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NECROLÓGICAS

Científico, intelectual y disidente

El físico Luiz Pinguelli Rosa fue uno de los principales formuladores de los proyectos de autonomía energética brasileña

Luciana Whitaker / FolhapressPinguelli en 2004, en el campus de la UFRJ, donde era profesor del CoppeLuciana Whitaker / Folhapress

La capacidad crítica, la rigurosidad científica y la independencia de ideas que animaban su compromiso político son las características principales de la trayectoria del físico nuclear Luiz Pinguelli Rosa, quien falleció el jueves 3 de marzo en Río de Janeiro, a los 80 años. Profesor emérito del Instituto de Posgrado e Investigación en Ingeniería Alberto Luiz Coimbra de la Universidad Federal de Río de Janeiro (Coppe/UFRJ) y expresidente de Eletrobras, había sido hospitalizado a causa de complicaciones derivadas del covid-19. Deja tres hijos y dos nietos.

Fue un científico pionero en la adopción de un abordaje interdisciplinario en los estudios de planificación energética. Su desempeño profesional es inseparable de su visión sobre los modelos de desarrollo brasileños, prestando especial atención a la superación de las desigualdades y a la atenuación de los impactos ambientales generados por el crecimiento económico.

Había nacido en Río de Janeiro, donde en 1967 se graduó como físico en la UFRJ, tras haber dedicado un breve período de su juventud a la carrera militar, que abandonó cuando fue detenido por criticar el golpe de Estado de 1964. Realizó una maestría en ingeniería nuclear también en la UFRJ y un doctorado en física en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC-RJ).

Sensible a las cuestiones políticas y sociales, Pinguelli se enfrentó al reto de organizar el sistema eléctrico brasileño para sostener el crecimiento económico con el menor impacto posible sobre el medio ambiente, tratando también de minimizar los costos de generación y la transmisión de la energía. El físico Sergio Rezende, de la Universidad Federal de Pernambuco, comenta que Pinguelli “advirtió tempranamente la importancia de que Brasil cuente con una matriz energética más diversificada, con la participación de las energías eólica, solar y nuclear”. Rezende, quien fue ministro de Ciencia y Tecnología, destaca la importancia de Pinguelli en la coordinación, durante el período en el que ocupó la presidencia de Eletrobras, de estudios y proyectos para la diversificación de la producción de la energía en Brasil en las próximas décadas e iniciando la expansión de la energía eólica en el país.

El ingeniero Ildo Sauer, del Instituto de Energía y Medio Ambiente de la Universidad de São Paulo (IEE-USP), dice que Pinguelli siempre buscó “valorar la singularidad del sistema brasileño, con vastos recursos hídricos, en detrimento de las centrales termoeléctricas, caras y contaminantes, que no garantizan la estabilidad del sistema”.

Sauer, quien en 1980 defendió su maestría bajo la dirección de Pinguelli, destaca la importancia de que este haya “aplicado la rigurosidad científica en la comprensión del sistema energético, entendiendo que los avances de la ciencia son fundamentales para el crecimiento económico y para poder superar los desequilibrios y las asimetrías de la sociedad brasileña”.

A la par que presionaba por la adopción de políticas públicas con la mira puesta en la autonomía energética nacional, Pinguelli sostenía que el camino por seguirse consistía en reducir la dependencia externa del país para la obtención de tecnologías de generación de la energía. En este sentido, criticó la decisión del régimen militar (1964-1985) de incluir la energía nuclear en la matriz energética de Brasil a través de la compra de una central terminada a la empresa estadounidense Westinghouse, sin tener acceso a los conocimientos tecnocientíficos necesarios para la fabricación del reactor. Él también fue una de las voces críticas al Acuerdo Nuclear Brasil-Alemania (1975), un programa de transferencia de tecnología entre ambos países que consistió en la “adquisición de reactores nucleares sin la correspondiente evaluación de la posibilidad de desarrollar una capacidad nacional en ese campo”, define el físico Ennio Candotti, actualmente en la Universidad Federal de Amazonas. Además de poner en duda la eficacia de la transferencia de tecnología convenida en el acuerdo, Pinguelli también criticó la estipulación de los costos de las centrales y la tecnología elegida para el enriquecimiento del uranio. “Fue una iniciativa de la dictadura sin consultar a la comunidad científica”, añade Rezende. La compra pactada con Westinghouse dio origen a la central nuclear Angra 1, cuya operación comercial dio comienzo en 1985 en Angra dos Reis, estado de Río de Janeiro. El convenio con Alemania preveía la construcción de ocho nuevas usinas, con la incorporación creciente de tecnología nacional. Pero solamente pudo terminarse Angra 2, que comenzó a funcionar en 2001. Angra 3 se está construyendo.

El físico coordinó la diversificación de la producción de la energía en Brasil para las próximas décadas, iniciando así la expansión de la energía eólica

A finales del siglo pasado, los avances científicos sobre el cambio climático causado por la emisión de gases de efecto invernadero le sumaron otra dimensión de complejidad a la cuestión del desarrollo económico brasileño. Pinguelli respondió a esto tratando de entender el impacto ambiental y climático de las diferentes formas de producción de la energía. El ingeniero Maurício Tolmasquim, del Coppe, cita los estudios del físico sobre las emisiones de metano en las centrales hidroeléctricas. Pinguelli formó parte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y ocupó el cargo de secretario ejecutivo del Foro Brasileño sobre el Cambio Climático, colaborando en la coordinación de esfuerzos para el desarrollo de fuentes de energía renovables.

La interdisciplinariedad, una cuestión fundamental en las ciencias del clima, caracterizó a la labor académica de Pinguelli, que fue quien creó la división de investigación en planificación energética en el Coope, en la que confluyen conocimientos de ingeniería, de física, de economía y de sociología. Sus estudios en planificación energética lo llevaron a la presidencia de Eletrobras, cargo que ocupó entre enero de 2003 y mayo de 2004. En el Coppe, fue director durante cinco períodos, entre 1986 y 2015.

Pinguelli también fue docente del Programa de Historia de la Ciencias y la Técnica y de Epistemología en la UFRJ, y escribió el libro Tecnociências e humanidades [Tecnociencias y humanidades] (editorial Paz e Terra, 2005), en dos tomos, que se volvió una referencia en este campo eminentemente transdisciplinario. En esta universidad ayudó a que se afianzara, durante la década de 1990, el Foro de Ciencia y Cultura, que así adquirió una mayor influencia y cercanía con la sociedad, y que actualmente coordina la matemática e historiadora Tatiana Roque.

Roque aclara que, más que en la investigación, la labor de Pinguelli se centró en la formación de investigadores, incluida ella misma. Dirigió a decenas de alumnos de maestría y doctorado, y fue profesor e investigador visitante en universidades e instituciones de investigación de Estados Unidos, Francia, Polonia, Italia y Argentina.

Candotti, quien siguió de cerca la carrera de su colega, dice que Pinguelli no se conformó con hacer ciencia por el mero hecho de hacer ciencia. “Se dedicó a legarle a la física una dimensión mayor, como parte del reto de brindarle al país una capacidad de desarrollo justo, en sintonía con los derechos humanos”, dice. Para Rezende, el legado de Pinguelli tuvo varias facetas: “Más allá de haberle brindado muchas contribuciones científicas al área de la energía, también se desempeñó como gestor y líder del movimiento docente para el fortalecimiento de las universidades públicas”.

En las declaraciones de sus colegas, el físico aparece como un científico e intelectual muy poco dogmático. “No aceptaba verdades impuestas, tenía un espíritu contestatario”, recuerda Tolmasquim. “Aun con toda su experiencia acumulada, escuchaba a la gente y a menudo incorporaba lo que oía a su pensamiento”, dice Roque. Sauer subraya la fidelidad de Pinguelli a la rigurosidad científica a la par de “haber sido siempre un pensador independiente y cuestionador”. Y Candiotti destaca: “Pinguelli era un disidente, un emblema de resistencia que trabajó para crear una universidad mejor en un mundo democrático”.

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