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Antártida

Un sendero en la nieve

Un grupo de expertos señala cinco áreas que constituirán el foco de la ciencia brasileña en el continente helado

Los científicos cuentan actualmente con dos buques de la Marina para realizar investigaciones en la Antártida (2 y 4) y un módulo de recabado de información (3) situado a 2.500 kilómetros de la Estación Comandante Ferraz (1), que será reconstruida en dos años debido al incendió que sufrió

Los científicos cuentan actualmente con dos buques de la Marina para realizar investigaciones en la Antártida (2 y 4) y un módulo de recabado de información (3) situado a 2.500 kilómetros de la Estación Comandante Ferraz (1), que será reconstruida en dos años debido al incendió que sufrió

La comunidad de científicos dedicada a estudios en la Antártida se encuentra debatiendo un documento que plantea un gran cambio en los objetivos de investigación del Programa Antártico Brasileño (Proantar) en el transcurso de los próximos 10 años. El informe Ciencia Antártica para Brasil/ Un Plan de Acción para el Período 2013 – 2022, abierto a consulta pública durante el mes de mayo, fue elaborado por un grupo de nueve expertos a pedido del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI), y, de manera general, sugiere colocar más claramente el enfoque en la investigación científica, con énfasis en la influencia del continente helado en el clima, la atmósfera, la biodiversidad o la formación geológica del Atlántico Sur.

“Debemos invertir en investigaciones de impacto que estudien las conexiones entre la Antártida y Brasil”, dice el glaciólogo Jefferson Cardia Simões, docente de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), y coordinador del grupo que produjo el documento. Las críticas y sugerencias a cargo de la comunidad científica quedarán contempladas en el informe. La intención del MCTI es utilizarlo como parámetro para la selección de proyectos de investigación en el marco de un nuevo pliego de condiciones del Proantar que se emitirá a fin de año.

El plan propone que los proyectos se vinculen con cinco grandes áreas. La primera abarca las interacciones hielo-atmósfera, con relieve para el papel de la superficie terrestre cubierta por hielo, la criósfera, en el clima del hemisferio Sur. La segunda comprende los efectos de los cambios climáticos en la biodiversidad de la Antártida y las conexiones de sus ecosistemas con los de Sudamérica. La tercera aborda la vulnerabilidad del océano Antártico ante los cambios climáticos. La cuarta, el rol de la Antártida en la ruptura del supercontinente Gondwana, que reunía al continente helado, Sudamérica y África, para entender su influjo sobre los recursos petrolíferos brasileños. La quinta aborda los impactos de la disminución de la capa de ozono en el clima del polo Sur.

El documento recomienda la atención a las nuevas fronteras de la investigación científica en áreas tales como la astronomía en la meseta antártica, la biodiversidad en condiciones extremas e incluso en las ciencias sociales: en la arqueología, la sociología de la ciencia y la geopolítica. Otro frente sugiere estudiar conexiones con el polo Norte. El plan también apunta hacia la necesidad de formar expertos y su absorción por parte del sistema universitario y de investigación nacional. “Resulta fundamental estudiar todos los procesos relacionados con el continente antártico y el océano Antártico que tengan impacto potencial sobre Brasil”, dice Janice Trotte Duhá, coordinadora para el Mar y la Antártida del MCTI.

La propuesta, dice Jefferson Simões, tiene por objeto aumentar la relevancia de la investigación científica hecha por brasileños en la Antártida y utilizar de manera plena la infraestructura de investigación en la región, compuesta por dos buques de la Marina (el polar Almirante Maximiano y el de apoyo Ary Rongel), la nueva estación de investigación, que estará lista en dos años y el Criósfera 1, un módulo científico brasileño cuyo objetivo es la obtención de datos climáticos, ubicado 2.500 mil kilómetros al sur de la estación. “La idea es fijar una política científica para la Antártida, cosa que nunca llegamos a tener, a decir verdad”, dice el investigador. “La voz de un país en el Tratado Antártico depende mucho de la calidad de la investigación científica que realiza en la región. Deberíamos ser al menos líderes entre los Brics, pero China, la India y Rusia invierten más en investigación que Brasil”, afirma.

Según la evaluación de Antonio Carlos Rocha-Campos, docente jubilado del Instituto de Geociencias de la USP y coordinador del Centro de Investigaciones Antárticas de dicha universidad, en el plan se seleccionaron temas relevantes, pero persisten las imperfecciones. “A primera vista, se nota un fuerte énfasis en los estudios de la atmósfera en detrimento de otras áreas”, afirma. También se observan problemas formales en la propuesta. “La misma no tiene en cuenta que existen programas científicos en vigor en el ámbito del Proantar”, dice. Y considera difícil implementar nuevas directrices este mismo año: “Los estudios vinculados al último pliego del Proantar concluirán en 2013, pero parte de los mismos se va a retrasar debido al incendio de la Estación Comandante Ferraz, ocurrido el año pasado”.

La trayectoria de la investigación brasileña en la Antártida ha atravesado varios momentos. Enseguida después de la implementación del Proantar y de la construcción de la estación brasileña, en la década de 1980, las investigaciones en la región eran casi exclusivamente producto de la curiosidad de los investigadores. “Era un esquema de mostrador”, recuerda Rocha-Campos. Pero eso cambió un poco a finales de los años 1990, cuando el Tratado Antártico exigió que cada país realizara estudios sobre el impacto ambiental de su presencia en la Antártida. A diferencia de lo que sucedía durante los primeros tiempos del programa, actualmente tan sólo una tercera parte de la investigación científica hecha en la Antártida depende de la Estación Comandante Ferraz: las expediciones, los estudios sobre el océano Antártico, los proyectos en cooperación con otros países y el módulo Criósfera 1 incrementaron el interés de los científicos en la zona. Un salto reciente fue producto de una iniciativa inducida. Dos de los 144 Institutos Nacionales de Ciencia y Tecnología se abocaron a la investigación en la Antártida. “La primera generación de investigadores capacitados para estudiar la Antártida empieza a salir de escena. Debemos preparar el terreno para los más jóvenes”, dice Simões, quien planea culminar sus expediciones en dos años. El profesor fue el primer brasileño en llegar al polo Sur geográfico por tierra, en 2004.

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