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Agropecuaria

Pasturas contra el calentamiento global

Una alimentación adecuada para el ganado puede auxiliar en la disminución de los gases de efecto invernadero en la atmósfera

Boi_3.tifEduardo CesarLas pasturas bien cuidadas, además de nutrir a los animales, pueden funcionar como un buen catalizador del dióxido de carbono (CO2), el principal gas acusado por incidir en el efecto invernadero del planeta. Mejores cuidados en la alimentación vacuna disminuyen también la emisión de metano (CH4) en la atmósfera. El problema -que inicialmente parece una broma para los que no están en tema- está relacionado con el popular eructo de los bovinos. El metano es altamente perjudicial para el calentamiento global porque, aliado con el CO2 y el óxido nitroso (N2O), impide que el calor generado por los rayos solares abandone la superficie de la Tierra  y las capas más bajas de la atmósfera. Esos gases, aparte del vapor de agua natural generado en los océanos, conforman una barrera de moléculas que, cuando es muy espesa, no deja que el calor se disipe hacia las capas altas de la atmósfera. “Una pastura bien cuidada es un sumidero de dióxido de carbono (CO2)”, dice el ingeniero agrónomo Odo Primavesi, coordinador del equipo técnico que realizó las primeras mediciones del metano emitido por vacunos brasileños en condiciones de campo y estudió las pasturas y la alimentación de esos animales hasta jubiliarse recientemente de Embrapa, unidad Ganadería Sudeste, en São Carlos, en el interior paulista.

Las pasturas en Brasil representan más del 60% de la superficie agrícola, y la quema de pastizales representa las mayores emisiones de CO2, una situación que está relacionada con el avance de la frontera agrícola sobre los bosques autóctonos, gran parte, para la creación de pasturas, además de la quema de restos de materia orgánica y de residuos vegetales de labranzas para “limpiar” el terreno. En relación con el metano, la el ganado vacuno constituye la principal fuente, responsable del 68% del total de las actividades relacionadas con la acción humana en Brasil, que posee el mayor stock comercial de ganado vacuno del mundo, con alrededor de 180 millones de cabezas. El resto de los animales de crianza son responsables por el 3,2% del total. Así como el foco del CO2 se centra en las quemas, el problema del metano se halla relacionado con el proceso digestivo de los herbívoros rumiantes, que incluye a bovinos, búfalos, ovejas, cabras y camellos. Se trata de la denominada fermentación entérica que ocurre en el rumen, la primera parte del estómago de esos animales, cuando la materia vegetal ingerida es metabolizada por una población de microorganismos anaeróbicos [que viven sin oxígeno] y que incluye bacterias, hongos y protozoarios. Se estima que la emisión de los bovinos brasileños es de 8 millones de toneladas de metano liberados anualmente. Eso representa el 10% del metano ruminal del mundo y el 3% del total producido por las actividades humanas. Al compararse con el CO2, aún cuando sea emitido a nivel mundial en menor cantidad, el metano es 25 veces más potente en su acción retentiva del calor en la atmósfera.

Digitalizar0001EmbrapaPrimavesi cooperó en un amplio estudio sobre la cuantificación de la emisión de metano por parte de la actividad agropecuaria que será editado por Embrapa a mediados de este año. “Stocks de carbono y gases de efecto invernadero en sistemas agropecuarios y forestales” es el nombre del estudio y probablemente lo será del libro. En él, aparte de Primavesi, los investigadores Magda de Lima y Rosa Shiraishi Frighetto, de Embrapa Medio Ambiente, y João José Demarchi y Alexandre Berndt, del Centro de Investigación y Desarrollo en Nutrición Animal y Pasturas del Instituto de Zootecnia, dependiente de la Secretaría de Agricultura y abastecimiento del Estado de São Paulo, realizaron una estimación de la emisión de metano en vacunos y muestran posibles soluciones para atenuar este problema. Ellos indican, entre otras alternativas, la integración agricultura-ganadería utilizando la rotación de cultivos y pasturas, lo cual favorece la formación de mejores campos, además de la inclusión de suplementos alimentarios, tales como levaduras, caña de azúcar despajada y mezclas de plantas forrajeras formadas por gramíneas y leguminosas que contengan mayor proporción de proteína, un ingrediente capaz de minimizar las emisiones de metano al mejorar la eficiencia ruminal.

Cuantificación del gas
La emisión por la eructación, además de colaborar para el calentamiento global, provoca una pérdida de energía y consecuentemente una caída en la producción de carne o de leche. “En una situación normal, en un régimen de buena alimentación y agua, una vaca logra, en 26 meses, emitir aproximadamente 73 kilogramos de metano, ó 445 gramos por cada kilo de carne”, expresa Primavesi. “Pero en una mala pastura con sobre-pastoreo, que es el uso excesivo sin medidas de recuperación o preservación de las pasturas, el animal pasa hambre y tarda 42 meses para alcanzar el peso de comercialización, llegando a emitir 115 kilogramos de metano o más, lo que representa 736 gramos por kilo de carne”. Para medir la emisión del metano bovino, Primavesi coordinó una adaptación para Brasil de un sistema desarrollado en la Universidad de Washington en la década de 1990, que utiliza hexafluoruro de azufre (SF6), un gas acondicionado en una pequeña cápsula insertada en el rumen del animal. Ésta libera el gas mediante una membrana de teflón y acero poroso en emisiones de mil a 2 mil nanogramos [la milmillonésima parte de un gramo] por minuto que simula el patrón de emisión de metano y funciona como un marcador. Mediante un tubo capilar conectado al cabestro e instalado cerca de la nariz y la boca del animal, los gases son colectados en un tubo cerrado de plástico rígido atado alrededor del pescuezo de la vaca durante un período de 24 horas. Mantenido al vacío, el tubo se transfiere a un laboratorio donde un cromatógrafo medirá la concentración de metano y de SF6.

Boi_2Eduardo Cesar“Una emisión significativa de metano puede representar una pérdida de energía de hasta un 18%, lo que ocurre con el forraje de baja calidad y bajos tenores proteicos”, dice Primavesi. Una energía que no será transformada en carne en la ganadería de corte y necesitará que el animal pase un mayor tiempo en engorde para alcanzar el peso de faena, cercano a los 450 kilogramos, ocasionando mayor emisión por cada animal. “Lo ideal es que el animal permanezca sólo 24 meses en pasturas de engorde”, dice Primavesi. “Las fallas en la alimentación, especialmente durante la estación seca del año, pueden ocasionar que la vaca pierda peso, por ejemplo, 15 kilos, una masa que tendrá que recuperar, produciendo metano nuevamente por los mismos kilogramos de carne”. Algunas soluciones para que el ganado no pierda peso son sencillas, tales como contar con un buen suplemento alimentario durante la estación seca, si la pastura no fuera suficiente, y no permitir que la vaca camine demasiado para acceder a la comida o al agua.

“También existen estrategias para mejorar la eficiencia de la digestión bovina tales como el correcto balanceo alimentario y la adopción de levaduras, como por ejemplo, la Saccharomyces cerevisiae”, ejemplifica João Demarchi. Entre los aditivos que pueden reducir la producción de metano se encuentran productos a base de antibióticos, que inhiben parte de los microorganismos ruminales indeseables, tales como los protozoarios y bacterias denominadas metanogénicas. Otro factor apuntado por los investigadores reside en la integración con la agricultura. “La mitad de las pasturas puede mejorarse y la integración silvi-agro-pastoril está vista como una buena solución tanto para la silvicultura, que es la plantación de zonas de reforestación, braquiarias (la principal planta utilizada para pastoreo en Brasil) y cultivos, por ejemplo, de frijol, soja y/o leguminosas forrajeras que pueden recuperar el suelo de las pasturas, aparte de la adopción de sistemas de cultivo directo en el que la tierra no es arada ni el suelo queda al descubierto”, enuncia Demarchi.

Una alternativa alimentaria para no aumentar los niveles de metano es incluir, como complemento en la alimentación, la caña de azúcar, un alimento abundante y rico en sacarosa, que puede tener una adición de urea o concentrados proteicos, conforme demostró otro estudio de Primavesi. Él también indica la adopción de forrajeras menos fibrosas, preparadas para consumirse cuando todavía son jóvenes y no maduras ni pasadas. El arsenal de alternativas para disminuir la producción de gas en los animales es grande y se necesitan estudios más profundos y sistémicos, aunque ya sirven como recomendación para su adopción por parte de una mayor cantidad de criadores.

Un factor que movilizará a los ganaderos es la posible adopción de las denominadas barreras no arancelarias, diferentes de las que cobran impuestos o sanitarias que impiden la exportación de carne debido a problemas con enfermedades en los animales, pero que igualmente gravan el libre comercio al vincular la compra del producto con un origen ambientalmente correcto del bovino. “Brasil necesita anticiparse a esa disposición mundial”, expresa Demarchi. Los consumidores internacionales, y Brasil mismo pueden, en breve, exigir un certificado de la carne que avale, por ejemplo, que no fue producida en la Amazonia en un área recién talada, y sí bajo un sistema de producción sostenible, incluso teniendo en cuenta al CO2. “En Brasil todavía no existen estudios cuantitativos, con base experimental, acerca del balance de carbono, integrando la cuantificación de gases (metano, dióxido de carbono y óxidos de nitrógeno) y sumideros de carbono en los diferentes compartimentos de los sistemas de producción ganadera, lo cual dificulta la comparación entre los diferentes sistemas de producción actualmente utilizados en cuanto a su potencial de mitigación”, dice Magda Lima, de Embrapa Medio Ambiente, en Jaguariúna, en el interior paulista.

Mejor ocupación
La preocupación mundial con la emisión de metano por parte del ganado vacuno impulsa, desde comienzos de la década, estudios en Australia, para la producción de una vacuna conteniendo un antígeno derivado de los microorganismos del rumen animal que reduzca la producción de metano. También se encuentra en estudio una sustancia inmunogénica que disminuye la actividad de los protozoarios del rumen. En Nueva Zelanda, productores, organismos gubernamentales e institutos de investigación y empresas privadas se hallan estudiando el ciclo de vida de la producción lechera. Se proponen crear un sello de certificación de la leche relacionado con la producción de metano. Cuanto menos metano es producido, más valiosa es la leche desde el punto de vista ambiental.

Aunque con muchas experiencias y recomendaciones científicas y tecnológicas para la disminución del metano en la ganadería, el país tendrá serias dificultades para implementar las medidas necesarias. Al fin y al cabo, son alrededor de 172 millones de hectáreas de pasturas, frente a 76 millones de cultivos, según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), con datos de 2006. “Muchas de las zonas de pastoreo se utilizan en forma desmedida hasta el agotamiento de la tierra y muchos ganaderos no recuperan las áreas utilizadas en sobre-pastoreo y quema”, revela Primavesi. “Con buenas prácticas de manejo, ocurriría una mejor ocupación de las pasturas, y disminuiría su superficie en el país. Sería posible aumentar desde 0,6 unidad animal (UA) por hectárea (ha) actual [la medida promedio de loteo animal en el campo] hasta 1,2 UA/ha en poco tiempo, lo que significaría una reducción a la mitad del área de pastoreo. Ya existe la tecnología incluso para alcanzar 5 UA/ha, liberando para la agricultura y la plantación de caña, por ejemplo, más de 120 millones de hectáreas, evitando la quema de más selva nativa para pastoreo”, dice Primavesi.

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