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Hiroshi Noda

Hiroshi Noda: Agricultura sostenible en la Amazonia

Un ingeniero agrónomo mezcla cultura tradicional con conocimiento científico para desarrollar variedades adaptadas a la región

Entrev Hiroshi_1038Eduardo CesarEn la Amazonia, el ingeniero agrónomo Hiroshi Noda conoció otra modalidad de agricultura, diferente a la difundida en la región sudeste del país, principalmente a partir de los años 1960, época en la que se graduó en la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq) de la Universidad de São Paulo (USP). La agricultura atravesaba un fuerte impacto tecnológico con la ampliación masiva de la maquinaria en el campo, la utilización de semillas seleccionadas genéticamente y el uso creciente de abonos químicos. Noda se sumó, en 1975, al equipo que estaba formando Warwick Kerr, en el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa), en Manaos, como investigador en el área de mejora de plantas. Y se topó en esa región con una agricultura familiar que se basaba en principios ancestrales y en el manejo sostenible de los recursos de la selva.

En primera instancia, se dedicó a producir una variedad de tomate que puede plantarse en la Amazonia, que da buenos frutos y no se ve afectada por el marchitamiento bacteriano, una enfermedad que torna inviable el cultivo en la región. Luego se abocó a estudios sobre la conservación y mejoramiento genético de hortalizas no convencionales cultivadas en la Amazonia y también al conocimiento etnoecológico de las comunidades locales.

Realizó su maestría y su doctorado en la Esalq, alternando con su trabajo en el Inpa, donde se jubiló en 2013, y entonces pasó a dedicarse exclusivamente, a sus 71 años, a la docencia en la carrera de posgrado en Agricultura del Trópico Húmedo del instituto y en el posgrado en Ciencias Ambientales y Sostenibilidad de la Universidad Federal de la Amazonia (Ufam). En 2014, recibió el Premio Fundación Bunge, por la producción agrícola sostenible en la categoría Vida y Obra. Está casado con la profesora Sandra Nascimento Noda, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Ufam, y tiene una hija, también agrónoma. Noda le concedió esta entrevista a la revista Pesquisa FAPESP en São Paulo, en el marco del Seminario Productividad Agrícola Sostenible, organizado por la FAPESP y Bunge.

Edad:
71 años
Especialidad:
Agricultura en la Amazonia
Estudios:
Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq) de la USP (título de Grado, máster y doctorado)
Instituciones:
Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa) y Universidad Federal de la Amazonia (Ufam)
Producción científica:
50 artículos científicos, 10 libros y 62 capítulos de libros

¿Cuál fue su aporte a la agricultura sostenible en la Amazonia?
Mi capacitación fue en la ciudad de Piracicaba, en la Esalq. Fue algo valioso en términos de tecnología y producción. Pero luego trabajé en un ámbito de agricultura tradicional en la Amazonia, muy diferente al propuesto en la denominada Revolución Verde [a partir de los años 1960, la agricultura brasileña comienza a utilizar semillas seleccionadas genéticamente, amplía el uso de maquinaria agrícola, la fertilización de las plantas con abonos industriales y el empleo intensivo de agrotóxicos para el control de plagas y enfermedades]. En cierto modo, tuve que adaptar los conocimientos. En la Amazonia, por ejemplo, todavía existen especies en proceso de domesticación para tornarse comerciales. Pero son los propios agricultores quienes mantienen la variación genética necesaria. Las técnicas de mejoría genética que se adoptaron como norma general a partir de la Revolución Verde promueven el aumento de la productividad de nuevos cultivos como respuesta al uso de fertilizantes industrializados. En el caso de la Amazonia, el objetivo radica en el desarrollo de una variedad capaz de producir en ambientes donde la recomposición de la fertilidad natural de los suelos ocurra en función del proceso de reciclado de nutrientes a partir de las interacciones entre plantas, animales y microorganismos. Cuando se desea obtener una planta capaz de producir incluso en suelos pobres, la misma debe seleccionarse genéticamente para adaptarse al cultivo en esas condiciones. Se necesita una selección de linajes con capacidad de respuesta para eso. En la Amazonia resulta necesario adaptar las plantas a las condiciones locales, con altas temperaturas y elevada humedad todo el año. El conocimiento lo adquirí junto a los agricultores. Allí, al tratarse de una agricultura tradicional, ellos no emplean los mismos insumos que instauró la Revolución Verde.

¿Por qué?
En las comunidades aisladas, ellos usan lo que tienen a disposición. El nutriente para la planta debe ser natural. En el suelo de la Amazonia, el proceso de fertilización de las plantas ocurre mediante una forma de reciclado de nutrientes. Las áreas forestales son sitios con especies permanentes, arbóreas y perennes. El reciclado ocurre de la siguiente forma: está la parte aérea, que realiza la fotosíntesis y produce frutos, y el material que cae al suelo es reciclado por la macrofauna, como son las termitas y hormigas. Los insectos trituran el material que luego se incorpora al suelo, donde viven los microorganismos que realizan la mineralización de la materia orgánica, un proceso fundamental en la liberación de los nutrientes para las plantas. De este modo, la nutrición de la planta cultivada se logra mediante un proceso de reciclado. Por eso, cuando se utilizan productos tóxicos, como en el caso de los herbicidas, éstos causan problemas en las poblaciones de la macro y mesofauna, y en los microorganismos del suelo. El efecto del herbicida es matar a las plantas invasoras. Pero también elimina a los microorganismos encargados del reciclado de los nutrientes.

¿Cuál es la razón de la pobreza de los suelos amazónicos?
Son pobres a causa de su composición natural de arcilla caolinita. Por sus características fisicoquímicas, los suelos poseen una baja capacidad de intercambio catiónico [iones de carga positiva] y, por ello, los nutrientes disociados en la solución del suelo se escurren junto con el agua de lluvia hacia las capas más profundas. No es lo mismo que ocurre en el caso del suelo conocido como tierra colorada, presente en la región sudeste de Brasil, cuyo estrato arcilloso posee alta capacidad de retención de los cationes. En la Amazonia es necesario que exista una cobertura vegetal que proteja al suelo de los impactos de la lluvia y que, asimismo, esa capa orgánica sea capaz de retener los nutrientes. ¿Cuál es el sistema ideal? El agroforestal, un sistema mixto de plantas perennes y anuales que aprovechen las copas de los árboles para proteger el suelo. Debajo de los árboles se encuentran aquéllas de ciclo anual, que aprovechan la sombra parcial. Puede ser un conglomerado con especies forestales, tales como andiroba [Carapa guianensis] y copaiba [Copaifera officinalis], por ejemplo, y plantas destinadas a la alimentación humana. La instauración de ese sistema puede variar en el espacio y en el tiempo, dentro de las exigencias de cada planta. Por ejemplo, la palmera de asaí [Euterpe oleracea], en el momento en que está naciendo, en su fase de plántula, necesita contar con sombra, pero después necesita sol. Ése constituye uno de los grandes problemas de la tala en la Amazonia. Si el suelo queda descubierto, se elimina la capa de material que lo protege.

¿Cuál es el rol de las comunidades de la Amazonia en la preservación de ese suelo?
Se trata de la cultura tradicional que mantiene los mismos principios de sus ancestros. Para que haya permanencia humana en un sitio se necesita producir alimentos y contar con un área de caza y de pesca para obtener proteínas. La agricultura debe ser permanente, de lo contrario, se necesitaría practicar el nomadismo en busca de alimentos. Existen comunidades, familias que habitan en el mismo lugar desde hace más de 30 años. El sistema de producción debe ser sostenible y todos los ingredientes ambientales necesarios para eso deben reciclarse. En el cultivo de especies de ciclo anual, eso es posible disponiendo simultáneamente una pequeña área de producción y áreas de descanso, sin cultivo, donde se recomponen los espacios cultivados.

¿Esas áreas son nuestra capoeira, el bosque de segunda generación que va creciendo luego de la roza de la vegetación natural?
Así es. Cuando el agricultor deja de producir en el área de descanso, el suelo recupera todas las funciones de una selva. Esto sucede porque existe un reservorio de semillas que van del bosque hasta esa área que estaba produciendo y recupera la vegetación. Esa práctica permite el uso periódico del suelo para la producción agrícola. A menudo se escucha decir que los agricultores destruyen la selva. No es eso lo que sucede. En nuestros estudios, observamos que el área de trabajo de una familia es de una hectárea, porque no puede cultivar más que eso. La fuerza laboral es el único insumo del que el agricultor local puede valerse para producir. Si hay un área donde una familia se centra en la agricultura tradicional y al lado otra de explotación maderera, esa situación hace inviable ese tipo de agricultura. No es el pequeño agricultor el que desmonta. Los que lo hacen son otros. Eso es lo que aprendimos a través de nuestras experiencias junto a los agricultores familiares. La conservación del agua y de la biodiversidad también es importante para ellos, para poder mantener, mediante esa agricultura, una seguridad alimentaria permanente.

Invernaderos en el Inpa, en Manaos, donde se desarrolló la variedad Yoshimatsu de tomate bajo la coordinación de Hiroshi Noda. La variedad se encuentra adaptada a la región amazónica

HIROSHI NODA / INPAInvernaderos en el Inpa, en Manaos, donde se desarrolló la variedad Yoshimatsu de tomate bajo la coordinación de Hiroshi Noda. La variedad se encuentra adaptada a la región amazónicaHIROSHI NODA / INPA

¿Qué es la agrobiodiversidad?
Se trata de todos esos organismos vivos que se encuentran en el espacio utilizado por la agricultura: plantas, microorganismos, polinizadores. También pueden ser plagas. Un insecto que se alimenta de una planta no representa una plaga, el problema es la alta densidad de población provocada por la capacidad reproductiva de los parásitos en las áreas extensas de monocultivo. Cuando el bosque es heterogéneo, los insectos u otros microorganismos no causan daños. Todos son importantes para la agricultura. Nada existe en forma aislada. Hace mucho tiempo, vi un trabajo elaborado por un grupo de docentes de la Facultad de Medicina de la USP de Ribeirão Preto, al respecto de los polinizadores en el cultivo de soja. Arribaron a la conclusión de que las abejas son muy importantes para la producción de soja. Pero la soja no necesita de las abejas para su polinización, sino que se autofecunda. De cualquier modo, la presencia de las abejas incrementó la producción. Ésa es la lección aprendida.

Usted nació en Pompeia, en el interior de São Paulo, se graduó como agrónomo y luego estudió filosofía. ¿Cómo fue esa trayectoria?
Yo me recibí en 1968, en una época en que había escasos empleos disponibles como ingeniero agrónomo, pero el Banco del Estado de São Paulo [Banespa], una empresa estatal, creó una red de asistencia técnica, y fui a trabajar con los agricultores que obtenían financiación en el departamento de crédito del Banespa. Me quedé unos nueve meses en Presidente Epitácio, en el oeste de São Paulo. El trabajo me agradaba, pero al final de aquel año, en 1969, me había inscrito para un trabajo en Petroquisa, una subsidiaria de Petrobras que ya no existe, que elaboraba fertilizantes en Cubatão, en la zona de Baixada Santista. Me fui a vivir a Santos y trabajaba en Cubatão, en el área de asistencia técnica.

¿Asistencia técnica a los agricultores?
Estaba dirigida a las cooperativas, porque Petroquisa tenía una red de comercialización de nitrocalcio ‒nitrato de amonio mezclado con caliza‒ que era muy requerido. Y los puntos de venta de Petroquisa eran las cooperativas. Nosotros atendíamos al agricultor y allí me quedé durante seis años. Como por la noche no hacía nada, fui a estudiar filosofía en la Universidad Católica de Santos.

¿Cuánto tiempo permaneció en la empresa?
Me quedé seis años. Cuando me gradué, quería trabajar en el área de extensión de la Revolución Verde, que consiste en todo ese aparato asistencial, no sólo técnico, sino también social. Era un modelo estadounidense que se estaba implementando en Brasil. Era algo que de lo que quería hacer, aunque también me gustaba el área de mejoramiento y el de genética. En aquella época, leí una entrevista en la revista Veja, en 1975, del profesor Warwick Kerr [ex profesor de la USP y de otras universidades, y primer director científico de la FAPESP], quien recientemente había sido designado como director del Inpa. Estaba montando un equipo y le envié una carta diciéndole que me gustaría trabajar en el instituto. Una semana después recibí la respuesta preguntándome si deseaba formar parte de un equipo de mejoradores de semillas para la Amazonia. Añadía que, si decidiera ir para allá, podría completar mi capacitación, realizando maestría y doctorado. Lo conversé con mi novia, porque faltaban 15 días para nuestro casamiento. Sorprendentemente, ella me dijo: “Vamos”.

¿Cómo fue esa mudanza?
Siempre digo que en la genética de las poblaciones existe un principio denominado principio del fundador, que sostiene que el destino de una población depende de los genes de sus fundadores. Y nosotros tuvimos allá a dos excelentes fundadores. Uno fue Warwick Kerr, y el otro, Alejo von der Pahlen, un argentino con ascendencia alemana. Era un investigador experimentado, que había sido director del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria en Argentina, el INTA. Nosotros nos pegamos a ellos. Toda la parte de la fundamentación del programa de investigación, de la biodiversidad, de la agricultura para la Amazonia, y la nueva forma de concepción acerca de cómo cultivar, ellos ya la habían pensado.

La mejora de plantas lo condujo a la producción de un nuevo cultivo para la región. ¿Cómo fue la creación de esa variedad?
El marchitamiento bacteriano provocado por la bacteria de la especie Ralstonia solanacearum afecta a las solanaceas como el tomate, la berenjena y el pimiento a nivel global, en cualquier lugar con las características ambientales de la Amazonia. El agente causante provoca enfermedades en muchas plantas cultivadas, así como en otras familias, incluso en especies no domesticadas.

¿Por qué?
Porque esa bacteria exhibe siempre una gran diversidad. Si se siembra en una zona cálida de São Paulo, ella aparece. No es específica de la Amazonia, se encuentra en todo el mundo. En el sistema de monocultivo, las plantas vecinas son las mismas, y así es más fácil que se produzca una epidemia. Se va diseminando. En tanto, en la selva, por ejemplo, la planta vecina es de otra especie, entonces la bacteria queda acotada.

¿Y en el caso del tomate adaptado a la Amazonia?
Luego de mucho tiempo, obtuve una nueva variedad de tomate. Aún hoy se sigue investigando bastante sobre eso. Cuando se trabaja en la mejora de la resistencia, pueden verificarse dos tipos de reacción. Está el huésped, que es el tomate, y la bacteria. Si introducimos un gen de resistencia en el tomate, lograremos que el mismo sea resistente a un biotipo de esa bacteria. Se trata de una relación o interacción denominada gen a gen. Como la población del patógeno es muy variable, en determinado momento aparece una mutación que podría acabar con la resistencia de la tomatera. El problema del surgimiento de una especie mutante es el siguiente: yo no lograría producir una tomatera que fuera capaz de resolver ese problema de la especificidad de la resistencia para la virulencia del patógeno. Entonces, el abordaje elegido consistió en el injerto en la planta de tomate de lo que se denomina resistencia horizontal o poligénica. Para ello se necesitaba acceder a las colecciones de variedades de tomates cultivadas y silvestres existentes en el mundo. Por ejemplo, en Estados Unidos hay un banco de germoplasma, con una gran colección de semillas de tomates de todo el mundo. Nos contactamos con el responsable de la colección y le preguntamos si existía algún material que pudiera utilizarse en la Amazonia. Tuvimos acceso a materiales existentes en otras instituciones de Brasil y del exterior y las probamos en Manaos. Durante el período comprendido entre 1975 y 1983, realizamos selecciones para determinar el potencial de resistencia contra la bacteria. La tomatera es una especie autógama [se reproduce por autofecundación] y fue necesario aguardar hasta la tercera generación para comprobar si aparecían plantas resistentes a la bacteria en las generaciones escogidas y, simultáneamente, producían frutos aptos para el consumo. Obtuvimos una variedad altamente resistente. Fue una combinación de un material proveniente de la Universidad de Hawái, en Estados Unidos, con otro de la Guayana Francesa. Fue exitoso y así avanzamos en la selección. En la Amazonia, comenzamos a probarlo con los productores, porque allí es donde se instauraría su cultivo comercial. Notamos que el tomate era resistente, pero algunos linajes no producían. Arribamos a la conclusión de que ello se debía al abortamiento de las flores, un fenómeno que ocurre cuando se cultiva el tomate en ambientes con temperaturas elevadas. Tuvimos suerte, porque entre el material seleccionado, algunas progenies [descendientes], también presentaban resistencia al calor. Las utilizamos y tuvimos éxito.

Anteriormente, ¿el tomate que se consumía en la Amazonia era proveniente de otras regiones del país?
No. El marchitamiento bacteriano es un problema generalizado. ¿Qué es lo que hacían? Había una escuela técnica adventista que empleaba una tecnología estadounidense consistente en la colocación de una caja sobre el suelo y esterilizarlo con bromuro de metilo. Eso mataba a todos los microorganismos que se hallaran dentro. Pero el producto es muy peligroso e incluso fue prohibido. Ellos lograron producir de esa manera utilizando dos variedades estadounidenses, pero comenzaron a surgir enfermedades que no pudieron controlar y el sistema fue abandonado. La tomatera es una planta que fue muy manipulada genéticamente y eso la tornó poco resistente al cultivo en ambientes naturales y muy dependiente del control ambiental en el área de cultivo.

El tomate que usted desarrolló lleva el nombre de Yoshimatsu. ¿Qué es lo que significa?
Tuve que bautizarlo porque se necesita identificar lo que hacemos, no para obtener algún rédito, sino porque se necesita una referencia de cómo se lo obtuvo. Decidí denominarlo con el nombre de Yoshimatsu en alusión a mis padres: mi padre, Yoshimasa, y mi madre, Matsu.

Al contrario de la mayoría de otras variedades, las semillas de Yoshimatsu se proveen gratuitamente. ¿Por qué?
En primer lugar, al ser el Inpa una institución pública de investigación científica, considero que el destino de toda su producción de conocimientos científicos, técnicos y productos debe ser, prioritariamente, la sociedad brasileña. Por otro lado, creo que el tomate Yoshimatsu nunca será producido por una empresa, porque la cantidad de semillas necesarias para el abastecimiento de determinadas regiones, como es el caso del estado de Amazonas, es muy pequeña. A veces alcanza con diez kilogramos de semillas.

¿El agricultor produce sus propias semillas?
Parte del área plantada puede destinarse a la producción de semillas para la venta y para plantar teniendo en vista la próxima cosecha. Pero se deben tomar precauciones, porque pueden aparecer cruzamientos entre plantas de diferentes variedades. Tenemos un proyecto piloto para el subsidio de políticas públicas destinado a la producción de semillas volcadas a la agricultura familiar, financiado por el CNPq [el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico]. El objetivo consiste en transferirles la tecnología a los agricultores y acoplar eso dentro de un sistema estadual. Algunos productores podrán producir semillas y venderlas a los organismos públicos de asistencia técnica y extensión rural, quienes, a su vez, las distribuirán gratuitamente entre los agricultores.

¿Cuáles otras contribuciones hizo usted para la agricultura de la Amazonia?
Nosotros trabajamos con hortalizas no convencionales. Existen las tradicionales, tales como el tomate y el pimiento, que son importantes. No son locales, pero son importantes. Varias familias del interior consumen tomates, elaboran salsas, etc. Entonces realizamos un trabajo de adaptación genética al ambiente tropical húmedo. En cuanto a las plantas locales, están la taioba [Xanthosoma sagittifolium], la acedera o vinagrera [Rumex acetosa] y el goiteño o jacatupé [Pachyrhizus tuberosus], que es una planta interesante, porque es capaz de fijar el nitrógeno atmosférico y transformarlo en proteína, entonces no se necesita utilizar abono nitrogenado. Del goiteño se consume la raíz, que es un tubérculo que contiene hasta un 9% de proteína, mientras que la mandioca contiene un 1%, en la materia seca. En cuanto a las frutas, trabajamos en relación con la conservación y mantenimiento de la variabilidad genética y mejoramiento participativo. Ese es el caso del zapote [Quararibea cordata], una especie de la Amazonia occidental, cultivada en el Alto Solimões, aunque poco comercializada. Es una de las frutas para las que puede ampliarse su área de cultivo. Trabajamos realizando mejora participativa y vamos a esas áreas para conversar con los agricultores, a aprender con ellos y recabar conocimientos en relación con los caracteres que deben considerarse en el proceso de mejora. Cómo lograr un fruto más amarillo, más oscuro, dulce o no, y establecer también, en los sitios de trabajo, un sistema de conservación.

¿Qué es un sistema de conservación?
Es un sistema destinado a mantener la variabilidad genética de la especie. Porque una especie no es solamente una planta o una población. Eso no es suficiente, porque si ocurriera algún evento que pusiera en riesgo la supervivencia de la especie, no habría variación suficiente para superar esos problemas. Si se produjera un cambio climático que afectara a la planta y no tuviera variación, no habría cómo adaptarlas a las nuevas condiciones, no se contaría con la variación suficiente y la posibilidad de extinción sería muy alta. En el caso del asaí proveniente de la Amazonia, el mismo se desarrolla bien en tierra firme, pero también se lo halla en los ambientes húmedos, de vegas. En cierta ocasión visité a un agricultor. Él sabía que el asaí es una especie de tierra firme, pero vimos uno en una vega y le preguntamos al agricultor ‒y ahí aparece el tema del etnoconocimiento‒ ¿por qué, si la planta es de tierra firme, en ese caso está creciendo en la vega? Él respondió que la planta resiste. Está adaptada porque atravesó un proceso de selección. En una población de asaí, la dispersión es natural, las semillas viajan en todas las direcciones, y si algunas de ellas caen en un sitio donde no se encuentran adaptadas, entonces, la propia naturaleza las desecha. De haber alguna planta [individuo] adaptada, ésta subsiste y así, la frecuencia de individuos [genes] adaptados va aumentando gradualmente.

¿Cómo percibe la participación de la población local en su trabajo?
Nosotros trabajamos con la reafirmación cultural, porque su cultura les permitió que esas especies, que son miles y fueron domesticadas por sus ancestros, continúen existiendo allí. Esa cultura es responsable de la preservación de la agrobiodiversidad. Si esa cultura se modifica, el tema de la conservación de la biodiversidad ya no tendrá ningún significado.

¿Qué tendría de distinto?
Es distinto a la conservación ex situ, que es la preservación fuera del hábitat de la especie. El Inpa posee una colección de la palmera chontaduro [pupuña, pijuayo] [Bactris gasipaes], que es muy difícil de mantener, porque se trajeron de América Central, de Colombia y de Perú, y se las llevó a una estación experimental. Es difícil porque se necesita mantener a las plantas vivas fuera de su lugar de procedencia.

¿Usted cree que Brasil debe apostar más a su reafirmación cultural?
Para eso hay que reconocer que una de las funciones de la agricultura familiar y de las áreas de protección ambiental radica en la conservación de los recursos que allí se encuentran, no se trata solamente de producir. La nuez de Brasil [Bertholletia excelsa], por ejemplo, proviene principalmente de la extracción, aunque la función de esas reservas de castaña no sólo sea la producción, sino también, el mantenimiento de ese recurso. Ésa ha sido la política del Ministerio de Medio Ambiente. Están la asignación familiar o beca familia, el incentivo rural para la Amazonia o beca selva, que ayudan a realizar ese trabajo de conservación.

¿También habría que aprovechar la mejora genética participativa?
La interacción con los agricultores es sumamente importante porque son portadores del conocimiento local. Si esos elementos de la naturaleza se encuentran allí y se están conservando, es porque alguien, porque la cultura humana lo permitió. Es importante saber cómo lo hacen. La mejora es un proceso evolutivo; el hombre oficia de guía para esa selección: queremos esto o queremos aquello. La conducción la realiza el hombre y la identificación, también. La participación del conocimiento tradicional es importante y, como ese material se encuentra en las áreas comunitarias y públicas, la decisión al respecto de cómo mejorarlo y preservarlo debe partir de los propios agricultores. Nosotros interactuamos y les decimos que si ellos desean mejorar una especie y pretenden comercializarla estamos con ellos. Nosotros estamos allí como consultores. Trabajamos para respetar y decodificar ese conocimiento tradicional, promoviendo su inserción dentro del conocimiento científico y, al mismo tiempo, colaborar para la reafirmación cultural de los pueblos de la Amazonia.

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