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Especial Biota Educación X

El valor de la naturaleza

Los debates del Ciclo de Conferencias sostienen la importancia de los servicios ecosistémicos asociados a la biodiversidad

La Bahía do Araçá alberga uno de los últimos remanentes de manglar del litoral de São Sebastião. Al bajar la marea, una gran área con fondo de arena y lodo queda al descubierto (click para ver el mapa)

GABRIEL MONTEIRO La Bahía do Araçá alberga uno de los últimos remanentes de manglar del litoral de São Sebastião. Al bajar la marea, una gran área con fondo de arena y lodo queda al descubierto (click para ver el mapa)GABRIEL MONTEIRO

En tiempos de cambios climáticos, los principios ecológicos anteriormente dejados de lado parecen cobrar fuerza, marcando su presencia en discusiones políticas de planificación económica para un plan estratégico de desarrollo sostenible. “Tal vez el mejor ejemplo de ese avance en relación con los debates acerca de la conservación ambiental sea la creación ‒un tanto atrasada, dicho sea de paso‒ de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos de la Organización de las Naciones Unidas en 2012”, resaltó Carlos Joly, coordinador del programa Biota-FAPESP durante su discurso de apertura de la temporada 2014 del Ciclo de Conferencias Biota-FAPESP Educación el día 20 de febrero, en São Paulo. Joly opina que la plataforma, a la cual se la conoce por su sigla en inglés Ipbes, será la responsable de la difícil tarea de lograr que el conocimiento científico sobre la biodiversidad producido en todo el mundo se unifique y sistematice con el objetivo de favorecer decisiones políticas y económicas a nivel internacional, “según los parámetros del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, el IPCC”, completó.

No obstante, las modificaciones en la percepción de los agentes políticos con respecto a la importancia de la conservación ambiental, ocurrieron en forma lenta, a partir del siglo XIX, según la bióloga Rozely Ferreira dos Santos, del Instituto de Biociencias de la Universidad de São Paulo (IB-USP), y comenzaron a ganar cuerpo con los estudios que procuraron valorar las funciones ecosistémicas bajo la premisa de que las actividades económicas y el bienestar humano serían dependientes de los servicios naturales generados por ellas, tales como la producción de oxígeno, alimento y agua potable. Durante décadas, esas ideas fueron debatidas, reformuladas y criticadas: “Los animales, las plantas y los ecosistemas tienen un valor en sí mismos, independientemente de la utilidad que puedan representar para el hombre”, diría el ambientalista estadounidense Aldo Leopold. De cualquier manera, hasta la década de 1990, “los procesos de producción económica siempre prevalecían sobre los debates por la preservación ambiental”, dijo Ferreira en su discurso, por medio del cual presentó una síntesis histórica de estudios dirigidos por economistas y ambientalistas en la búsqueda de definiciones objetivas e integrales al respecto.

Rozely Ferreira dos Santos y Alexander Turra

Léo RamosRozely Ferreira dos Santos y Alexander TurraLéo Ramos

A su juicio, esos grupos divergieron por años en cuanto a conceptos tales como el de funciones ambientales y servicios naturales, entre otros, mostrándose incapaces de entenderlos como principios unificadores de los intereses de ambas partes. Ese conflicto fue amainando a medida que se comenzó a percibir a los bienes y servicios del ecosistema como sistemas de soporte no sólo para la vida, sino también para la economía. En estudios publicados a mediados de 1990, por ejemplo, se calculó el valor de los servicios ecosistémicos a nivel mundial en 33 billones de dólares, de los cuales 20,9 billones corresponden a bienes y servicios asociados con ambientes marinos y costeros. “Observamos que los procesos oceanográficos se encontraban ligados a servicios que necesitábamos comenzar a entender”, dijo el biólogo Alexander Turra, del Instituto Oceanográfico de la USP y uno de los disertantes invitados.

Bahía de Araçá
A partir de 2012, Turra participa en la coordinación de un proyecto temático en el marco del programa Biota-FAPESP con el objetivo de compilar ‒aunque en forma preliminar‒ y describir la biodiversidad de la Bahía do Araçá, en el municipio de São Sebastião, en la costa de São Paulo, presentando también alternativas para la intervención del ser humano en el funcionamiento de ese ambiente e incluso promoviendo iniciativas tendientes a revertir el actual cuadro de degradación ambiental. “Buscamos la integración de diferentes áreas del conocimiento ambiental, físico, biológico y social con estudios de biodiversidad, conservación y gestión marina”, explicó. Según sostiene, la idea se basa en un intento por conciliar el estilo de vida local con la preservación ambiental. Un enorme desafío, reconoce, “que requiere cambios culturales muy profundos en la sociedad”.

Un tipo de alga común en Araçá recuerda a un pequeño racimo de uvas

Gabriel MonteiroUn tipo de alga común en Araçá recuerda a un pequeño racimo de uvasGabriel Monteiro

La ensenada de Araçá es un área limitada por flancos rocosos que abarca cuatro playas ‒Deodato, Pernambuco, Germano y Topo‒ y dos islas ‒Pernambuco y Pedroso‒ entre Ilhabela y São Sebastião. Dada su proximidad con la trama urbana, este conjunto de pequeñas playas, promontorios rocosos, bancos de arena y lodo, hace tiempo que viene siendo expuesto a distintos tipos de actividades antrópicas, tales como ocupaciones irregulares, efluentes cloacales residenciales y derrames de petróleo, a raíz de su proximidad con el puerto de São Sebastião y la terminal de la portuaria de Petrobras.

De cualquier modo, el ambiente parece resistir la intervención humana. La bahía de Araçá contiene actualmente uno de los últimos remanentes del manglar del litoral de São Sebastião. En opinión de Turra, esos ecosistemas resultan importantes para el mantenimiento de la vida marina. Además, la capacidad de los manglares para absorber carbono de la atmósfera y almacenarlo cobró relevancia en función de las alteraciones climáticas (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 216). Araçá alberga una alta diversidad biológica. La biodiversidad conocida del lugar suma 733 especies, 34 de ellas descritas como nuevas para la ciencia, además de constituir un reducto para los pescadores artesanales, que emplean pequeñas canoas rústicas para la captura de peces y crustáceos. “Pero tan importante como la identificación de esa riqueza biológica es la comprensión de la importancia de esa diversidad y qué servicios se encuentran asociados con ella”, dijo el biólogo.

Anémonas de mar (Anemonia sulcata) en un charco de agua formado por la marea en Araçá

Gabriel MonteiroAnémonas de mar (Anemonia sulcata) en un charco de agua formado por la marea en AraçáGabriel Monteiro

Al cabo de algo más de dos años de proyecto, Turra y sus colaboradores aún procuran comprender cómo los habitantes de esa región perciben al Araçá. Con base en entrevistas, ellos notaron que la población parece comprender la importancia de ese ambiente para el sostén de la vida, la economía y también el mantenimiento de su identidad y herencia cultural. Con los datos recabados en esas entrevistas y otros datos, los investigadores sistematizaron los bienes y servicios marinos provistos por la biodiversidad marina de aquella región. “La bahía de Araçá le ofrece al hombre importantes servicios ambientales, culturales y económicos, que varían desde la provisión de alimento y materia prima hasta la regulación del clima ‒por medio de la absorción de dióxido de carbono (CO2)‒ y el reciclado de nutrientes”, resumió.

El grupo de Turra también está desarrollando iniciativas con el objetivo de acercar a los diferentes actores sociales para un debate en varios sectores, “como por ejemplo, docentes de la educación básica y media, que pueden trabajar la lógica de los servicios del ecosistema y la valoración de los beneficios ambientales con sus alumnos”, dijo. Según él, los servicios del ecosistema no son normalmente reconocidos en la toma de decisiones. De allí la importancia de mostrar su valía y de establecer mecanismos que puedan efectivamente captar sus valores.

Una tarea no tan sencilla, a juzgar por la propia dificultad para establecer un concepto único para el término “servicios ecosistémicos”. Para Rozely Ferreira dos Santos, a medida que diferentes autores fueron trabajando en forma individual en el transcurso de los años, se fue ampliando el conjunto de definiciones atribuidas a esos servicios. “Los servicios son condiciones y procesos o bien son funciones del ecosistema, y en otras situaciones son producto de funciones ecológicas”, dijo. Para ella, la definición es sencilla: los paisajes albergan estructuras y procesos relacionados con funciones (como son las poblaciones de peces) que proveen servicios (existencias de peces), los cuales deben trabajarse dentro de un contexto sociocultural, a partir de sus beneficios. Según la bióloga, la valoración de esos servicios debe comenzar en las estructuras y en los procesos que determinan sus funciones.

Galleta de mar (Encope emarginata) en un sedimento de arena y lodo

Gabriel MonteiroGalleta de mar (Encope emarginata) en un sedimento de arena y lodoGabriel Monteiro

Un concepto indefinido
Un proyecto de ley de 2010, que dispone sobre la Política Estadual de Cambios Climáticos en el estado de São Paulo, fue más allá y definió a los servicios ecosistémicos como beneficios que la gente obtiene de los ecosistemas y a los servicios ambientales como los servicios ecosistémicos que se traducen en impactos positivos más allá del área donde se generaron. Ferreira sostiene que la ley le sumó al debate un concepto de servicios ambientales que pocos autores utilizan. “El inconveniente radica en que apenas se consolidó un concepto y ya están surgiendo otros, que se aplican con formato de ley. Esto puede comprometer un abordaje integral, donde tanto los aspectos ecológicos, como sociales y económicos se consideran en un análisis de las interfaces existentes entre servicios ecosistémicos, sistema económico y bienestar social.

El Ciclo de Conferencias Biota-FAPESP Educación es una iniciativa del programa Biota-FAPESP, en colaboración con la revista Pesquisa FAPESP. En 2014, las conversaciones tendrán como foco los servicios ecosistémicos, complementando las charlas de 2013 sobre los principales ecosistemas brasileños. Según Carlos Joly, los conceptos vertidos en ese debate todavía no se encuentran completamente definidos, sino que se encuentran en evolución, “haciéndose cada vez más presentes en las discusiones referentes a la conservación, estrategias y políticas”, concluyó.

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