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Medio ambiente

Energía transformadora

Debaten en una conferencia el rol de los biocombustibles en el combate contra el calentamiento global

La preservación de las selvas tropicales fue uno de los temas en debate durante el desarrollo del evento

Wikimedia Commons

En su quinta edición, que se llevó a cabo durante los días 5 y 6 de junio en el Instituto de Energía y Medio Ambiente de la Universidad de São Paulo (IEE-USP), la Conferencia Regional sobre Transformaciones Globales de 2018 agasajó al físico José Goldemberg, presidente de la FAPESP, quien cumplió 90 años en el mes de mayo. El evento estuvo dedicado a los temas en los que Goldemberg concentró su actividad durante las últimas cinco décadas, casi siempre en asuntos presentes en la interfaz entre la ciencia y las políticas públicas. “La conferencia se estructuró en torno a tres ejes temáticos: el papel de las fuentes renovables de energía, la preservación de las selvas tropicales y el apoyo a la sostenibilidad, y las negociaciones internacionales para combatir los cambios climáticos”, dijo el meteorólogo Pedro Leite da Silva Dias, director del Instituto de Astronomía, Geofísica y Ciencias Atmosféricas (IAG-USP) y presidente de la comisión organizadora del evento.

Los estudios al respecto de la producción de etanol, incluso el de segunda generación, que se obtiene a partir de la celulosa, y las posibilidades de crecimiento del mercado para ese biocombustible se abordaron en un panel científico sobre energías renovables. “En los años 1970, el profesor Goldemberg llevó a cabo un trabajo pionero que reveló que la energía consumida para producir etanol a partir de la caña de azúcar era mucho menor que la generada por ese biocombustible”, comentó el botánico Marcos Buckeridge, del Instituto de Biociencias (IB) de la USP, quien coordinó el panel científico.

La bióloga molecular Glaucia Mendes Souza, también del IB-USP y miembro de la coordinación del Programa FAPESP de Investigación en Bioenergía (Bioen), remarcó que la difusión del empleo del etanol como forma sostenible de bioenergía en América Latina y en África constituye un incentivo importante en pos de una economía de bajo carbono a lo largo de este siglo. “La bioenergía es esencial para reducir las emisiones de gases con efecto invernadero en todo el mundo”, dijo Mendes Souza.

Eduardo Cesar Zafra de la caña en el interior de São Paulo: el etanol puede ser de ayuda para reducir las emisiones de gases de efecto invernaderoEduardo Cesar

El futuro de los combustibles
Uno de los puntos en debate fue el rol que podría cumplir el etanol en el mercado futuro de combustibles en Brasil. El ingeniero Roberto Schaeffer, docente del Programa de Planificación Energética del Instituto Alberto Luiz Coimbra de Posgrado e Investigación en Ingeniería de la Universidad Federal de Río de Janeiro (Coppe-UFRJ), planteó dudas acerca de la opción brasileña de continuar invirtiendo firmemente en la producción de vehículos flex, impulsados tanto con etanol como con gasolina en las próximas décadas. Según Schaeffer, la industria automovilística mundial parece encaminarse a la adopción de los autos eléctricos –cuyos motores son más eficientes desde el punto de vista del consumo de energía que los motores de combustión– como el estándar de los vehículos de paseo de aquí a 10 ó 20 años. En ese escenario, acaso el automóvil impulsado con etanol, que no contará con un mercado consumidor global, no sería la mejor alternativa, incluso desde un punto de vista ambiental. “Las elecciones energéticas actuales van a moldear nuestro futuro”, dijo Schaeffer.

El investigador de la Coppe ha realizado estudios en los que intenta simular cuáles serían las tecnologías energéticas más baratas y eficientes para que Brasil logre cumplir las metas voluntarias de reducción de la emisión de gases de efecto invernadero asumidas con ocasión de la 21ª Conferencia sobre Cambio Climático (COP-21) que se llevó a cabo en 2015 en la capital francesa. El objetivo del Acuerdo de París consiste en intentar evitar que, en comparación con los niveles preindustriales, la temperatura media global crezca más de 2 grados Celsius (la meta más ambiciosa estipula un aumento máximo de 1,5 grados). De esa manera, el impacto de los cambios climáticos podría ser menor.

La diferencia reside en saber cómo se producirá la energía eléctrica que utilizarán los autos

En comparación con los niveles de 2005, Brasil se comprometió a reducir sus emisiones de carbono en un 37% para 2025 y en un 45% para 2030, así como a erradicar la deforestación ilegal en la Amazonia en 2030. Para dar cumplimiento a esas metas, el país deberá administrar su cuenta de carbono de forma tal que no sobrepase su límite de emisión. “Según el escenario futuro elegido (limitar el aumento de la temperatura a 2 grados o solamente a 1,5 grados), el etanol podría dejar de ser un combustible competitivo para impulsar vehículos”, analizó Schaeffer. “Tal vez su utilización se vea limitada a ciertos nichos del mercado, como la aviación, por ejemplo”.

No todos comparten la perspectiva del investigador de la Coppe acerca del futuro del etanol. “Los estudios de Schaeffer son importantes y serios”, comentó Buckeridge. “Pero tan sólo son simulaciones, que se basan en modelos que tienen en cuenta la eficiencia energética y la capacidad de emitir más o menos carbono de las diversas tecnologías conocidas”. Según él, desde un punto de vista ambiental, el conocimiento de la forma en que se produce la energía eléctrica que posiblemente se use en los vehículos será lo que marque la diferencia. Aunque los vehículos eléctricos funcionen sin emitir carbono en forma directa, no siempre su energía fue generada en forma limpia. Aquellos países que queman grandes cantidades de carbón o de combustibles fósiles para generar electricidad presentan una matriz energética sucia. “En ese caso, el uso del vehículo en sí no contamina, pero la energía que se emplea para abastecerlo no se produce en forma renovable y ecológicamente responsable”, concluye Buckeridge.

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