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COVID-19

Incertidumbre de ómicron

La nueva variante del Sars-CoV-2 es altamente transmisible, pero hasta ahora no hay indicios de que cause más casos graves o más muertes

Un afiche informativo en una calle de Mumbai, en la India, a finales de noviembre, advierte sobre la propagación de la nueva variante del Sars-CoV-2

Ashish Vaishnav / Sopa Images / Lightrocket vía Getty Images

El 25 de noviembre, el equipo del bioinformático brasileño Tulio de Oliveira, director del KwaZulu-Natal Research and Innovation Sequencing Platform (Krisp), en Durban, Sudáfrica, anunció el descubrimiento de un nuevo linaje del virus Sars-CoV-2: una variante con más de 50 mutaciones, altamente transmisible y responsable de una nueva ola de casos de covid-19 en ese país africano, la mayoría de carácter leve, sobre todo en niños menores de 5 años, una franja etaria aún no vacunada. Los investigadores sospecharon que estaban ante una nueva variante del virus en circulación cuando notaron, a principios de ese mes, un aumento en los registros de casos de covid-19 en la provincia de Gauteng, cuya capital es Johannesburgo, la mayor ciudad sudafricana. La nueva variante, inicialmente denominada B.1.1.529, fue rebautizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) con el nombre de ómicron, la 15ª letra del alfabeto griego, en concordancia con el modelo establecido en mayo de 2021.

No se sabe si ómicron surgió efectivamente en Sudáfrica o si solo fue el primer lugar en donde se la identificó. Ese mismo mes, investigadores de Botsuana, nación vecina de Sudáfrica, y de Hong Kong, en la distante Asia, divulgaron el hallazgo de muestras del material genético de esta variante. Antes de que acabara el mes también se reportaron los primeros casos de covid-19 causados por el linaje ómicron en otros lugares del mundo, tales como Bélgica e Israel. En diciembre, los informes de casos atribuidos a la variante en otros países pasaron a ser habituales.

CERI – Centre for Epidemic Response & Innovation El equipo del brasileño Tulio de Oliveira identificó la variante ómicron en SudáfricaCERI – Centre for Epidemic Response & Innovation

Incluso con el 70 % de su población totalmente vacunada con dos dosis y más de un tercio de sus ciudadanos que ya recibieron también la tercera inyección de refuerzo, el Reino Unido ha experimentado una ola de nuevos casos sin precedentes, probablemente a causa de la irrupción de la variante ómicron. El 15 de diciembre se registraron 78.610 contagios, un récord desde el inicio de la pandemia, un llamado de atención para la política británica (y de otros países) ante la relajación del distanciamiento social y del uso de mascarillas. Hasta el 22 de diciembre hubo 14 muertes atribuidas a ómicron en ese país, y la OMS había contabilizado la presencia de la variante en 106 países. En Brasil, al momento del cierre de este reportaje se habían confirmado 27 casos causados por ómicron. A mediados de diciembre, el grupo del virólogo Edison Durigon, del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de São Paulo (ICB-USP), aisló por primera vez la variante en el país.

El anuncio de la aparición de un nuevo linaje del Sars-CoV-2 altamente transmisible llevó a algunos países a restringir el tráfico aéreo proveniente de las naciones del sur de África. Esa reacción irritó a De Oliveira, cuyo equipo también había identificado otra variante del nuevo coronavirus en diciembre de 2020, la beta. En una entrevista concedida a la revista Nature, que acaba de elegirlo como uno de los 10 científicos más destacados de 2021, el brasileño dijo que Sudáfrica fue tratada en esta historia como un chivo expiatorio y virtualmente se generó “una cortina de humo para la acumulación de vacunas” en los países ricos, que “han perdido el control de la pandemia”. Hasta ahora, alrededor del 6 % de la población de África –donde viven 1.300 millones de personas, el 17 % de los habitantes del planeta– ha recibido dos dosis de alguna vacuna contra el covid-19 (véase la infografía de la página 21). En Sudáfrica, el país con mayor desarrollo de la región, ese índice ronda el 25 %.

Tiago Cardoso

Pese a los bajos índices de inmunización, el continente sumaba oficialmente hasta mediados de diciembre solamente 6,5 millones de casos y 160.000 fallecimientos. “En África hay una gran subnotificación de casos y muertes y esto explica en parte el aparente menor impacto de la pandemia allí”, dice la médica Ester Sabino, de la Facultad de Medicina de la USP. “La edad promedio de la población africana es la menor de todos los continentes. Como el riesgo de desarrollar covid-19 aumenta exponencialmente para los mayores de 50 años, la estructura etaria en África podría ser un factor atenuante del impacto del covid-19”.

Desde la identificación del linaje original del Sars-CoV-2 en la ciudad de Wuhan, hace dos años, ómicron es la quinta variante del virus que la OMS considera “de preocupación”, luego de alfa, beta, gamma y delta. Una variante recibe este estatus cuando existen datos que demuestran su vínculo con un cambio significativo en al menos un factor de riesgo relacionado con el covid-19. Ellos son: un aumento en su tasa de transmisión, el agravamiento del cuadro epidemiológico, el incremento de la virulencia del patógeno o una alteración del perfil clínico de la enfermedad. O también, la disminución de la efectividad de las medidas de salud pública contra la pandemia, de los métodos de diagnóstico, de los tratamientos o de las vacunas disponibles.

La alta transmisibilidad de la variante ómicron ha llevado a las autoridades sanitarias a augurar que esta pronto se convertirá en el linaje circulante dominante en todo el mundo. Su aparición y la incertidumbre sobre su impacto deberían servir como advertencia ante el abandono de las restricciones sociales y las medidas farmacéuticas destinadas a controlar la pandemia. “Lo diré claramente: las vacunas, por sí solas, no salvarán a ningún país de esta crisis”, dijo en un comunicado a la prensa, a mediados de diciembre, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus. “No es cuestión de utilizar las vacunas en lugar de las mascarillas, del distanciamiento social, de la ventilación de los espacios y de la higienización de las manos. Hay que hacer todo esto. Y hacerlo bien”.

Por el momento, la única certeza es que ómicron se propaga con mayor rapidez que delta, la variante descubierta en octubre de 2020. Actualmente, esta última representa el 99 % de las muestras globales del Sars-CoV-2, cuyo genoma se ha secuenciado en los últimos dos meses. “No hay que olvidarse de que delta ya era más transmisible que las variantes anteriores”, reflexiona el virólogo Fernando Spilki, de la Universidad Feevale, en el estado brasileño de Rio Grande do Sul, y coordinador de la Red Nacional de Ómicas del covid-19. “Pero necesitamos más tiempo para entender qué representa el surgimiento de la ómicron. Los primeros estudios son, en gran medida, preliminares y de observación”.

Emmanuel Croset / AFP vía Getty Images Los habitantes de Johannesburgo aguardan su turno para aplicarse la vacuna contra el covid-19 en diciembreEmmanuel Croset / AFP vía Getty Images

Existen indicios de que ómicron posee cierta capacidad para eludir la protección inmunitaria proporcionada por dos dosis de la vacuna o por infecciones previas. Esta característica tal vez se deba al alto número de mutaciones que presenta –más de 30– en la proteína Spike, clave para que el virus pueda ingresar y replicarse en las células humanas. Los anticuerpos más importantes inducidos por las vacunas están hechos en función de esta proteína. La reconocen e impiden el ingreso del virus a las células humanas, inhibiendo su replicación. “Además, las vacunas también activan los linfocitos T contra el covid-19 [un tipo de respuesta inmunitaria destinada a combatir al virus que es tan importante como los anticuerpos]”, pondera el infectólogo Julio Croda, de la Universidad Federal de Mato Grosso do Sul (UFMS) y de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz). “Esta respuesta celular atenúa el riesgo de aparición de los casos más graves”.

Un estudio preliminar, aún no publicado, elaborado por médicos de la Universidad de Hong Kong, indica que la variante ómicron infecta y se multiplica 70 veces más rápido en los bronquios que la delta y que la versión original del Sars-CoV-2. Estas estructuras tubulares flexibles conectan la tráquea con los pulmones, a los cuales les llevan el aire. Sin embargo, la infección causada por la nueva variante es mucho más leve que la del virus original. La velocidad de reproducción de ómicron en los pulmones fue 10 veces más lenta. Esta aparente menor agresividad podría explicar el predominio de los casos leves de covid-19 hasta ahora atribuidos a ella.

Otro estudio, realizado en la misma universidad asiática, aporta datos preliminares más preocupantes. Según esta investigación, aceptada para su publicación en la revista Clinical Infectious Diseases, dos dosis de la vacuna de la empresa farmacéutica china Sinovac, colaboradora del Instituto Butantan en la producción del inmunizante CoronaVac, no evitan la infección de las células humanas con la variante ómicron. Los investigadores constataron que en la totalidad de las 25 muestras de sangre obtenidas de personas inoculadas con esta vacuna no se produjeron suficientes anticuerpos contra ómicron. En el caso de la sangre de 25 pacientes que habían recibido la vacuna de Pfizer/BioNTech, el desempeño solo ha sido ligeramente mejor: alrededor de la cuarta parte de las muestras registró una producción de anticuerpos satisfactoria. Trabajos realizados por otros grupos también sugieren una menor protección de las vacunas de AstraZeneca y Moderna contra la nueva variante. Por esta razón, los investigadores de Hong Kong aconsejan la inoculación de una tercera dosis de refuerzo a la población, con alguna de las vacunas disponibles contra el covid-19.

El origen de la variante ómicron aún es incierto. Los análisis genéticos apuntan que no sería derivada de ninguno de los linajes conocidos del Sars-CoV-2. Se han planteado dos hipótesis para tratar de explicar su surgimiento. La más factible es que sea el resultado de la replicación del virus en el marco de una infección duradera, probablemente en pacientes inmunodeprimidos. En estos individuos, la batalla entre el sistema inmunitario del organismo y el Sars-CoV-2 se prolonga y el patógeno, al reproducirse numerosas veces en el hospedador, adquiere mutaciones que le brindan alguna ventaja adaptativa.

“Pero algunos virólogos sostienen que el mero hecho de una infección de larga data en un hospedador humano no habría sido capaz de generar tantas mutaciones en el Sars-CoV-2”, comenta Spilki. “Por eso, ellos especulan que la variante pudo haberse originado a través de un proceso llamado spillback”. Según esta hipótesis, en el curso de la pandemia, el hombre podría haber transmitido el Sars-CoV-2 a un animal, como ya ha ocurrido con las martas y el venado de cola blanca. En ese hospedador, se habrían producido alteraciones genéticas que dieron lugar al surgimiento de una nueva variante que posteriormente se transmitió nuevamente a los seres humanos. Como casi todo lo que se refiere a la variante ómicron, deberán realizarse más estudios para poder arribar a alguna conclusión sobre su génesis.

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