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Entrevista

Silvio Crestana: Una cuestión de supervivencia

La disminución de los costos, la ecoeficiencia y la conexión con la cadena productiva hacen que la inversión en tecnología se erija como algo fundamental en el sector agropecuario

Para Crestana, la agricultura 4.0 incrementará la productividad, pero también hará que aumente la desigualdad en el campo

Léo Ramos Chaves

En los próximos años, el uso de las tecnologías de la información y la comunicación tendrá el poder de disociar quién será exitoso y quién no en el ámbito de la producción agropecuaria. “Se trata de una cuestión de supervivencia”, dice el físico Silvio Crestana, de 65 años, presidente del directorio de la estatal Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) entre 2005 y 2009. En la actualidad, Crestana se desempeña como investigador en Embrapa Instrumentación, y está abocado al estudio del impacto de las actividades agrícolas en los recursos naturales. Para él, la digitalización se traducirá en ecoeficiencia en el campo, permitirá la rastreabilidad de la producción y dará poder al consumidor para penalizar a quienes que no adopten prácticas sostenibles.

A lo largo de su carrera, Crestana construyó un campo de visión privilegiado para el seguimiento de las innovaciones en el agronegocio. Doctor en física aplicada al suelo con título otorgado por el que entonces era el Instituto de Física y Química de São Carlos en la Universidad de São Paulo, realizó un posdoctorado y trabajó como investigador visitante en la Universidad de California y en el Servicio de Investigación Agrícola del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Es autor o coautor de 200 artículos científicos y miembro del Consejo Superior del Agronegocio de la Federación Industrial del Estado de São Paulo (Fiesp).

En esta entrevista, Crestan sostiene que la agricultura 4.0 podría hacer que se incremente la desigualdad en el campo y que el sistema capitalista deberá ser más inclusivo y buscar nuevos conceptos de negocios para absorber la mano de obra que quedará excluida por la evolución tecnológica.

¿Cuáles son los beneficios económicos que genera el uso de tecnologías de la información en el agronegocio?
No se trata necesariamente de una oportunidad para obtener más ganancias. Es una cuestión de supervivencia. O se adopta la tecnología o se está fuera de juego. La tecnología le permite al agricultor considerar todas las características biofísicas implicadas en la producción y realizar un uso adecuado de los recursos. La utilización de una mayor cantidad de fertilizantes, agroquímicos y agua donde se los necesita y menos en donde no. Así se reducen los gastos innecesarios y también el impacto ambiental. Pero de nada sirve tener más información si no se dispone de comunicación. El agricultor es el eje de una cadena productiva, que requiere que la información circule, tanto para optimizar su relación con los proveedores como para permitirle acceder al mercado y vender productos sin intermediarios.

¿Es importante llevar internet al campo?
Así es. Hoy en día el agricultor dispone de la información captada por los sensores presentes en máquinas e implementos, tiene acceso a datos meteorológicos y de relieve del suelo digitales, y puede hacer uso de esa información, con la ayuda del SIG [Sistema de Información Geográfica], para planificar la jornada siguiente o la cosecha del año próximo. O bien puede llevar los datos recolectados a una central de análisis en un pen drive. Eso es lo que se denomina agricultura 3.0; que ya es digital, pero no está interconectada. El futuro es la agricultura 4.0, en la cual todo ocurre en tiempo real, y eso depende de la conectividad en el campo. En Estados Unidos, Alemania, Australia, China y Japón, el agricultor dispone de conectividad. Así puede optimizar y sincronizar en forma remota la tarea de las cosechadoras y los camiones de transbordo o incluso el sistema de producción agrícola en su totalidad.

¿Cómo pueden conectarse los distintos establecimientos?
El problema no es tecnológico, pasa por la inversión. Dentro de un cálculo razonable, se necesitan 4.330 antenas [o estaciones base de radio] operando en una frecuencia de 700 megahercios (MHz) para conectar 72 millones de hectáreas de plantaciones de granos y caña de azúcar con señal 4G. Aparentemente, el gobierno brasileño no dispone de recursos como para invertir. Pero en parte, de eso puede hacerse cargo la iniciativa privada. El costo de instalación de la infraestructura, de 31 reales por hectárea, es menor que el valor de medio quintal de soja por hectárea [al precio de julio de 2019]. Un buen productor cosecha entre 50 y 60 sacas [de 60 kg] por hectárea. Una vez conectado, podrá incrementar la productividad en cinco o más sacas por hectárea. Y así ganará, pero no lo está percibiendo, al menos por ahora. Lo único que está viendo es lo que va a gastar, y eso sucede porque la investigación y la difusión de la tecnología no se lo han hecho ver.

¿Eso no puede genera una mayor concentración de ingresos?
Hoy en día, menos del 20% de los propietarios rurales concentran el 80% del valor bruto de la producción agropecuaria. El 80% restante o más ostentan el 20%. Los correspondientes a este último porcentaje casi no obtienen utilidades. La agricultura 4.0 puede aumentar la desigualdad en el campo. El gobierno debe apoyar la conectividad para los agricultores con bajo poder adquisitivo y que no disponen de recursos para invertir. Será necesario capacitarlos, tal como se hace en Alemania, India, China y Corea del Sur. El pequeño agricultor también debe actuar. Por sí solo no puede invertir, pero asociado u organizado en cooperativas sí. La agricultura 4.0 es una ola que viene arrasando. Aquellos que se queden afuera no podrán sobrevivir.

¿Eso podría profundizar el éxodo rural?
En realidad, el desarrollo tecnológico viene a cubrir lagunas. En la actualidad, el 87% de la población brasileña es urbana. Nadie quiere una vida dura, trabajar sucio todo el día, tanto con lluvia como con sol. Es necesario ordeñar a las vacas los domingos, los feriados, e incluso en Año Nuevo. ¿Quién quiere eso? En Japón, un tractorista gana lo mismo que un docente universitario y, así y todo, los tractoristas escasean en el mercado laboral. La solución llega de la mano de los vehículos autónomos y la automatización. La tecnología puede revertir la falta de mano de obra dispuesta a trabajar en el ámbito rural. Eso va a permitir que la gente viva en la ciudad y maneje, desde la misma, la producción en el campo, yendo a él cuando sea necesario y no para realizar el trabajo pesado.

¿Habrá empleo para todos?
La automatización está transformando la realidad del empleo en la industria, en el comercio, y eso no es diferente en el campo. Se estima que para 2050 la mitad de las profesiones actuales desaparecerá. Toda aquella tarea que se limite a la ejecución de una rutina será reemplazada por máquinas y robots que utilizarán algoritmos de inteligencia artificial capaces de ejecutar esas tareas mejor que un humano. Una cosechadora reemplaza a 100 personas que cosechan caña de azúcar. ¿Cosechar caña es un buen empleo? No. Es una tarea pesada. Al trabajador rural habrá que entrenarlo, capacitarlo para que pueda operar una cosechadora. Debe aprender a realizar tareas más complejas. En el campo hace falta actualmente mano de obra que pueda analizar datos o comprender procesos. Pero incluso con estas nuevas ocupaciones, en un futuro no habrá empleo para todos. Entonces tendremos que discutir algo mayor. El capitalismo deberá ser más inclusivo y evolucionar hacia nuevas formas de negocios que tengan en cuenta al ser humano y sus necesidades, así como construir una relación armónica con la naturaleza.

¿Cuál es la importancia de las startup para la modernización del agronegocio?
Al proceso de modernización en el campo lo lideran las grandes compañías que desarrollan tecnologías para el sector agropecuario, pero los centros de investigación nacionales, las universidades, hubs y startups del agronegocio, las agtechs, cumplen un rol preponderante. Ellas poseen mayor agilidad y flexibilidad; no son estructuras rígidas, tales como las grandes compañías o incluso las pequeñas y medianas empresas consolidadas. Esto facilita la creación de un ambiente de innovación disruptivo. Las agtechs atraen a los jóvenes y a las mujeres, grupos que hoy pueden hallarse alejados del agronegocio. Además, se educa a los jóvenes en un ámbito cultural más proclive a la tecnología: ellos poseen una mayor facilidad para entender las herramientas digitales, como son la inteligencia artificial y la lógica de los algoritmos. Las agtechs son negocios más abiertos a percibir y entender la demanda de los pequeños y medianos agricultores, que no son el objetivo de las grandes corporaciones. También ofrecen servicios y soluciones más baratas y accesibles.

¿La tecnología digital puede promover la ecoeficiencia en el campo?
Eso es algo muy importante. La tecnología va a generar transparencia y ubicará al consumidor en el centro de las decisiones. Y el consumidor quiere calidad y productos sostenibles. Eso es lo que vemos en los países europeos y, en forma creciente, también en Asia. El consumidor podrá rastrear el ciclo de vida del producto mediante el código QR. ¿El uso de agrotóxicos fue el adecuado? ¿Hubo contaminación del agua, destrucción de la biodiversidad o trabajo esclavo? El agricultor no será un mero productor rural, sino un agente de conservación de la naturaleza; y deberá demostrar que hace un uso adecuado de los recursos. Aquel que haga las cosas bien, ganará mercado. Y quien no lo haga, perderá.

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