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Carta de la editora

Encrucijadas

Un estudio dado a conocer recientemente indica que la región oriental de la Amazonia ha dejado de ser un sumidero de dióxido de carbono y se ha transformado en una fuente de ese gas, el principal entre los que provocan el efecto invernadero. Dicha investigación, que confirma datos anteriores menos abarcadores, apuntó a medir el balance de carbono en áreas amazónicas con diferentes niveles de deforestación, incendios y cambios climáticos. La prensa mundial se ha hecho eco de los resultados de este trabajo, que salió publicado en la revista Nature y que estuvo a cargo de la química Luciana Gatti, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), con financiación del Programa de Investigación sobre Cambios Climáticos Globales de la FAPESP.

Con base en el análisis de muestras de aire recolectadas en cuatro zonas distintas de la Amazonia entre los años 2010 y 2018, la investigación revela que el promedio de emisiones de dióxido de carbono fue unas 10 veces mayor en el sector oriental, donde se encuentra el denominado arco de la deforestación, que en la región occidental de la selva tropical, ligeramente mejor conservada.

La amplia repercusión de este estudio coincide con el 60º aniversario de la institución sede de la investigación, el Inpe. Dicho instituto, un organismo clave y pionero en el monitoreo de la deforestación en Brasil, descuella por su exitoso programa de desarrollo de satélites, por la introducción en el país de un moderno sistema de pronósticos meteorológicos, basado en el modelado por computadora, y por sus investigaciones en los campos de la astrofísica, el clima espacial y los cambios climáticos.

El Inpe, cuya sede se encuentra en la ciudad de São José dos Campos, en el interior paulista, también tiene presencia en otros seis estados brasileños; y ha formado a más de 1.000 doctores y casi 2.500 magísteres. La efeméride de sus 60 años lo encuentra ante una instancia delicada. En 2019, los datos de la deforestación divulgados por la institución fueron desestimados por el gobierno federal y su director fue destituido del cargo. Su presupuesto anual, que en 2006 era, en un valor actualizado, de 417 millones de reales, este año es de 75,8 millones. No está definida la continuidad de proyectos de importancia en el área espacial, como el de los satélites de observación terrestre de la Misión Amazonia y los del programa CBERS, estos últimos mediante una colaboración con China, como se muestra en el artículo estampado en la portada de esta edición.

La biodiversidad amazónica brasileña, actualmente bajo amenaza, podría albergar una prometedora fuente de generación de riqueza, prosperidad y bienestar nacional para las próximas décadas, según argumentan quienes proponen un tipo de actividad económica regenerativa, circular y sostenible. El reportaje que comienza en la página 76 presenta el concepto denominado bioeconomía, apuntado como punto de partida para un nuevo tipo de industrialización. Para sacar provecho de la ventaja de ser el país con la mayor biodiversidad del planeta y disponer de una base científica estructurada, Brasil necesita generar nuevos procesos económicos y adaptar los existentes, haciendo frente a los cambios climáticos y al avance de la deforestación.

El genetista Sérgio Danilo Pena, del estado de Minas Gerais, demostró hace 20 años que, entre los brasileños, el cromosoma Y heredado de los padres proviene predominantemente de los colonizadores europeos, en tanto que el ADN mitocondrial, recibido de las madres, es mayoritariamente americano originario o africano. Y el país comparte esta característica, denominada herencia trihíbrida con asimetría sexual, con otros países como Colombia y Venezuela, pero es distinta a la de Bolivia y Perú, países con escasa presencia de africanos.

Pena, quien trabaja con técnicas de análisis de la ascendencia, afirma en una entrevista que, en Brasil, la asociación entre color y ancestralidad es leve (página 26). Sus investigaciones revelan que, en el norte y en el nordeste del país, donde existe una proporción mayor de personas que se autodeclaran pardos, no hay más mestizaje que en el sur, donde la mayoría de la población se declara blanca. “Debajo de la piel existe una vasta variedad de mezclas”.

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