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MEDIO AMBIENTE

La central hidroeléctrica Belo Monte y el estiaje secan la zona de Volta Grande do Xingu

El monitoreo indica que el bajo caudal del río Xingú impide la reproducción de peces e inviabiliza el modo de vida de las poblaciones indígenas y ribereñas

La vegetación de los igapós es de escasa altura y crece sobre la arena y las piedras del lecho que debería inundarse en las épocas de crecida

Carlos Fabal / AFP vía Getty Images

A finales de noviembre, cuando comenzaba la temporada de lluvias en la cuenca del río Xingú, los sarobais florecían en medio a los igapós y los pacúes, sábalos o curimatás, pavones o tucunarés y otros peces empezaban a alistarse para desovar en las piracemas de la zona de Volta Grande do Xingu (VGX), en el estado brasileño de Pará. Los habitantes de la región ‒indígenas y pobladores ribereños‒ planificaban su acampe anual en estas áreas para aprovechar la pesca abundante y se desplazaban principalmente en sus lanchas voadeiras, reservando sus pequeñas rabetas para las aguas poco profundas. Esta descripción, plagada de términos que reflejan todo un sistema socioambiental, está escrita en pasado verbal porque en los últimos años nada de esto ha ocurrido. Ello se debe a la devastadora combinación que supuso la construcción y puesta en marcha de la central hidroeléctrica de Belo Monte y las sucesivas sequías extremas que han azotado a la Amazonia.

La central de Belo Monte comenzó a construirse en 2010, aprobada por el gobierno brasileño antes de que se presentara el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) y contrariando las recomendaciones del Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama). La generación de energía en ella transcurre por agua fluyente o de pasada, es decir que no requiere la construcción de grandes represas. Pero esto no significa que tenga poco impacto. En el caso del complejo hidroeléctrico de Belo Monte, se excavó un canal que desvía el agua de Volta Grande hacia un embalse al final del cual la usina principal genera casi toda la energía que entrega dicho complejo (véase la infografía abajo). Las decenas de comunidades ribereñas y los tres poblados indígenas que habitan a lo largo de los 130 kilómetros (km) de VGX han pasado a compartir el río con la generación de energía para los centros urbanos de todo el país.

Alexandre Affonso / Revista Pesquisa FAPESP

Según el geólogo André Sawakuchi, de la Universidad de São Paulo (USP), el proyecto original tenía previsto reducir el caudal de VGX hasta un 80 %. “Es un diseño que crea una situación de conflicto por el agua”. Frente a ello, los indígenas se percataron de que debían supervisar su impacto. “Comenzamos a realizar un monitoreo en 2013, antes del cierre de la presa”, relata Josiel Juruna, segundo al mando de la aldea Mïratu, en la Tierra Indígena Paquiçamba. Con ayuda del Instituto Socioambiental (ISA), su grupo empezó a tomar nota de la pesca y la caza que llegaban a la aldea y amplió su actividad a otras seis comunidades indígenas de la zona. Así nació el Monitoreo Ambiental Territorial Independiente (Mati), coordinado por Juruna. La central comenzó a funcionar en 2016 y alcanzó su capacidad plena en 2019.

Desde 2019, a pedido del Ministerio Público Federal (MPF), el Mati también cuenta con la participación de investigadores de nueve universidades y centros de investigación, entre ellos Sawakuchi. “Los informes solicitados por la empresa Norte Energia se publican en un formato que los habitantes de las comunidades no entienden”, dice la bióloga Camila Ribas, del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa), una de las coordinadoras. El rol de estos investigadores consiste en seguir de lejos las actividades cotidianas de los monitores, con visitas presenciales esporádicas, colaborar en la sistematización de los datos y elaborar documentos con validez científica que también puedan servir de apoyo en la lucha por sus derechos. Desde principios de 2023, la labor del equipo científico es financiada por la FAPESP y las Fundaciones de Apoyo a la Investigación de los Estados de Pará y Amazonas (Fapespa y Fapeam), en el marco de la iniciativa Amazonia+10.

En 2021, el Mati sumó a las comunidades ribereñas. “No nos conocíamos, pero necesitábamos trabajar juntos”, recuerda Juruna, quien ‒al igual que los pobladores ribereños Raimundo Silva y Orcylene Reis‒ conversó con Pesquisa FAPESP por videollamada al final de una jornada en la que demarcaron nuevas parcelas de monitoreo. Las inspecciones del Mati, explica Ribas, se llevan a cabo diariamente y en múltiples lugares, mientras que la empresa inspecciona solo unos pocos puntos cuatro veces al año.

El coordinador de los monitores ribereños, Raimundo Silva, vive en la comunidad Goianinho, situada al final de VGX, y enfatiza que la vegetación de escasa altura típica de las zonas inundables, el sarobal, está seca. Según un artículo en proceso de publicación en la revista Perspectives in Ecology and Conservation, cuyo autor principal es el ecólogo Adriano Quaresma, investigador que realiza una pasantía posdoctoral en el Inpa, la variación natural del nivel del río llega a los 4 metros (m), con un máximo de entre marzo y abril y un mínimo entre julio y agosto. Pero en la zona de impacto de Belo Monte, esta amplitud no supera los 1,6 m y la inundación de los igapós, las áreas que quedan anegadas tras la creciente del río, llega con un retraso de hasta cuatro meses. “Hemos constatado que el 70 % de estos bosques de aguas negras de la región de VGX ya no se inunda durante las crecidas”, dice Ribas.

Carlos Fabal / AFP vía Getty ImagesFue durante una de las navegaciones organizadas para los visitantes que los indígenas Yudjá-Juruna invitaron a los investigadores a participar del monitoreoCarlos Fabal / AFP vía Getty Images

Debido a la drástica disminución del anegamiento, a lo que se suma la muerte de las plantas típicas de la zona, los investigadores dan cuenta del crecimiento de especies vegetales intolerantes a la inundación. Ribas es experto en aves y ya ha registrado la presencia de especies que no suelen frecuentar zonas inundadas, otro indicador de la modificación de las características ecológicas de estas áreas.

De los 401 registros de frutos caídos verificados, 327 (el 81 %) no encontraron agua. Esto significa que los peces y las tortugas acuáticas ‒el terecay o taricaya‒ no han encontrado este alimento, aunque consigan adentrarse en los canales. En las áreas situadas aguas arriba del embalse Pimental, nada de esto ha ocurrido.

Orcylene Reis, de la comunidad Bacajá, dice haber visto que en el río han proliferado los insectos acuáticos conocidos como jejenes. “Esto sucede porque cada vez hay menos peces, que se alimentan de ellos”, explica. Ella es coautora de un artículo ‒también en proceso de publicación en Perspectives in Ecology and Conservation‒ cuyo autor principal es Josiel Juruna, que muestra que el caudal, medido a través de reglas graduadas instaladas en todas las piracemas monitoreadas, ha sido insuficiente para la reproducción de los peces. Los habitantes del Xingú denominan piracema ‒término habitualmente empleado para designar los desplazamientos migratorios de los peces para reproducirse‒ a los sitios propicios para el desove, donde los alevines se desarrollan hasta ser lo suficientemente grandes como para trasladarse al cauce principal del río.

“Se necesita un caudal de 10.000 a 15.000 metros cúbicos por segundo [m3/s] para que se desencadene el metabolismo hormonal que da inicio a la migración de los peces hacia la piracema de Zé Maria”, explica la bióloga Janice Muriel-Cunha, de la Universidad Federal de Pará (UFPA), y también integrante del Mati. “Esto ya no está sucediendo”. Según ella, las piracemas se llenan fuera de sincronía con el período fisiológico de reproducción, demasiado tarde para los peces.

Lo propio sucede en varias de las áreas supervisadas, y peces como el pacú y el sábalo, los más apetecidos allí, se han vuelto raros, lo que indica que su ciclo reproductivo se ha interrumpido. Los terecayes, que formaban parte de la alimentación y la cultura de las comunidades indígenas, también se encuentran en peligro.

“Ya casi no hay pesca en nuestro río”, resume Raimundo Silva. La alimentación de los pobladores ribereños ha cambiado por completo: necesitan ir al supermercado y comprar pollo, mortadela y conservas enlatadas. “Nos vemos obligados a causar daño ampliando las áreas de cultivo, y cuando talamos los árboles frutales, ello aleja a los animales de caza que comen sus frutos”, añade.

Una actividad económica tradicional de la región era la pesca de peces ornamentales. “El lecho del río está compuesto por rocas que albergan una variedad de peces únicos como el pleco cebra”, dice Muriel-Cunha, de la UFPA, en alusión a la especie Hypancistrus zebra, que se encuentra en peligro de extinción. Este tipo de pesca ha disminuido drásticamente.

La navegación también se ve perjudicada, al quedar vedado el paso para las lanchas conocidas popularmente en la región como voadeiras. Las rabetas ‒pequeñas embarcaciones con una hélice pequeña dispuesta en el extremo de una larga pértiga, que puede ajustarse para mantenerse cerca de la superficie‒ aún pueden utilizarse en ciertos casos, pero cada vez es más habitual tener que recurrir a las pequeñas canoas impulsadas por remos.

Un conflicto socioambiental
Los investigadores sostienen que el suministro de agua a Volta Grande, controlado por la represa de Pimental, debe ajustarse al ritmo natural para que los igapós se cubran de agua durante el período de crecida, entre diciembre y febrero, y se mantengan el tiempo suficiente como para que los huevos eclosionen y los alevines se desarrollen, un proceso que dura unos tres meses para muchas especies. “La única posibilidad es modificar el hidrograma aplicado actualmente por Norte Energia”, sostiene Sawakuchi. El volumen total de agua previsto en el plan de operación de la central no existe en la estación seca, una situación que se ve agravada por las sequías extremas de 2023 y de este año.

Para que el ecosistema sobreviva, sería esencial otorgar prioridad a VGX cuando el caudal aumenta. Pero no es éste el plan de Norte Energia. “Considerando que el hidrograma se definió a partir de los EIA que habilitaron la ejecución de la central, con base en la capacidad de generación de energía para el Sistema Interconectado Nacional; que los impactos detectados son los previstos en el EIA, y que Norte Energia ha implementado acciones de mitigación y compensación, no hay necesidad de hablar de un ajuste del hidrograma”, dijo Bruno Bahiana, superintendente Socioambiental y del Componente Indígena de Norte Energia, vía correo electrónico.

Los habitantes de VGX argumentan que los proyectos de sostenibilidad no se han cumplido. Orcylene Reis inspecciona la calidad del agua de los pozos instalados en algunas comunidades e informa que esta no es potable. “El agua está contaminada con amoníaco”. Según ella, los pozos son poco profundos, y algunos ya se han secado.

Mati-VGXAnte la falta de inundaciones durante años sucesivos, los frutos caen en suelo seco y el sarobal está desapareciendoMati-VGX

No hay solución posible una vez construida la central; se apunta a minimizar los daños. “Lo ideal sería que Brasil se vuelva menos dependiente de la energía hidroeléctrica”, arguye Sawakuchi. “Creo que es totalmente erróneo hablar de la energía hidroeléctrica producida por grandes represas como energía limpia”, sostiene el antropólogo Emilio Moran, de la Universidad del Estado de Michigan, en Estados Unidos (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 284). “Hay estudios que ya han constatado las grandes emisiones de carbono y metano procedentes de las usinas con embalses”. A su juicio, los daños ambientales y sociales de las represas son permanentes y crean una situación insostenible para la pesca y la sociedad en su conjunto.

Las consecuencias son visibles incluso fuera de la zona de impacto directo, tal como quedó demostrado en un estudio coordinado por Moran en una comunidad ribereña, publicado en julio en la revista científica Energy Research & Social Science. Los residentes denuncian la pérdida de los depredadores cúspide, como los grandes bagres, y el deterioro de la calidad del agua, que a causa de su turbidez se vuelve inadecuada para lavar la ropa o para el consumo.

Para Josiel Juruna, el Mati aporta reconocimiento a los pobladores locales como científicos. “No somos alumnos universitarios, pero lo que hacemos es ciencia”. Los artículos se elaboran en coautoría entre ellos y los investigadores académicos. “Así debe ser para que las cosas cambien”, dice Juruna.

Moran considera al Mati un excelente ejemplo de acción integrada entre las comunidades y la academia. “Estos estudios pueden fortalecer las investigaciones puramente científicas al añadirles la experiencia cotidiana de las poblaciones a los datos científicos”, dice el antropólogo, quien ha empezado a implementar la participación ciudadana en sus investigaciones en la Amazonia.

Este artículo salió publicado con el título “Piracemas secas” en la edición impresa n° 346 de diciembre de 2024.

Proyectos
1.
La compartición del agua y la resiliencia de un sistema socioecológico único en la zona de Volta Grande do Xingu (nº 22/10323-0); Modalidad Ayuda de Investigación – Regular; Convenio Consejo Nacional de Fundaciones de Apoyo a la Investigación Científica (Confap) de los estados brasileños; Investigador responsable André Oliveira Sawakuchi (USP); Inversión R$ 405.370,17.
2. La respuesta de la dinámica sedimentaria de los ríos Xingú y Tapajós a los cambios climáticos y a las represas de las centrales hidroeléctricas. Los riesgos para la conservación de la biodiversidad y la producción de energía en la Amazonia (nº 16/02656-9); Modalidad Ayuda de Investigación – Regular, Programa de Investigaciones sobre Cambios Climáticos Globales (PPMCG) de la FAPESP; Investigador responsable André Oliveira Sawakuchi (USP); Inversión R$ 284.373,38.

Artículos científicos
QUARESMA, A. et al. Belo Monte dam impacts: Protagonism of local people in research and monitoring reveals ecosystem service decay in Amazonian flooded vegetation. Research Square. 18 sep. 2024.
JURUNA, J. J. P. et al. Community-based monitoring reveals the impacts of the permanent river drought imposed by the Belo Monte Hydroelectric Power Plant at Volta Grande do Xingu, Amazonia. Research Square. 18 sep. 2024.
CASTRO-DIAZ, L. et al. Multidimensional and multitemporal energy injustices: Exploring the downstream impacts of the Belo Monte hydropower dam in the Amazon. Energy Research & Social Science. v. 113, 103568. jul. 2024.

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