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Farmacología

Un medicamento que llega del cannabis

El cannabidiol, cuyo uso está bastante fundamentado para el tratamiento de la epilepsia, es objeto de estudios intensivos

Con autorización judicial, muchas familias utilizan el extracto doméstico como tratamiento

Léo Ramos Chaves

Ciertos tipos de epilepsias no responden a los fármacos existentes, sometiendo a niños y adultos a una sucesión de episodios convulsivos que impiden el desarrollo y una vida normal. Para esos casos, el uso de cannabidiol (CBD) –una sustancia que se extrae de la planta denominada Cannabis sativa– se está convirtiendo en una realidad cada vez más difundida en todo el mundo. Hay toda una lista de posibilidades de usos terapéuticos de ese compuesto y de otros cuyo origen es la marihuana –los cannabinoides– que por ahora no están tan fundamentados, pero son objeto de una atención creciente entre los científicos. Esos son los casos del dolor crónico de origen múltiple, la ansiedad, el estrés postraumático, al autismo, el alzhéimer y la esquizofrenia, entre otras afecciones para las cuales los fármacos ofrecen una ayuda limitada.

Los resultados de investigaciones internacionales publicadas en artículos científicos corroboran la utilidad del cannabidiol como adyuvante en los tratamientos para la epilepsia, tal como aparece en una revisión que salió publicada en 2018 en la revista científica Journal of Neurology, Neurosurgery & Psychiatry, elaborada por el grupo de la epidemióloga australiana Louisa Degenhardt, del Centro de Investigación Nacional en Drogas y Alcohol, en Sídney. En otra revisión, publicada en diciembre de 2019 en la revista Lancet Psychiatry, ella advierte sobre la escasez de datos convincentes que justifiquen el uso generalizado de los cannabinoides para tratar la depresión, la ansiedad, la psicosis y otros trastornos psiquiátricos. No obstante, el metaanálisis que efectuó su grupo incluyó tanto estudios que investigaron el uso de la planta entera como de sus compuestos en forma aislada, detectando una predominancia del THC (tetrahidrocannabinol) como principio activo. Las conclusiones hacen hincapié en la necesidad de realizar más estudios.

Algunas de las investigaciones citadas en las revisiones se llevaron a cabo en la USP, que marca una fuerte presencia en los trabajos con cannabidiol, ya que los científicos brasileños no disponen de acceso al THC. Según datos de la plataforma Web of Science, la institución paulista ostenta alrededor del 7% de la producción científica mundial, seguida por centros en Israel, Reino Unido y Estados Unidos. Este liderazgo se debe, sobre todo, a la actividad de los grupos de los psiquiatras Antonio Zuardi, José Alexandre Crippa y Jaime Hallak, y del médico farmacólogo Francisco Silveira Guimarães, todos ellos del campus de Ribeirão Preto de la Universidad de São Paulo (USP-RP) (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 125).

Más allá de ser objeto de investigación, la posibilidad de contribuir para una serie de tratamientos ha hecho más frecuentes las menciones en los medios en los últimos años. En algunos países, tal como ocurre en parte de Estados Unidos, Uruguay y Canadá, se adoptó la medida de liberar el uso medicinal de la marihuana –en ocasiones la propia hierba para su consumo personal–, una decisión controvertida.

En Brasil, esa posibilidad no está a la vista. Lo que se propone es el uso del cannabidiol, la sustancia cannabinoide famosa por sus efectos terapéuticos. “Eventos tales como la marcha de la marihuana tienen poco efecto”, pondera Antonio Zuardi. “La industria reparó en que hay un mercado, y por eso la presión es muy fuerte”. En el mes de marzo entró en vigencia la resolución de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa), aprobada en diciembre, que permitirá la fabricación en el país de medicamentos con predominancia de cannabidiol como principio activo, en dos categorías en cuanto al contenido de tetrahidrocannabinol (THC) en su composición (hasta un máximo de 0,2%, y más de un 0,2%), y su venta en farmacias (vea la línea del tiempo en la página 52). Los productos con mayor concentración de THC deben prescribirse solamente a pacientes en cuidados paliativos, o bien a aquellos que sean refractarios a otros fármacos o dosis. El THC es la sustancia responsable de los efectos psicotrópicos de la marihuana (que alteran la conciencia) y por eso se la considera más peligrosa. Las autorizaciones seguirán concediéndose, tal como ya ocurre hoy, para uso compasivo, cuando no existe una medicación eficaz. La denominación oficial “productos a base de cannabis” significa que aún no se los considera medicamentos, pero la modificación le permite a la industria farmacéutica vender provisionalmente los nuevos productos en las farmacias.

Tan solo en el primer trimestre de 2019, la cantidad de pedidos de autorización para la importación de fármacos a base de cannabis superó la cifra de 6 mil. Se estima que si hubiera una producción nacional habría un crecimiento rápido de ese mercado, aunque los compuestos no sean una solución para todo y todos, tal como podría sugerirlo el ajetreo comercial. En Brasil se vende solamente un medicamento, que curiosamente contiene un porcentaje de THC equivalente al del cannabidiol. Se trata del Mevatyl, que fue autorizado por Anvisa en 2017 para el control de los espasmos causados por la esclerosis múltiple, que lo fabrica la compañía británica GW Pharmaceuticals, líder en el mercado internacional. Si bien se ha reducido, el costo del tratamiento sigue siendo alto y el frasco de 30 mililitros puede rondar en 1.500 reales y dura alrededor de un mes, según el caso. El mismo medicamento está autorizado en 28 países, excepto en Estados Unidos, bajo el nombre de Sativex.

Según estima Zuardi, los primeros fármacos brasileños en llegar al mercado serán anticonvulsivos para su uso combinado con otros fármacos en casos de síndromes epilépticos resistentes a la medicación tradicional. “Tengo fe que eso será este mismo año”, anticipa.

César Matos/ Abrace Abrace, en Paraíba, es la única asociación autorizada para el cultivo destinado a pacientesCésar Matos/ Abrace

En fase clínica
El grupo de Ribeirão Preto se ubica en la primera línea de la investigación que podría conducir al desarrollo de un nuevo medicamento con cannabidiol como principio activo y acaba de concluir un ensayo clínico que involucró a 15 niños y adolescentes con edades entre 2 y 18 años, aquejados por diversos síndromes epilépticos. Los datos aún están siendo evaluados pero Zuardi adelanta: “Los resultados fueron excelentes”. Según el investigador, en el 60% de los pacientes las crisis se redujeron al menos a la mitad, y el 40% de ellos se libraron de las convulsiones. La disminución de las crisis fue menor en el otro 40% de los pacientes y uno de esos niños no evidenció mejoras.

El psiquiatra admite que eso no es suficiente. Se trató de un estudio abierto, en el cual todos saben el tratamiento al que se somete a los niños. “El cannabidiol ha adquirido mucha fama, y solo por saber que están recibiendo esa medicación las familias hacen todo el tratamiento con mayor cuidado”, relata. Los resultados confiables emergen solamente después de realizar un ensayo doble ciego, en el cual ni las familias ni los investigadores saben cuáles pacientes fueron medicados y cuáles recibieron una sustancia inocua, el placebo. “Ese estudio ya está en marcha y hemos recabado la mitad de los datos. Estaríamos terminando a mediados de año”, estima.

Ante la dificultad de obtener el fármaco necesario en cantidad suficiente para los test, el grupo de Ribeirão Preto firmó un convenio con el laboratorio farmacéutico Prati-Donaduzzi, que está interesado en desarrollar medicamentos para introducirse en ese mercado. El ensayo finalizado ahora fue propuesto en 2014, el mismo año en el que el laboratorio GW registró un estudio con la misma finalidad en el sitio web clinicaltrials.gov, el repositorio internacional oficial para esa clase de testeos. La empresa avanzó con los ensayos y en 2018 sacó a la venta el Epidiolex, un fármaco contra la epilepsia, el primer medicamento cuyo principio activo es casi únicamente el cannabidiol aprobado para la venta en Estados Unidos. El ensayo brasileño arrancó recién en 2018, cuando obtuvo la autorización de la Anvisa: si resulta exitoso, el medicamento que se elaborará tendrá casi exclusivamente CBD como principio activo, aunque disuelto en vehículos diferentes en comparación con su homólogo británico.

Una vía de doble mano
Los estudios brasileños en el área vienen de larga data. En 1990 Guimarães, quien pocos años antes obtuvo su doctorado bajo la dirección de Zuardi, publicó un artículo en la revista Psichopharmacology en donde describe los resultados del uso del laberinto en cruz elevado, un modelo para medir la ansiedad en ratas. El experimento mostraba que el cannabidiol era eficiente como ansiolítico para esos animales, pero solo en dosis medianas. Cuando se probaban dosis más altas el efecto se perdía, algo que explicaría resultados anteriores, obtenidos por otros grupos, que concluían que el compuesto no era adecuado contra la ansiedad.

Como parte de las repercusiones que generó, Guimarães recibió en 1991 una carta mecanografiada del bioquímico búlgaro-israelí Raphael Mechoulam, de la Universidad Hebraica de Jerusalén, en Israel, quien había sido el primero en dilucidar las estructuras químicas del CBD y del THC, y a partir de ello un referente en el área. Mechoulam le propuso a Guimarães que testeara los efectos de las modificaciones en la estructura molecular del CBD. Los resultados, que salieron publicados en 1994 en la revista General Pharmacology, revelaron que algunas de las formas modificadas del CBD (bautizadas con el prefijo HU, en referencia a la Hebrew University) eran tan eficaces como el cannabidiol natural en las ratas sometidas a la prueba del laberinto en cruz: las moléculas modificadas artificialmente no siempre funcionan bien. Los resultados, sumados a otros que les siguieron, fortalecieron la cooperación entre el grupo de Mechoulam y el de la USP-RP. Uno de los frutos más recientes es el desarrollo –y test– de compuestos modificados del CBD con el agregado de flúor en diferentes segmentos de la molécula. Uno de ellos, de mayor potencia comparado con el CBD natural, les rindió una patente al grupo israelí y al brasileño, que recientemente fue adquirida por una empresa estadounidense –Phytecs Pharm–, con el propósito de desarrollar medicamentos dermatológicos.

Los grupos de Zuardi y Guimarães trabajan en colaboración estrecha en el ámbito del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Traslacional en Medicina (INCT-TM), coordinado por Jaime Hallak y José Alexandre Crippa. La medicina traslacional se propone utilizar experimentos efectuados en animales para encauzar ensayos clínicos, y en el otro sentido volver a los modelos animales para estudiar a fondo los mecanismos que están detrás de las observaciones realizadas en los pacientes, configurando una vía de doble mano. “La traslación entre el modelo y el ser humano no es directa, pero aporta información importante para los estudios clínicos, tales como los caminos a seguir y la seguridad de la droga”, dice Zuardi. “Si la droga tiene un efecto consistente sin producir daño a los animales, consideramos probarla en humanos”.

Con base en el funcionamiento del sistema endocannabinoide (vea la infografía arriba), él es categórico en cuanto al potencial de que surjan medicamentos importantes a partir de esos estudios. El psiquiatra explica que el cerebro posee más receptores para los cannabinoides que para los neurotransmisores que se consideran primordiales para su funcionamiento. Todas las regiones del sistema nervioso están repletas de esos receptores, que cumplen un rol modulador. “Si existe un sistema tan importante, las drogas que interfieren en el mismo pueden igualmente generar enfermedades, o bien atenuarlas”, dice Zuardi. “Para los farmacólogos, el cannabidiol configura una especie de Disneylandia”, bromea Guimarães. “Ya se han descubierto más de 60 blancos en los estudios in vitro, pero aún no se sabe con certeza cómo actúa la molécula en esos receptores”. Ya se conocen más de 100 cannabinoides de la planta Cannabis sativa, aunque en su inmensa mayoría sus efectos y su acción en los receptores animales aún no se conocen bien.

Efecto neuropsiquiátrico
De acuerdo con Guimarães, la gran cantidad de blancos farmacológicos con los cuales el CBD interactúa para producir sus efectos contraría un dogma de la farmacología, según el cual, cuanto más específico es un fármaco, mejor es, pues minimizaría el riesgo de causar efectos adversos. El efecto naturalmente sistémico de los cannabinoides, en cambio, está en el meollo de su potencial farmacológico y también en la escasa incidencia de efectos adversos. La serotonina, por ejemplo, un neurotransmisor importante, en cierto modo es modulada por el cannabidiol, según lo que muestran los estudios in vitro. Por lo tanto, cualquier desequilibrio en esa mediación puede causar depresión.

Uno de los temas en los que el grupo hace foco es, justamente, el potencial del cannabidiol como antidepresivo, según lo revela el artículo encabezado por la farmacóloga Sâmia Joca, de la Facultad de Ciencias Farmacéuticas en la USP-RP, que salió publicado en febrero de 2019 en la revista Molecular Neurobiology. En los experimentos se sometió a ratas a pruebas de nado forzado durante cinco minutos, un modelo frecuente para evaluar el efecto de los antidepresivos. El comportamiento natural de las ratas es aprender a flotar, realizando tan solo los movimientos mínimos y necesarios como para mantener la cabeza fuera del agua. Cuando se los medica con antidepresivos, usualmente los roedores nadan constantemente, un efecto que también pudo observarse en las pruebas con cannabidiol. Bastó con inyectarles el compuesto dentro de la cavidad abdominal media hora antes del experimento para que la medicación surtiera efecto, manteniéndose el mismo hasta por siete días. El desarrollo de antidepresivos de acción rápida sería una excelente noticia para aquellos que a veces necesitan aguardar semanas, con riesgo de suicidio en los casos más graves, hasta que el medicamento cumpla su función.

La acción clínica del CBD también está relacionada con su efecto antiinflamatorio y antioxidante. “Los procesos inflamatorios constituyen condiciones subyacentes de muchas condiciones ligadas al sistema nervioso central”, resume Guimarães. Entre otros de sus efectos, de ahí proviene su función neuroprotectora.

“Hallamos fuertes indicios de los beneficios de los cannabinoides en los casos de enfermedades neurodegenerativas”, añade la biomédica Fernanda Crunfli, quien actualmente lleva adelante una pasantía posdoctoral en el Laboratorio de Neuroproteómica de la Universidad de Campinas (Unicamp), coordinado por el biólogo Daniel Martins-de-Souza. Durante su doctorado en el Instituto de Ciencias Biomédicas (ICB) de la USP, bajo la dirección de la bióloga Andréa Torrão, ella inoculó en el cerebro de ratas una sustancia denominada estreptozotocina, tóxica para el sistema nervioso, capaz de imitar la muerte neuronal y el daño cognitivo que ocasiona la enfermedad de Alzheimer. El comportamiento natural de los roedores es investigar por mayor tiempo los objetos nuevos en comparación con los que ya conocen, pero esa diferencia desaparece cuando hay daños cognitivos. Crunfli trató a los animales del experimento durante siete días con el cannabinoide sintético Acea y observó que las ratas recuperaban cierta memoria en cuanto al reconocimiento de objetos. Además, pudo observarse una mayor sobrevida de las células debido al aumento en la producción de proteínas que combaten la muerte neuronal por apoptosis, según revela un artículo que publicó en abril en la revista Neurotoxicity Research. Según la investigadora, esto sucede porque la medicación disminuye la neuroinflamación y el estrés de las células, características de las enfermedades neurodegenerativas, como es el caso del alzhéimer.

Otro efecto característico de las enfermedades neurodegenerativas consiste en una alteración en el metabolismo de la glucosa, la fuente de energía del sistema nervioso, que actualmente la biomédica está estudiando en el cerebro de ratas en el marco de un proyecto en colaboración con la fisióloga Caroline Real, investigadora de posdoctorado en el Hospital de Clínicas (HC) de la Facultad de Medicina de la USP, en el grupo de estudio del médico nuclear Carlos Buchpiguel y de la farmacéutica Daniele de Paula Faria. En los resultados preliminares, el grupo notó que tanto el tratamiento con Acea como con CBD revirtieron los daños cognitivos y mejoraron el metabolismo de la glucosa, ahondando en la comprensión de los mecanismos implicados.

Existen indicios de que las personas con esquizofrenia también pueden beneficiarse con el cannabidiol, tal como lo había demostrado el grupo de Zuardi desde los primeros estudios en pacientes hace unos 25 años. El tema es delicado, en parte porque el riesgo de desarrollar la enfermedad se triplica en adolescentes que fumaron mucha marihuana. Al analizar los compuestos aislados, se sabe que el THC empeora el cuadro de psicosis en los esquizofrénicos.

El CBD, por otra parte, parece ayudar en el control de los brotes psicóticos. Varios grupos de investigación están trabajando para detallar los efectos y transformar este vasto historial de conocimiento en propuestas de tratamiento. “Algunos de los síntomas de la esquizofrenia, tales como los delirios y las alucinaciones, mejoran con los antipsicóticos existentes”, dice la biomédica Vanessa Abilio, del Departamento de Farmacología de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp). “Otros síntomas, tales como, por ejemplo, los déficits cognitivos, dificultades en el desempeño social y embotamiento afectivo, carecen de nuevas posibilidades de medicación”. El cannabidiol emerge como una alternativa para esos últimos síntomas, que el grupo que ella coordina está estudiando en modelos animales. Las ratas con las cuales se imita la enfermedad deambulan mucho de un lado al otro, un comportamiento que, según explica Abilio, tiene una base neuroquímica similar a la del delirio humano. Los animales tampoco demuestran un interés especial por otras ratas con las que se encuentran por primera vez, un síntoma de limitaciones sociales.

La idea es delinear un tratamiento con cannabidiol que pueda servir como prevención para aquellas personas consideradas de alto riesgo de desarrollar esquizofrenia debido a un historial familiar de la enfermedad o a alteraciones conductuales típicas, tal como ella y otras colegas lo explican en un artículo publicado en 2018 en la revista Frontiers in Pharmacology. Con todo, aún hay un largo camino por recorrer entre los estudios en modelos animales y la posibilidad de llegar a disponer de esa medicación.

También en la frontera entre los estudios en modelos animales y los abordajes clínicos, el biólogo Renato Malcher, de la Universidad de Brasilia (UnB), ha comprobado en roedores una conexión entre el sistema endocannabinoide y la probabilidad de que las crías nazcan con aspectos identificados con el autismo. Malcher pudo extender el estudio a seres humanos gracias a la AMA+ME, una asociación que le provee medicación a aquellos pacientes que obtienen una orden judicial y que, en 2016, trató a 18 pacientes autistas con un compuesto de CBD y THC, en una proporción de 75 a 1, durante un lapso de seis a nueve meses. El investigador analizó los resultados y detectó mejoras en una serie de parámetros, especialmente en cuanto a las convulsiones, los trastornos de déficit de atención, las alteraciones del sueño y las dificultades para la comunicación y la interacción social en 14 de los pacientes (tres de ellos abandonaron el tratamiento y uno no respondió al mismo), según relata en un artículo publicado en octubre de 2019 en la revista Frontiers in Neurology. La salvedad es que no fue un estudio planificado, con todos los controles inherentes a un ensayo clínico. “Fue el estudio que pudo hacerse: muchos pacientes solicitaron el tratamiento en forma simultánea y entonces surgió la oportunidad”, relata. De este modo, la mejoría en los niños pudo medirse según la percepción de los padres, mediante cuestionarios estandarizados y un seguimiento del clínico a cargo, Paulo Fleury-Teixeira. El grupo del pediatra Matitiahu Berkovitch, del Centro Médico Assaf Harofeh en Tel Aviv, Israel, informó resultados similares que salieron publicados en enero de 2019 en la revista Frontiers in Pharmacology. El seguimiento durante un lapso de dos meses de 53 niños medicados con cannabidiol, reveló, a partir del informe de los padres, una mejoría en una serie de síntomas asociados al autismo, tales como ataques de ira, hiperactividad, trastornos del sueño y ansiedad.

Una carrera de obstáculos
El neurocientífico Renato Filev, investigador de posdoctorado en el grupo del psiquiatra Dartiu Xavier da Silveira, en la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), se topó con dificultades que revelan cómo las leyes pueden erigirse como un escollo para la investigación con cannabinoides. En su doctorado, bajo la dirección del neurocientífico Luiz Eugênio Mello, también de la Unifesp, estudió el uso en ratones del THC contra los efectos del alcohol, conforme publicó en 2017 en la revista Alcohol. “El efecto resultó satisfactorio en la merma del comportamiento de locomoción inducido por el alcohol”, sintetiza. Ahora, su intención es continuar investigando el uso de cannabinoides para el tratamiento de las adicciones, especialmente en lo concerniente al crack, prosiguiendo con un trabajo llevado a cabo por Silveira en la década de 1990. Pero aún no ha podido poner en marcha el proyecto.

En 2017, Filev obtuvo financiación en el marco de un convenio entre la Secretaría Nacional de Políticas sobre Drogas (Senad) y la Unifesp. Pero como los protocolos para la obtención de una sustancia controlada –incluso por medio de un acuerdo de donación desde una empresa– no son habituales en la universidad, los trámites burocráticos no están establecidos y acabaron impidiendo que el proyecto pudiera ejecutarse. Él ahora se encuentra abocado a la búsqueda de una nueva financiación y de colaboraciones que le permitan llevar a cabo el ensayo clínico, al cual caracteriza como algo innovador. “No existe nada estandarizado para el tratamiento de la adicción al crack”.

No se avizoran perspectivas de una mejora en la posibilidad de que los investigadores obtengan cannabidiol: en el mes de diciembre, Anvisa rechazó la regulación del cultivo privado de Cannabis sativa. Por ahora solo puede cultivar marihuana la Asociación Brasileña de Apoyo Cannabis Esperanza (Abrace), del estado de Paraíba, instituida en 2015 y que produce extractos para los pacientes asociados.

Léo Ramos Chaves Los linajes que se utilizan para elaborar los extractos medicinales contienen porcentajes conocidos de cannabinoidesLéo Ramos Chaves

De la farmacia doméstica al mercado
En tanto y en cuanto se hace necesario importar extractos a un costo alto, con una buena dosis de burocracia, de demora para la entrega e incertidumbre en los contenidos de cannabinoides, muchas familias brasileñas se constituyeron en asociaciones, como en el caso de Abrace, y han obtenido autorizaciones judiciales individuales para el cultivo y producción artesanal del aceite. Ese es el caso de la bancaria Maria Aparecida Carvalho, apodada Cidinha, quien en 2014 descubrió que el CBD podría ayudar a su hija Clárian, en ese entonces de 10 años, quien padece el síndrome de Dravet. Más allá de las convulsiones frecuentes y prolongadas, esa enfermedad afecta la capacidad de transpiración y la tonicidad muscular, entre otros trastornos, imposibilitando una vida normal. En la actualidad, Cidinha es la presidenta de la Asociación Cultive, cuyo director científico es el psicofarmacólogo Elisaldo Carlini, de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), pionero en el estudio de los cannabinoides en Brasil. Por intermedio de esa asociación, el equipo les enseña a otras familias a obtener la medicación y a extraer el aceite de la planta.

Quienes necesitan medicamentos a base de cannabis se enfrentan actualmente a varios otros desafíos aparte del costo, empezando por hallar a un médico que la prescriba. Por eso, Viviane Sedola, graduada en relaciones públicas, fundó la firma Dr. Cannabis. La empresa mantiene una plataforma que congrega a médicos que recetan cannabinoides y a los cuales los pacientes pueden recurrir. También ayuda en el proceso de preparación de la documentación necesaria para solicitar su aprobación ante Anvisa y colabora para hallar proveedores para la importación. En vista de los cambios recientes anunciados por la agencia, que pretende desburocratizar y acelerar el proceso, Dr. Cannabis podría modificar su espectro de actividades.

Sedola no lo ve como un problema: ella ha batallado por la regulación de los cannabinoides y explica que Canadá es el único país de grandes dimensiones que logró regular el cultivo. “No se puede pensar solo en el agronegocio, ni solo en el paciente, ni solo en la economía”. Como es necesario tener en cuenta a todos, ella aboga por una resolución que surja del Poder Legislativo, y advierte que la comisión de la Cámara de Diputados viene avanzando en el tema: en el mes de febrero se reunió, con la participación como invitado del expresidente de Anvisa, William Dib, y sus representantes viajaron a Colombia para instruirse acerca de la regulación en ese país.

“Estimo que el cannabidiol, el THC y otros cannabinoides se convertirán en fármacos oficiales y serán recetados conforme a ello por los médicos”, dice Mechoulam, de la Universidad Hebraica de Jerusalén, quien calcula que, en Israel, unos 50 mil pacientes disponen de acceso oficial al cannabis medicinal para una variedad de enfermedades. El cannabidiol está visto como seguro porque no existen registros de muertes inducidas por su consumo, pero eso no significa que sea inocuo. El problema principal parece ser que este compuesto inhibe enzimas del hígado que metabolizan otros medicamentos, entonces se debe tener cuidado con las interacciones farmacológicas en los tratamientos que exigen una combinación de medicamentos. “Todos los remedios son peligrosos”, dice Guimarães. “Algunos son útiles”. En su opinión, no hay duda de que los cannabinoides lo son. “Su uso terapéutico es un camino que ya no tiene retorno”, anticipa.

Minitomografía para el cerebro
Léo Ramos Chaves
En un estudio piloto con ratones transgénicos, que sirven como modelo para el estudio del alzhéimer, Caroline Real los trató con CBD cedido por el grupo de Ribeirão Preto como parte de una colaboración entre José Alexandre Crippa y el psiquiatra Geraldo Busatto, de la FM-USP. El resultado fue una disminución de la neuroinflamación en los exámenes mediante tomografía por emisión de positrones (PET); y además se reveló una mejoría en la memoria conforme a la evaluación por el test de reconocimiento de objetos. “A partir de los 15 días de tratamiento ya observamos progresos”, relata.
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