de los impactos a los que el ambiente de estas especies está sujeto”.

Izar suscribe uno de los artículos publicados en el mes de mayo en una edición especial del periódico científico Philosophical Transactions of the Royal Society B sobre el tema. La bióloga brasileña y sus colegas Erica van de Waal, de la Universidad de Lausana, en Suiza, y Martha Robbins, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Alemania, abordaron este tema con base en aquello que se sabe sobre los primates no humanos. Otros trabajos publicados en esa misma edición, con la participación de investigadores brasileños, delinean un panorama de los dos grandes grupos de cetáceos, los odontocetos (tales como los delfines, las orcas y los cachalotes) y los misticetos (el grupo de las ballenas azules y las ballenas rorcuales o yubartas).

En el caso de los primates, es común que las tradiciones culturales, que se transmiten de generación a generación, comprendan la fabricación y el empleo de herramientas. Tanto los chimpancés (Pan troglodytes), habitantes de la parte central de África, como los monos capuchinos robustos de la especie denominada mono silbador [Sapajus libidinosus], presentes en áreas de los biomas Cerrado y Caatinga en Brasil, utilizan una combinación de instrumentos a los que los científicos clasifican como martillos y yunques. Se trata respectivamente de una piedra que sujeta el animal y otra mayor, o en su lugar una raíz grande y dura situada en el suelo, que se combinan como un kit para romper coquitos u otros frutos duros. Los ejemplares más jóvenes asimilan está práctica al observar a los mayores.

Sin poder contar con manos y pulgares, los cetáceos no son tan hábiles en el manipuleo de instrumentos, pero existen casos de este tipo entre ellos: algunos delfines del Indo-Pacífico (Tursiops aduncus) sujetan esponjas con el hocico para hurgar con mayor seguridad en el lecho marino en busca de presas. Pero ciertas tradiciones culturales que no necesariamente comprenden el uso de herramientas físicas también se están documentando en diferentes especies de este grupo.

Existen técnicas especializadas de caza, como en el caso de la combinación entre coletazos en la superficie del agua y una “red de burbujas” que producen las ballenas yubartas (Megaptera novaeangliae) en la costa del estado de Maine (EE. UU.) para desorientar a sus presas. En tanto, en el litoral del estado de Santa Catarina, en Brasil, los vigorosos movimientos de la cabeza y los saltos de los delfines nariz de botella o delfines mulares (localmente llamados botos-da-tainha) les indican a los pescadores el mejor momento para capturar peces tales como las lisas. Estos mamíferos marinos se ven beneficiados con el doble ataque a las presas, una tradición cultural que, en este caso, parece haber evolucionado en forma cooperativa entre humanos y cetáceos.

Fabio G. Daura-Jorge/UFSCLos delfines de Santa Catarina colaboran con los pescadores en la captura de pecesFabio G. Daura-Jorge/UFSC

De acuerdo con el biólogo brasileño Mauricio Cantor, del Instituto de Mamíferos Marinos de la Universidad del Estado de Oregón (OSU), en Estados Unidos, no está claro todavía de qué manera aprenden esos delfines a colaborar con los pescadores de Santa Catarina. En estudios realizados en el municipio de Laguna, encabezados por científicos de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC), algunos datos sugieren que el aprendizaje de esta técnica transcurre en forma vertical, es decir, de las madres a sus crías.

“Pero tenemos la sospecha de que la transmisión horizontal, es decir, el aprendizaje entre especímenes de una misma generación, puede también cumplir un rol importante. Y nos parece que existe también el papel de la competencia, que limita el acceso a este comportamiento”, dice el investigador. Sucede que no existe espacio para que todos los delfines de Laguna se conviertan en “compañeros” de los pescadores. “Hemos visto que algunos ejemplares monopolizan los lugares y las oportunidades de interacción restringiendo la diseminación de la técnica entre la población en general”, explica Cantor, quien suscribe uno de los artículos publicados en Philosophical Transactions.

Por último, los complejos sistemas de comunicación sonora entre los cetáceos también cuentan con un componente de transmisión cultural, como el surgimiento de “dialectos” de las ballenas yubartas en las distintas subdivisiones oceánicas. Las canciones de estas ballenas pueden sufrir incluso alteraciones abruptas, que evocan la diseminación de nuevos estilos musicales humanos, con grandes alteraciones en la secuencia y en el ritmo de las notas, tal como quedó demostrado en el artículo de la bióloga marina Maria Isabel Gonçalves, de la Universidad Estadual de Santa Cruz (Uesc), y sus colaboradores, publicado en 2024 en la revista Marine Mammal Science.

“Detectamos este tipo de transición en la población brasileña de ballenas yubartas en 2017 y 2018”, comenta Gonçalves, coordinadora del Proyecto Ballenas en la Sierra y autora de uno de los artículos publicados en la edición especial antes mencionada, en colaboración con pares de la Universidad Federal de Rio Grande do Norte (UFRN). “Ese canto evoluciona anualmente, en ocasiones más rápido, otras en forma más lenta, pero un cambio abrupto de este tipo aún no se había registrada acá. Todavía no hemos logrado identificar si es algo que surge del contacto con otras poblaciones de la especie en la Antártida, lo que hace posible que se concreten intercambios culturales y modificaciones de los dialectos”.

Erosión cultural
Mientras que la sociedad entre delfines y pescadores constituye una interacción con beneficios mutuos proveniente de una centenaria tradición existente en las costas brasileñas, existen alteraciones de tradiciones culturales de esas especies que se relacionan con procesos recientes de degradación ambiental.

Estudios realizados con monos aulladores (del género Alouatta) hace alrededor de una década por la primatóloga mexicana Ariadna Rangel Negrín, de la Universidad de Veracruz, revelaron que el repertorio conductual de estos monos pierde la mitad de su diversidad cuando las poblaciones quedan ceñidas a pequeñas áreas de monte, por ejemplo. Si bien son exclusivamente herbívoros en condiciones normales, ante el desmonte los monos aulladores pueden apelar al consumo de huevos de aves, o incluso de carne que los humanos desechan, con consecuencias potencialmente graves para su sistema digestivo. Un caso parecido, de consumo de sobras provenientes de parrillas, se registró durante los últimos años con monos aulladores en el estado de Rio Grande do Sul (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 334).

En el caso de los monos silbadores que estudiaron Izar y sus colegas de la USP, las áreas en donde viven están menguando debido a su utilización agrícola, que aumentó un 300 % entre 1987 y 2017, en tanto que las alteraciones climáticas en uno de los sitios bajo seguimiento por parte del equipo han generado una disminución de la producción de los frutos duros de las palmeras, que se ubican entre los principales objetos de la tradición de uso de martillos y yunques.

Evelyn Froes/Acervo do Projeto Baleias na SerraLos dialectos de las ballenas yubartas pueden estar sujetos a alteraciones abruptasEvelyn Froes/Acervo do Projeto Baleias na Serra

El ambiente más homogéneo y por ende menos complejo limita el repertorio conductual de los monos y genera una competencia por los recursos disponibles. “Los especímenes inmaduros también pasan a contar con menos oportunidades para concretar el largo proceso de aprendizaje que les hará posible dominar las tradiciones locales”, explica Izar. Asimismo, aumenta el riesgo del contacto directo con personas, que pueden no resistir ante la tentación de ofrecerles comida a monos aparentemente dóciles. “Pueden surgir conflictos e interacciones agresivas en caso de que empiecen a ver al ser humano como una fuente de alimentos”.

Para evitar lo peor
De acuerdo con la investigadora de la USP, para evitar que este proceso de deterioro avance, es preciso reconocer la necesidad de proteger el nexo existente entre las características culturales, las condiciones ambientales y cada una de las especies.

Sapajus libidinosus, por ejemplo, no es una especie en riesgo, por ahora”, dice. “Esto quiere decir que no resulta sencillo obtener recursos para proteger su hábitat siguiendo la lógica actual. Con todo, cuando demostramos que la especie exhibe una transmisión cultural, ciertas prácticas culturales únicas pueden convertirse en una bandera para la preservación de aquella área, con argumentos que van más allá de la conservación de la diversidad genética de la especie”.

Por otra parte, la comprensión de los patrones de transmisión cultural también ayuda a vislumbrar recursos estratégicos para la salud de las poblaciones de animales. “Al entender la evolución del canto de las ballenas yubartas, por ejemplo, logramos también entender de qué manera transcurren los intercambios entre poblaciones, si utilizan otras áreas de alimentación y reproducción más allá de las tradicionales y cuáles son sus rutas migratorias”, dice Maria Isabel Gonçalves. En el caso de los cetáceos, lo contrario vale: existen indicios que apuntan que la pérdida de tradiciones culturales referentes a las rutas migratorias, probablemente causada por la merma poblacional durante las actividades balleneras predatorias en el siglo XX, hizo que algunas especies de ballenas “se olvidasen” de que determinadas regiones serían favorables para la búsqueda de alimento o la reproducción.

Una mejor comprensión acerca de la relación de estos patrones de conducta con la viabilidad a largo plazo de poblaciones y especies enteras depende en parte de estudios referentes a los procesos de transmisión cultural como los que se están llevando adelante sobre los delfines de Santa Catarina. Distintas especies pueden terminar adoptando patrones bastante diversos. Entre los cetáceos, ciertas comunidades de orcas parecen seguir un sistema bastante rígido de transmisión cultural por vía materna, con sociedades estables y relativamente cerradas, mientras que las tendencias circulan de manera más fluida entre los grupos de delfines.

Incluso en lo concerniente a animales considerados tan carismáticos como los monos y las ballenas, todavía es muy poco lo que se sabe sobre esta diversidad. Izar y sus coautoras estiman que menos del 3 % de las especies de primates identificadas hasta ahora ha sido objeto de estudios referentes a sus tradiciones culturales. En tanto, el mapeo a cargo de Mauricio Cantor y sus colaboradores indica que, en la literatura científica, el 70 % de los estudios sobre las tácticas de forrajeo de los odontocetos está relacionado con tan solo tres especies (las orcas y dos tipos de delfines de nariz de botella). “La concentración de estudios ocurre en parte a causa de la logística: se trata de especies cosmopolitas, carismáticas, abundantes y que viven relativamente cerca de la costa”, dice el investigador con respecto a los cetáceos.

“Este desequilibrio tiene que ver en alguna medida con las tradiciones de investigación”, analiza Izar. “En el caso de los monos neotropicales [del continente americano], existe una historia de estudios de ecología y de conservación, y un cierto abandono de los estudios conductuales”. Según la investigadora, culturas como la del empleo de herramientas se observaron en los biomas del Cerrado y la Caatinga, que empezaron a estudiarse más tardíamente en el ámbito de la primatología. “Se está destruyendo todo. Todo cambia muy rápido”, se lamenta.

Este artículo salió publicado con el título “La cultura animal en la mira de la conservación” en la edición impresa n° 357 de Noviembre de 2025.

Proyecto
Plasticidad fenotípica de monos capuchinos (género Sapajus) – segunda etapa: investigación sobre los efectos de antropización del ambiente (nº 2021/11269-7); Modalidad Proyecto Temático; Programa Biota; Investigadora responsable Patrícia Izar Mauro (USP); Inversión R$ 2.159.685,54.[bibliografia]

[bibliografia]Artículos científicos
IZAR, P. et alIntegrating culture into primate conservationPhilosophical Transactions of the Royal Society B. v. 380, 20240135. 1º may. 2025.
HERSH, T. A. et alEcology and conservation of socially learned foraging tactics in odontocetesPhilosophical Transactions of the Royal Society B. v. 380, 20240134. 1º may. 2025.
GONÇALVES, M. I. C. et alAbrupt change in humpback whale song from Brazil suggests cultural revolutions may occur in the South AtlanticMarine Mammal Science. v. 40, n. 2, e13093. abr. 2024.
GARLAND, E. C. et alCulture and conservation in baleen whalesPhilosophical Transactions of the Royal Society B. v. 380, 20240133. 1º may. 2025.

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