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Trayectorias

La recuperación del espacio de la mujer en la computación

Iniciativas que estimulan a las chicas a explorar las áreas de tecnología, programación y emprendimientos en Brasil

Ana Matsusaki

El pasado día 10 de abril el mundo se asomó a la primera imagen de las inmediaciones de un agujero negro, en el corazón de la galaxia Messier 87, ubicada a 55 millones de años luz del Sistema Solar. Este hito es el resultado del esfuerzo de más de 200 científicos del consorcio internacional Telescopio Horizonte de Eventos (EHT). Entre ellos, sobresale el nombre de la científica de la computación estadounidense Katie Bouman. A los 29 años, ella fue la responsable del desarrollo del algoritmo a partir del cual el equipo científico elaboró la imagen. Esa labor la llevó a cabo hace tres años, durante su doctorado en ciencias de la computación e inteligencia artificial en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos.

Una foto de Bouman publicada en las redes sociales el día del anuncio recorrió el mundo. En ella, la investigadora posa delante de la computadora festejando con la imagen del anillo amarillo naranja. Esa imagen transformó a Bouman en una de las principales figuras del trabajo llevado a cabo por el consorcio EHT, y también la convirtió en un símbolo para todas aquellas mujeres que luchan para recuperar su espacio en la ciencia de la computación.

Las mujeres tenían una presencia significativa en las carreras de ciencias de la computación en Estados Unidos y en Brasil hasta mediados de la década de 1980, cuando esa tendencia se invirtió y el área pasó a estar ocupada predominantemente por varones. Esa situación poco a poco comenzó a llamarle la atención a algunas instituciones de educación superior, tales como la Universidad Carnegie Mellon, en Pensilvania, Estados Unidos. Esa fue una de las primeras que intentó entender y revertir ese desequilibrio en sus carreras de ciencias de la computación. Con el tiempo, ese movimiento se difundió por otras instituciones, en Brasil inclusive. Pero recientemente surgieron otras iniciativas, todas con el propósito de contribuir para que las niñas y las mujeres se sientan motivadas a incursionar en las áreas de tecnología, programación y emprendimientos.

Eduardo Kenji Misawa Iana Chan hizo del PrograMaria un proyecto capaz de despertar el interés femenino por la tecnología y los emprendimientosEduardo Kenji Misawa

En Brasil, una de esas iniciativas es PrograMaria, lanzado en 2015 por la periodista y emprendedora paulista Iana Chan. El proyecto nació como un club de programación para mujeres. “Junto con algunas amigas, decidimos reunirnos para aprender más sobre tecnología y programación y debatir al respecto de la presencia de las mujeres en esas áreas”, dice. El grupo identificó varios obstáculos que contribuyen para apartar a las niñas y a las mujeres de ese universo, tales como la falta de ejemplos que las inspiren a ingresar en carreras en ese campo y prejuicios que refuerzan la idea de que la tecnología es algo masculino.

Ante esta situación, Chan se propuso transformar al PrograMaria en un proyecto mayor, capaz de despertar el interés femenino por la tecnología, por medio de conferencias, debates y talleres de programación en colaboración con otras empresas preocupadas por elevar la presencia femenina en esas áreas. El programa también ofrece cursos en los cuales enseña conceptos básicos de programación a las mujeres, para que ellas logren desarrollar sus propios sitios web.

En tres años, el PrograMaria capacitó a 115 mujeres y muchas de ellas lograron insertarse en el mercado laboral. Ese es el caso de Tuanny Ruiz, de 25 años. Ella relata que siempre le interesó la matemática y la programación, pero que debido a la presión de sus padres decidió estudiar ingeniería civil. “Con el tiempo empecé a despreocuparme por la carrera”. Sin abandonar la facultad, decidí estudiar programación por mi cuenta. En octubre de 2016 participó en los talleres y realizó el curso del PrograMaria. Inmediatamente después de graduarse se abocó completamente a esa área. Trabajó en empresas de São Paulo hasta que la convocaron para desempeñarse como programadora en una compañía minorista estadounidense en Canadá, y en abril se mudó para allá.

Wikimedia Commons Bouman con los archivos de datos utilizados para elaborar la imagen de las inmediaciones del agujero negroWikimedia Commons

Déficit profesional
La necesidad de contar con más mujeres en ciencias de la computación no solo es una cuestión de equidad de género, sino también un tema económico. En Brasil, la oferta de carreras de computación se incrementó un 586% en los últimos 24 años. En tanto, el porcentaje de mujeres inscritas en esas carreras pasó de un 34,8% a un 15,5%, según datos informados por el Instituto Nacional de Estudios e Investigaciones Educativas (Inep), del Ministerio de Educación (MEC). Ese escenario también es preocupante en Estados Unidos. En 2020, el país sumará aproximadamente 1,4 millones de vacantes en el área de tecnología de la información y tendrá un déficit de mano de obra en el orden de 1 millón de profesionales, según datos suministrados por la organización Code.org. “Solo podremos cubrir esa demanda si insertamos a las mujeres en el área”, dice Chan.

Una de las actividades en ese sentido es la Technovation Summer School for Girls, lanzada este año por el Instituto de Ciencias Matemáticas y de la Computación de la Universidad de São Paulo (ICMC-USP), en São Carlos. “El proyecto se propone enseñarles a las chicas de 10 a 18 años a desarrollar aplicaciones que contribuyan para la solución de problemas sociales, aparte de ofrecerles posibilidades de carrera en las áreas de tecnología y emprendimientos”, explica la informática teórica Kalinka Castelo Branco, investigadora del ICMC y coordinadora del Grupo de Alumnas en Ciencias Exactas (Grace), responsable del proyecto.

Ese curso está principalmente enfocado en las alumnas de la red de educación pública del estado de São Paulo y en su primera edición contó con la participación de 74 niñas y adolescentes de entre 10 y 18 años de edad. Ellas aprendieron a desarrollar una aplicación y a presentarla en público. “Las mayores de 15 años también recibieron instrucción para elaborar un plan de negocio para viabilizar sus ideas”, resalta Castelo Branco. Este año, la presencia femenina en el evento se duplicó largamente: participaron de las actividades 162 estudiantes, para las cuales no se exige conocimientos previos de informática.

 

Esta iniciativa forma parte de otro proyecto en desarrollo del ICMC en las escuelas públicas de São Carlos. “Nuestra propuesta fue uno de los proyectos contemplados en una convocatoria del CNPq [el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico], que se emitió al final del año pasado para promover la participación y capacitación de niñas y mujeres en ciencias exactas, ingenierías y computación [Stem, en inglés]”, relata la investigadora. “Dispondremos de un presupuesto de 95 mil reales a lo largo de un año”.

Ella explica que ese monto será utilizado para solventar las becas de preiniciación a la investigación científica para niñas de la enseñanza media de cinco escuelas públicas de la región. El proyecto también contempla una beca de ayuda de 400 reales para una docente de cada escuela. La idea es llevarlas a la universidad para que participen en charlas y talleres sobre temas ligados a las áreas Stem. Parte de esos recursos también se convertirán en becas de iniciación científica para que alumnos de grado del ICMC impartan clases de apoyo en esas escuelas.

Otros ejemplos del esfuerzo para la disminución de lass desigualdades de género en el campo de las ciencias de la computación se traducen en iniciativas tales como Meninas na Computação [Chicas en Computación], del Departamento de Computación de la Universidad Federal de Sergipe (UFS), en São Cristovão, que se propone brindar incentivo a las jóvenes sergipanas para ingresar al área, Cunhatã Digital [cunhatã es un regionalismo amazónico que significa muchacha], que busca atraer a adolescentes y mujeres de la región amazónica, y Meninas Digitales [Muchachas Digitales], de la Sociedad Brasileña de Computación (SBC), para alumnas de la enseñanza media y de los últimos años de la educación fundamental de todo el país.

Desde hace algún tiempo también la Universidad Federal de Paraíba (UFPB), en João Pessoa, desarrolla su proyecto, denominado Meninas na Computação. “A partir de 2014, ofrecemos talleres de programación y robótica, desarrollo de aplicaciones, visitas a los laboratorios de la universidad, debates y charlas sobre equidad de género en las áreas Stem en escuelas públicas de la región”, comenta la científica de la computación Josilene Aires Moreira, del Centro de Informática de la UFPB y coordinadora del proyecto. Ella destaca que el 65% de los 1.866 asistentes a los cursos Stem que se brindan en la institución son varones. “En 2018, en la carrera de licenciatura en ciencias de la computación de la UFPB, tan solo el 10% de los alumnos era mujeres. En ingeniería de la computación, eran un 17%”.

Divulgación PyLadies São Paulo Alumnas durante el curso de programación que se impartió en el IME-USP por el programa Meninas Digitais y el grupo PyLadiesDivulgación PyLadies São Paulo

Inversión de roles
Ya hubo momentos en que las mujeres fueron mayoría en las carreras de ciencias de la computación en algunas de las principales universidades de Brasil. En 1974, 14 de los 20 alumnos que se graduaron en la primera promoción de la licenciatura en ciencias de la computación del Instituto de Matemática y Estadística (IME) de la USP eran mujeres. Sin embargo, en 2016, tan solo seis de los 41 alumnos que se recibieron en esa carrera eran mujeres. Según la científica de la computación Claudia Bauzer Medeiros, del Instituto de Computación de la Universidad de Campinas (IC-Unicamp), el caso de las mujeres en ese campo discrepa del resto de las áreas Stem, porque ellas ya han sido mayoría en la carrera.

Este fenómeno parece seguir la misma trayectoria que se verifica en Estados Unidos. Según datos del Centro Nacional de Estadísticas de la Educación de aquel país, las mujeres representaban casi el 37% de todos los estudiantes de la carrera de grado en ciencias de la computación entre 1984 y 1985. Simultáneamente, datos registrados por la American Bar Association, American Association of Medical Colleges y la National Science Foundation indican una participación creciente de mujeres en las carreras superiores de áreas tales como derecho, ciencias físicas, medicina y ciencias de la computación entre las décadas de 1960 y 1980.

No obstante, a partir de 1985, mientras la proporción de mujeres en el resto de las carreras siguió aumentando, superando el 40% en 2015, en el área de ciencias de la computación, esa tendencia se revirtió, cayendo de alrededor de un 35% a menos de un 20% en 2015. Para Bauzer Medeiros, la explicación principal para ese fenómeno, tanto en Brasil como en Estados Unidos, estaría en sucesos de los años 1980, con la popularización de lass computadoras personales.

Cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), las computadoras, que por aquel entonces eran enormes máquinas de calcular, se utilizaban fundamentalmente para actividades asociadas a las funciones de secretariado, tales como el procesamiento de datos y tabulación electrónica. El predominio de las mujeres era evidente. Para el cálculo de la nómina salarial de empresas, por ejemplo, ellas solían escribir los códigos que luego se transformarían en tarjetas perforadas que serían leídas por las máquinas.

A mediados de la década de 1980, con la llegada de las primeras computadoras personales, ese escenario se modificó. Un informe de 1985 elaborado por el Centro Nacional de Estadísticas de la Educación verificó que los adolescentes estadounidenses eran mucho más proclives a utilizar esas máquinas en el hogar que ellas, posiblemente porque el marketing de los fabricantes estaba dirigido principalmente a ellos. “Es posible que eso haya contribuido para que los muchachos empezaran a aprender y a interesarse más por la programación”, sugiere Bauzer Medeiros.

Con el tiempo, la noción de que la actividad de programación era masculina se convirtió en el discurso estándar, contribuyendo para que se olvidaran los nombres de personalidades femeninas que hicieron aportes importantes al área. En el marco de un emprendimiento similar al que desarrolló la física británica Jessica Wade, el PrograMaria convocó recientemente a 40 jóvenes programadoras para un maratón cuyo objetivo fue generar, traducir o perfeccionar el perfil en Wikipedia de 45 mujeres que actúan o actuaron en las áreas Stem, tanto en Brasil como en el exterior.

El aporte femenino
Algunos de los hitos de las mujeres en ciencias de la computación y tecnología informática

Hubo varias mujeres que contribuyeron al perfeccionamiento de la ciencia de la computación y de la tecnología informática (TI) a lo largo de décadas, creando componentes, cálculos y software que aún hoy se consideran esenciales para el desarrollo de esas y otras áreas del conocimiento. Durante mucho tiempo, sus nombres y trabajos quedaron al margen de la historia, ensombrecidos por la retórica que se divulgó a partir de 1980 al respecto de que la programación, tecnología y emprendimiento serían áreas masculinas. No obstante, poco a poco los historiadores de la ciencia, estudiosos y colectivos de mujeres programadoras se empeñan en rescatar sus trayectorias y sacar a la luz sus obras.

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