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memoria

50° aniversario del proyecto RadamBrasil

El mapeo con radares develó riquezas naturales, formó centenas de especialistas y sigue siendo el fundamento de investigaciones sobre relieve, geología, suelos, clima y vegetación

Equipos instalados a bordo de un avión Caravelle, utilizados para cartografiar la superficie del territorio brasileño, especialmente la Amazonia

Folhapress

“El proyecto más audaz que haya concebido el hombre después de la misión Apolo”, el conjunto de misiones espaciales coordinadas por la Nasa, la agencia espacial estadounidense, entre 1961 y 1972. Así fue como el 23 de octubre de 1976, la revista Manchete describía, con la ufanía de aquella época, al proyecto RadamBrasil. Por entonces, se habían dado a conocer los primeros resultados del mapeo de la región amazónica. El proyecto RadamBrasil, puesto en marcha en 1975, era una extensión del proyecto Radam, acrónimo de Radar en la Amazonia, creado cinco años antes, y que ahora daba inicio a una misión aún más ambiciosa: cartografiar todo el territorio brasileño y sus recursos naturales.

Al explorar extensas áreas desconocidas del país, los científicos que trabajaban en el proyecto tenían motivos para sentirse como si fueran los pioneros del programa Apolo. “Nos encontrábamos en un vacío demográfico en medio de una naturaleza no tocada”, recuerda el geólogo Pedro Edson Leal Bezerra, del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) en Pará, quien trabajó en el proyecto RadamBrasil desde 1977 hasta su finalización, en 1986, cuando el IBGE incorporó al equipo y la base de datos.

Leal Bezerra trabajaba interpretando las imágenes de radar. Se había instalado un radar de barrido lateral con una resolución espacial de 16 metros (m), fabricado por la empresa estadounidense Goodyear, en un avión a chorro Caravelle, con autonomía para corta y media distancia, que volaba a una altitud de 12 kilómetros (12.000 m), a 700 kilómetros por hora. El avión tenía instalada en su panza una antena para la emisión y recepción de las microondas del radar. “Realizábamos interpretaciones visuales y escogíamos los puntos de verificación de campo. El Departamento de Logística realizaba un sobrevuelo y elegía un punto en donde se instalaba el campamento, en el que podíamos permanecer hasta tres meses”, comenta.

INPEJoaquim Barbosa, de la Marina de Brasil, examina un mapa del RadamBrasil a mediados de los años 1970, para demarcar con precisión los límites del paísINPE

Una vez en campo, recogían muestras de rocas, minerales y suelos. También estaban quienes exploraban la vegetación. “Practicábamos mediciones de árboles y recolectábamos muestras de plantas que posteriormente un botánico identificaba y clasificaba”, resume la ingeniera forestal Joana D’Arc Ferreira, del IBGE de Pará, quien trabajó en el Radam entre 1974 y 1986. “El IBGE contaba con un herbario en la reserva ecológica de Roncador, en el Distrito Federal, desde 1977, y más tarde incorporó el del RadamBrasil”. Desde 1980 en Salvador [Bahía], esta colección contiene alrededor de 52.000 ejemplares de plantas, principalmente del norte y el nordeste de Brasil.

El proyecto RadamBrasil reunió a unos 800 miembros. “Era prácticamente una cacería, en cuyo marco nos reclutaban en los programas de posgrado de las universidades, principalmente en las federales de Minas Gerais [UFMG], Río de Janeiro [UFRJ] y Pernambuco [UFPE], además de la Universidad de São Paulo [USP]”, comenta Jurandyr Ross, geógrafo jubilado de la USP, quien trabajó en el proyecto desde 1977 hasta 1983, en el centro-oeste y el sur de la Amazonia.

Esta gigantesca movilización condujo a muchos descubrimientos, como el de una reserva de niobio estimada en casi 3.000 millones de toneladas ‒una de las mayores del mundo‒ en 1976, en la Reserva Biológica Morro dos Seis Lagos, en el estado de Amazonas, y se reconocieron zonas susceptibles a la erosión o las más propicias para la construcción de centrales hidroeléctricas. “No conocíamos a ciencia cierta ni siquiera el curso del río Amazonas”, dice el geólogo Mário Ivan Cardoso de Lima, quien se incorporó al Radam en 1971 y permaneció en el proyecto hasta su traslado al IBGE, donde continuaría trabajando durante 34 años más hasta jubilarse. Cardoso de Lima recopiló sus memorias en el libro intitulado Projeto Radam: Uma saga amazônica (Belém, Pará, editorial Paka-Tatu, 2008).

Mário Ivan Cardoso de Lima /  IBGE. Desbravar, conhecer, mapear. 2018.Los investigadores llegaban a los lugares apuntados por el radar guiándose con brújula, como en el río Madeirinha (Amazonas), en 1974, o en helicóptero, como en el río Iriri (Pará), en 1976Mário Ivan Cardoso de Lima /  IBGE. Desbravar, conhecer, mapear. 2018.

Colaboración con la Nasa
La asociación del Radam con la Nasa trasciende la mera comparación jactanciosa. Según Cardoso de Lima, la semilla del proyecto surge de una colaboración en 1965 entre la agencia estadounidense y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CNAE), predecesora del actual Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe). “La Nasa nos propuso realizar una colaboración en materia de teledetección, que se utilizaría en el estudio de la Luna”, comenta. Así surgió el proyecto Sere (acrónimo de sensoriamento remoto, es decir, teledetección en portugués), cuyo objetivo inicial fue el llamado Quadrilátero Ferrífero, en Minas Gerais, utilizando datos de observación a distancia, incluyendo radares. El éxito de esta iniciativa sirvió como base para tomar la decisión de ampliar el proyecto a toda la Amazonia y posteriormente a todo el país.

“El Sere incluía al Radam, pero acabó siendo transferido al Ministerio de Minas y Energía”, dice la geógrafa Evlyn de Moraes Novo, del Inpe, pionera del monitoreo ambiental vía satélite. Los dos proyectos continuaron su curso por separado: el Programa de Teledetección vía Satélite, que utilizaba los satélites de la serie ERTS (Earth Resources Technology Satellite, luego denominados Landsat, por Land Satellite) y el Radar de la Amazonia.

La elección del radar para la ejecución de este trabajo estaba justificada por una característica presente en la región amazónica: la alta nubosidad. “Los sensores ópticos de los satélites operan en el rango de la luz visible, captando la luz solar reflejada por la superficie, y no penetran las nubes”, explica el geógrafo Hermann Kux, del Inpe, quien trabajó en el RadamBrasil entre 1977 y 1980. En cambio, el radar emite ondas electromagnéticas que al chocar con la superficie son reflejadas y retornan al receptor. Por esta razón, podía utilizarse en sitios nubosos, de día o de noche, ya que su funcionamiento no dependía de la luz solar.

Virlei Álvaro de Oliveira / IBGE. Desbravar, conhecer, mapear. 2018. | Jaime Heitor Lisboa Pithan / IBGE. / IBGE. Desbravar, conhecer, mapear. 2018Campamento del equipo de suelos a orillas del río Von Den Steinen (MT) en 1979 y pista de aterrizaje utilizada en 1977 (ubicación no especificada)Virlei Álvaro de Oliveira / IBGE. Desbravar, conhecer, mapear. 2018. | Jaime Heitor Lisboa Pithan / IBGE. / IBGE. Desbravar, conhecer, mapear. 2018

El mapeo se dividió en cinco ejes temáticos, cada uno con equipo propio: cartografía, geología, relieve, suelos, vegetación y uso potencial de la tierra, que cruzaba los datos para indicar el uso más apropiado para cada lugar. Para el gobierno militar era prioritario conocer las riquezas naturales de Brasil, ya que en 1970 había creado el Programa de Integración Nacional (PIN). Los lemas de este programa, “Integrar para no entregar” y “Tierra sin hombres para hombres sin tierras”, explicaban sus objetivos: la ocupación de la Amazonia utilizando como mano de obra pobladores del nordeste desplazados por las sequías. La carretera Transamazónica, que empezó a construirse en 1970, se encuadra en este propósito (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 309).

El historiador Leandro Cruz, quien realiza una investigación sobre el Radam en su doctorado en historia de la ciencia y la salud en la Casa de Oswaldo Cruz de la Fundación Oswaldo Cruz (COC-Fiocruz), en Río de Janeiro, también destaca que existía un interés por conceder derechos de explotación del territorio a empresas. “Los informes del proyecto no estaban a disposición de cualquiera, algunos eran confidenciales. Aunque las asociaciones de empresarios podían solicitárselos al gobierno”, acota. “La concesión de derechos de explotación de esos territorios a empresas privadas eximía al Estado de algunas responsabilidades inherentes al proceso de colonización.”

La interpretación de las imágenes
Al igual que las tierras cartografiadas, la interpretación de las imágenes de radar era un misterio por develarse. “No existía una metodología bien definida. Complementábamos la interpretación de las imágenes realizando reconocimientos en vuelo”, comenta Cardoso de Lima. Las imágenes en blanco y negro obtenidas por el radar no podían interpretarse de la misma forma que una fotografía aérea convencional. “Cuando uno ve una zona clara podría suponer que es arena, pero el dispositivo no trabaja así. Lo que se observa en blanco tan solo indica un área de gran reflectancia [la capacidad de un objeto de reflejar la luz], que bien puede llegar a ser un manglar, por ejemplo.”

Los distintos tipos de vegetación reflejaban de manera diferente las ondas del radar. En su doctorado, concluido en 1995 en la Universidad Federal de Pará, Cardoso de Lima creó una metodología tendiente a mitigar los equívocos de las imágenes de radar, que contribuyó a resolver estos problemas y le rindió dos libros: Introdução à interpretação radargeológica (IBGE, 1995) y Radargeologia – Sistemática de elementos radargráficos (Edición del Autor, 2017).

Alexandre Affonso / Revista Pesquisa FAPESP

El gobierno albergaba grandes expectativas al respecto del trabajo cartográfico. En el libro O Brasil na era espacial (editorial Viseu, 2025), publicado recientemente, el geólogo Raimundo Almeida Filho, quien acompañó el proyecto como investigador del Inpe, relata que en marzo de 1971, el entonces ministro de Minería y Energía, Antônio Dias Leite (1920-2017), le presentó el proyecto Radam al presidente Emílio Garrastazu Médici (1905-1985) con la promesa de facilitar el hallazgo de petróleo: “El ministro le aseguró al presidente que la señal de radar penetraba hasta 10 metros en el terreno, algo que no es cierto. La señal de radar era reflejada indistintamente por la superficie y el follaje”. Según él, incluso si eso fuera como decía el ministro, de poco serviría para la prospección de petróleo.

“En aquella época, solamente disponíamos de imágenes y elucubraciones”, subraya Ross. Según él, en las imágenes de radar, realizadas a escala 1:250.000 (en donde 1 cm equivale a 2,5 km), el relieve presentaba rugosidades que permitían interpretar un patrón de superficie, asociarlo a un tipo de suelo e inferir la posible presencia de minerales en el subsuelo. No era posible, tan solo basándose en las imágenes, saber lo que realmente había allí. “No puede hacerse magia con las imágenes”, dice. “Las expediciones al campo para explorar el terreno eran un paso fundamental para poder arribar a conclusiones certeras.”

El trabajo de campo es lo que los expertos en teledetección denominan “verdad terrestre”. Y la verdad terrestre de las décadas de 1970 y 1980 implicaba muchas horas de travesía en barcos, helicópteros o aviones en lugares de difícil acceso. Cuando era necesario instalar el campamento en medio de la selva, un equipo de apoyo descendía en rápel desde el helicóptero y abría un claro en el terreno para que los investigadores pudieran instalarse. Con la expansión del proyecto más allá del ámbito de la selva amazónica, se utilizaron muchos vehículos con tracción en las cuatro ruedas [4×4] en caminos del Cerrado o del Pantanal como apoyo para los investigadores que realizaban sobrevuelos en avionetas. “Utilizábamos un avión de la extinta compañía aérea Votec, de mantenimiento económico; todo era barato”, comenta Kux, recordando que las precarias condiciones de trabajo causaban angustia en los familiares cuando los investigadores salían a hacer trabajo de campo.

Los accidentes eran una posibilidad real en cada expedición. Ross aún recuerda el susto que se llevó cuando, mientras sobrevolaban Ilha do Bananal, en Tocantins, el helicóptero en el que viajaban perdió potencia y se precipitó, en un intento por ganar velocidad. Fue solo un susto, pero también hubo accidentes graves, algunos de ellos fatales. Los informes registran la muerte de 55 técnicos de nivel superior, nivel medio, auxiliares técnicos y militares, como resultado de accidentes aéreos con aviones y helicópteros, durante la apertura de claros y por enfermedades, sobre todo paludismo. Los accidentes causaron la pérdida de 10 helicópteros, seis aviones y dos barcos de 30 toneladas. Uno de los más impactantes se produjo en 1980, cuando un avión que transportaba a un grupo de cinco geógrafas desapareció en el trayecto entre Río de Janeiro y São Paulo.

Alexandre Affonso / Revista Pesquisa FAPESP

Los informes técnicos y los mapas del proyecto RadamBrasil fueron recopilados en los 38 tomos de la serie Levantamento de recursos naturais, que se encuentran a disposición en la Biblioteca del IBGE. Las imágenes de radar, originalmente impresas en papel común y fotográfico, fueron digitalizadas por el Servicio Geológico de Brasil (SGB), en el marco del proyecto Radam-D, a partir de 2004. Se encuentran disponibles en la página web.

Esta colección sigue siendo hoy en día una referencia para los estudios de impacto y monitoreo ambiental, así como en trabajos de zonificación ecológico-económica. En 1989, Ross, por entonces investigador del Laboratorio de Geomorfología de la USP, utilizó datos del RadamBrasil para elaborar una nueva clasificación de los relieves del país. En la década de 1990, basándose en imágenes de radar captadas en 1976, coordinó un proyecto que dio lugar a la publicación, en 1998, del Mapa geomorfológico do estado de São Paulo, con el apoyo de la FAPESP.

En 2010, el geógrafo Ricardo Tavares Zaidan, de la Universidad Federal de Juiz de Fora, también basándose en el RadamBrasil, elaboró un diagnóstico de los suelos de la cuenca hidrográfica del río Paraibuna, en los estados de Minas Gerais y Río de Janeiro. Para ello tuvo que digitalizar las imágenes de radar (la digitalización realizada por el Radam-D aún no se encontraba disponible). “Antes del proyecto, incluso las regiones más conocidas de Brasil, como el sudeste, todavía no habían sido cartografiadas de manera sistemática”, subraya.

Evlyn Novo lamenta que el mapeo no se haya hecho con la participación del Inpe, tal como se había planificado inicialmente, ya que ello podría haber aportado más conocimientos a los resultados. “Aun así, los mapas temáticos del Radam siguen siendo muy utilizados hoy en día como punto de partida para mapeos a mayor escala”, dice. “Y los datos recabados sobre el terreno se utilizan como referencia para saber cómo era la Amazonia antes de haber sido ocupada por explotaciones ganaderas y sufrido deforestación, previo a la aparición de los extremos climáticos y los incendios forestales”.

Este artículo salió publicado con el título “Brasil en el radar” en la edición impresa n° 352 de junio de 2025.

Libros
ALMEIDA FILHO, R. O Brasil na era espacial. Maringá (Paraná), Editora Viseu, 2025.
IBGE. Desbravar, conhecer, mapear: Memórias do Proyecto Radam / RadamBrasil. Río de Janeiro: IBGE, 2018.
LIMA, M. I. C. de. Proyecto Radam: uma saga amazônica. Belém (Pará): Paka-Tatu, 2014.
LIMA, M. I. C. de. Introdução à interpretação radargeológica. Río de Janeiro: IBGE, 1995.

Video (documental)
MANZON, J. Via Norte, uma realidade. RADAM, Amazonia (1976) Archivo Nacional.

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