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GEOCIENCIAS

Los ríos modifican los ambientes al incorporar partes de otros cursos de agua

La captura fluvial altera la cantidad del líquido elemento que irriga una región, determina el tipo de vegetación y condiciona los usos del suelo

En el sur de Venezuela, el río Pasimoni (a la der.) confluye con el Cassiquiare (brazo marrón), que a su vez desemboca en el río Negro, uno de los afluentes del río Amazonas

Robert Harding / Alamy / Fotoarena

Cuanto más errático es el curso de un río, con desvíos aparentemente ilógicos, mayor es el interés del geógrafo André Salgado, de la Universidad Federal de Goiás (UFG). En los últimos 15 años, con la ayuda de imágenes satelitales, análisis de suelos y muchas horas de caminatas y observación, ha identificado avances y retrocesos en varias redes fluviales de Brasil, ampliando el área de las investigaciones realizadas desde la década de 1950.

Sus estudios indicaron que el curso del río São Francisco ya fue 250 kilómetros (km) más extenso, antes de que su tramo inicial, en Minas Gerais, fuera absorbido por el río Grande, el principal formador del río Paraná. Por el contrario, el curso del Poti, el afluente principal del Parnaíba, que discurre entre los estados de Ceará y Piauí, se extendió al apoderarse de la mayor parte del cauce alto y medio del Acaraú. En Roraima, el río Branco incorporó afluentes del Essequibo, el mayor de Guyana, y en Santa Catarina, el Itajaí-Açu se apoderó de los afluentes de los ríos Uruguay e Iguazú. “Las cuencas hidrográficas están modificándose continuamente”, comenta Salgado.

Alexandre Affonso/Revista Pesquisa FAPESP

Mediante lo que se conoce como captura fluvial, los ríos se comportan como caníbales, incorporando partes de otros, cuyo caudal mermará o desaparecerán. En un artículo publicado en mayo de 2013 en la revista Science, Sean Willett y otros geólogos del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zúrich, denominaron agresores y víctimas a los ríos que forman parte, con roles opuestos, de este fenómeno de progresión lenta. El ritmo de los cambios superficiales o subterráneos del flujo de agua depende del tipo de suelo, de la naturaleza de las rocas (cuanto menos resistentes son, más fácil es que el agua las excave) y de la pendiente del terreno, ya que el agua tiende a fluir hacia zonas más bajas.

También tienen incidencia el clima, con más o menos lluvias, que determina el poder erosivo de los ríos, y los movimientos tectónicos, como el ascenso de la capa más superficial del suelo y las rocas de la Tierra. “La captura fluvial es como un pastel devorado a dos bocas. Quien come más rápido de un lado llega antes al otro extremo”, compara Salgado.

Raphael dos Passos Borba / WikipediaEl río Itajaí-Açu atraviesa Blumenau (Santa Catarina) después de apoderarse de los afluentes de los ríos Uruguay e IguazúRaphael dos Passos Borba / Wikipedia

Al formar desvíos y fusionar parte de sus cursos, los ríos aumentan o disminuyen el caudal de agua que irriga una región. Como consecuencia de ello, el clima, los tipos de vegetación y la ocupación humana pueden variar. “El río Parnaíba capturó al Poti en algún momento hace entre 23 y 2,5 millones de años, dejando al actual estado de Ceará más seco de lo que estaría si no hubiese ocurrido ese desvío de las aguas hacia Piauí”, dice Salgado, uno de los autores del artículo publicado en mayo en la Revista Brasileira de Geomorfología en el que se describen estos episodios geológicos.

El geógrafo estadounidense William Morris Davis (1850-1934) comenzó a estudiar este fenómeno al describir, en 1896, la captura de un río en el nordeste de Francia. Otros análisis explicaron los desvíos de los ríos Ohio y James, en Estados Unidos, del Támesis, en Londres, del Nilo, en Egipto, y del Amarillo, en China, entre otros. En Brasil, a partir de la década de 1950, los geógrafos Aziz Ab’Saber (1921-2012), de la Universidad de São Paulo (USP), y Antonio Christofoletti (1936-1999), de la Universidade Estadual Paulista (Unesp), en su campus de Rio Claro, presentaron algunas posibilidades de captura, aunque todavía con escasos argumentos, debido a que las técnicas de análisis no eran tan precisas como las actuales.

Tulio F / Wikimedia | André Salgado / UFGEl río Branco (en la foto más grande), en Caracaraí (Roraima), aumentó su caudal al apoderarse de las aguas del Essequibo, dejando vestigios de un río antiguo que fluía por la frontera entre las dos cuencasTulio F / Wikimedia | André Salgado / UFG

Con el tiempo, la reconfiguración de los ríos adquirió connotaciones políticas, en la medida en que permitió definir límites territoriales, como sucedió con el río Branco. Sus afluentes principales formaban parte de la cuenca del río Essequibo, que nace en un cerro situado en la frontera entre los estados de Roraima y Pará, atraviesa Guyana y desemboca más al norte en el Atlántico. En un artículo publicado en diciembre de 2021 en la revista Journal of South American Earth Sciences, Salgado y sus colegas de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), en donde se desempeñó como docente hasta 2022, argumentaron que, probablemente debido a un hundimiento de la corteza terrestre en el sur de Roraima, el río Branco capturó al Uraricoera, uno de los tributarios del Essequibo, y posteriormente al Tacutu, cambiando de dirección su cauce y aumentando su área de drenaje.

“Si el río Branco siguiera fluyendo hacia el nordeste en lugar de haber cambiado de dirección hacia el sudoeste, Brasil habría perdido a manos de Guyana toda el área central y norte de Roraima, porque las fronteras entre ambos países en esa región fueron definidas básicamente por los límites de las cuencas hidrográficas”, comenta Salgado. “Como los colonizadores europeos se internaron en la Amazonia siguiendo los ríos, los que habrían llegado primero al interior de Roraima habrían sido los ingleses, si la captura no hubiese acontecido”.

El análisis de los sedimentos ribereños indicó que este evento habría tenido lugar en un período geológico relativamente reciente, hace entre 18.000 y 10.000 años. Valiéndose de otras metodologías, el también geógrafo Fábio Alves, de la Universidad Federal del Oeste de Bahía (Ufob), estudió la región y confirmó los hallazgos de los equipos de la UFG y del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), al ver que el proceso de captura del río Branco habría comenzado hace unos 18.700 años.

“La cuenca amazónica se formó y se expandió mediante sucesivas capturas de ríos”, dice Alves, con base en un artículo publicado en octubre de 2018 en la revista Neotropical Ichthyology. En ese trabajo, el biólogo James Albert, de la Universidad de Luisiana en Lafayette, Estados Unidos, y los geólogos Carina Hoom, de la Universidad de Ámsterdam, en los Países Bajos, y Pedro Val, de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (Cuny), argumentan que la red fluvial que atraviesa la selva amazónica es el resultado de secuestros fluviales acaecidos hace entre 5,6 y 4,9 millones de años, que aceleraron la diversificación de las especies de animales y plantas de la región (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 334).

Fellipe Abreu / Getty ImagesSerra da Canastra y el tramo inicial del río São Francisco, justo después de sus nacientesFellipe Abreu / Getty Images

Pérdidas y desviaciones
Las investigaciones en la región aumentan el interés por algunos puntos turísticos. Los administradores del Parque Nacional de Itatiaia, por ejemplo, podrían colocar un cartel cerca del manantial que brota a 1.980 metros de altura, en el municipio de Bocaina de Minas, estado de Minas Gerais, donde nace el río Grande, informando que, en ese lugar, hace unos 5 millones de años, se encontraba la cabecera de otro río, el São Francisco. En la actualidad, el Velho Chico –el apodo de este río en Brasil–, nace en Serra da Canastra, también en Minas Gerais, pero a 250 km de allí.

Salgado reparó en este secuestro acuático a partir de una observación del geógrafo Éric Andrade Rezende, por entonces estudiante de doctorado. “En 2015, Andrade Rezende iba por una carretera rumbo a Pimenta, en Minas Gerais, y notó algo extraño”, relata. “Allí, el río Grande, afluente principal del río Paraná, describía una curva sobre un área plana. A su regreso, dijo: ‘¿Y si fuera el río São Francisco el que corría por allí, y no el río Grande, como hoy en día?’”. Salgado, quien hasta entonces había estudiado ríos pequeños y menos relevantes, apostó por esa idea.

Actualmente en la alcaldía de Contagem, en Minas Gerais, Andrade Rezende dice: “Cuanto más antiguo es el proceso según los tiempos geológicos, más difícil es hacer esa reconstrucción evolutiva, ya que las evidencias se van borrando debido a la erosión o a la actividad tectónica”. Salgado, el entonces doctorando y su director de tesis, el geólogo Paulo de Tarso Amorim Castro, presentaron esa hipótesis en un artículo publicado en julio de 2018 en la Revista Brasileira de Geomorfologia, con base en el análisis de los sedimentos, las estructuras geológicas y los movimientos de la superficie de la zona.

Alexandre Affonso/Revista Pesquisa FAPESP

En el marco de un congreso que se llevó a cabo en el estado de Ceará en 2019, José Cândido Stevaux, geólogo de la Universidad Federal de Mato Grosso do Sul (UFMS), quien estudia los cambios que ha experimentado el río Paraná durante los últimos 10.000 años, se emocionó al escuchar la conferencia en la que Salgado presentó estos argumentos. “En la década de 1980, cuando estaba en la Universidad de Maringá, en Paraná, mis colegas biólogos me preguntaban si no había existido algún contacto entre los ríos Paraná y São Francisco, porque tenían muchas especies de peces en común, y yo no sabía qué responder”, relata.

Para reforzar la hipótesis, el grupo de la UFG estudió la dispersión de las especies de peces comunes a las dos cuencas hidrográficas, como el dorado (Salminus brasiliensis) y el surubí pintado (Pseudoplatystoma corruscans). Las conclusiones, publicadas en forma detallada en la edición de enero de la revista Geomorphology, indicaron que hace entre 5 y 6 millones de años existió una conexión momentánea entre ambos ríos y la cabecera del São Francisco gradualmente pasó a ser la del río Grande.

Como resultado de ello, el río Grande se apropió 1.000 km de la cuenca del São Francisco. Si incluimos los afluentes, el formador del río Paraná habría incorporado unos 50.000 km2, algo más que la superficie de todo el estado de Río de Janeiro. “El río São Francisco es un gran perdedor, porque perdió parte de sus aguas en favor del Paraná, del Paranaguaçu, que nace en la meseta de Chapada Diamantina, en Bahía, y del Jequitinhonha, en Minas Gerais”, dice Salgado (véase la infografía abajo).

Alexandre Affonso/Revista Pesquisa FAPESP

Estudioso de las transformaciones del Velho Chico en los últimos 90.000 años (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 331), el geógrafo Genisson Panta, actualmente doctorando en la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE) y docente de enseñanza media en una escuela pública estadual de Maceió, en Alagoas, comenta: “Luego de que el tramo inicial del São Francisco se reconfiguró debido a las capturas, el río talló las rocas y profundizó su cañón a 2.000 km de distancia, hace entre 1,5 y 3,5 millones de años”.

En Cabrobó, interior de Pernambuco, el São Francisco se desvía abruptamente hacia el este en un recodo que es un signo clásico de captura fluvial, lo que indica que un río más pequeño y menos caudaloso lo incorporó. Panta comenta que un vestigio de ese secuestro es un canal abandonado, denominado valle seco, en el límite entre Bahía y Piauí, por donde habría corrido el río, tal como lo propuso en la década de 1990 el geógrafo de la UFPE Jannes Mabessone (1931-2007).

“El Parnaíba pudo haber sido el antepasado del São Francisco”, especula. El ingeniero civil y geólogo Luís Flores de Morais Rêgo (1896-1940), de la Escuela Politécnica de la USP, ya proponía en un libro publicado en 1945 que hace millones de años el São Francisco habría fluido hacia el norte desembocando en el mar en algún punto entre los estados de Maranhão y Piauí.

Pólenes
“El enfoque estrictamente geológico es limitante”, concluyó la geógrafa Déborah de Oliveira, de la USP, luego de haber realizado estudios en Serra do Mar. Los temblores de tierra han reconfigurado el relieve y alterado el curso de los ríos de la región, el Paraíba do Sul y el Tietê: el primero se volcó hacia la costa y el segundo, que también desembocaba en el mar, revirtió su curso hacia el interior del estado de São Paulo (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 77).

De Oliveira analizó los desvíos bruscos del río Guaratuba, en Serra do Mar, que antes fluía hacia el alto Tietê y actualmente desemboca en Bertioga, São Paulo. En 2013, observó que el canal abandonado del río capturado no había dado paso a un valle seco, sino pantanoso, con histosoles que podrían contener polen o restos de plantas. Tres años después, cuando se dirigía hacia un congreso en el parque de La Vilette, en París, le pidió a la geógrafa Natália Nunes Patucci, una de sus alumnas de doctorado que la acompañaba: “Investiga los valles secos. Allí hay algo importante”.

Nunes Patucci buscó la ayuda de expertos en polen en el Centro de Energía Nuclear en la Agricultura (Cena), en Piracicaba, y en el Instituto de Geología (IGc), ambos de la USP. Aprendió a hacer los análisis y, finalmente, encontró polen de plantas típicas de climas fríos y húmedos, tales como Podocarpus sp., Ilex sp. y Symplocos sp. “Cuando el clima cambió a cálido y seco, hace unos 25.000 años, habría llovido más y la erosión aumentó, facilitando la captura de los ríos de la región”, comenta De Oliveira. Su plan es buscar polen también en otros ríos que estudia, con su equipo, en el estado de São Paulo.

“Cuando las precipitaciones aumentaron, los ríos y los lagos se fusionaron”, coincide Salgado, quien también realiza investigaciones en la zona. “Como la erosión no se ha detenido, otros ríos serán capturados, reconfigurando nuevamente el paisaje que observamos hoy en día”. Y pone como ejemplo a la cuenca amazónica, que poco a poco está capturando todo el tramo inicial de la cuenca del Orinoco, en Venezuela, a través del río Cassiquiare. Este canibalismo acuático ha avanzado, pero no ha concluido. Cuando esta conexión se amplíe, el río Amazonas, el más grande del mundo, se apropiará de 40.000 km2 de la cuenca hidrográfica del Orinoco, el cuarto más grande del mundo, lo que equivale a la superficie territorial de Suiza.

Este artículo salió publicado con el título “Canibalismo fluvial” en la edición impresa n° 355 de septiembre de 2025.

Proyectos
1.
Estudio de las relaciones entre el relieve, la litología, el suelo y el drenaje en distintas escalas de abordaje (no 12/19048-0); Modalidad Ayuda de Investigación ‒ Regular; Investigadora responsable Déborah de Oliveira (USP); Inversión R$ 47.985,52.
2. Geocronología para el análisis de los procesos fluviales de capturas. Aplicación en sedimentos de los valles secos de Guaratuba (São Paulo) (no 16/06654-0); Modalidad Beca doctoral; Investigadora responsable Déborah de Oliveira (USP); Becaria Natália Nunes Patucci; Inversión R$ 155.123,41.

Artículos científicos
ALBERT, J. S. et al. The changing course of the Amazon river in the Neogene: Center stage for Neotropical diversification. Neotropical Ichthyology. v. 16, n. 3, e180033. 18 oct. 2018.
CASEMIRO, F. A. S. et al. The timing of large drainage rearrangement in South America: A study based on morphological and ecological evidence. Geomorphology. v. 468, 109457. 1º ene. 2025.
REZENDE, E. A. et al. Evolução da rede de drenagem e evidências de antigas conexões entre as bacias dos rios Grande e São Francisco no Sudeste brasileiro. Revista Brasileira de Geomorfologia. v. 19, n. 3. jul. 2018.
RODRIGUES, W. F. et al. Subterranean river captures in siliciclastic rocks in a semiarid climate: The case of the Poti River Canyon, Brazilian NortheastRevista Brasileira de Geomorfologia. v. 25, n. 2. 15 may. 2024.
SALGADO, A. R. et al. Large rivers, slow drainage rearrangements: The ongoing fluvial piracy of a major river by its tributary in the Branco river basin ‒ Northern Amazon. Journal of South American Earth Sciences. v. 112, 103598. dic. 2021.
STOKES, M. F. et al. Ongoing river capture in the Amazon. Geophysical Research Letters. v. 45, n. 11, p. 5545-52. 16 jun. 2018.
WILLETT, S. D. et al. Dynamic reorganization of river basins. Science. v. 343, n. 6175. 7 mar. 2014.

Libro
RÊGO, L. F. de M. O vale do São Francisco: Ensaio de monografia regional. São Paulo: editorial Renascença. 1945.

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