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Carta de la editora | 301

Patrimonio desviado

La extracción ilegal de fósiles constituye un problema que no suele aparecer en las noticias, pero que es bastante más común de lo que se imagina. Cuando se trata de países con suelos ricos registros prehistóricos en vías de desarrollo, a menudo existen limitaciones como la de las inspecciones insuficientes, y así esas valiosas piezas pueden terminar sujetas al contrabando. Y acaban en manos de coleccionistas privados o incluso en museos.

La convención de la Unesco, de la cual Brasil es signatario, establece desde 1970 la prohibición y también promueve la prevención de la importación, la exportación y la transferencia ilícita de la propiedad concerniente a los bienes culturales. Le compete a cada Estado determinar cuáles son los mismos, un concepto que abarca, entre otras categorías, a los objetos de interés paleontológico.

Son especialmente codiciadas las piezas provenientes de la cuenca del Araripe, en el nordeste brasileño, una región que contiene abundantes restos fósiles de animales prehistóricos con sus tejidos blandos en buen estado de conservación, ya de por sí bastante raros. La comunidad científica, la Policía Federal y el Ministerio Público han trabajado mancomunadamente para localizar piezas extraídas del país en forma ilegal, denunciar su venta en subastas y promover su repatriación. Este trabajo también incluye la presión sobre las revistas científicas para evitar la publicación de resultados de investigaciones realizadas con base en fósiles contrabandeados u obtenidos por métodos reñidos con la ética. La sustracción de estos objetos no solo representa una pérdida patrimonial para el país de origen, sino que también repercute en la formación de técnicos e investigadores, ya que se le niega a la población la oportunidad de valorar esos bienes culturales.

El mes pasado, Brasil rebasó dos marcas trágicas en la pandemia provocada por el nuevo coronavirus: 10 millones de casos y 250 mil muertes. Pesquisa FAPESP sigue la marcha de los acontecimientos e informa sobre las políticas públicas y los avances científicos relacionados con el covid-19. Esta edición incluye tres artículos referentes a las vacunas: explicamos la diferencia entre los inmunizantes que tan solo previenen la enfermedad y aquellos que bloquean el ingreso del virus al organismo, mostramos por qué Brasil y Sudáfrica marchan a la zaga en el grupo de países denominado Brics en cuanto al desarrollo de una vacuna propia, y contamos cómo avanzan los proyectos de las candidatas a vacunas brasileñas.

A raíz de la crisis sanitaria que desencadenó el covid-19, los investigadores que se desempeñan en diversas áreas del conocimiento han establecido redes de trabajo con el poder público ofreciendo su aporte científico para la formulación de políticas públicas, como una forma de contribuir en la toma de decisiones. Un estudio llevado a cabo por Pesquisa FAPESP ha identificado al menos 20 iniciativas, que varían desde metodologías para anticipar la dinámica de propagación del virus hasta el mapeo de datos sobre las poblaciones vulnerables que permiten contemplarlos en forma adecuada en el marco de las políticas tendientes a mitigar los impactos de la pandemia.

El virólogo Eurico Arruda, un estudioso de los coronavirus desde los años 1980, tranquiliza a los lectores de su esclarecedora entrevista, al indicar que, desde el punto de vista evolutivo, la tendencia marca que las mutaciones sucesivas que atraviesa el nuevo coronavirus harán de este un patógeno menos nocivo para su hospedador humano. Al mismo tiempo, Arruda alerta sobre la necesidad de un monitoreo intensivo de las variantes del virus que circulan entre la población, en todos los rincones de Brasil. Sin este seguimiento y otras pruebas, no hay forma de saber si escaparán a los anticuerpos inducidos por las vacunas, a medida que se vaya inmunizando a la población.

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