Cuanto más errático es el curso de un río, con desvíos aparentemente ilógicos, mayor es el interés del geógrafo André Salgado, de la Universidad Federal de Goiás (UFG). En los últimos 15 años, con la ayuda de imágenes satelitales, análisis de suelos y muchas horas de caminatas y observación, ha identificado avances y retrocesos en varias redes fluviales de Brasil, ampliando el área de las investigaciones realizadas desde la década de 1950.
Sus estudios indicaron que el curso del río São Francisco ya fue 250 kilómetros (km) más extenso, antes de que su tramo inicial, en Minas Gerais, fuera absorbido por el río Grande, el principal formador del río Paraná. Por el contrario, el curso del Poti, el afluente principal del Parnaíba, que discurre entre los estados de Ceará y Piauí, se extendió al apoderarse de la mayor parte del cauce alto y medio del Acaraú. En Roraima, el río Branco incorporó afluentes del Essequibo, el mayor de Guyana, y en Santa Catarina, el Itajaí-Açu se apoderó de los afluentes de los ríos Uruguay e Iguazú. “Las cuencas hidrográficas están modificándose continuamente”, comenta Salgado.
Mediante lo que se conoce como captura fluvial, los ríos se comportan como caníbales, incorporando partes de otros, cuyo caudal mermará o desaparecerán. En un artículo publicado en mayo de 2013 en la revista Science, Sean Willett y otros geólogos del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zúrich, denominaron agresores y víctimas a los ríos que forman parte, con roles opuestos, de este fenómeno de progresión lenta. El ritmo de los cambios superficiales o subterráneos del flujo de agua depende del tipo de suelo, de la naturaleza de las rocas (cuanto menos resistentes son, más fácil es que el agua las excave) y de la pendiente del terreno, ya que el agua tiende a fluir hacia zonas más bajas.
También tienen incidencia el clima, con más o menos lluvias, que determina el poder erosivo de los ríos, y los movimientos tectónicos, como el ascenso de la capa más superficial del suelo y las rocas de la Tierra. “La captura fluvial es como un pastel devorado a dos bocas. Quien come más rápido de un lado llega antes al otro extremo”, compara Salgado.

Raphael dos Passos Borba / WikipediaEl río Itajaí-Açu atraviesa Blumenau (Santa Catarina) después de apoderarse de los afluentes de los ríos Uruguay e IguazúRaphael dos Passos Borba / Wikipedia
Al formar desvíos y fusionar parte de sus cursos, los ríos aumentan o disminuyen el caudal de agua que irriga una región. Como consecuencia de ello, el clima, los tipos de vegetación y la ocupación humana pueden variar. “El río Parnaíba capturó al Poti en algún momento hace entre 23 y 2,5 millones de años, dejando al actual estado de Ceará más seco de lo que estaría si no hubiese ocurrido ese desvío de las aguas hacia Piauí”, dice Salgado, uno de los autores del artículo publicado en mayo en la Revista Brasileira de Geomorfología en el que se describen estos episodios geológicos.
El geógrafo estadounidense William Morris Davis (1850-1934) comenzó a estudiar este fenómeno al describir, en 1896, la captura de un río en el nordeste de Francia. Otros análisis explicaron los desvíos de los ríos Ohio y James, en Estados Unidos, del Támesis, en Londres, del Nilo, en Egipto, y del Amarillo, en China, entre otros. En Brasil, a partir de la década de 1950, los geógrafos Aziz Ab’Saber (1921-2012), de la Universidad de São Paulo (USP), y Antonio Christofoletti (1936-1999), de la Universidade Estadual Paulista (Unesp), en su campus de Rio Claro, presentaron algunas posibilidades de captura, aunque todavía con escasos argumentos, debido a que las técnicas de análisis no eran tan precisas como las actuales.

Tulio F / Wikimedia | André Salgado / UFGEl río Branco (en la foto más grande), en Caracaraí (Roraima), aumentó su caudal al apoderarse de las aguas del Essequibo, dejando vestigios de un río antiguo que fluía por la frontera entre las dos cuencasTulio F / Wikimedia | André Salgado / UFG
Con el tiempo, la reconfiguración de los ríos adquirió connotaciones políticas, en la medida en que permitió definir límites territoriales, como sucedió con el río Branco. Sus afluentes principales formaban parte de la cuenca del río Essequibo, que nace en un cerro situado en la frontera entre los estados de Roraima y Pará, atraviesa Guyana y desemboca más al norte en el Atlántico. En un artículo publicado en diciembre de 2021 en la revista Journal of South American Earth Sciences, Salgado y sus colegas de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), en donde se desempeñó como docente hasta 2022, argumentaron que, probablemente debido a un hundimiento de la corteza terrestre en el sur de Roraima, el río Branco capturó al Uraricoera, uno de los tributarios del Essequibo, y posteriormente al Tacutu, cambiando de dirección su cauce y aumentando su área de drenaje.
“Si el río Branco siguiera fluyendo hacia el nordeste en lugar de haber cambiado de dirección hacia el sudoeste, Brasil habría perdido a manos de Guyana toda el área central y norte de Roraima, porque las fronteras entre ambos países en esa región fueron definidas básicamente por los límites de las cuencas hidrográficas”, comenta Salgado. “Como los colonizadores europeos se internaron en la Amazonia siguiendo los ríos, los que habrían llegado primero al interior de Roraima habrían sido los ingleses, si la captura no hubiese acontecido”.
El análisis de los sedimentos ribereños indicó que este evento habría tenido lugar en un período geológico relativamente reciente, hace entre 18.000 y 10.000 años. Valiéndose de otras metodologías, el también geógrafo Fábio Alves, de la Universidad Federal del Oeste de Bahía (Ufob), estudió la región y confirmó los hallazgos de los equipos de la UFG y del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), al ver que el proceso de captura del río Branco habría comenzado hace unos 18.700 años.
“La cuenca amazónica se formó y se expandió mediante sucesivas capturas de ríos”, dice Alves, con base en un artículo publicado en octubre de 2018 en la revista Neotropical Ichthyology. En ese trabajo, el biólogo James Albert, de la Universidad de Luisiana en Lafayette, Estados Unidos, y los geólogos Carina Hoom, de la Universidad de Ámsterdam, en los Países Bajos, y Pedro Val, de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (Cuny), argumentan que la red fluvial que atraviesa la selva amazónica es el resultado de secuestros fluviales acaecidos hace entre 5,6 y 4,9 millones de años, que aceleraron la diversificación de las especies de animales y plantas de la región (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 334).

Fellipe Abreu / Getty ImagesSerra da Canastra y el tramo inicial del río São Francisco, justo después de sus nacientesFellipe Abreu / Getty Images
Pérdidas y desviaciones
Las investigaciones en la región aumentan el interés por algunos puntos turísticos. Los administradores del Parque Nacional de Itatiaia, por ejemplo, podrían colocar un cartel cerca del manantial que brota a 1.980 metros de altura, en el municipio de Bocaina de Minas, estado de Minas Gerais, donde nace el río Grande, informando que, en ese lugar, hace unos 5 millones de años, se encontraba la cabecera de otro río, el São Francisco. En la actualidad, el Velho Chico –el apodo de este río en Brasil–, nace en Serra da Canastra, también en Minas Gerais, pero a 250 km de allí.
Salgado reparó en este secuestro acuático a partir de una observación del geógrafo Éric Andrade Rezende, por entonces estudiante de doctorado. “En 2015, Andrade Rezende iba por una carretera rumbo a Pimenta, en Minas Gerais, y notó algo extraño”, relata. “Allí, el río Grande, afluente principal del río Paraná, describía una curva sobre un área plana. A su regreso, dijo: ‘¿Y si fuera el río São Francisco el que corría por allí, y no el río Grande, como hoy en día?’”. Salgado, quien hasta entonces había estudiado ríos pequeños y menos relevantes, apostó por esa idea.
Actualmente en la alcaldía de Contagem, en Minas Gerais, Andrade Rezende dice: “Cuanto más antiguo es el proceso según los tiempos geológicos, más difícil es hacer esa reconstrucción evolutiva, ya que las evidencias se van borrando debido a la erosión o a la actividad tectónica”. Salgado, el entonces doctorando y su director de tesis, el geólogo Paulo de Tarso Amorim Castro, presentaron esa hipótesis en un artículo publicado en julio de 2018 en la Revista Brasileira de Geomorfologia, con base en el análisis de los sedimentos, las estructuras geológicas y los movimientos de la superficie de la zona.
En el marco de un congreso que se llevó a cabo en el estado de Ceará en 2019, José Cândido Stevaux, geólogo de la Universidad Federal de Mato Grosso do Sul (UFMS), quien estudia los cambios que ha experimentado el río Paraná durante los últimos 10.000 años, se emocionó al escuchar la conferencia en la que Salgado presentó estos argumentos. “En la década de 1980, cuando estaba en la Universidad de Maringá, en Paraná, mis colegas biólogos me preguntaban si no había existido algún contacto entre los ríos Paraná y São Francisco, porque tenían muchas especies de peces en común, y yo no sabía qué responder”, relata.
Para reforzar la hipótesis, el grupo de la UFG estudió la dispersión de las especies de peces comunes a las dos cuencas hidrográficas, como el dorado (Salminus brasiliensis) y el surubí pintado (Pseudoplatystoma corruscans). Las conclusiones, publicadas en forma detallada en la edición de enero de la revista Geomorphology, indicaron que hace entre 5 y 6 millones de años existió una conexión momentánea entre ambos ríos y la cabecera del São Francisco gradualmente pasó a ser la del río Grande.
Como resultado de ello, el río Grande se apropió 1.000 km de la cuenca del São Francisco. Si incluimos los afluentes, el formador del río Paraná habría incorporado unos 50.000 km2, algo más que la superficie de todo el estado de Río de Janeiro. “El río São Francisco es un gran perdedor, porque perdió parte de sus aguas en favor del Paraná, del Paranaguaçu, que nace en la meseta de Chapada Diamantina, en Bahía, y del Jequitinhonha, en Minas Gerais”, dice Salgado (véase la infografía abajo).
