Una selva en suelo pantanoso, con árboles, helechos y lagos en donde vivían peces y moluscos acuáticos primitivos, floreció en el actual sudoeste del estado brasileño de Rio Grande do Sul, en la frontera con Uruguay, hace entre 273 y 260 millones de años, a mediados del período geológico conocido como Pérmico. Fueron tiempos de intensos cambios ambientales y climáticos.
Enclavado en una zona que estaba volviéndose por entonces cada vez más árida, dicho oasis protegió a las plantas y a los pocos grupos de animales acuáticos que ya existían antes de las extinciones que ultimaron a alrededor del 90 % de las especies de seres vivos al final del Pérmico. Esa colosal extinción fue el resultado de cambios climáticos y de una intensa actividad volcánica acaecida durante ese período.
“Fue una enorme sorpresa encontrar tamaña diversidad de plantas fósiles en un período en el que esas áreas continentales se estaban volviendo cada vez más áridas”, celebra la paleobotánica Joseane Salau Ferraz, de la Universidad Federal de la Pampa (Unipampa), autora principal de un artículo científico al respecto publicado en junio en la revista Journal of South American Earth Sciences. Los investigadores integrantes del grupo que suscribe el texto recolectaron 200 fósiles e identificaron entre los 103 mejor preservados la existencia de plantas que crecían en ambientes húmedos. Los vestigios de escamas de peces y moluscos confirmaron que en esa región había lagos rodeados por una vegetación diversa y abundante.
En aquella misma época, dos especies de moluscos (Pinzonella neotropica y Jacquesia brasiliensis), que vivían en un gran lago ubicado en la zona que hoy en día corresponde al sur del estado de Goiás, sobrevivieron a una de las extinciones del Pérmico. Esto constituye una señal indicativa de que los grandes lagos, de escala continental y aislados en el interior del continente, pueden haber protegido a algunos seres vivos de la extinción masiva, de acuerdo con otro estudio publicado en diciembre de 2024 en la revista Journal of South American Earth Sciences. Sin embargo, lo propio no sucedió en el ambiente marino: la combinación del aumento de la temperatura con las cenizas de las erupciones volcánicas y el descenso del nivel del mar provocó la extinción de una gran parte de las especies de moluscos bivalvos.
Salau Ferraz y sus pares empezaron a excavar en el año 2020 en el yacimiento paleontológico conocido como Cerro Chato, ubicado en el municipio de Dom Pedrito, en el sudoeste de Rio Grande do Sul. “Al comienzo de las excavaciones afloraban decenas de fósiles de las rocas en un estado de preservación y con una diversidad que nos sorprendieron”, comenta la paleobotánica Joseline Manfroi, de la Corporación de Investigación y Avance de la Paleontología e Historia Natural de Atacama (Chile) y colaboradora de la Universidad de São Paulo (USP), coautora del artículo.

Joseline ManfroiUna roca con fragmentos de plantas fósilesJoseline Manfroi
Las hojas mantenían las líneas, conocidas como nervaduras, y los tallos exponían, vistos en el microscopio, los vasos conductores de la savia. “Una de las plantas estaba casi completa, con sus hojas sujetas al tallo y sus raíces unidas al tronco”, comenta Salau Ferraz. La investigación contó con el apoyo de la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes) de Brasil, la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de Rio Grande do Sul (Fapergs) y el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) de Brasil.
Esa selva de inciertas dimensiones estaba sumamente diversificada, pese a que el 73 % de los fósiles de plantas exhibió una correspondencia con el grupo de las licófitas, con especies como Lycopodiopsis derbyi, de 30 metros (m) de altura, tallo fino y copa redondeada. En ella crecían grandes coníferas y Glossopteris, una especie arbórea que desapareció hace 252 millones de años. Había también plantas de 15 cm con tallos finos, las llamadas esfenófitas, parientes lejanas de la actual cola de caballo (Equisetum spp.), que llega a medir 2 m. En aquella época, en donde se ubican los actuales estados de São Paulo y Tocantins, crecían helechos arbóreos de hasta 15 m de altura, parecidos al actual helecho de tronco o samambaia-açu del Bosque Atlántico (lea en Pesquisa FAPESP, edición no 210).
Desde la óptica del paleobiólogo de la USP, Paulo Eduardo de Oliveira, este hallazgo pone en entredicho conceptos afianzados: “De manera general, los paleontólogos sostienen que a lo largo de la historia de la Tierra prácticamente no existían bosques durante los períodos demasiado secos”. Los dinosaurios que vivieron hace alrededor de 90 millones de años en donde se ubica el actual municipio de General Salgado, en el noroeste del estado de São Paulo, han de haberse alimentado en bosques. “La selva del sur de Brasil constituye una demostración contundente de que allí existió una zona húmeda con una variedad de seres vivos en una época árida”, dice el investigador.
La presión del clima
“Ese oasis constituye un bosque remanente de las grandes selvas que cubrían el sur del continente hace 299 millones de años, que se desarrollaron mientras se replegaban los glaciares, luego de un período glacial, cuando casi todo el planeta se encontraba cubierto de hielo”, comenta Manfroi.
Vestigios de una de esas selvas fósiles también se hallaron en la zona central del actual estado de Paraná. En esa región, un grupo de investigadores de las universidades federales de Paraná (UFPR) y de Rio Grande do Sul (UFRGS) recolectó decenas de fragmentos de otra especie de licófita, de unos 10 m de altura estimados, en las posiciones en que vivían probablemente. “A medida que iba aumentando la aridez, las áreas de vegetación disminuían y quedaban solamente tramos boscosos aislados”, añade la investigadora.

Joseline ManfroiUn detalle de una especie del grupo que incluye en la actualidad a los helechosJoseline Manfroi
Una de las causas de la carencia de lluvias en las entonces futuras tierras gaúchas fue la formación del supercontinente Pangea, que culminó hace alrededor de 252 millones de años y que unió las masas continentales del planeta. “A medida que se iba formando Pangea, las áreas más alejadas del mar se fueron volviendo más secas, lo que provocó un aumento de la aridez en muchas zonas del globo”, dice el paleontólogo de la Unipampa Felipe Pinheiro, coautor del artículo.
En el marco de otro estudio, también realizado con el apoyo del CNPq y de la Capes, la bióloga Júlia Siqueira Carniere, de la Universidade do Vale do Taquari (Univates), exploró el afloramiento Quitéria, situado en el municipio de Pântano Grande, en Rio Grande do Sul, a 300 km al nordeste de Dom Pedrito, y halló vestigios de árboles, arbustos y hierbas aún más antiguos, de 296 millones de años.
“Las capas inferiores del afloramiento se consideraban ambientes pantanosos y formaban parte de una gran selva con clima más clemente y húmedo”, afirma. Carniere identificó un género nuevo de licófita herbácea, Franscinella riograndensis, detallado en un artículo científico publicado en junio en la revista Review of Palaeobotany and Palynology.
La abundancia de fósiles de Glossopteris en ese lugar le imprime fuerza a la idea de que América del Sur y África ya estaban unidas en ese entonces, pues se los halló en ambos continentes. Una selva con más especies que la del sur de Brasil creció durante esa misma época en el sur de la actual Sudáfrica antes de seguir un destino idéntico y prácticamente desaparecer.
Este artículo salió publicado con el título “Una selva con un desierto alrededor” en la edición impresa n° 357 de Noviembre de 2025.
Artículos científicos
FERRAZ, J. S. et al. An oasis in Western Gondwana: A diverse Guadalupian paleoflora from South America. Journal of South American Earth Sciences. v. 158, n. 105508. 1º jun. 2025.
CARNIERE, J. S. et al. Franscinella riograndensis (Salvi et al.) gen. nov. et comb. nov.: The first record of a lycopsid with in situ spores for the Permian strata of the Paraná Basin, Brazil. Review of Palaeobotany and Palynology. v. 342, 105401. nov. 2025.
CHRISTOFOLETTI, B. et al. Rising mollusk bivalves from the ashes: Geologic, biostratigraphic and evolutionary implications from tuff data in the Permian Corumbataí Formation, Paraná Basin, Brazil. Journal of South American Earth Sciences. v. 134, n. 104750. feb. 2024.
