Cuando el objetivo es huir de los predadores, una buena estrategia comprende colores que se confunden con el ambiente, como un marrón que se esfuma cuando una polilla permanece posada sobre el tronco de un árbol. En la senda contraria, algunas especies poseen colores chillones, que alardean un gusto feo o propiedades tóxicas. En busca de entender qué situaciones favorecen cada una de estas opciones, el ecólogo evolutivo británico William Allen, de la Universidad de Swansea, en el Reino Unido, organizó un experimento que se llevó a cabo en los cinco continentes, según se informa en un artículo publicado en el mes de septiembre en la revista Science. La portada de esa edición estampa una fotografía de un abejaruco, un ave africana del género Merops, mientras engulle una mariposa colorida.
En líneas generales, cuando existen muchos predadores insectívoros y la competencia arrecia, las aves se vuelven más propensas a atacar a cualquier presa, aun aquellas que aparentemente son de un gusto desagradable. En ese caso, la coloración de advertencia (aposemática) deja de erigirse como una ventaja. Por otra parte, cuando existen muchos insectos aposemáticos en un área, aumentan las posibilidades de que los predadores pasen por malas experiencias y aprendan de ellas, para pasar entonces a evitar a estas presas. En cambio, cuando existe una abundancia de polillas camufladas, o crípticas, las aves entrenan su mirada y así se vuelven más aguzadas para encontrarlas en los troncos. Los datos indican también que ese disfraz no resulta eficaz en condiciones más luminosas, pues se vuelve más fácil distinguir al animal del sustrato con el que intenta camuflarse.
En el experimento se procuró engañar a las aves predadoras de insectos con triángulos de colores que hacían las veces de polillas. Se los clavaba en los árboles junto a larvas vivas de Tenebrios, un género de escarabajos, que pueden obtenerse comercialmente. Cuando las larvas desaparecían era una señal del ataque de las aves; cuando los predadores eran avispas u hormigas, los investigadores encontraban el señuelo devorado parcialmente. Tres coloraciones simulaban distintas estrategias: marrón, similar a la corteza de los árboles; rayas anaranjadas y negras constituían una coloración típica de advertencia, y azul turquesa y negro oficiaba como control, al ser igualmente fácil vérselo, aunque ello no resulte común en la naturaleza. Allen se encargó cuidadosamente de imprimir las polillas falsas en una misma impresora y enviárselas a los colaboradores que realizarían el experimento en Brasil, Canadá, República Checa, Camerún, la India y Australia.

Vinicius Lopez / UFTMTriángulos y larvas simulan insectos llamativos y discretosVinicius Lopez / UFTM
El grupo brasileño estuvo encabezado por el biólogo Rhainer Ferreira, de la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras de Ribeirão Preto de la Universidade de São Paulo (FFCLRP-USP), junto al entomólogo Vinicius Lopez, en ese entonces su alumno doctoral. Por coincidencia, el estudiante consultó a Allen en 2021 para pedirle sugerencias al respecto de un artículo científico que estaba redactando sobre la coloración de las hormigas aterciopeladas, que a decir verdad son avispas de la familia Mutilidae (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 349). “Podría haber sido solamente un e-mail más perdido en mi casilla de correo electrónico, pero causó un vuelco en mi doctorado”, comenta el investigador, que ahora está cursando una pasantía posdoctoral en la Universidad Federal de Triângulo Mineiro (UFTM). Sucede que el británico se percató de que la línea de investigación que dirigía el entomólogo Rhainer Ferreira se encuadraba en el experimento global que había nacido en 2019, durante un congreso en el cual, expertos en coloración se reunieron para pensar en la realización de un trabajo conjunto. Allen invitó al estudiante brasileño a formar parte del proyecto.
Lopez y sus colegas optaron por trabajar en la Reserva Biológica de Serra do Japi, en la localidad de Jundiaí, en el interior paulista, un monte de Bosque Atlántico, y en la Reserva Particular del Patrimonio Natural (RPPN) Vale Encantado, un área de Cerrado –la sabana brasileña– en el municipio de Uberaba, estado de Minas Gerais. “Fue el trabajo de campo más agotador que he llevado a cabo hasta ahora”, comenta el entomólogo. En el transcurso de ocho días consecutivos, una hora antes del amanecer, había que clavar polillas falsas en 90 árboles sorteados entre los 180 preseleccionados a lo largo de un sendero de 2 kilómetros (km). Luego había que verificar todas ellas al mediodía, nuevamente una hora antes de la puesta del sol y una vez más al día siguiente, una hora después de la alborada (cuando otros 90 árboles ya estaban con sus polillas experimentales). Era necesario fotografiar diariamente algunas de ellas junto a un cuadrado gris impreso también en Swansea, en carácter de control de luminosidad. Y también había que recorrer la senda anotando qué aves se avistaban y grabando sus vocalizaciones para generar un catálogo de la comunidad de predadores del área. Los equipos de los otros cuatro continentes hacían exactamente lo mismo. “A la noche debíamos cocinar, cenar, lavar los platos, cortar los triángulos, sortear los árboles y, cuando queríamos acordar, ya era medianoche, y debíamos despertarnos a las cuatro y media de la madrugada”, comenta Lopez.
“Los resultados me parecieron sumamente interesantes”, sostiene el biólogo Paulo Oliveira, de la Universidad de Campinas (Unicamp), quien no participó en el estudio. “No obstante, cabe acotar que cuando se lleva a cabo algo así, muy grande, a una amplia escala geográfica, se pierden los detalles locales que quizá expliquen mejor los resultados”. A causa de este carácter global, según remarca el investigador, no es posible sacar demasiadas conclusiones sólidas. Merced a las condiciones en las cuales el aposematismo o el camuflaje se revelaron más ventajosos, de este estudio se desprende una tendencia general: el camuflaje constituye una estrategia menos estable, más sujeta a las alteraciones provocadas por las actividades humanas, tales como las alteraciones en la luminosidad producto del desmonte, o en la coloración de los árboles, a causa de la polución del aire. Los colores vivos funcionan como advertencia en cualquier ambiente, con algunas variaciones según la luminosidad y la comunidad de predadores existente.
Para Oliveira, este estudio puede erigirse como un rico punto de partida para la concreción de experimentos locales, en distintos ecosistemas brasileños. “Sería interesante comparar el Bosque Atlántico, el Cerrado y la Caatinga para estudiar en mayor detalle la prevalencia de insectos camuflados y aposemáticos en estos tres biomas”, sugiere, ya que el objetivo del trabajo realizado no era comparar, sino encontrar puntos en común. Otra próxima etapa posible consistiría en verificar las estrategias de defensa predominantes en diferentes formaciones forestales, a los efectos de dilucidar si lo que parece ser más ventajoso se ve efectivamente favorecido por la selección natural. “Sería un excelente próximo artículo”, coincide Lopez.
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