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Historia

En las olas de la globalización

La primera expedición científica de circunnavegación de Estados Unidos muestra que la joven nación buscaba un lugar en el mundo desde los comienzos del siglo XIX

Exactamente 62 años después de haber roto los lazos coloniales con Inglaterra, Estados Unidos dio una clara demostración de su deseo de afirmarse en el plano internacional y de competir con los europeos en la investigación del globo. Forjado en el último cuarto del siglo XVIII, a partir de la unión de 13 colonias separatistas de la costa este de América del Norte, el joven país patrocinó su primera expedición científica de circunnavegación alrededor de todos los continentes. A bordo de seis buques de vela, 346 hombres, entre ellos 40 oficiales, siete científicos y dos artistas, realizaron en el transcurso de cuatro años, entre 1838 y 1842, un periplo en torno de los continentes de la Tierra. Ese largo viaje no redundó en ninguna teoría de la evolución, tal como ocurriría con el naturalista inglés Charles Darwin años después de haber sido de la partida en la vuelta al mundo del buque HMS Beagle, entre 1831 y 1836. Pero la empresa sirvió para sentar las bases de importantes intuiciones de investigación científica, formar cuadros técnicos y, sobre todo, mapear áreas de interés para la expansión territorial, especialmente en la costa oeste de Norteamérica.

“La expedición revela que puede hallarse una cultura imperial en Estados Unidos desde los albores del Estado nacional”, dice la historiadora Mary Anne Junqueira, de la Universidad de São Paulo (USP), quien defendió a finales de 2012 su tesis de libre docencia sobre la aventura marítima patrocinada por el gobierno de Washington. Bajo el título de “En tiempos  de paz – El viaje científico de circunnavegación de la U. S. Exploring Expedition (1838-1842)”, ese trabajo, parcialmente financiado por la FAPESP, saldrá publicado como libro el año próximo. Aunque es poco conocida por  el gran público, incluso el norteamericano, esa empresa de la naciente nación fue una de las más grandiosas expediciones de circunnavegación de carácter técnico-científico llevadas a cabo durante la primera mitad del siglo XIX. Inglaterra y Francia, las dos potencias de ese entonces, realizaron más viajes de ese tipo, pero generalmente destinaban uno o dos buques a esas iniciativas. En esa época, también emprendieron expediciones marítimas globales España, que procuraba mantener un ojo atento sobre sus colonias ultramarinas, y Rusia, esta sí una nación en ascenso, igualmente en busca de prestigio e influencia en el plano internacional. “Estados Unidos buscaba su lugar en el mundo y la rivalidad con los europeos no se daba apenas en tierra, sino también en aguas internacionales”, afirma Junqueira.

Dibujos de especies de murciélagos, aves y réptiles recolectados durante la expedición: el viaje rindió 40 toneladas de muestras

Reproducción de informes de la U.S. Exploring Expedition, 1844-1874Dibujos de especies de murciélagos, aves y réptiles recolectados durante la expedición: el viaje rindió 40 toneladas de muestrasReproducción de informes de la U.S. Exploring Expedition, 1844-1874

Al mando de Charles Wilkes, un temperamental capitán de 42 años que viajaba en la embarcación de guerra Vincennes, la travesía marítima de los estadounidenses empezó en el puerto de Norfolk, en el estado de Virginia, el 18 de agosto de 1838. Los barcos de vela navegaron hasta las proximidades de la isla de Madeira, no muy lejos de África, y posteriormente siguieron rumbo hacia la parte meridional del continente americano. La primera parada fue Río de Janeiro, una sociedad, según el capitán, signada por la convivencia del atraso con la modernidad, por una “mezcla de clases” y en donde “la vegetación parece fijar su atención sobre todas las otras cosas”. La expedición bordeó América del Sur y, además atracar en Brasil, hizo escalas en Argentina, la Antártida, Chile y Perú. Luego singló por el Pacífico Sur (Taití, Samoa), soltó anclas en Sídney, en Australia, y visitó otro punto de la Antártida. Posteriormente subió hacia el Pacífico Norte, mapeó minuciosamente la costa oeste de América del Norte y regresó al Pacífico en dirección a las Filipinas y Singapur. Por último entró en las aguas del Índico, dobló el Cabo de Buena Esperanza, en la actual Sudáfrica, y volvió al Atlántico. El retorno a la patria se concretó el 10 de junio de 1842, cuando las embarcaciones soltaron anclas en Nueva York (vea el derrotero de la expedición en las páginas).

En su llegada, la configuración de la expedición difería considerablemente de la exhibida al momento de la partida. Contabilizaba tan sólo tres barcos remanentes: el Vincennes, principal buque de vela al frente de la travesía, y los bergantines Porpoise y Oregon. Este último fue comprado durante el viaje para reemplazar al Relief, un barco lento, que había sido enviado de vuelta a América del Norte luego de la escala en Chile. Dos veleros, el Peacock y el Sea Gull, naufragaron durante el viaje. Un tercero, el Flying Fish, se vendió en Singapur pues estaba averiado y posiblemente sería incapaz de terminar la vuelta al mundo. La cantidad de tripulantes también era menor que cuando la expedición dejara Norfolk, pero esto no quedó determinado. En el equipaje, 40 toneladas de muestras de plantas, animales y piezas, todo recolectado durante el periplo. Los especímenes sirvieron de base para la formación de la colección inicial que dio origen en 1846 al complejo de museos Smithsonian Institution, en la capital Washington.

Reproducción de informes de la U.S. Exploring Expedition, 1844-1874El viaje recorrió alrededor de 140 mil kilómetros, casi el 40% de la distancia de la Tierra a la Luna, y quedó registrado en un informe compuesto por 23 tomos que se publicaron a lo largo de 30 años. Redactados por el propio capitán Wilkes, quien enfrentó una corte marcial (por desmanes a bordo y acusaciones de asesinato de nativos) inmediatamente después de la expedición, pero escapó del castigo, los cinco primeros volúmenes entraron en prensa en 1844. Componían la narración de la travesía marítima. Por cierto, ése fue el material de base del estudio de la historiadora de la USP, quien pasó dos temporadas en Estados Unidos para consultar los originales. “En mi investigación analicé también cartas personales, en particular las del comandante, documentos oficiales del gobierno de EE.UU., autobiografías, otros relatos de viaje y los tomos científicos del informe”, comenta Junqueira.

Redactados por los expertos que iban a bordo de los buques, los 18 tomos científicos abordaban distintos aspectos técnicos –etnografía, geología, geografía, botánica, meteorología y zoología, entre otros– estudiados durante la vuelta al mundo. El último volumen, sobre física, escrito por el propio comandante del Vincennes, sólo se convirtió en libro en 1874. El equipo científico de la expedición estaba compuesto por los naturalistas Charles Pickering y Titian Ramsay Peale, el etnógrafo y lingüista Horatio Hale, el experto en conchas Joseph Pitty Couthouy, el mineralogista James Dwight Dana, los botánicos William Rich y William Dunlop Brackenridge y los artistas Alfred T. Agate y Joseph Drayton, encargados de producir la iconografía asociada al viaje y a sus hallazgos.

A cargo de la Marina de Guerra, que en tiempos de paz se dedicaba a este tipo de tareas, el viaje exploratorio tenía como objetivo oficial y declarado rehacer y corregir antiguas cartas náuticas y confeccionar nuevas sobre puntos del globo todavía no escudriñados. Contar con buenos mapas propios de navegación era, sin lugar a dudas, sumamente importante para que los americanos garantizaran la seguridad de su flota de buques comerciales y militares, que de ese modo podrían desviar de obstáculos marítimos y escoger el puerto más seguro y adecuado para anclar. Uno de los grandes legados de la expedición fue el de haber producido 280 mapas de islas del Pacífico, una región poco conocida hasta ese entonces, y 180 cartas náuticas.

El capitán Charles Wilkes: el comandante de la expedición tenía 42 años, era temperamental y fue a parar a una corte marcial al cabo del viaje. Escribió cinco tomos narrando la circunnavegación

NOAAEl capitán Charles Wilkes: el comandante de la expedición tenía 42 años, era temperamental y fue a parar a una corte marcial al cabo del viaje. Escribió cinco tomos narrando la circunnavegaciónNOAA

Pero los intereses por detrás de la expedición eran mucho más amplios: construir un saber técnico-científico nacional, independientemente de los conocimientos estratégicos dominados por las potencias europeas, asumir un rol geopolítico en el mundo y prospectar nuevos territorios que podrían anexionarse a sus dominios. “Empresas de esa índole siempre tenían objetivos oficialmente no declarados”, afirma la historiadora. “Dedicaron un tiempo significativo mapeando la costa noroeste de América del Norte, predominantemente la de California y de Oregón”. No por casualidad, esas regiones, la primera perteneciente a México y la segunda en disputa con los ingleses, fueron anexionadas a Estados Unidos seis años después del fin de la expedición. Lo que se llamaba Oregón en aquella época representaba toda la costa oeste del Norteamérica entre la actual California y Canadá, es decir que abarcaba los actuales estados de Oregón y Washington. Cabe recordar que en esa época, las fronteras del país apenas si llegaban a las Montañas Rocallosas, en el centro-oeste de América del Norte, y no le aseguraban ninguna salida hacia el lado del Pacífico.

Un episodio insólito ocurrió cuando uno de los buques de vela de la expedición, el Porpoise, se deparó en enero de 1840 con las corvetas Astrolabe y Zélée de la misión francesa, bajo las órdenes del comandante Jules Dumont d’Urville, cerca de la actual costa este de la Antártida. El encuentro sirvió para exasperar aún más las rivalidades entre las potencias ubicadas de ambos lados del Atlántico. Hasta los días actuales se discute quién descubrió que la Antártida no era tan solo un iceberg gigante flotante sobre el océano (tal como lo es el casquete polar Ártico), sino un continente, con tierra firme, cubierto por hielo y nieve. Wilkes mapeó un tramo de 2.400 kilómetros del litoral antártico, una zona actualmente denominada tierra de Wilkes, y reivindicó ese logro como suyo. Lo propio hizo D’Urville, cuya expedición fue la primera en calcular la localización del polo Sur magnético, y estuvo en tierra firme en la Antártida. El lugar donde estuvieron los franceses fue bautizado Terre Adélie, en referencia a Adèle, la mujer de d’Urville.

Ilustración de hombres midiendo troncos de árboles en Oregón: la región de la costa oeste de Norteamérica, en ese entonces en disputa con los ingleses, fue mapeada durante la expedición

Reproducción de informes de la U.S. Exploring Expedition, 1844-1874Ilustración de hombres midiendo troncos de árboles en Oregón: la región de la costa oeste de Norteamérica, en ese entonces en disputa con los ingleses, fue mapeada durante la expediciónReproducción de informes de la U.S. Exploring Expedition, 1844-1874

Experta en historia de Estados Unidos, formadora de una nueva generación de estudiosos y dedicada a este tema, Junqueira se sorprendió con la escasez de literatura, académica e incluso popular, referente al gran viaje exploratorio patrocinado por la ex colonia inglesa. “La expedición fue olvidada prácticamente”, afirma la historiadora de la USP. La memoria corta sobre una empresa tan grandiosa no suele ser un rasgo característico de los estadounidenses, siempre listos para loar sus logros. Debido a sus costos y sus riesgos, durante la primera mitad del siglo XIX, las circunnavegaciones eran comparables a los viajes espaciales contemporáneos, de acuerdo con algunos estudiosos. “En un tiempo en que un viaje al Pacífico era equivalente a un viaje moderno a la Luna, una travesía de esta índole era una oportunidad única para que los científicos investigasen hábitats exóticos: selvas tropicales, volcanes, lagunas tropicales, icebergs y desiertos”, escribe el historiador Nathaniel Philbrick, en su libro Mar de glória – Viagem americana de descobrimento – Expedição exploratória dos Estados Unidos, publicado en 2004. La obra de Philbrick, destinada al gran público, es el trabajo de divulgación más conocido sobre la expedición.

El Smithsonian, directamente beneficiado con los saberes adquiridos y los especímenes recolectados durante el viaje, constituye una excepción en ese contexto de silenciamiento acerca de la importancia de la gran expedición de circunnavegación. En 1985, con motivo del aniversario de 75 años del Museo de Historia Natural, que forma parte del complejo mantenido por la institución con sede en Washington, se publicó el libro Magnificent voyagers. The U. S. Exploring Expedition, 1838-1842, organizado por Herman Viola y Carolyn Margolis.

Reproducción del buque de vela Vincennes, el principal barco de la expedición, y dibujos de seres marinos recolectados: el viaje recorrió 140 mil kilómetros

Reproducción de informes de la U.S. Exploring Expedition, 1844-1874Reproducción del buque de vela Vincennes, el principal barco de la expedición, y dibujos de seres marinos recolectados: el viaje recorrió 140 mil kilómetrosReproducción de informes de la U.S. Exploring Expedition, 1844-1874

En su estudio, Mary Anne Junqueira discute el contexto de los viajes de circunnavegación, intenta comprender los saberes que los estadounidenses querían aprender con la expedición y destaca sus intereses en otros países de América. Y también conjetura hipótesis para explicar por qué los norteamericanos parecen poco interesados en recordar los logros de esta expedición. Una de éstas se refiere a la naturaleza del capitán Wilkes, un militar polémico, que fue a parar a cortes marciales. Sin embargo, la historiadora, tiende a pensar que el factor más decisivo fue de otra índole. “Eventos tales como la guerra con México, entre 1846 y 1848, y fundamentalmente la Guerra Civil, entre 1861 y 1865, demandaron esfuerzos de la Marina de Guerra y energía a los estadounidenses, relegando así los logros de la expedición al ostracismo”, dice Junqueira. La guerra con México, por ejemplo, amplió en un cuarto el territorio de Estados Unidos, que tocó el Pacífico con la anexión de California.

En ese marco, la expedición de Wilkes figura como una afirmación de Estados Unidos entre las décadas de 1830 y 1840, cuando la joven república representativa aún era un experimento y el Estado nacional carecía de consolidación. En medio a otras iniciativas competidoras, la circunnavegación liderada por el buque Vincennes muestra, según la historiadora, un mundo de intercambios y trabajos científicos realizados en el ámbito transnacional durante la primera mitad del siglo XIX. Todo eso en un ritmo ya acelerado, navegando en camino hacia la globalización.

Proyecto
En tiempos de paz – El viaje científico de circunnavegación de la U. S. Exploring Expedition (1838-1842) (nº 2014/ 50527-8); Modalidad Ayuda a la Publicación Regular – Libro Brasil; Investigadora responsable Mary Anne Junqueira (USP); Inversión R$ 6.000,00 (FAPESP).

 

 

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