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Ecología

Los efectos perjudiciales de la caza ilegal

Prohibida en Brasil desde la década de 1960, esta actividad diezmó poblaciones de diversas especies de animales y elevó el riesgo de desequilibrio ambiental

POVO INDÍGENA PAUMARI, ANDRÉ P. ANTUNES E EDUARDO VON MUHLEN De exportación: 183 mil jaguares…POVO INDÍGENA PAUMARI, ANDRÉ P. ANTUNES E EDUARDO VON MUHLEN

Al período que se extiende entre los años 1930 y 1960 se lo denomina de “época de la fantasía” en muchas partes de la Amazonia. La expresión “fantasía” [que quiere decir también disfraz en portugués] hacía referencia a las pieles de felinos exportadas al mercado de la moda de Estados Unidos y Europa. Sólo la venta de pieles de las especies más explotadas –que incluían a los caimanes, los manatíes, las corzuelas, los pecaríes, los carpinchos y las nutrias gigantes– movió alrededor de 500 millones de dólares (en valores actuales) durante el apogeo de este comercio. De 1904 a 1969 fueron alrededor 23 millones de animales silvestres de al menos 20 especies que murieron para abastecer el consumo de cueros y pieles. Estos datos, dados a conocer en un artículo publicado en octubre en la revista Science Advances, se refieren únicamente a lo que sucedió en los estados brasileños de Rondônia, Acre, Roraima y Amazonas.

El biólogo André Antunes, primer autor del mencionado trabajo, calculó la cantidad de animales sacrificados durante ese lapso de tiempo al combinar la información disponible en los registros comerciales y portuarios con las anotaciones que obran en los llamados manifiestos de carga, listas detalladas de los materiales transportados en los buques que partían del interior de la Amazonia rumbo al puerto de la ciudad de Manaos.

MILENE THYSSEN/WIKIPEDIA …y 804 mil ocelotes y tigrillos murieron en la Amazonia en el siglo XX como víctimas de la cazaMILENE THYSSEN/WIKIPEDIA

Con los datos reunidos durante su doctorado en el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa, por sus siglas en portugués), y en colaboración con otros investigadores de Brasil, Nueva Zelandia, Inglaterra y Estados Unidos, Antunes logró reconstituir la historia del comercio de pieles en la Amazonia occidental durante buena parte del siglo XX, y hacerse una idea más clara acerca de su impacto sobre las poblaciones de las especies más cazadas.

“La mayor parte de los registros se perdió”, comenta el biólogo, quien en la actualidad se desempeña como investigador de la Wildlife Conservation Society, una organización no gubernamental cuyo enfoque es la conservación de la fauna de la Amazonia y de otras regiones del mundo. “Tenemos la suerte de que los datos que restaron son sumamente detallados”. Sin embargo, en algunos casos los documentos no informaban de qué especie eran las pieles transportadas; en otros, declaraban únicamente el peso del material, en tanto que de determinados períodos no existe información. Esa discontinuidad en los registros requirió el empleo de modelado computacional para estimar la cantidad de pieles de cada especie comercializada en el período estudiado, con base en la tendencia general y en la probabilidad estadística.

En poco más de 60 años, según calculan los investigadores, fueron cazados en la Amazonia al menos 13,9 millones de mamíferos terrestres de seis especies: el pecarí de collar (Pecari tajacu), la corzuela colorada (Mazama americana), el pecarí barbiblanco (Tayassu pecari), el ocelote (Leopardus pardalis), el tigrillo (Leopardus wiedii) y el jaguar (Panthera onca). Entre éstos, los pecaríes de collar, quizá por ser más numerosos, parecen haber sido los blancos de caza preferidos: fueron 5,4 millones de ejemplares que murieron entre 1904 y 1969. En ese mismo lapso de tiempo, los cazadores mataron 804 mil ocelotes y tigrillos, además de 183 mil jaguares, que son los mayores felinos de América: casi 8.000 jaguares murieron en 1969 víctimas de la caza, dos años después de la prohibición en Brasil.

BIBLIOTECA VIRTUAL DEL IBGE Pieles expuestas en una curtiembre de Manaos en la década de 1950BIBLIOTECA VIRTUAL DEL IBGE

Las estimaciones también apuntan la muerte de 1.900.000 mamíferos acuáticos tales como el manatí del Amazonas (Trichechus inunguis), y otros que pasan parte de su tiempo en el agua y otra parte en tierra, como los carpinchos (Hydrochoerus hydrochaeris), las nutrias gigantes (Pteronura brasiliensis) y los lobitos de río (Lontra longicaudis). También murieron 4,4 millones de caimanes negros (Melanosuchus niger), que se encuentran entre los mayores predadores de la Amazonia, con sus 4,5 metros de largo en promedio, codiciados por su cuero negro. “La extracción de su piel motivó el surgimiento de grandes curtiembres en las ciudades de Manaos y Belém”, comenta Antunes.

Al analizar de qué manera evolucionó la caza en la Amazonia en el transcurso de ese tiempo, los investigadores arribaron a la conclusión de que las especies acuáticas descritas en el estudio estuvieron muy cerca de desaparecer en buena parte de la zona: dejó de vérselas durante mucho tiempo en las áreas donde solían abundar según los relatos de los habitantes. En tanto, las poblaciones de especies terrestres se recuperaron razonablemente bien, tal como lo indica la producción estable de pieles a lo largo de las décadas. Sería una señal de resiliencia ante de la presión de la caza.

EDUARDO CESAR Presa fácil: los carpinchos, que viven generalmente en manadas…EDUARDO CESAR

Dos factores ayudan a entender la mayor vulnerabilidad de los animales acuáticos. El primero consiste en que algunas especies de mamíferos que pasan al menos una parte del tiempo en el agua suelen exhibir una baja tasa reproductiva. Las nutrias gigantes y los manatíes del Amazonas, por ejemplo, no generan muchas crías en cada gestación, y las gestaciones se concretan a intervalos largos. Otro factor indica que los mamíferos acuáticos parecen estar más expuestos a la acción de los seres humanos. “En la Amazonia, las ocupaciones humanas históricamente se concretaron a orillas de los ríos”, explica Antunes. “El acceso a través de embarcaciones facilita la obtención de animales acuáticos y el transporte de sus pieles, mientras que las especies que viven en los montes de tierra firme cuentan con más refugios y se encuentran lejos de las comunidades ribereñas”, comenta.

Al confrontar la tendencia de caza con hechos históricos del siglo XX, los autores del trabajo identificaron las causas económicas que impulsaron la explotación comercial de la fauna silvestre amazónica. Alrededor del año 1910, la economía de la región entró en colapso debido a la propagación de la producción de látex de caucho en Malasia, que derivó en la pérdida de competitividad del producto brasileño. El comercio de pieles, hasta ese entonces escaso y enfocado en la explotación de la corzuela colorada, se convirtió en una alternativa de generación de ingresos para parte de los 500 mil migrantes que habían llegado a la zona durante las décadas anteriores y para los indígenas que participaron en el ciclo del caucho.

WING-CHI POON/WIKIPEDIA …y los pecaríes de collar están entre los animales más cazados en la AmazoniaWING-CHI POON/WIKIPEDIA

Entre 1930 y 1960, la caza comercial pasó a ser una de las principales actividades extractivas de la Amazonia. Sólo en 1967, con la Ley de Fauna, su práctica quedó prohibida. De todos modos, según Antunes, la promulgación de resoluciones que permitían liquidar los stocks derivó en una intensificación del comercio ilegal de pieles en la zona a comienzos de la década de 1970.

El achicamiento de las poblaciones
Pese a la prohibición en vigencia desde hace casi cinco décadas, la caza sigue practicándose en todo Brasil. Uno de los ambientes en los cuales ese perjuicio se vuelve evidente es el Bosque Atlántico. Un estudio sobre los mamíferos silvestres en el mayor territorio remanente continuo de esa selva, en la parte este del estado de São Paulo, indica que allí donde persiste la caza, provoca la extinción local de animales de gran porte, tales como el pecarí barbiblanco y el tapir (Tapirus terrestris). Esos grandes mamíferos cumplen un papel fundamental en la dispersión de semillas, en la fertilización del suelo y en la renovación de la selva.

En este trabajo, coordinado por el biólogo Mauro Galetti, docente del Departamento de Ecología de la Universidade Estadual Paulista (Unesp) en la localidad de Rio Claro, los investigadores recorrieron alrededor de 4.000 kilómetros de 13 áreas de Serra do Mar y registraron la densidad de 44 especies de mamíferos y la biomasa total de ocho de éstas. “No basta con tener muchos mamíferos”, afirma el ecólogo Ricardo Bovendorp, investigador que actualmente realiza una pasantía posdoctoral en la Unesp. “Es necesario que existan grandes animales, tales como tapires y pecaríes barbiblancos, que no tiene reemplazantes en las funciones ecológicas que ejercen en el ecosistema”, explica el investigador, uno de los autores del artículo en el cual se describieron los resultados, en una edición reciente de Animal Conservation.

Una de las causas de la caza propagada de animales silvestres es la falta de protección efectiva en áreas de protección ambiental. “En el Parque Estadual de Ilha do Cardoso, en el litoral sur de São Paulo, dos de los 34 pecaríes barbiblancos que estamos monitoreando con radiocollares fueron cazados”, afirma Galetti.

LÉO RAMOS CHAVES, REALIZADA EN EL ACUARIO DE SÃO PAULO Vulnerabilidad en el agua: de los 113 mil manatíes capturados en el siglo pasado, quince mil fueron cazados en 1938LÉO RAMOS CHAVES, REALIZADA EN EL ACUARIO DE SÃO PAULO

El equipo de la Unesp observó también que áreas de caza intensa pueden albergar una cantidad similar de mamíferos a la de regiones en las cuales no se matan animales. La diferencia radica en que, donde se caza, sólo se encuentran prácticamente animales de pequeño porte, tales como titíes y roedores, lo que puede traer aparejado un desequilibrio ambiental irreversible. “Sin grandes mamíferos, las plantas con semillas grandes corren el riesgo de desaparecer”, comenta la ecóloga Carolina Bello, alumna de doctorado de Galetti. A finales de 2015, la investigadora y Galetti publicaron en Science Advances un estudio en el cual demostraron que la disminución de la fauna del Bosque Atlántico afecta la capacidad de la selva para retirar carbono de la atmósfera.

Pero el impacto de la caza sobre las poblaciones de los grandes mamíferos no es una exclusividad de Brasil. Galetti y el ecólogo brasileño Carlos Peres, docente de la Universidad de East Anglia, en Inglaterra, participaron en un estudio internacional en el cual se evaluó el estado de preservación de 301 especies de mamíferos de distintas regiones del mundo que corren riesgo de extinción debido a la caza. La matanza de animales para la alimentación o para la extracción de marfil, de los cuernos o de los huesos –los dos últimos tienen fama medicinal en Asia– están diezmando a algunas poblaciones, de acuerdo con el trabajo publicado en octubre en la revista Royal Society Open Science. “Los elefantes africanos han perdido la mitad de su población durante los últimos 30 años debido a la caza y a la pérdida de hábitat”, comenta Peres.

WHALDENER ENDO/ WIKIPEDIA El caimán negro, un predador codiciado por su cuero negroWHALDENER ENDO/ WIKIPEDIA

De acuerdo con el estudio, la mayoría de los mamíferos amenazados por la caza se encuentran en regiones con grandes desigualdades sociales. En esos lugares, los animales silvestres sirven como fuente de ingresos y de proteínas, y se los captura con trampas, lo cual magnifica los daños. Estudios realizados en África Central muestran que una cuarta parte de los animales capturados en armadillas se pudren en la naturaleza o son devorados por otros animales. Otra tercera parte escapan heridos, y pueden morir horas o días después. En un estudio anterior realizado en un área de conservación de Zimbabue se verificó que 1.400 grandes mamíferos capturados en trampas se pudrieron entre 2005 y 2009. Aparte del desperdicio, esa forma de caza suele arrojar como resultado la captura de hembras, que pueden estar preñadas, y de ejemplares jóvenes, que tendrían una larga vida reproductiva por delante, situaciones sumamente perjudiciales para algunas especies.

Permisión controlada
Frente a ese panorama, los investigadores alegan que, en algunas regiones, la prohibición total sería más nociva que la autorización de captura de animales en condiciones específicas y con una rigurosa inspección. Esta idea no es nueva. En la mayor parte de Estados Unidos, se permite la caza del venado de cola blanca (Odocoileus virginianus) y su población se mantiene estable. “Es uno de los mamíferos de gran porte mejor estudiados del mundo, incluso porque es necesario el ajuste de cuotas de caza sostenible”, afirma Peres, quien también colaboró con el estudio de Science Advances.

CHARLESJSHARP / WIKIPEDIA El tapir, un dispersor de semillas que desapareció de algunos fragmentos de Bosque AtlánticoCHARLESJSHARP / WIKIPEDIA

Peres y Antunes plantean que en Brasil algunos mecanismos podrían permitir que poblaciones tradicionales de la Amazonia fuesen autorizadas a cazar determinadas especies de animales, sólo con fines de subsistencia: la Ley de Delitos Ambientales, de 1998, permite la caza en situaciones excepcionales, tales como las de extrema necesidad. Otra ley, que en 2000 estableció el Sistema Nacional de Unidades de Conservación, asegura el acceso de las poblaciones tradicionales a los recursos naturales como una forma de valorar su conocimiento y su cultura. No obstante, los investigadores subrayan que ese permiso sólo podría concretarse mediante un manejo bastante criterioso y continuo, en zonas ampliamente cubiertas de bosques y sin carreteras, de preferencia en unidades de conservación. Este modelo, según afirman, sólo sería aplicable en algunas regiones de la Amazonia. “En el Bosque Atlántico contemporáneo sería inimaginable”, afirma Peres.

La idea sería hacer algo en los moldes del manejo del pirarucú (Arapaima gigas) realizado en partes de la Amazonia. La captura del pirarucú, uno de los mayores peces de agua dulce del mundo, está prohibida en la región. Pero el manejo comunitario que se lleva a cabo en algunas reservas de desarrollo sostenible y en territorios indígenas ha hecho posible la pesca sostenible y el aumento de la población. Los investigadores plantean algo análogo para la caza. Peres sugiere que sería posible estipular qué especies tendrían su caza permitida –por ejemplo, aquéllas que tienen un alto índice reproductivo– o restringir la captura únicamente a los machos adultos. “De este modo”, sugiere Antunes, “quizá se vuelva posible contemplar las necesidades de las poblaciones tradicionales y mantener estable la población de esas especies de animales”.

Artículos científicos
ANTUNES, A. P. et al. Empty forest or empty rivers? A century of commercial hunting in Amazonia. Science Advances. 12 oct. 2016.
GALETTI, M. et al. Defaunation and biomass collapse of mammals in the largest Atlantic forest remnant. Animal Conservation. En prensa.
RIPPLE, W. J. et al. Bushmeat hunting and extinction risk to the world’s mammals. Royal Society Open Science. v. 3 (20). sept. 2016.
CAMPOS-SILVA, J. V y PERES, C. A. Community-based management induces rapid recovery of a high-value tropical freshwater fishery. Scientific Reports. 12 oct. 2016.

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