Imprimir Republish

PALEONTOLOGÍA

Las mitades de un fósil separadas hace 90 años preservan a una especie desconocida de réptil del período Jurásico

Un científico brasileño halla ambas partes de un mismo espécimen en museos de Alemania y el Reino Unido

Representación artística de un ejemplar de Sphenodraco scandentis que resalta sus hábitos arborícolas

Gabriel Ugueto

“Esta postura ya la he visto antes”, se dijo a sí mismo el paleontólogo brasileño Victor Beccari, asistente científico de la Colección del Estado de Baviera sobre Paleontología y Geología, en Alemania, cuando vio el fósil de un reptil en los cajones del material para investigación del Museo de Historia Natural de Londres, en el Reino Unido. El investigador pensó que ese reptil estirado con el pescuezo inclinado, en una pieza que conservaba varios huesos, le recordaba a un fósil que había examinado antes en el Museo de Historia Natural Senckenberg, en Fráncfort (Alemania). En realidad, se trataba de partes diferentes de un mismo fósil ‒el molde y el esqueleto completo, como si fueran las dos rebanadas de un sándwich, una de ellas con el relleno y la otra con la marca de éste‒ y pertenecían a un réptil del período Jurásico. Entonces, Beccari y otros colegas describieron la especie Sphenodraco scandentis en un artículo publicado en julio en la revista Zoological Journal of the Linnean Society.

La nueva especie recién ahora ha sido descrita, a partir del ejemplar recogido en 1930. “Es probable que las partes de este fósil hayan sido separadas hace casi un siglo y vendidas por separado a los museos que las albergan en la actualidad. La conexión entre ellas se perdió y, hasta ahora, solamente se conocía la mitad de Fráncfort”, dice Beccari.

En la época en que fue hallado, el fósil de Fráncfort fue clasificado como perteneciente a un Homoeosaurus, un género extinto del orden de los esfenodontos o rincocéfalos, pariente de los lagartos y con una sola especie viva en la actualidad, el tuátara, un reptil de Nueva Zelanda. “Es por eso que en aquel momento no le presté demasiada atención ni lo identifiqué como una nueva especie. Lo anoté y continué con mi investigación”, relata Beccari, quien durante su doctorado ‒ahora concluido y solamente a la espera de defenderlo‒ examinó fósiles de estos reptiles en museos de Alemania, Inglaterra, Países Bajos, Francia, Argentina y Estados Unidos y, al cabo, acabó dándose cuenta de esa coincidencia. La revelación le sobrevino cuando analizó las extremidades del ejemplar para entender mejor su estilo de vida y se percató de que eran muy largas, lo que indicaba una vida arborícola que lo diferenciaba del Homoeosaurus, que es terrestre.

Hay otras características discordantes: “La cabeza es triangular, los dientes están orientados hacia atrás y el húmero posee una especie de cresta muy peculiar para la inserción de los músculos”, dice el paleontólogo. El Homoeosaurus, en cambio, tiene la cabeza redonda. Esto lo llevó a compararlo con otras especies que también son diferentes. El Kallimodon, un rinocéfalo del Jurásico que vivió en lo que actualmente es Alemania, tiene los dientes verticales. Además, uno de los huesos de la cadera –el ilion– de S. scandentis es más pequeño que el de las otras dos especies.

Para garantizar una comparación precisa, Beccari y sus colegas recurrieron a la morfometría geométrica, un método estadístico que especifica la forma de los organismos a partir de coordenadas anatómicas como puntos de referencia en los huesos. En el caso de esta comparación, marcaron puntos en huesos claves como el húmero, el fémur y el cráneo en especies de esfenodontos y lagartos modernos.

Victor BeccariLos dos lados del fósil: el molde (a la izq.), y el contramolde, con la mayoría de los huesos, hallados en diferentes museosVictor Beccari

Estos puntos se representan en un gráfico en el que, cuanto mayor es la proximidad entre sí, menos diferentes son los organismos. La paleontóloga Annie Hsiou, de la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras de Ribeirão Preto de la Universidad de São Paulo (FFCLRP-USP), quien no participó en el estudio, destaca la importancia de este método y los resultados de la investigación. “En las comparaciones observamos que, en varias características, la nueva especie descrita se distingue de las otras, lo que indica una gran diferencia”, dice Hsiou, experta en reptiles lepidosaurios, grupo al que pertenece la especie ahora descrita.

Para Beccari, este descubrimiento es importante para establecer la historia evolutiva del grupo, ya que se creía que los rincocéfalos tenían una morfología poco diversa, que nunca cambió. “Es como si solamente los lagartos fueran ecológicamente diversos, algo que no es cierto”, sostiene. “Antes de la aparición de los lagartos, eran los esfenodontos los que dominaban varios estilos de vida: marina, terrestre y arborícola”.

“Era un grupo sumamente diverso, que estaba presente en todos los continentes”, constata Hsiou. Los rinocéfalos comenzaron a declinar y casi se extinguieron por completo a finales del Cretácico, hace aproximadamente 66 millones de años, y hoy en día solamente ha sobrevivido el tuátara. Los paleontólogos aún estudian por qué estos estuvieron a punto de desaparecer pero no así el grupo de los lagartos, que estaba muy emparentado. “Algo que tenemos muy en cuenta es que los esfenodontos ya dominaban varios hábitats, mientras que los lagartos eran más pequeños, estaban empezando a dispersarse tenían un período de reproducción distinto al que conocemos en el tuátara actual”, comenta Hsiou.

S. scandentis vivía en un archipiélago que, por su naturaleza, abarcaba un mosaico de hábitats con varias islas separadas por el océano y barreras de corales. En la vegetación de esas islas predominaban árboles de un tamaño regular, no muy grandes, y las mismas estaban habitadas por una fauna compuesta por pterosaurios, aves y pequeños dinosaurios.

El grupo también tuvo éxito en América del Sur. “En Brasil, hemos descrito tres especies de rincocéfalos solo para el Triásico en Rio Grande do Sul: Lanceirosphenodon ferigoloi, Clevosaurus brasiliensis y Clevosaurus hadroprodon”, comenta Hsiou, quien participó en las descripciones (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 283).

Hasta hace 180 millones de años, América del Sur, África, Australia, la India y la Antártida estaban unidas formando el supercontinente Gondwana. En aquella época, la Antártida tenía un clima templado y subtropical, y pudo haber sido un puente continental que impulsó la dispersión del grupo hacia Oceanía. Luego de la desintegración de Gondwana, Nueva Zelanda quedó aislada y pudo haber servido como refugio para las especies del grupo que vivían allí, como el tuátara, que sobrevivió.

Este artículo salió publicado con el título “Un fósil en dos mitades” en la edición impresa n° 355 de septiembre de 2025.

Artículo científico
BECCARI, V. et al. An arboreal rhynchocephalian from the Late Jurassic of Germany, and the importance of the appendicular skeleton for ecomorphology in lepidosaurs. Zoological Journal of the Linnean Society. v. 204, n. 3. 2 jul. 2025.

Republicar