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Paleontología

El antiguo manatí de Rondônia

Una nueva especie clasificada vivió en la región del río Madeira hace 45 mil años y actualmente está extinta

El fósil de la nueva especie y una reconstrucción del cráneo

Fernando Perini/ UFMG

No existen especies vivas de manatíes en el segmento del río Madeira que atraviesa el estado brasileño de Rondônia. En los últimos miles de años, el alto Madeira aceleró demasiado su caudal, impidiendo el crecimiento de la vegetación de la que se alimentan esos mamíferos acuáticos de aspecto apacible. Con casi 500 kilogramos y 3 metros (m) de longitud, los manatíes amazónicos (Trichechus inunguis) prefieren las aguas calmas de ríos caudalosos y lagunas temporarias que se encuentran más al norte o al este. No obstante, fue de Rondônia que vinieron los tres fósiles que ahora se emplean para describir una nueva especie de manatí que vivió en esa zona hace mucho tiempo: Trichechus hesperamazonicus.

Científicos de los estados de Minas Gerais y de Rondônia presentaron el nuevo manatí, cuyo nombre alude a su procedencia –del oeste de la Amazonia–, en un artículo que salió publicado en la edición de enero de la revista Journal of Vertebrate Paleontology. No existen ejemplares vivos de esa nueva especie, sino tan solo fragmentos mineralizados de la mandíbula y parte del cráneo de ejemplares muertos hace miles de años. De cualquier manera, esta especie es importante pues representa la cuarta especie de manatí del género Trichechus y la segunda de agua dulce. Además del manatí de la Amazonia, exclusivo de los ríos de Brasil, Colombia y Perú, existen dos especies más de agua salada: el manatí antillano o manatí del Caribe (T. manatus), que habita en una región que se extiende desde la costa sur de América del Norte hasta el litoral norte de América del Sur, y el manatí africano o manatí de África Occidental (T. senegalensis), de las regiones costeras de Angola y Senegal.

Los manatíes integran el orden zoológico de los sirénidos, mamíferos herbívoros exclusivamente acuáticos. Más allá de las cuatro especies del género Trichechus, ese orden también incluye al dugongo (Dugong dugon), un mamífero marino que habita en zonas costeras de los océanos Índico y Pacífico, con su aleta caudal bilobulada, como la de los cetáceos y diferente a la de los manatíes, que se asemeja a un abanico. Parientes lejanos del elefante, los manatíes y los dugongos tienen un hocico alargado y flexible, que emplean para sujetar la comida. No obstante, a los del género Trichechus, los dientes les crecen durante toda su vida.

 

“La nueva especie reúne un mosaico de características, algunas de otras especies, otras únicas de ella”, comenta el zoólogo Fernando Perini, de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), primer autor del artículo que describió al T. hersperamazonicus. Aunque era de agua dulce, al igual que el T. inunguis, sus dientes, grandes y en pequeña cantidad, se asemejan a los de las especies marinas. El mamífero del oeste de la Amazonia tenía seis pares de molares a cada lado de la boca, mientras que el T. inunguis tiene nueve, más pequeños. Pese a esa diferencia, la mandíbula del T. hesperamazonicus se asemeja a la del T. inunguis: posee la extremidad anterior menos curvada, lo que indica que la boca estaba dispuesta hacia el frente y adaptada para alimentarse de plantas en la superficie. En las especies marinas está más curvada hacia abajo, condición que facilita el consumo de plantas del lecho marino.

Hay dos características que diferencian al T. hesperamazonicus de los otros manatíes. La rama posterior de la mandíbula, que presenta la forma de una letra L y se conecta a la articulación de la boca (cerca del oído), es anormalmente larga y oculta los últimos dientes posteriores, señal de que poseía un músculo masticatorio mayor y más potente. Otra diferencia reside en que los dientes de la arcada inferior están inclinados hacia adentro y los de la superior, hacia afuera. “Esas características anatómicas justifican la identificación de esa especie, la primera comprobadamente fósil del manatí, como otra, diferente a las actuales”, dice el paleoecólogo Peter Mann de Toledo, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) de Brasil, quien estudia a los dugongos.

Los tres fósiles que se utilizaron para describir al manatí del oeste de la Amazonia fueron hallados en las décadas de 1980 y 1990 por mineros del pueblo de Araras, en el municipio de Nova Mamoré, ubicado a 290 kilómetros hacia el sudoeste de la capital del estado de Rondônia, Porto Velho, y posteriormente donados a instituciones de investigación. En aquella época, la búsqueda de oro era intensa en esa región de Rondônia cercana a la frontera con Bolivia. Las excavaciones a orillas del río Madeira llegaron en algunos sitios hasta 30 metros de profundidad y se topaban con el lecho de ríos primitivos en los cuales estaban depositados los fósiles de T. hesperamazonicus y otros animales. “Aún hoy en día pueden verse puntos brillantes en la matriz rocosa que envuelve a los fósiles. Son granos de oro”, relata el paleontólogo argentino Mario Cozzuol, de la UFMG, quien coordinó la descripción de la nueva especie. Junto al geólogo Edgardo Latrubesse, actualmente en la Universidad Tecnológica Nanyang, en Singapur, y la palinóloga Silane Caminha, de la Universidad Federal de Mato Grosso, Cozzuol recorrió las excavaciones y mapeó las capas en donde se habían hallado los ejemplares petrificados de T. hesperamazonicus. Se dataron muestras de dos palmeras presentes en el mismo estrato fósil que indicaron que ese manatí habría vivido hace 45 mil años, en el Pleistoceno Superior, período comprendido entre 126 mil y 12 mil años atrás. Junto a los fósiles de T. hesperamazonicus también se hallaron ciervos, pecaríes, tapires, marsopas y otros ejemplares de la megafauna extinta. “Esa fauna indica que el clima era cálido y húmedo, y que había grandes espejos de agua”, comenta la paleontóloga Ednair Rodrigues do Nascimento, directora del Museo Estadual de Rondônia y coautora de la descripción del nuevo manatí.

En la Amazonia no se han hallado sedimentos –y consecuentemente registros fósiles– de un intervalo temporal que se extiende entre los 5 millones de años atrás y el Pleistoceno Superior. Según Cozzuol, eso impide dilucidar cuándo surgió el T. hesperamazonicus. “Hay muchos interrogantes que no se han respondido acerca de cuándo, cómo y dónde surgieron las especies vivas de manatíes, y esta nueva especie solamente es la primera pieza del rompecabezas”, dice el paleontólogo estadounidense Daryl Domning, de la Universidad Howard, en Estados Unidos, uno de los más respetados expertos en sirénidos. Para él, se necesita hallar otras partes del esqueleto que permitan conocer mejor la relación de esa especie con las otras. “Hay mucho por descubrir antes de saber dónde encaja este nuevo animal en la historia evolutiva de los manatíes”, dice Domning.

Artículo científico
PERINI, F. A. et al. A new species of Trichechus Linnaeus, 1758 (Sirenia, Trichechidae), from the upper Pleistocene of southwestern Amazonia, and the evolution of Amazonian manatees. Journal of Vertebrate Paleontology. 17 ene. 2020.

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