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PARASITOLOGÍA

La salud en tiempos del emperador

Análisis de restos óseos revelan el perfil de las enfermedades que afectaron a diversas comunidades de Río de Janeiro entre los siglos XVII y XIX

Huesos en el Cementerio de Pretos Novos: parte de los esclavos ya arribaba a Brasil portando la bacteria de la tuberculosis

Léo Ramos Huesos en el Cementerio de Pretos Novos: parte de los esclavos ya arribaba a Brasil portando la bacteria de la tuberculosisLéo Ramos

Un equipo de investigadores de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) está descifrando las condiciones de salud de la población de Río de Janeiro durante los períodos colonial e imperial. Y hay dos resultados obtenidos recientemente que llaman la atención. El primero señala que las enfermedades causadas por helmintos estaban bastante difundidas: afectaban a los pobres, quienes, como se sabe, vivían en ambientes insalubres, y también a los ricos, que en principio se hallarían mejor protegidos pues disponían de mejores condiciones sanitarias. En tanto, el segundo resultado sugiere un nuevo origen para la tuberculosis que padecían los esclavos africanos. Esta hipótesis fue dada a conocer en mayo de este año en la revista Emerging Infectious Diseases, e indica que al menos una parte de los negros habría arribado a Brasil portando la infección, es decir, no se contagiaron luego de desembarcar en Río de Janeiro, por ese entonces, la capital del país.

El grupo coordinado por la bióloga Alena Mayo en la Fiocruz arribó a esas conclusiones luego de realizar análisis genéticos y parasitológicos en esqueletos humanos hallados en los últimos años en tres sitios arqueológicos de Río de Janeiro: el cementerio de Pretos Novos, el de Praça XV y el de la iglesia Nossa Senhora do Carmo. Actualmente confinados en un área relativamente pequeña en el centro de la capital fluminense ‒el de Praça XV y el de la iglesia Nossa Senhora do Carmo quedan a pocas cuadras de distancia uno del otro, en el sector central de la ciudad, mientras que el de Pretos Novos está ubicado a unos 2 kilómetros al noroeste de allí, en la zona portuaria‒, esos antiguos cementerios cobijaron en el pasado los restos mortales de gente con orígenes sociales muy dispares. Por esa razón, la información que se extrajo de esas osamentas permite ahora comprender mejor cómo vivían y morían los habitantes de lo que fue el mayor y más importante centro comercial del país durante los períodos colonial e imperial.

Entre los siglos XVIII y XIX, el cementerio de Praça XV de Novembro recibió cuerpos de difuntos de todas las clases sociales, sobre todo, de los que fallecían durante las epidemias, motivo por el cual nos brinda una idea general del estado de salud de la población carioca en esa época. “En esos esqueletos identificamos marcadores genéticos de amerindios, europeos y africanos”, relata Mayo, investigadora del Laboratorio de Biología de Tripanosomátidos del Instituto Oswaldo Cruz, de la Fiocruz, y coordinadora de los estudios.

El cementerio de los ricos: el sitio arqueológico de la iglesia de Nossa Senhora do Carmo (abajo), donde se enterraba a los adinerados

Léo RamosEl cementerio de los ricos: el sitio arqueológico de la iglesia de Nossa Senhora do Carmo (abajo), donde se enterraba a los adineradosLéo Ramos

El análisis del material extraído en 10 individuos reveló que el 80% de ellos presentaba infección por parásitos intestinales, en particular, helmintos y protozoarios. Los parásitos más comunes eran los gusanos del género Trichuris. Con cuerpo alargado y hasta 4 centímetros de longitud, esos vermes habitan en los intestinos y, en gran cantidad, pueden provocar sangrados y anemia. Además más allá de Trichuris, también se encontraron huevos de tenia y de lombrices. El grupo de Mayo halló huevos de Trichuris en el 70% de las muestras estudiadas. Según opinan los investigadores, esta tasa de infección incluso es conservadora, puesto que el material se había lavado antes de ser analizado. En el caso de los cementerios Praça XV y Pretos Novos, el grupo de la Fiocruz debió trabajar con material extraído en el marco de operativos de rescate arqueológico, en parte encontrado durante las obras de remodelado de la zona portuaria de la ciudad, mientras que en la iglesia Nossa Senhora do Carmo, la antigua Catedral de Río de Janeiro, las muestras se analizaron en el mismo sitio donde se las encontró durante la restauración del edificio, llevada a cabo en 2007. “Extrajimos muestras enfocándonos en la investigación genética”, comenta Mayo. Una vez estudiados, los huesos fueron nuevamente enterrados.

En la iglesia Nossa Senhora do Carmo, donde entre los siglos XVII y XIX se sepultaba a los difuntos de las familias adineradas, en general, de origen europeo, la tasa de infección fue solamente del 12%. Pese a ser menor, este porcentaje asombró a los investigadores. “La variedad de parásitos hallados allí es igual a la observada en Praça XV”, dice Mayo. “Esto muestra que todos, tanto ricos como pobres, estaban expuestos al mismo ambiente y a los mismos riesgos”.

La iglesia de Nossa Senhora do Carmo

Léo RamosLa iglesia de Nossa Senhora do CarmoLéo Ramos

Un mal europeo
En el caso de la tuberculosis, sin embargo, los investigadores se toparon con un patrón opuesto al de las helmintiasis. La enfermedad pulmonar causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis era bastante más frecuente entre la gente rica que en los pobres. La farmacéutica Lauren Jaeger, alumna de doctorado de la bióloga Mayo, y el resto del equipo, identificaron material genético de la bacteria de la tuberculosis en los restos humanos de 17 de los 32 individuos (casi todos descendientes de europeos) hallados en la iglesia Nossa Senhora do Carmo e identificados por el equipo del arqueólogo Ondemar Dias, del Instituto de Arqueología Brasileña. En tanto, entre los negros enterrados en el Cementerio de Pretos Novos la tasa de infección por tuberculosis fue de un 25%, según el estudio realizado con la colaboración de la paleontóloga Sheila de Souza, de la Escuela Nacional de Salud Pública Sergio Arouca, de la Fiocruz.

Los investigadores opinan que esa mayor incidencia de tuberculosis entre los descendientes de europeos coincide con la coyuntura histórica, puesto que en aquel período la prevalencia de la enfermedad era alta en Europa. “Los europeos cumplieron un rol importante en la difusión de esa enfermedad en el Nuevo Mundo”, comenta Mayo.

Aunque no se puede negar la influencia europea en la proliferación de la tuberculosis, el análisis de los restos mortales de los esclavos sepultados en el Cementerio de Pretos Novos está alentando a los investigadores a repensar una antigua creencia: la que sostenía que África era un continente libre de la enfermedad y que los esclavos traídos a Brasil sólo se infectaron al llegar aquí.

Muerte al llegar
El Cementerio de Pretos Novos, redescubierto en 1996 cuando se refaccionaba una casa del barrio de Gamboa, por operarios que cavaban para construir los cimientos y se toparon con miles de dientes y fragmentos de huesos humanos, recibió entre 1769 y 1830 los cuerpos de los negros que sucumbían durante la extensa travesía del Atlántico o ni bien desembarcaban en el país. En ese cementerio, se los arrojaba en fosas comunes, poco profundas. Frecuentemente se los aplastaba con troncos, lo cual torna difícil la identificación de los esqueletos, aunque un análisis de los restos realizado por el equipo del bioantropólogo Ricardo Ventura Santos sugiere que la mayoría de los huesos ubicados allí pertenecían a hombres que fallecían cuando contaban con entre 18 y 25 años de edad (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 190).

“Como esos esclavos ni siquiera salían del puerto, sólo podrían haber llegado infectados”, dice Souza, coautora del estudio que se publicó en la revista Emerging Infectious Diseases. “Tal condición de portadores de la bacteria, aumentaba de hecho el riesgo de que esos individuos se enfermaran más tarde, bajo las duras condiciones de vida que padecían en el régimen de esclavitud”. Con todo, por ahora no puede saberse si el contagio ocurrió mediante el contacto con los europeos en África o incluso antes, mediante cepas más antiguas de la bacteria que podrían circular por allá.

Mayo y su grupo esperan hallar la respuesta para esta incertidumbre en los próximos años. Para ello, realizarán pruebas moleculares que permitan comparar el ADN de las bacterias encontradas en los restos mortales del Cementerio de Pretos Novos con las de las cepas modernas de la enfermedad. “Estamos adaptando algunas técnicas de biología molecular para trabajar con el material antiguo”, dice Mayo. “Más allá de que permite identificar los parásitos que asolaban a aquellas poblaciones, el estudio de las secuencias de ADN permite realizar un análisis de la evolución [de esos patógenos] y comparar con las bacterias que circulan hoy”.

Artículos científicos
JAEGER, L.H. et al. Mycobacterium tuberculosis complex in remains of 18th–19th century slaves, Brazil. Emerging Infectious Diseases. v. 19, n.5. 5 may. 2013.
JAEGER, L.H. et al. Paleoparasitological analysis of human remains from a European cemetery of the 17th–19th century in Rio de Janeiro, Brazil. International Journal of Paleopathology. 20 may. 2013.
JAEGER, L.H. et al. Paleoparasitological results from XVIII century human remains from Rio de Janeiro, Brazil. Acta Tropica. 27 nov. 2012.
JAEGER, L.H. et al. Mycobacterium tuberculosis complex detection in human remains: tuberculosis spread since the 17th century in Rio de Janeiro, Brazil. Infection, Genetics and Evolution. 27 ago. 2011.

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