Guia Covid-19
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El contraataque de la ciencia

En cuatro meses se han publicado ocho mil artículos científicos acerca del covid-19, se están evaluando más de 70 fármacos contra el SARS-CoV-2 y se están llevando adelante ensayos con las primeras vacunas en humanos

El metro de São Paulo al final del mes de abril

Léo Ramos Chaves

Ahora mismo, nada es más crucial para la ciencia que entender al virus Sars-CoV-2 y a la enfermedad que provoca, el covid-19. En los últimos cuatro meses, el agente infeccioso y esa misteriosa condición clínica dieron la vuelta al mundo y le hicieron un nudo. Ciudades, países y continentes fueron cerrándose progresivamente en cuarentenas y aislamientos, más o menos rígidos, la única forma conocida de retrasar el avance de la pandemia. La economía se desaceleró fuertemente. Los casos confirmados de la enfermedad pasaron a computarse por millones y las muertes por cientos de miles. Hasta comienzos de mayo, Brasil registraba más de 100 mil casos confirmados y más de 7 mil fallecimientos. Pero el temor, la ansiedad y las incertidumbres generadas por la invasión invisible del nuevo coronavirus no paralizaron a la ciencia. Al contrario, fueron el catalizador de un esfuerzo de investigación multidisciplinaria, enfocado en las distintas facetas de la pandemia, sin precedentes para la generación actual de científicos. En 120 días, de enero a abril de este año, la literatura científica al respecto del Sars-CoV-2 y del covid-19 publicada en revistas indexadas en la base PubMed pasó de cero a los 8 mil trabajos registrados actualmente.

Una fracción del conocimiento producido por esos estudios, importantes pero aún insuficientes, por ahora, para detener el avance del virus y hallar un tratamiento eficaz para la enfermedad, figura en los reportajes de esta edición, que está dedicada a los diversos aspectos de la pandemia. La vida personal y profesional de muchos investigadores, tal como lo ilustran las breves declaraciones de científicos brasileños publicadas en las próximas páginas, se vio alterada drásticamente a partir de la propagación del nuevo coronavirus. En el sitio web www.revistapesquisa.fapesp.br figuran otros testimonios y también hay una cobertura diaria sobre los diferentes aspectos de la pandemia.

La enfermedad denominada covid-19, identificada por primera vez en la poco conocida metrópolis china de Wuhan a principios de año, inicialmente fue descrita como una forma de neumonía de origen desconocido. Ahora, aparte de la certeza de que el SARS-CoV-2 es el agente causal de la misma, los médicos e investigadores saben que los daños severos hallados en los pulmones de los pacientes graves acometidos por el covid-19 constituyen la manifestación clínica más típica de la patología, aunque no la única. Nuevos trabajos académicos y la experiencia clínica que brinda la atención de una gran cantidad de pacientes infectados por el virus señalan que la enfermedad también puede afectar a otros órganos, tales como los riñones, los intestinos, el cerebro, el corazón y los vasos sanguíneos. Derrames inesperados en pacientes relativamente jóvenes, de 50 años de edad o incluso menos, han sido asociados al covid-19, por ejemplo, en hospitales de Estados Unidos (lea el reportaje).

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Los enfermos graves son internados en Unidades de Terapia Intensiva (UTI) y necesitan ser intubados para conseguir respirar, con la ayuda de respiradores artificiales. En esos casos, una cama hospitalaria que no disponga de ventilador pulmonar configura una sentencia de muerte. Después de los médicos intensivistas, ese tipo de aparatos se ha transformado en el artículo más disputado en varios países en el marco de la pandemia. Brasil dispone de unos 68 mil respiradores y necesita urgentemente más unidades. Durante el mes pasado, el gobierno federal firmó un contrato con la empresa paulista Magnamed, que recibió financiación de la FAPESP para el desarrollo de sus equipos, para la compra de 6.500 respiradores. El país tiene una vasta trayectoria en la fabricación de este tipo de aparatos: en la década de 1950, el anestesiólogo paulistano Kentaro Takaoka (1919-2010) ideó un ventilador pulmonar portátil al que llamó “takaokinha”.

La búsqueda de fármacos y terapias capaces de vencer a la infección causada por el SARS-CoV-2 es intensa y abarca diversos frentes. Más de 70 medicamentos de distintos tipos, tales como antivirales, antipalúdicos y antiinflamatorios se encuentran en fase de pruebas. La transfusión de plasma –la parte líquida de la sangre, rica en células de defensa– de pacientes que se recuperaron de la infección con el nuevo coronavirus a los enfermos graves con covid-19 también es objeto de estudios. El equipo de Michel Nussenzweig, inmunólogo nacido en Brasil, de la Universidad Rockefeller, en Nueva York, se apresta a extraer sangre de pacientes que se recuperaron del covid-19 para efectuar la síntesis en laboratorio de algunos de los anticuerpos que produjeron. “No puede saberse si esa estrategia funcionará hasta que sea testeada. Si no obtenemos una vacuna o alguna forma de tratamiento efectivo durante los próximos seis meses, creo que vale la pena intentarlo. Los anticuerpos funcionarán casi con seguridad, pero constituirán un plan B para el caso de que otros procedimientos fallen”, dice Nussenzweig. En el marco de un esfuerzo acelerado de investigación, ya hay seis vacunas en fase de ensayos en seres humanos.

El covid-19 llegó a todos los continentes y a al menos 210 países y territorios, una cantidad mayor que la de los estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En Brasil, la enfermedad registra infectados y víctimas en todas las unidades que componen la federación nacional. En un país desigual y multiétnico, donde más del 80% de la población está concentrada en las ciudades, existen cantidades significativas de brasileños viviendo en forma precaria, hacinados en las favelas y en otras formas de subasentamientos en los suburbios urbanos. Esa gente se encuentra más expuesta al virus y a un eventual colapso sanitario del sistema sanitario nacional. Pero en un Brasil más profundo aún y casi olvidado, como es el caso de los territorios indígenas que albergan a 305 etnias diferentes, el arribo del nuevo coronavirus reaviva la memoria de las dolencias traídas por el hombre blanco que, en el pasado, diezmaron a aldeas completas.

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