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COVID-19

Confianza en las vacunas

Estudios registran una fuerte adhesión de los brasileños a la inmunización contra la enfermedad

Alexandre Affonso

La resistencia al uso de las vacunas contra el covid-19 ha ido descendiendo en Brasil a medida que avanza la inmunización, según se desprende de un sondeo realizado por Morning Consult, una empresa internacional de inteligencia de datos. En el mes de abril, el 20 % de los brasileños consultados decían que no pretendían vacunarse o tenían dudas en cuanto a su decisión. Este porcentaje cayó al 7 % en el mes de octubre, y el índice de aquellos que estaban realmente decididos a no vacunarse tan solo fue de un 4 %.

Desde abril, la empresa viene llevando a cabo entrevistas en diversos países para monitorear la variación de la indecisión al respecto de las vacunas contra el nuevo coronavirus (Sars-CoV-2). La última serie de consultas tuvo lugar del 5 al 11 de octubre e incluyó a unos 50.000 individuos de 15 países. Los resultados apuntan una disminución progresiva del nivel de resistencia a los inmunógenos en todos los países, excepto en Rusia. De todos modos, son varios los lugares en donde el índice de reticencia de la gente es mayor que en Brasil. En el Reino Unido, país que lideraba la vacunación contra el covid-19, el 13 % de la población no pretende vacunarse o está en duda. En Alemania, ese porcentaje es de un 17 %, y en Estados Unidos, de un 27 %. El porcentaje estadounidense solo es superado por Rusia, donde el índice llega al 43 % de la población.

La relativa mayor disposición de los brasileños a inmunizarse ya había podido observarse incluso antes del inicio de la campaña de vacunación, según reveló un estudio realizado por investigadores que trabajan en diversas instituciones de Río de Janeiro. Del 22 al 29 de enero, estos entrevistaron a 173.178 personas de todas las regiones del país, previamente, por ende, al momento en que la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) autorizara el uso de emergencia de la mayoría de las vacunas disponibles en el país. Y constataron que 154.928 personas (el 89,4 %) pretendían vacunarse contra el nuevo coronavirus. De los 18.250 (el 10,5 %) que manifestaron algún reparo, tan solo 4.401 estaban resueltos a no vacunarse. “El resto se mostraban reacios, pero abiertos a cambiar de idea”, subraya la médica Daniella Cox Moore, del Instituto Fernandes Figueira de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), una de las autoras del estudio, que salió publicado en septiembre en la revista Vaccine.

Alexandre Affonso

La renuencia a las vacunas contra el Sars-CoV-2 fue mayor en el centro-oeste del país. Al profundizar en los datos que suministraron los consultados, los autores elaboraron un perfil más detallado de quienes se oponían a la inmunización. Y notaron un rechazo más alto entre los varones mayores de 40 años, con baja escolaridad e ingresos mensuales inferiores a 788,68 dólares. “Algunos manifestaron no tener miedo a contraer la enfermedad, otros consideraban a las vacunas innecesarias, porque ya se habían contagiado el virus”, relata Cox Moore, quien subraya que los varones suelen exponerse a más situaciones de riesgo y son más propensos a rechazar las prácticas preventivas, “lo que explicaría, en parte, la mayor resistencia que oponen”. En algunos casos, la decisión también estaba vinculada al país de origen de las vacunas: el 35,4 % de los 18.250 participantes que plantearon alguna objeción dijeron que no se vacunarían si la fórmula disponible había sido elaborada en China. Según la médica, “puede que este rechazo sea el resultado de disputas entre grupos políticos rivales o incluso de noticias falsas que acusan al país asiático de haber producido el virus intencionalmente para luego poder vender su inmunizante como solución”.

Estos datos refuerzan la idea de que el fenómeno mundial de la vacilación para vacunarse –la reticencia, las dudas o el rechazo a protegerse, a despecho de la disponibilidad de vacunas en los servicios de salud– no es homogéneo y sus causas son diversas. “Las razones asociadas a la indecisión son complejas y pueden tener peculiaridades según el país, el tipo de vacuna y el público al cual están destinadas”, explica la médica Camila Carvalho Matos, del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC). Pueden estar vinculadas a la falta de confianza en la eficacia y la seguridad de los inmunógenos o en las motivaciones de los administradores y responsables de políticas públicas que las recomiendan. “Las dudas suelen ser altas en algunos países de África”, resalta Carvalho Matos. “Esto se debe, en parte, a cuestiones culturales y religiosas y, en gran medida, al historial de transgresiones éticas vinculadas a los ensayos de medicamentos en ese continente”.

En cambio, en los países desarrollados, como por ejemplo Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, el rechazo tendría que ver con los valores relacionados con las libertades individuales y la desconfianza al respecto de los intereses de la industria farmacéutica. En 2019, un estudio que llevó a cabo el Instituto Gallup, a pedido de la organización británica Wellcome Trust, constató que la tercera parte de la población francesa se mostraba escéptica con respecto a las vacunas en general. Ese estado de ánimo se intensificó después de la campaña de inmunización contra la pandemia de gripe de junio de 2009, durante la cual, la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue acusada de haber sido influenciada por las empresas farmacéuticas (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 284).

La difusión de noticias falsas no ha logrado minar la confianza de los brasileños en las vacunas

También existe en estos países un movimiento que va más allá de la mera negación del consenso científico. Según el sociólogo y físico italiano Yurij Castelfranchi, de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), “estas naciones europeas no son críticas a la ciencia en sí misma, sino que están preocupadas por sus usos políticos y económicos por parte de los gobiernos y las empresas privadas”. Este fenómeno, dice, estaría relacionado con las experiencias traumáticas del nazismo en la primera mitad del siglo XX y la percepción que tienen muchos europeos sobre los efectos colaterales del desarrollo industrial, como la contaminación atmosférica y la degradación del medio ambiente. “Muchos europeos tienen una visión crítica al respecto de la ciencia y la tecnología y, paradójicamente, también pueden ser más propensos a dar crédito a las teorías conspiratorias acerca de los intereses ocultos de los gobiernos y las multinacionales con relación al uso de las vacunas y sus posibles efectos colaterales, sobre todo en los contextos de crisis de confianza en las instituciones”, explica el investigador, estudioso del pensamiento de la gente y su consumo de ciencia y tecnología en Brasil y América Latina.

La aversión a las vacunas cobró fuerza en Europa hacia finales del decenio de 1990, tras la publicación en la revista Lancet de un artículo fraudulento del cirujano británico Andrew Wakefield en el cual afirmaba que la vacuna triple viral estaría vinculada a casos de autismo en niños. Estudios posteriores refutaron esa conexión y, en 2010, más de una década después de la publicación de su estudio, se descubrió que Wakefield poseía acciones de una empresa que proponía el uso de una vacuna alternativa. El artículo fue retractado y se le revocó su licencia médica, pero el daño estaba hecho.

En Brasil, este fenómeno no parece haberse consolidado como un movimiento organizado, tal como ocurre en Estados Unidos. “En general, los brasileños se preocupan, pero no se oponen a la inmunización”, dice Carvalho Matos. “Algunos rechazan vacunas específicas, pero aceptan otras. Unos son inflexibles, otros son susceptibles a modificar sus posturas. Al final de cuentas, algunos están dispuestos a vacunarse, pese a sus reticencias”. Estudios recientes han detectado que aquellas vacunas que hace poco pasaron a formar parte del calendario nacional de inmunización, tales como la del virus del papiloma humano (VPH) y la del rotavirus, enfrentan mayor resistencia de la población que las fórmulas más tradicionales, como las del sarampión y la poliomielitis. “La gente tiene la percepción de que las vacunas incorporadas al calendario más tardíamente no han sido suficientemente probadas, de manera tal que hayan podido determinarse sus efectos a largo plazo”, comenta la médica. También están quienes consideran que sus hábitos de vida son factores de protección, como si una alimentación sana, la práctica de ejercicios físicos o el contacto con la naturaleza fueran suficientes como para prevenir las infecciones.

Alexandre Affonso

Últimamente, los científicos han comenzado a notar la influencia de aspectos religiosos en el modo en que algunos individuos lidian con determinadas formulaciones. “La cobertura de la vacuna contra el VPH suele ser menor en ciertos grupos religiosos por el hecho de tratarse de un inmunógeno asociado a una enfermedad de transmisión sexual”, destaca Carvalho Matos. Se ha dado el caso de líderes religiosos que desaconsejan a sus fieles vacunarse o que vacunen a sus hijos aduciendo que ese agente inmunizante causaría un inicio temprano en la vida sexual de los jóvenes. “En estos casos, se advierte que las vacilaciones están más relacionadas con el intento de las personas de reafirmar quiénes son y en qué creen que con la idea de descalificar la importancia de las vacunas en general”.

La oposición a las vacunas contra el covid-19 se caracteriza por factores más específicos, según el inmunólogo Marcelo Napimoga, de la Faculdade de Medicina e Odontologia São Leopoldo Mandic, en Campinas. Uno de ellos tiene que ver con la celeridad con que se desarrollaron los inmunógenos. “La gente tiene la noción de que el desarrollo de nuevas fórmulas es un proceso complejo y, por ende, lento, y esto contrasta con el hecho de que las vacunas que actualmente se están aplicando contra el Sars-CoV-2 hayan superado todas las fases de pruebas y ensayos, y comenzado a aplicarse a gran escala en menos de un año”, comenta. Esto hizo que los grupos contrarios a la vacunación, ya sea por razones políticas, ideológicas o religiosas, esgriman sospechas al respecto de la eficacia y la seguridad de las fórmulas”. No es casual que una de las preocupaciones principales de los brasileños detectada en la encuesta de Morning Consult aluda a los posibles efectos colaterales de las vacunas y a la prisa con la que se las desarrolló (vea el gráfico arriba). “Vacunas como las de Moderna y Pfizer/BioNTech incorporan nuevas tecnologías, lo que también ha contribuido a abonar las campañas de desinformación”, dice Napimoga.

En lo que concierne a la confianza en los compuestos inmunizantes, Brasil también despunta entre las naciones de ingresos medios y bajos, según un estudio publicado en mayo en la revista Vaccines por un grupo internacional de investigadores. Estos consultaron a 10.491 personas de 83 países en desarrollo, entre los cuales figuran Malasia y Tailandia, en el sudeste asiático, y Uganda y la República Democrática del Congo, en África: el 88,9 % de los 6.470 brasileños entrevistados dijeron que se vacunarían contra el Sars-CoV-2 si el inmunógeno disponible tuviera una eficacia del 90 %. Este porcentaje subió a un 94,2 % en el caso de que la eficacia fuera del 95 %, el mayor índice entre las naciones evaluadas.

Alexandre Affonso

Los resultados registrados en estas encuestas sugieren que ni siquiera la polarización política y la propagación de noticias falsas y teorías conspiratorias en las redes sociales han conseguido afectar la confianza y aceptación de los brasileños en lo que respecta a las vacunas contra el nuevo coronavirus. “El problema principal es la cantidad insuficiente de dosis”, subraya Moore. La alta adhesión a las vacunas ha sido importante para que Brasil pueda avanzar en la inmunización de su población, pese a los percances políticos. El 18 de octubre, el porcentaje de individuos parcialmente vacunados y con el esquema de vacunación completo contra el covid-19 era de un 73 %, uno de los mayores a nivel mundial, según los datos de Our world in data, publicación online de la Universidad de Oxford; un porcentaje que era de un 49,6 % al considerar solamente a las personas que habían recibido las dos dosis o vacunas de dosis única.

El escenario es diferente en otros países, incluso en algunos que disponen de una alta provisión de inmunizantes. Muchos todavía se enfrentan a la resistencia a las vacunas por parte de la población. Rusia fue uno de los primeros países en anunciar la aprobación de una fórmula contra el nuevo coronavirus, la vacuna Sputnik V. Sin embargo, un año después, tan solo el 32,4 % de su población está totalmente inmunizada, según consta en Our world in data. La baja cobertura de vacunación en ese país ha provocado que la cifra de muertes vuelva a aumentar: el promedio diario durante el mes de septiembre fue de 800 defunciones, e incluso es posible que haya subnotificación.

Más allá de la incertidumbre sobre los protocolos éticos y de seguridad empleados durante el desarrollo de la Sputnik V, el escepticismo de los rusos en relación con la vacunación parece residir en una mezcla de indiferencia ante la enfermedad y en la desconfianza crónica en las autoridades, especialmente entre la parte de la población más crítica al gobierno del presidente Vladímir Putin, según la socióloga rusa Ekaterina Borozdina, del Departamento de Ciencia Política y Sociología de la Universidad Europea de San Petersburgo. “La renuencia a la inmunización en Rusia no se debe tanto a la desconfianza en la ciencia per se, sino a un contexto histórico de relaciones tensas entre los ciudadanos y el Estado”, declaró al sitio web The Conservation en el mes de agosto.

Los brasileños aún confían bastante en la ciencia y en los científicos, pese a los ataques recientes, según Castelfranchi

En Estados Unidos, la reticencia a las vacunas en algunas unidades de la federación hizo que el país quedara postergado en el ranking mundial de vacunación, siendo superado por Brasil, al sumar las porciones de la población protegidas parcial y totalmente contra el virus. Con el avance de la variante delta, más contagiosa, el número de casos diarios de covid-19 en ese país también ha vuelto a crecer, llegando en agosto a un promedio de 100.000 por primera vez desde febrero. Los estados gobernados por el Partido Republicano concentran la mayoría de los nuevos casos e internaciones, en un fiel reflejo de la polarización política que afecta a aquella nación: las regiones que suelen votar mayoritariamente a los republicanos registran una menor adhesión a la inmunización. Algunos grupos del Partido Demócrata le han pedido al presidente Joe Biden que endurezca las medidas para tratar de incentivar la vacunación: que solo se le transfieran fondos federales a los estados que cumplan con las metas de inoculación, por ejemplo.

En la India, el segundo país del mundo en población, con más de 1.300 millones de habitantes, la resistencia a las vacunas ha dificultado el progreso de la inmunización, especialmente en las regiones más pobres. Hasta mediados de octubre, tan solo el 20,2 % de los indios había completado el cronograma de vacunación. En el estado de Bihar, donde la indecisión a la hora de vacunarse es alta debido a las campañas de desinformación en las redes sociales que acusan a las vacunas de causar infertilidad y muerte, hay informes de ataques a los centros de vacunación móviles. Las autoridades locales han ofrecido electrodomésticos, tales como heladeras y ventiladores, e incluso monedas de oro a los habitantes como incentivo para elevar la adhesión.

En Brasil, pese al bajo índice de vacilación, hubo desconfianza en relación con los inmunizantes contra el covid-19 al comienzo del programa de vacunación. La razón estaría vinculada a cuestiones político-ideológicas, opina el politólogo Wladimir Gramacho, de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Brasilia (UnB). “Desde el comienzo de la pandemia, las autoridades políticas han estado en desacuerdo en cuanto a la mejor forma de contención de la misma, al tiempo que los miembros del gobierno federal se dedicaron a galvanizar su base electoral azuzando una campaña para desacreditar a la fórmula CoronaVac, la vacuna desarrollada por la empresa farmacéutica china Sinovac Biotech, producida en Brasil por el Instituto Butantan, de São Paulo”, dice el investigador. Esto ha incidido en la confianza y la aceptación de una parte de la población al inmunógeno de origen chino, aun cuando la Anvisa haya aprobado su uso con carácter de emergencia en el país. Esta objeción fue registrada en un estudio realizado con 2.771 personas, publicado en mayo por Gramacho y su equipo en la revista Vaccine. El trabajo reveló que la probabilidad de que los consultados se inmunizaran contra el Sars-CoV-2 era menor cuando se les informaba que la vacuna que recibirían había sido desarrollada en China. “El rechazo era ostensiblemente menor en el caso de los inmunizantes fabricados en Estados Unidos o en el Reino Unido”.

Este panorama fue cambiando a medida que avanzaba la vacunación y los inmunógenos se mostraron seguros y eficaces. Según el análisis del experto en salud colectiva Bruno Luciano Carneiro Alves de Oliveira, del departamento de Medicina I de la Universidad Federal de Maranhão (UFMA), este cambio se debe, en parte, a la memoria colectiva de las experiencias exitosas del país en su lucha contra varias enfermedades por medio de las campañas de inmunización. Otro factor que ha contribuido a la alta adhesión de los brasileños fue la percepción del riesgo asociado con la enfermedad. “Brasil es uno de los países más afectados por el nuevo coronavirus”, subraya el investigador, quien viene monitoreando las dudas acerca de las vacunas contra el covid-19 en el estado de Maranhão. La cifra de muertos por la enfermedad en el país superó en octubre los 600.000, una cantidad solamente inferior a la de Estados Unidos. “Es lógico suponer que el temor a infectarse con el virus, sumado a las noticias sobre la escalada del número de casos y de muertes, y la falta de camas de UTI, hayan hecho que la población acepte la vacunación”. A juicio de Castelfranchi, es posible que esta alta aceptación también se deba al hecho de que los brasileños son históricamente más optimistas en relación con los avances científicos y tecnológicos que las sociedades europeas, más escépticas en cuanto a sus beneficios. “En comparación con Europa y América del Norte, los brasileños siguen teniendo mucha confianza en la ciencia y en los científicos, pese a los ataques recientes”, remarca el investigador.

Artículos científicos
MOORE, D. C. B. C. et al. Low Covid-19 vaccine hesitancy in Brazil. Vaccine. v. 39, n. 42, p. 6262-68. oct. 2021.
BONO, S. A. et al. Factors affecting Covid-19 vaccine acceptance: an international survey among low and middle income countries. Vaccines. v. 9, n. 515, p. 1-19. may 2021.
GRAMACHO, W. G. & TURGEON, M. When politics collides with public health: Covid-19 vaccine country of origin and vaccination acceptance in Brazil. Vaccine. v. 39, n. 19, p. 2608-12. may. 2021.
OLIVEIRA, B. L. C. A. et al. Prevalência e fatores associados à hesitação vicinal contra a Covid-19 no Maranhão, Brasil. Revista de Saúde Pública. v. 55, n. 12, p. abr. 2021.

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