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MEMORIA

Las riquezas subterráneas del Brasil imperial

El alemán Wilhelm Eschwege llevó a cabo el primer gran estudio de los recursos minerales del país entre 1811 y 1821

Mapa de Vila Rica (actual municipio de Ouro Preto), centro de la minería de Brasil en el siglo XVIII, realizado en 1779 por José Joaquim da Rocha

Biblioteca Nacional

Con su asesoramiento, él “reavivaría en los mineros el espíritu de la minería”, escribió el mineralogista alemán Wilhelm Ludwig von Eschwege (1777-1855) en su libro Pluto brasiliensis, la primera obra científica sobre la geología brasileña, dividida en dos tomos, publicada en idioma alemán en 1833 (el título hace referencia a las rocas llamadas plutónicas –o volcánicas– que constituyen la base de la estructura geológica). “A partir de 1764”, relata, “la decadencia de la minería comenzó a hacerse palpable. El quinto [el impuesto abonado al gobierno, equivalente al 20 % del volumen del oro extraído] disminuía a ojos vistas”.

El barón de Eschwege, de mirada severa y espesos bigotes según el retrato expuesto en el Museo Paulista de la Universidad de São Paulo (MP-USP), realizó el primer estudio exhaustivo de los recursos minerales de Brasil al recorrer el interior del país, principalmente la región de Minas Gerais, entre 1811 y 1821. En su carácter de intendente –o inspector– de las minas de oro, con el grado de teniente coronel ingeniero y curador del Real Gabinete de Mineralogía de Río de Janeiro, creado en 1810, volvió a analizar las técnicas de extracción del oro, que ya habían sido evaluadas por André João Antonil en su obra Cultura e opulência do Brasil por suas drogas e minas, de 1711. Antonil fue el nombre adoptado por el misionero jesuita italiano Giovanni Antônio Andreoni (1649-1716).

El barón de Eschwege propuso el empleo de máquinas para reducir la cantidad de mano de obra esclavizada y aumentar la productividad. Elaboró un mapa con las 555 minas de explotación aurífera activas en 1814 e identificó nuevos yacimientos de minerales de los cuales se podría extraer no solo oro, sino también diamantes, cobre, plomo, manganeso y salitre, que fueron explotados en las décadas posteriores, y también señaló posibles áreas existencia, desde Ceará hasta Rio Grande do Sul.

Además de explorador y asesor, fue uno de los socios de la Fábrica de Ferro Patriótica, una de las primeras fundiciones de hierro de Brasil, inaugurada en 1810 en el municipio de Congonhas do Campo (Minas Gerais). A pesar de las innovaciones técnicas, el emprendimiento no prosperó, porque producía más de lo que el mercado de consumo necesitaba. Basándose en esa experiencia, llegó a la conclusión de que solo serían factibles pequeñas fábricas distribuidas por las provincias (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 172). También colaboró con la Real Fábrica de Chumbo de Abaeté, una planta productora de plomo instalada en Minas Gerais, y con la Fábrica de Ferro de Ipanema, otra fundición de hierro, en São Paulo.

José Rosael / Hélio Nobre / Museo Paulista de la USPRetrato de Eschwege realizado por Bernhard WiegandtJosé Rosael / Hélio Nobre / Museo Paulista de la USP

El trío alemán
José Bonifácio de Andrada e Silva (1763-1838) era intendente general de Minas y Metales del Reino, en Lisboa, cuando convenció al entonces ministro de Asuntos Exteriores y de Guerra, Rodrigo de Sousa Coutinho (1755-1812) de la contratación de tres geólogos germanos para que reactivaran la explotación de las minas de las colonias: Eschwege, Wilhelm-Christian Gotthelft von Feldner (1772-1822) y Friedrich Ludwig Wilhelm Varnhagen (1782-1842), quienes arribaron a la capital portuguesa en 1803. Los geólogos Iran Machado y Silvia Figueirôa, de la Universidad de Campinas (Unicamp), relatan la trayectoria del trío en el libro História da mineração brasileira [Historia de la minería brasileña] (CRV, 2020).

En 1810, por invitación del príncipe regente João VI, embarcaron en una travesía de 60 días rumbo a Brasil y empezaron a trabajar como inspectores de minas. Feldner se abocó a los yacimientos recientemente descubiertos en Rio Grande do Sul y, más tarde, en el litoral de Bahía. Varnhagen recibió el encargo de inspeccionar las minas de hierro de la región de Sorocaba, en el interior paulista, que facilitaron la fundación de la Real Fábrica de Ferro de Ipanema, ese mismo año (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 202). Eschwege colaboró en la implementación de la enseñanza en la Real Academia Militar de Río de Janeiro, la primera escuela de ingeniería de Brasil, inaugurada en 1810, y posteriormente se instaló en Vila Rica, hoy en día el municipio de Ouro Preto, donde comenzó a trabajar en la Fábrica Patriótica.

Su trabajo de campo no se limitó a la geología, ya que también debía realizar observaciones meteorológicas y diseñar un plan para la navegación en el río Doce, elaborar mapas más precisos de la región y, tal como él mismo escribiera, “establecer relaciones amistosas con los grupos nativos botocudos antropófagos”, a los que el gobierno portugués había declarado formalmente la guerra. “Qué tarea hercúlea tener que ejecutar todo esto en un plazo de dos años y, una vez transcurrido el mismo, regresar enseguida a Río de Janeiro con el objeto de brindar conferencias que no me despertaban ningún interés”, protestaba.

En las minas de la región de Mariana, el geólogo alemán recolectó minerales –entre ellos una variedad de baritina con un alto contenido de estroncio y una forma impura de hematita (óxido férrico)– y los envió a colegas expertos de Europa, quienes los caracterizaron y los bautizaron eschwegitas. “Como no se trataba de minerales nuevos, sino de variedades, no justificaban una nueva denominación”, comenta el geólogo Daniel Atencio, del Instituto de Geociencias de la Universidad de São Paulo (IGc-USP), responsable de la identificación de 20 nuevos minerales de Brasil y 14 de otros países (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 180).

En Pluto brasiliensis, Eschwege bautizó y describió la zona serrana de Serra do Espinhaço, que se extiende entre los estados de Minas Gerais y Bahía. Atribuyó su formación a una hipótesis denominada neptunismo, propuesta por el geólogo alemán Abraham Werner (1749-1817), según la cual, las rocas se habrían formado debido a la cristalización o deposición de minerales en las aguas de un océano primigenio. “Era la teoría vigente en aquella época”, dice Figueirôa. Hoy en día, en el municipio de Diamantina, se encuentra el Centro de Geología Eschwege, de la Universidad Federal de Minas Gerais, que congrega a los investigadores del área y promueve encuentros científicos que tratan sobre Serra do Espinhaço.

HVL / Wikimedia CommonsSerra do Espinhaço, descrita por Eschwege, se extiende a través de los estados de Minas Gerais y BahíaHVL / Wikimedia Commons

En 1821, los tres ingenieros de minas retornaron a Portugal con João Vi. Feldner falleció al año siguiente a causa de una neumonía, 40 días después de haber asumido el cargo de inspector de una mina de oro cercana a Lisboa. Varnhagen fue nombrado administrador de los bosques nacionales del reino. Y Eschwege regresó a Alemania. La historiadora del arte Maria João Baptista Neto, de la Universidad de Lisboa, relata en un artículo publicado en 2007 por el Centro de Estudios de la Población, Economía y Sociedad (Capese) de la Universidad de Porto, en Portugal, que él vivió en la corte de la ciudad de Weimar, el centro intelectual del imperio alemán, y obtuvo apoyo para publicar sus obras sobre Brasil.

El autor de Pluto brasiliensis vivió entre Alemania y Portugal hasta 1837, cuando se radicó en Lisboa y, como arquitecto aficionado, se hizo cargo del proyecto del Palacio Nacional da Pena, construido a partir de la restauración y ampliación de un convento en el actual municipio de Sintra, en el Área Metropolitana de Lisboa. El encargo le había sido asignado por el entonces príncipe consorte y más tarde rey de Portugal, Fernando II (1816-1885), hijo de un príncipe alemán, casado con la reina Maria II (1819-1853), hija de Pedro I. “Este palacio es una expresión simbólica de la unión de dos personas, de dos reinos, de dos culturas”, comenta Baptista Neto.

“Los estudiantes e ingenieros de Brasil del siglo XIX leían y conocían las obras de Eschwege”, dice Figueirôa. En un artículo publicado en 2017 en la revista Centaurus, ella cuenta que el botánico y mineralogista portugués Frederico Burlamaqui (1803-1866), quien fue director del Museo Nacional entre 1847 y 1866, como parte de una reforma educativa en la Academia Militar de Río de Janeiro, donde se desempeñaba como docente, solicitó una traducción de Géologie élémentaire appliquée à l’agriculture et à l’industrie, avec un Dictionnaire des termes géologiques, ou, manuel de géologie [Geología elemental aplicada a la agricultura y la industria, con un Diccionario de términos geológicos o Manual de geología] escrito por el geólogo y naturalista francés Nérée Boubée (1806-1862), publicado por primera vez en Francia en 1833.

A su regreso a Europa, Eschwege diseñó el Palacio da Pena, en Sintra, cerca de Lisboa.

Uno de los apéndices de la traducción en portugués, que data de 1846, era la obra Viagem mineralógica na província de São Paulo [Expedición mineralógica por la provincia de São Paulo], escrito por el propio José Bonifácio y su hermano Martim Francisco Ribeiro de Andrada (1775-1844). Otro era un resumen de los trabajos de Eschwege. La versión completa de Pluto brasiliensis en portugués fue publicada recién en 1941 por la editorial Companhia Editora Nacional. En la actualidad, la obra se encuentra disponible en su versión digital y gratuita en la Biblioteca del Senado de Brasil.

Luego de la experiencia con los ingenieros de minas alemanes, el país, para entonces ya independiente de Portugal, buscó otras maneras de invertir en el campo de la siderurgia. “Como no disponía de capital, el gobierno abrió la minería a inversores extranjeros, en primera instancia a los ingleses, a partir de 1824, inicialmente asociados con capitales brasileños”, relata Figueirôa. Según ella, uno de los pocos empresarios brasileños fue el ingeniero de minas Guilherme Schüch, más conocido como Guilherme de Capanema (1824-1908), quien explotó minas de hierro, oro y plata.

En el siglo XX, el gobierno de Getúlio Vargas (1930-1945) implementó el primer Código de Minas, en 1934, que establecía que las riquezas minerales del subsuelo pertenecían al Estado y su explotación podía concederse exclusivamente a connacionales o a empresas brasileñas, decretando una progresiva nacionalización de las minas. En 1942, Vargas fundó la Companhia Vale do Rio Doce (CVRD), actualmente Vale S.A., que se convirtió en una de las principales compañías mineras del mundo y que fue privatizada en 1997.

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